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Una Arcadia para ligar, hacer amigos y conseguir trabajo: viva el viejo internet
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CUANDO REINABAN LOS 'NERDS'

Una Arcadia para ligar, hacer amigos y conseguir trabajo: viva el viejo internet

Ha nacido un nuevo tipo de nostalgia: la que se siente hacia el internet de los años dos mil, un lugar más libre y feliz que el actual. ¿Tienen razón o es que simplemente eran jóvenes?

Foto: Ilustración: Marina G. Ortega.
Ilustración: Marina G. Ortega.

“No sé si te acordarás del velatorio digital de Kike Turmix. Todo el mundo sabía que estaba enfermo, alguien publicó un mensaje que decía ‘ya está’ y las indicaciones del tanatorio. A continuación, la gente empezó a enviar mensajes, de repente aquello empezó a coger velocidad y se llenaron páginas y páginas de mensajes con anécdotas e historias, gente que nunca lo había conocido y que decía que tenía que ser genial… Alguien contó que había impreso ese hilo, se lo habían dado a la viuda en el tanatorio y lo habían leído allí. Fue bonito ver cómo una comunidad gestionaba el duelo de forma tan espontánea y respetuosa”.

Quien recuerda esta historia es Marta Carmona, psiquiatra, presidenta de la Asociación Madrileña de Salud Mental y coautora de Malestamos (Capitán Swing). Conozco a Marta desde hace alrededor 20 años, cuando ambos acabábamos de cumplir la mayoría de edad y coincidimos en un foro de música llamado ipunkrock. He pasado horas y horas hablando con ella a través de programas de mensajería instantánea como Messenger o en el foro al que se refiere, pero... nunca he llegado a conocerla en persona.

"En aquel internet, no todo el mundo te intentaba vender algo todo el rato"

Es la mejor representación de cómo el viejo internet propiciaba amistades desinteresadas y solidarias, una afinidad entre desconocidos que en ese momento parecía imposible que se produjese en otro contexto. O al menos eso pensamos los treintañeros que echamos de menos el internet de la primera década de siglo, antes de que las redes sociales se pusiesen de moda. “Favorecía mucho encontrarse en espacios porque no había una temática común, pero cuando conocías a alguien, era difícil que la intimidad del foro se reprodujese en persona”, añade Carmona.

Como ocurrió con las películas, las series o la música, es cada vez más común que los nacidos durante los años ochenta, esa generación que vivió la transición de la vida analógica a la virtual, recuerde aquel viejo internet como una Arcadia perdida. Es el tema principal de Escape, un ensayo de la francesa Marie Le Conte. “Antes internet parecía estar construido a una escala más humana, mientras ahora todo el mundo participa en los mismos espacios y es fácil que parezca agotador, impersonal y alienante”, responde la autora a El Confidencial. O, como sintetiza Carmona, “en aquel internet no todo el mundo te intentaba vender algo todo el rato”.

Es habitual encontrar cada vez con más frecuencia lamentos sobre aquella época de foros, listas de distribución y chats como el IRC, un paraíso perdido en la que se hicieron grandes amistades, amores o en el que incluso se podía encontrar trabajo. El internet de nicho para introvertidos y desinteresados aficionados que ripeaban películas, compartían discos o escribían subtítulos para series antes de que existiesen las plataformas de streaming. Una de estas nostálgicas es Elena Álvarez Mellado, lingüista de 35 años y coautora de Anatomía de la lengua. “Es algo que llevo comentando con compañeros de generación desde hace tiempo: era un internet que se movía en torno a blogs y foros por gente desinteresada que aportaba conocimiento sobre los temas más peregrinos”, explica. “Eso fue sustituido por las redes sociales, que es una idea de internet mucho más comercial”.

