RECOGE EN 'born to run' SU PRIMERA VISITA A BCN

Quinquis, metralletas y grises: así era la España que conoció Bruce Springsteen

Sus memorias abundan en anécdotas. Y, entre ellas, destaca el peculiar retrato que hace de nuestro país en 1981, cuando descubrió un país "que no se parece en nada al de ahora"

Foto: Springsteen recuerda perfectamente su primera visita a España y habla de ella en sus memorias. (Reuters/Mario Anzuoni)
Springsteen recuerda perfectamente su primera visita a España y habla de ella en sus memorias. (Reuters/Mario Anzuoni)

La publicación de 'Born to Run' (Literatura Random House) ha supuesto un pequeño terremoto en el generalmente adormecido panorama de la autobiografía pop. Principalmente, por la revelación de los problemas de Bruce Springsteen con la depresión. Un tema del que ya había hablado con anterioridad, pero nunca de forma tan abierta como, por ejemplo, cuando explica que tuvo que correr al médico porque se veía incapaz de controlar el llanto.

Entre la densa maraña de anécdotas, revelaciones y análisis quirúrgicos del mundo rock se encuentra sepultado un pequeño párrafo en el que Springsteen habla de su primera visita a Barcelona, allá por 1981, cuando actuó en el Palacio Municipal de Deportes ante unas 7.600 personas. Tiene su morbo, porque hoy en día es recordado como uno de los grandes hitos musicales de la postdictadura. Un 'show' iniciático, elevado a la categoría de leyenda a medida que han pasado los años; incluso su biógrafo Dave Marsh considera que es el mejor que ha dado jamás. Y lo mejor es que el propio Springsteen guarda un recuerdo muy peculiar de aquello.

En 1981, el lugar donde tocamos estaba rodeado por policías con metralletas. Parte de nuestro equipo desapareció de la furgoneta

“España, solo unos años después de la muerte de Franco, no era el país que es actualmente”, escribe. “Incluso en 1981, el lugar donde tocamos estaba rodeado por policías armados con metralletas. Fuera, un poco más arriba, parte del equipo desapareció por la parte de atrás de nuestra furgoneta, y en el hotel, nuestra ropa sucia salió andando hacia la noche barcelonesa para no volver a ser vista nunca más”. Es una imagen poderosa: el Jefe trayéndose como recuerdo su primera visita a España una estampa mental entre 'Perros callejeros' y 'Yo, el Vaquilla'.

“Hombre, empezaban los años ochenta, era otro mundo, era otra Barcelona. Ni se imaginaban las Olimpiadas”, explica Ignacio Julià, crítico de rock y fundador de 'Ruta 66', a la sazón traductor de 'Born to Run'. “Dos meses antes habíamos vivido el Tejerazo, así que no es de extrañar que las fuerzas del orden, normalmente apostadas en los alrededores de los conciertos de rock, desde siempre focos de protesta cuando no algaradas, fuesen armadas como para entrar en combate”. Además, añade que el Palacio estaba en las faldas de Montjuic, “una zona degradada de viviendas baratas y drogas, delincuencia y demás”, lo que podría explicar el hurto. 'Darkness on the edge of town', ya se sabe. O 'Meeting Across the River'. 

El propio Julià presenció la prueba de sonido, cuando Springsteen todavía controlaba todo el reciento “subiendo por las gradas y acabando en la mesa para ajustar los controles en persona, algo que rompía con la imagen que teníamos de una rock-star”. No solo eso, sino que fue uno de los 10 periodistas que le entrevistaron después del concierto, algo impensable hoy en día, cuando la promoción se ha reducido al mínimo. “Parecía acomplejado ante la prensa europea, todavía no había articulado su discurso mediático, estábamos en la época de 'The River'”, recuerda. “Pero se comportó con su habitual proximidad, respondiendo a las preguntas tras mucho reflexionar, lanzando esas risas vaporosas con que sigue afrontando el nerviosismo ante las entrevistas aún hoy”.

"En sus gustos musicales e ideología, era exactamente el mismo que ha escrito la autobiografía", prosigue Ignacio. "Un ejemplo, afirmó la importancia de que Stevie Wonder hubiese tenido un gran éxito con 'Happy Birthday', dedicada a Martin Luther King. Y remachó que era importante no olvidarse de ciertas figuras. Y fue la primera persona que me habló de Hank Williams, no lo olvido".

