la app baluwo, obra de este español

Dar de comer a África es rentable: este ingeniero lo demuestra con 600.000 euros

Es como comprar en una tienda 'online': con unos cuantos clics, a una familia en África le llega un saco de arroz, un paquete de cemento

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Es como comprar en una tienda 'online': con unos cuantos clics, a una familia en África le llega un saco de arroz, un paquete de cemento o una recarga de saldo. Incluso, electricidad de prepago para iluminar un hogar, una escuela o un hospital. Hay una alternativa digital a los locutorios, aunque estos también se pueden servir de ella, y se llama Baluwo.

Baluwo es un servicio que ayuda a que los inmigrantes envíen materiales y alimentos a sus familias en, de momento, tres países: Gambia, Senegal y Nigeria, que solo en España tienen a más de 105.000 compatriotas, según datos del INE. Con sede en Barcelona, en apenas cuatro meses de vida tiene 13 trabajadores, dicen contar con más de 1.000 clientes y esperan en un futuro expandirse a otros países y servicios.

Detrás de Baluwo (que significa "cosas básicas para sobrevivir" en el dialecto africano mandinga) está Josep Arroyo. Arroyo, que se define como "emprendedor en serie", decidió en 2015 "buscar un problema por resolver, porque parto de la idea de que detrás de un problema hay un cliente". Un exempleado gambiano le contó el suyo: a sus compatriotas les parecía muy costoso mandar dinero a sus familias. Investigando, se dieron cuenta de que el problema principal no era el mero envío, sino la sensación de perder el control. "Los que están aquí [en Europa] piensan que el dinero que ellos envían con mucho sacrificio y mucho orgullo allí no se usa eficientemente", explica Arroyo a Teknautas.

Surgió así la idea de montar una plataforma de comercio electrónico para los emigrantes africanos en todo el mundo. Viajaron a Gambia, donde llegaron a acuerdos con tenderos de todo el país para que se encargasen de suministrar todo lo que querían ofrecer. También, con las operadoras móviles y las compañías eléctricas. A finales de junio, coincidiendo con el final del ramadán, empezaron a ofertar y a vender todo en su 'app' y en su web.

Baluwo busca cubrir necesidades fundamentales. De momento, son cuatro: comida, materiales de construcción, recargas de móvil y electricidad prepago. Los usuarios se registran y buscan la tienda más próxima a la zona en la que viva su familia o sus amistades y después selecciona los productos que quiere entregar. Paga con su tarjeta el importe que quiera, indica el teléfono móvil de la persona beneficiaria y Baluwo envía a esta un PIN, la localización y el producto. Solo queda acercarse a la tienda para hacerse con el envío.

Los tenderos reciben a su vez otro PIN con el que cobrar. En Senegal se hace mediante el móvil, en Nigeria (donde empezaron hace apenas unas semanas) mediante transferencia y en Gambia en metálico, a través una oficina bancaria o de cambio de divisas. El propio Arroyo justificó en su blog este atractivo africano: sus ciudadanos consumen muchos datos y contenidos multimedia, así como WhatsApp o Facebook, en ciudades y en aldeas. Los teléfonos e internet les permiten estar conectados con sus familiares emigrados. "No hay apenas oficinas bancarias y no se fían de tener una cuenta en el banco, pero todos tienen móvil", resumió. Por ello, las empresas de telecomunicaciones se convertirían en bancos, aseguraba.

Arroyo explica que en la actualidad hay más de 200 tiendas de estos tres países que aportan los productos, junto a las operadoras móviles y compañías eléctricas de esas naciones. Sus clientes (más de 1.000, asegura) también están en los países nórdicos, Holanda y Alemania; de hecho, en la web se puede elegir entre varios idiomas y monedas (euro, dólar estadounidense, libra británica y coronas suecas). Ellos se llevan a modo de comisión entre un 10 y un 25% del dinero invertido en la compra.

Y aunque está pensado para inmigrantes, también hay europeos clientes de Baluwo, asegura Arroyo: "Están comprando arroz para una escuela o dándole electricidad a alguien que ha conocido". Con 10 euros, un hospital puede tener luz para una semana. Si se dona a los colegios, se está ayudando a que los niños estudien cuando el sol se pone.