Yo también he hecho amistades que duran hasta hoy. Como mi amigo Ricardo, a quien probablemente conocí discutiendo sobre cuál era el mejor disco de algún grupo de rock de los setenta que hoy no le importa a nadie y que ha terminado convirtiéndose en uno de mis mejores amigos. A sus 45 años, no idealiza aquel pasado tanto como mi generación. “Echo de menos la diversión desprejuiciada que había en aquellos foros primigenios, ahora todo es mucho más previsible, predecible, políticamente correcto y claro, aburrido”, responde. “Trasteé por algún que otro foro y no hay color. Lo pasé muy bien en aquella época pero no la añoro, no al menos como para volver a ella, que además se perdía mucho tiempo”.

"Al no tener claro a quién ibas a llegar, lo hacías como te parecía"

“Creo que aún es posible conocer gente en internet”, matiza Le Conte, cuya última relación fue con una persona a quien había conocido en Twitter. “La diferencia ahora es que tienes que tener más suerte. En los foros sabías que todo el mundo compartía algo contigo, y como esos lugares eran más pequeños, resultaba más fácil llamar la atención. En plataformas más abiertas puede ser más difícil encontrar a tu gente y establecer una relación con ellos, pero no creo que sea imposible”.

José Viruete es el creador de una de las páginas más legendarias de aquel tiempo, una de las cumbres de la cultura friki por antonomasia que hoy ha evolucionado a podcast y vídeo, adaptándose a los tiempos. “Efectivamente, muchos de los que montábamos una página web lo hacíamos, simplemente, porque no encontrábamos gente que hablaba de lo que nos interesaba, así que nos poníamos a hacerlo nosotros”, recuerda. “Muchas de las mejores páginas de la época estaban a cargo de fanzineros o exfanzineros”. Hoy habría sido imposible montar algo así: “Dudo mucho que hoy me hubiera podido hacer un hueco con una web de leer, y que encima evitaba con frecuencia lugares comunes. Existía otra mentalidad: al no tener claro a quién ibas a llegar, pues lo hacías como te parecía, y pensabas que ya vendría la gente. Hoy sería audiovisual y a los mismos temas de los que hablaba todo el mundo”.

La periodista Esther Miguel Trula (32 años), responsable de calidad, procesos e innovación en Webedia, publicó recientemente un hilo en el que explicaba lo importante que fue el viejo internet (concretamente, Twitter) para conseguir trabajo lejos de la capital. “Todo era nuevo y estaba lleno de posibilidades”, añade a El Confidencial. Últimamente ha pensado mucho en cómo habría sido su vida si no hubiese existido internet. “Soy de Santander, así que cuando terminé la carrera, y a causa de que las becas disponibles pagaban en cacahuetes, me tuve que volver indefinidamente a mi ciudad, donde las oportunidades laborales para periodistas eran nulas”. Gracias a internet, pudo visibilizar su trabajo y hacer contactos que le permitieron dedicarse a lo suyo.

Antes letra, ahora imagen

Uno de los grandes cambios ha sido la sustitución del texto por la imagen, lo que ha provocado que, como dice Le Conte, hayan retornado las viejas jerarquías de popularidad. Belleza por delante del ingenio. “El cambio fundamental es que internet solía ser un lugar donde la gente se metía si no eran muy hábiles en la vida real, por la razón que fuese”, explica la autora. “Para los adolescentes, solía significar que no tenían muchos amigos, a menudo los acosaban, o tenían intereses que no le preocupaban a nadie. Ahora que virtualmente todo el mundo está en línea, las dinámicas de la vida real se han recreado en internet, que ya no es un refugio. Todo el mundo está aquí”, explica la autora.

"Los introvertidos, los primeros colonizadores de internet, han sido sustituidos"

Antonio Ortiz, analista y autor de Error500, está de acuerdo. “Ha habido perdedores claros: el texto ha perdido centralidad, por lo que los introvertidos, que fueron uno de los primeros grupos que colonizaron internet, se ha visto sustituido por otro tipo de personalidades, que es la que ya triunfa en otro tipo de entornos”, razona. “También ha habido perdedores ideológicos: aún existían los rescoldos de la tecnoutopía y ese internet liberador con una visión antiautoritaria. El internet de hoy es una triple alianza entre estados, empresas y usuarios que piden más control y medidas punitivas contra los excesos discursivos”.