El paso por Barcelona sigue en la memoria de Springsteen como una noche donde quedaron estupefactos con la respuesta del público

Salvador Trepat, responsable de Point Blank, la principal página en castellano sobre Springsteen, también estuvo allí en 1981. “A mí en esa época me atracaron dos veces en poco tiempo, con navajas, en plena calle”, recuerda. Que les abrieran una furgo y desapareciera algo no me parece raro”. Eso sí, apuesta por desmontar mitos: nada de un Boss para minorías y ajeno a los lujos de los que goza hoy en día. “En 1981 Springsteen ya era una estrella. Quizá menos que ahora, pero el Hotel Princesa Sofía era el hotel de lujo en Barcelona”.

Un 'show' memorable… para ambas partes

Las memorias de Springsteen ofrecen, 35 años después, el contraplano de aquello que veía el artista desde el escenario. Y los barceloneses salen bastante guapos: “La vida de los españoles parecía inmersa en un lánguido y encantador caos”, explica Springsteen, que ha vuelto en al menos una quincena de ocasiones desde entonces. “Pero los rostros que vimos entre el público fueron de los más hermosos y apasionados de todo el planeta. Tocamos para unos pocos miles, pero el entusiasmo que mostraron conmovió a la banda y fue algo inolvidable. Volveríamos”. Lo hicieron

Cartel del concierto de 1981.
Cartel del concierto de 1981.

Puede entenderse aquella noche del 21 de abril de 1981 como una importante fecha en un doble proceso de maduración. Por un lado, el de Springsteen, que visitaba por primera vez la Europa continental y al que el horizonte industrial barcelonés le recordó al de Nueva Jersey, y por otro, el de un público que aún no se había acostumbrado a las grandes giras. “Lo importante es el recuerdo que tiene del concierto”, explica Trepat. “Sigue en su memoria como una noche donde quedaron estupefactos con la respuesta del público. Y así fue. La gente salió flotando del pabellón, en trance. Normal: no habíamos visto nada igual (ni volveríamos a verlo, al menos tan intenso como aquella noche)”. Algo semejante recuerda Julià: “Se dio una reacción entre el público, por lo que he contado antes de la situación política del momento, que emocionó a la banda de la calle E”.

Sigue teniendo buena pluma

Es una más de la prolija cantidad de anécdotas recogidas en un libro que recupera al mejor Springsteen, aquel del que su manáger Jon Landau dijo que habría sido un gran novelista. Es una mezcla de la chisporroteante locuacidad de 'Greetings from Asbury Park, N.J.', de la introspección en la infancia de 'Nebraska', la honesta autocrítica de 'Tunnel of Love' y la reconciliación vital de 'Lucky Town'. Un autorretrato de andar por casa, escrito con espontaneidad pero también con una capacidad de conectar con el lector/oyente que parecía haberse perdido entre himnos 'neo-gospel' para estadios. Es todo un lujo leerle escribir sobre música, como el momento en el que se explaya sobre canciones de doo-wop como “Up on the Roof” como solo lo haría un crítico musical de primera.

“Era como si toda mi notoria energía, algo que había sido mío y había dominado toda mi vida, me hubiese sido cruelmente arrebatada”. Eso fue en 2014

'Born to Run'.
'Born to Run'.

Tampoco intenta caer simpático. Cuando relata la marcha de Steven van Zandt de la E Street Band después de que este le pidiese tener más relevancia en su música, no oculta que se lo negó aduciendo que para eso él era el jefe. Al fin y al cabo, son casi 600 páginas de terapia casi 'freudiana'. Abundan las reflexiones a posteriori a partir de la biografía familiar, como la sobreprotección de su abuela o la severidad alcoholizada, azotada por la locura, de su padre. Sombras que se arrojan sobre su porvenir: “No podía levantarme de la cama. Joder, ni siquiera lograba una erección. Era como si toda mi notoria energía, algo que había sido mío y había dominado toda mi vida, me hubiese sido cruelmente arrebatada. Me había convertido en un cascarón vacío andante”, explica a propósito de su depresión. Eso fue en 2014, hace tan solo dos años.

La autobiografía rock es un genero dado a la superficialidad. En el mejor de los casos, se trata de entretenidas recopilaciones de anécdotas con otros ilustres (aquí las hay, claro, como el acceso de su protagonista a la amistad de Sinatra antes de su muerte). Sin embargo, 'Born to Run' recupera al mejor Springsteen, el que era capaz de publicar en un mismo disco 'I'm a Rocker' y 'Point Blank'. Sus memorias tienen una rara cualidad, la de emocionar y divertir sin caer hacia el melodrama ni la banalidad. Es lo que distingue a las mejores obras de su autor, esa capacidad de generar una extraña familiaridad que te hace pensar que la vida es exactamente así, como él la cuenta. Una habilidad perdida hace años y, por fin, recuperada.

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