unos lo llaman 'biohacking', otros "ESTUPIDEZ"

Modificó su ADN para ponerse más cachas: "No es consciente de la tontería que ha hecho"

El 'biohacker' estadounidense Josiah Zayner ha intentado alterar el genoma de sus células musculares para defender el uso libre de la herramienta de edición genética CRISPR

Foto: Josiah Zayner es biofísico, pero prefiere tomarse la ciencia por su cuenta (Matt Biddulph | Flickr)
Josiah Zayner es biofísico, pero prefiere tomarse la ciencia por su cuenta (Matt Biddulph | Flickr)

Hace unos años, el biofísico estadounidense Josiah Zayner trabajaba para la NASA diseñando espacios habitables para los futuros colonizadores de Marte. Pero su pasión por la ciencia iba mucho más allá de su empleo: en su tiempo libre lo mismo inventaba un instrumento musical para componer canciones con proteínas que lanzaba un proyecto para que cualquiera pueda descubrir nuevos antibióticos en casa.

Su afán por sacar la experimentación de los laboratorios y convertirla en una herramienta libre y para todos los públicos ha llevado a Zayner a convertirse en uno de los representantes más mediáticos del movimiento del 'biohacking' o biología DIY (de 'do it yourself'). Sobre todo, después de su última demostración.

Durante una charla en San Francisco sobre cómo los 'biohackers' como él hacen la edición genética y celular más accesible, el científico protagonizó lo que puede considerarse el primer intento de una persona de modificar su propio ADN con la herramienta CRISPR. En concreto, empleó estas tijeras biológicas que permiten cortar el genoma de forma selectiva para inducir el crecimiento de sus músculos.

Para Lluís Montoliu, investigador del Centro Nacional de Biotecnología del CSIC, la ocurrencia de Zayner es "una estupidez, un sinsentido" y una irresponsabilidad. "No creo que sea consciente de la tontería que ha hecho", señala Montoliu a Teknautas.

Lo cierto es que la trayectoria del estadounidense, fundador de The ODIN, una web que ofrece kits para editar ADN con CRISPR, demuestra que no le faltan conocimientos en biología. De hecho, su idea tampoco carece de base científica. Sin embargo, aunque resta importancia al asunto y asegura que no lo ha hecho por los resultados, sino por fomentar la ciencia libre y accesible, Zayner ha puesto en riesgo su salud inyectándose una sustancia cuyo efecto benigno, de haber tenido alguno, sería ínfimo.

La receta química 'crecemúsculo'

El líquido que el 'biohacker' se administró en uno de sus brazos contenía un pedazo de ADN que induce a las células a fabricar la proteína Cas9 y una molécula de ARN guía —las piezas de CRISPR— para indicar a las tijeras genéticas el objetivo: el gen de la miostatina, una proteína que inhibe el crecimiento de los músculos. Una vez eliminado este factor limitante, las células musculares se desarrollarían sin restricciones.

Ese crecimiento exacerbado de las fibras musculares es el que se produce en ciertas razas de ganado, como vacas y ovejas, seleccionadas precisamente por tener mutaciones naturales que desactivan el gen y que las convierten en animales robustos y fuertes.

Para aumentar la eficiencia de su cóctel químico, Zayner añadió polietilenimina, con el fin de mejorar la penetración del material genético en las células. Aun así, lo más probable, según Montoliu, es que solo algunas de las células alrededor de la zona de inyección captaran el fragmento de ADN y, de estas, solo unas pocas lograsen fabricar los componentes necesarios para inactivar el gen de la miostatina.

Josiah Zayner se inyectó una sustancia para editar sus células, pero no ha visto resultados (Dr. Partha Sarathi Sahana | Flickr)
Josiah Zayner se inyectó una sustancia para editar sus células, pero no ha visto resultados (Dr. Partha Sarathi Sahana | Flickr)

"Lo máximo que podría lograr es que unas pocas fibras dejaran de fabricar miostatina y quizá proliferasen un poco más. Pero difícilmente llegaría a ser perceptible ningún efecto", asegura el investigador del CSIC. Hay que decir que el 'biohacker' es consciente del escaso éxito que puede lograr con su inyección: "¿Cuántas células han sido editadas y si serán suficientes para tener algún efecto físico? Incluso después del experimento, no lo sé. Solo el tiempo y más experimentos lo dirán", ha admitido.