Ricardo Galli es cofundador de Menéame, el popular agregador que abrió sus puertas en 2005. Ahora trabaja como director de datos en una multinacional. Deja claro que no es un nostálgico y que internet, en líneas generales, ha mejorado, pero hace años que decidió dejar el activismo en red. La nostalgia por el internet de los dos mile es la nostalgia por lo que él considera la segunda cultura de internet: “La primera es la de los noventa, muy techie, donde todo el mundo estaba feliz compartiendo código, creando foros y software. En los dos mil, apareció la web 2.0 y la cultura libre y el creative commons. En 2020 empieza a desvanecerse y ahora tenemos la red 3.0 donde el interés es cómo sacar dinero con y criptomonedas”.

placeholder Ricardo Galli, fundador de Menéame. (Pablo López Learte)
Ricardo Galli, fundador de Menéame. (Pablo López Learte)

Esa es una de las críticas más recurrentes al internet actual, que se concibe como un lugar donde todo el mundo tiene algo que vender, y lo vende. Como ironiza Galli, “hace 20 años hablábamos de cómo compartir cultura y ahora se habla de cómo conseguir dinero”. El profesor es consciente de que algo como Menéame no sería posible ya no hoy, sino hace diez años, con la eclosión de las redes sociales, que ocuparon el lugar de páginas como la suya y que poco a poco abrieron la puerta a una nueva concepción de internet en la que ya no se comparte conocimiento gratis sino que, de una forma más neoliberal, se asume que es un mercado donde cada uno vende lo suyo.

Esto está relacionado de manera íntima con una pérdida de la inocencia que ha provocado que los usuarios de internet sean conscientes de que las plataformas aprovechan el contenido que crean gratuita y desinteresadamente para ganar ingentes cantidades de dinero. “Parece claro que los chavales de la generación Z tienen mucho más metido hablar de hacer dinero”, valora Ortiz. “Mi generación tiene sentimientos ambivalentes que son difíciles de resolver: ‘Está guay compartir cosas por compartir, pero llevo 40.000 mensajes en esta red social y no he visto un duro”.

Cuando el primer periodista empezó a cobrar por publicar en un blog, algo cambió

El fundador de Weblogs, publicó recientemente un artículo sobre este tema en el que señalaba que la gran transición se ha producido “de una cultura amateur a una en la que todo tiene motivación económica”. “Estuve a punto de titularlo Yo ayudé a corromper el espíritu del primer internet”, ironiza. “Cuando empezamos Weblogs, en un momento en el que la blogosfera era 100% amateur, rompimos algo, vimos un modelo de negocio y se formó un pequeño cisma. Quizá Julio Alonso y yo provocamos que los entornos amateur de España dejaran de serlo”. Cuando el primer periodista empezó a cobrar por publicar en un blog, algo cambió para siempre.

Retrospección idílica

Cabe otra posibilidad, que es que gran parte de esta nostalgia esté idealizando el pasado y olvidando algunos de sus aspectos más oscuros. Iago Moreno es sociólogo y analista cultural. Nació en 1998, el año cero de ese internet que tanto se echa de menos. Alguien a quien cuando le hablan del chat de Terra, responde: “¿Qué es eso?”. “El ejemplo más paradigmático es Tuenti, que recordamos como una Arcadia perdida, pero fue donde descubrimos el acoso virtual, la necesidad de construir tu identidad pública desde lo privado, etc.,”, valora. “Borramos el conjunto de experiencias negativas que teníamos porque lo veíamos como los gajes de abrazar algo que en ese momento parecía merecer la pena”.

placeholder ¿Os acordáis de Tuenti?
¿Os acordáis de Tuenti?