Un saco de arroz de 50 kilos cuesta poco más de 20 euros y uno de 18 kilos de cebollas, unos seis euros y medio (todos los precios ya vienen con impuestos incluidos. Además, es posible incluso comparar precios antes del clic final. Si se compra una recarga de móvil, el teléfono de la persona que la reciba se actualiza con esa cantidad. Si es electricidad, hay que añadir el identificador del contador.

Mientras tanto, los materiales de construcción ayudan a reparar casas o mejorar las aldeas en las que viven las familias de muchos inmigrantes: con el mismo sistema de comparación de precios se puede adquirir cemento, hormigón o arena. También es posible comprar cupones para que los beneficiarios adquieran lo que deseen en las tiendas.

De Gambia a toda África

Por cada país africano trabajan dos personas, una en España y otra en el terreno. Estas últimas actúan como comerciales con los tenderos y viajan a las zonas cuyos vecinos han emigrado y de las que tienen datos estadísticos, con el fin de ampliar su acción.

Arroyo explica que decidieron comenzar por Gambia porque es un país pequeño que limita por completo con Senegal; sus tribus comparten idiomas, y muchos senegaleses viajan a Gambia para trabajar. La proyección a Nigeria se explica por su tamaño y población (más de 190 millones de personas) y por la colonia de nigerianos en España (más de 39.700 personas, según el INE).

En la izquierda de la imagen, Musa Bala, 'country manager' de Nigera, en una visita a Lagos para cerrar acuerdos con proveedores. (Baluwo / Facebook)
En la izquierda de la imagen, Musa Bala, 'country manager' de Nigera, en una visita a Lagos para cerrar acuerdos con proveedores. (Baluwo / Facebook)

Conforme se consoliden estos mercados, el equipo quiere expandirse a otros países del área subsahariana. También, ofrecer nuevos servicios: material escolar, productos farmacéuticos, servicios médicos y corderos, aprovechando para esto último Eid al-Adha, la celebración de sacrificio del cordero que tiene lugar varias semanas después del ramadán. "Hemos empezado a hacer pruebas en Ghana, Mali, Camerún y Costa de Marfil", explica.

Además de expandir el negocio a otros países, "estamos explorando oportunidades de colaborar con ONG, porque puede ser una manera de garantizar que tal persona de tal poblado de ese país va a recibir un saco de arroz". También, Arroyo quiere llegar a todos los hospitales y colegios del continente. Y no han olvidado la religión: quieren desplegar un inventario de todas las mezquitas de Gambia para proveerlas de electricidad.

Para crecer, la acción de los locutorios españoles también ayuda. Arroyo explica que los inmigrantes conocen Baluwo gracias al boca a oreja entre los miembros de su comunidad, y estos centros de envío de dinero no son una excepción. Ellos mismos pueden ser intermediarios y llevarse una parte de las transacciones. Para ello se tienen que registrar y comenzar a promocionar la web. Los beneficiarios son dos: sus propios clientes y ellos mismos, que seguirán cobrando por las remesas, aunque ahora no sean de dinero.

Los locutorios, que podrían verse afectados por Baluwo, también pueden beneficiarse ofreciendo el servicio a sus clientes habituales. (Alberto Romero / Flickr)
Los locutorios, que podrían verse afectados por Baluwo, también pueden beneficiarse ofreciendo el servicio a sus clientes habituales. (Alberto Romero / Flickr)

Baluwo cuenta de momento con 600.000 euros procedentes de una ronda de inversión de Cabiedes & Partners y otros 400.000 euros. "Espero estar muy cerca del 'break even' el año que viene". El 'break even' es el momento de rentabilidad, cuando los ingresos superan a los gastos y se generan beneficios. No pretende entrar en nuevas rondas de financiación, a la espera de ver cómo se desarrolla la empresa: "Ya veremos cómo va la cosa, cómo se expande, porque es una cosa nueva y puedes pecar por los dos extremos. O no te comes un colín o que la cosa va muy deprisa", sentencia.

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