especialmente peligrosas para los astronautas

¿Por qué estamos viendo ahora las mayores erupciones solares de la última década?

En los últimos días se han registrado importantes eyecciones en la superficie de la estrella que nos da luz y calor. ¿A qué se debe y qué conclusiones tiene sobre la vida en la Tierra?

Foto: Erupción solar registrada el pasado 8 de septiembre (NASA)
Erupción solar registrada el pasado 8 de septiembre (NASA)

Nuestra estrella favorita lleva desde comienzos de septiembre especialmente activa. El pasado día 6, el Observatorio de Dinámicas Solares de la NASA registró la mayor erupción solar de los últimos 11 años.

Estos fenómenos, también conocidos como fulguraciones solares, consisten en la expulsión de una nube de gas electrificado y magnético de miles de millones de toneladas de peso que libera a su vez grandes cantidades de radiación y una cascada de partículas de alta energía, capaces de alcanzar velocidades de hasta 2.000 kilómetros por segundo.

En resumen, consiste en esto:

De hecho, como sabemos por un evento sucedido en 2005, la radiación sólo tarda 15 minutos en llegar a la Tierra desde que las erupciones son observadas en la superficie del Sol.

Antes de continuar hay que reiterar una cosa: nuestra atmósfera nos protege de estas amenazas, aunque los astronautas y miembros de misiones espaciales tripuladas sí que están amenazados por las tormentas de protones y otros fenómenos derivados de las erupciones del Sol.

Las erupciones solares se clasifican en función de su flujo energético en cinco categorías: A, B, C, M y X. Cada una es diez veces superior a la anterior, y dentro de cada categoría hay una escala numérica, por ejemplo, una erupción X2 es el doble de intensa que una X1, un X3 es el triple de intensa, etcétera.

En la última semana, la NASA ha registrado erupciones solares de categoría X8,2 (el 10 de septiembre) y X9,3 (el 6 de septiembre). Este GIF muestra dos de las que se produjeron el día 10.

Las erupciones solares nos afectan de otra manera: provocando caídas en servicios de radio o posicionamiento, debido al efecto negativo que la radiación ionizante tiene sobre los satálites que orbitan en la parte alta de la atmósfera. De hecho, la erupción del 6 de septiembre produjo un apagón de radio que duró alrededor de una hora en las zonas iluminadas por el sol en aquel momento, principalmente África y Asia.

Esta última, además de ser la más potente registrada en los últimos once años, entra directamente al top 15 de las mayores jamás registradas, algo que suena muy espectacular pero es que sólo llevamos cuatro décadas haciéndolo. La mayor de la historia reciente sigue siendo la erupción de noviembre de 2003, que está cifrada en X28 aunque en realidad los detectores quedaron bloqueados por la potencia. Más tarde, los astrónomos calculaban que su potencia real puede estar entre X40 y X45, el doble que la segunda jamás registrada y cuatro veces más potente que la erupción de la semana pasada.

¿Por qué ocurre esto ahora?

El motivo de esta sucesión de eventos es, simplemente, que estamos en los meses más intensos para estos fenómenos del actual ciclo solar. Estos ciclos duran unos once años. "El actual ciclo solar comenzó en diciembre de 2008 y ahora está decreciendo en intensidad y encaminándose hacia el mínimo solar", explica Karen Fox, del Centro Goddard de la NASA, "es una fase en la que estas erupciones solares son cada vez más raras, pero la historia demuestra que, sin embargo, pueden ser intensas".

Además de las erupciones más notables, se han registrado otras en la última semana de magnitudes menores, como X1,3 o M8,1. Como las fulguraciones más poderosas, estas procedían principalmente de la Región Activa 2673, muy cercana al ecuador solar, una zona donde la interacción de fuerzas magnéticas es especialmente intensa en las partes del ciclo de menor actividad, como se pudo comprobar el 6 de septiembre con la erupción de X9,3.

"La paradoja es que las fases de menor actividad han producido las mayores tormentas geomagnéticas", explicaba a Gizmodo Scott MacIntosh, director del observatorio del Centro Nacional de Investigación Atmosférica (NCAR).

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