"Para ser efectivo debería haber encapsulado los reactivos CRISPR en alguna partícula viral", sugiere Montoliu, e introducir los virus modificados en la sangre "para que un número significativo de fibras musculares de todo el cuerpo pudieran captar los reactivos CRISPR y se pudiera percibir algún cambio". Incluso en ese caso sería difícil observar un crecimiento en los músculos.

Lo ideal para conseguir un efecto generalizado sería alterar el gen de la miostatina en la fase embrionaria para, como en el caso de los animales, conseguir que los músculos se desarrollen exageradamente desde el principio. "Un tratamiento en adultos solamente afectaría a aquellos músculos que tengan que regenerarse por alguna lesión", indica el investigador español. El efecto sería mínimo en aquellos ya formados.

Hay que decir que el 'biohacker' es consciente del escaso éxito que puede lograr con su inyección

El 'biohacker' asegura que para poder apreciar algún resultado necesitaría hacer una biopsia de su tejido muscular y secuenciar el gen de la miostatina en miles de células de su cuerpo. Un análisis que planea encargar a alguna empresa.

Los riesgos de una sustancia no regulada

Más allá de su escasa efectividad, la práctica en sí conlleva riesgos para la salud. Por un lado, el cóctel podría provocar alteraciones genéticas inesperadas e incontroladas en las células. Ante tal posibilidad, Zayner apela a la cantidad de mutaciones y reacciones químicas que suceden de forma natural en las células para quitar hierro al asunto.

"Los cortes en el ADN causados por CRISPR son dirigidos y no al azar, lo que significa que, con la elección adecuada, la probabilidad de provocar una mutación que produzca cáncer o algo similar es menor que con los cortes que ocurren de forma natural", defiende el 'biohacker', quien también señala que hasta ahora no se han registrado casos en los que CRISPR haya provocado cánceres espontáneos.

Sin embargo, en el caso de las terapias génicas que ya se utilizan para tratar la leucemia —la Administración de Alimentos y Medicamentos estadounidense (FDA, por sus siglas en inglés) ha aprobado la primera este verano—, las herramientas de edición genética se aplican en el laboratorio para luego introducir en el enfermo las células ya modificadas.

Por otro lado, la sustancia que el 'biohacker' ha introducido en su cuerpo no ha sido aprobada por ningún organismo sanitario oficial como segura para su uso en humanos. Si no la preparó adecuadamente, cumpliendo con las denominadas buenas prácticas de laboratorio, "podría haberle causado alguna reacción inmune de rechazo o de inflamación o infección local", advierte Montoliu. Aunque Zayner asegura no haber sufrido ninguno de estos problemas.

En realidad, al 'biohacker' le importan poco o nada estos riesgos e incluso la obtención de resultados. El verdadero objetivo de su experimento es demostrar que CRISPR es una tecnología accesible que la gente puede utilizar. "La ingeniería genética no debería estar reservada solo para las personas que saben programar ADN desde cero", alega. De hecho, en The ODIN pueden encontrarse kits para editar genéticamente bacterias, aunque ninguna de las sustancias a la venta es inyectable.

Podría haberle causado alguna reacción inmune de rechazo o de inflamación o infección local

"Estoy seguro de que mucha gente va a calificarlo de no científico o que dirá que se necesitan ensayos clínicos", dice Zayner, quien asegura que estas creencias forman parte de un mundo anticuado que los 'biohackers' intentan cambiar. Sin embargo, sin los controles adecuados ni un fin concreto, sus experimentos son vistos como un mal ejemplo que puede llevar a otros por el mismo camino y como "un despropósito total" por investigadores como Montoliu.

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