El veinteañero tiene una visión más crítica de esta nostalgia que siente la generación inmediatamente anterior. “Es la misma razón por la que se ven series que no tienen sentido para tu realidad actual, porque te da sensación de certidumbre, de que ya lo conoces; lo que quieres es volver a vivir esa sensación de sosiego que te da no sentir que bajo tus pies todo se transforma demasiado rápido”, valora. Sin embargo, el sociólogo reivindica algunas cualidades del viejo internet: “Conocías a gente que te llevaba a explorar entornos sociales al margen de lo mainstream, si lo comparas con internet como algo ubicuo que atraviesa todas las instancias de nuestra vida, es normal romantizarlo”.

Esa es tal vez la razón definitiva por la que se echa de menos el viejo internet, porque era algo opcional y limitado (miles de personas esperando a que llegasen las seis de la tarde para enchufar el módem) y no algo que ha penetrado en todas las instancias de nuestra vida. Antes, alguien se metía en internet para comprar aquello que no encontraba en las tiendas físicas o se apuntaba a un foro para conocer gente con intereses parecidos. Hoy todo se compra por internet y plataformas como Tinder se han convertido en la herramienta para ligar por defecto. Internet es todo.

"Antes, los elementos no estaban configurados para mostrarte lo que te enfada"

“Cuando se vuelve en la única interfaz, y en lugar del sustituto es el vehículo por el cual llegan la ansiedad, el atosigamiento, el spam, el phishing o el enésimo tuit rancio y controvertido del día, se convierte en algo imposible”, añade. “Las redes sociales no tenían aún su dimensión agresiva: por ejemplo, entrabas en un timeline y los elementos no estaban configurados para mostrarte lo que te excita o te llena de rabia, sino de forma cronológica, más plana”. El internet del algoritmo frente al internet horizontal ha provocado que la conversación pública se convierta en una jaula de grillos donde se premia al que hace más ruido.

Otro tópico matizable es que ya no existan las comunidades online. Como recuerda Ortiz, están volviendo en otros canales, como Discord o TikTok. “Quiero pensar que somos nosotros proyectando problemáticas propias de nuestra edad (conocer, por lo general, a menos gente nueva) sobre el internet o las generaciones de hoy”, concluye Esther Miguel. “Estoy convencida de que los chavales camelan como nadie usando Instagram, TikTok, Discord, etc., y que algunas de esas relaciones les quedarán para toda la vida”. Como concluye irónicamente el creador de Menéame, “internet ha cambiado y nosotros estamos más viejos”.

“Obviamente es normal sentir nostalgia por los viejos tiempos cuando eras joven, despreocupado y estúpido, pero no creo que es la única razón por la que echo de menos el viejo internet”, reflexiona Le Conte. “No voy a estar escribiendo blogs cada día o haciendo cosas inútiles hasta las tres de la madrugada aunque me pareciese divertido, porque tengo 30 años. Lo que me entristece es que los jóvenes hoy seguramente no se lo están pasando tan bien como nosotros. La nostalgia es bastante egoísta pero también desinteresada: solo quiero que los jóvenes puedan acceder a lo que vivimos nosotros”.

“No sé si te acordarás del velatorio digital de Kike Turmix. Todo el mundo sabía que estaba enfermo, alguien publicó un mensaje que decía ‘ya está’ y las indicaciones del tanatorio. A continuación, la gente empezó a enviar mensajes, de repente aquello empezó a coger velocidad y se llenaron páginas y páginas de mensajes con anécdotas e historias, gente que nunca lo había conocido y que decía que tenía que ser genial… Alguien contó que había impreso ese hilo, se lo habían dado a la viuda en el tanatorio y lo habían leído allí. Fue bonito ver cómo una comunidad gestionaba el duelo de forma tan espontánea y respetuosa”.

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