"No vengáis sin vacuna": el plan de las 'big tech' para la oficina no sirve en España
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EL CAMINO A LA INMUNIDAD DE GRUPO

"No vengáis sin vacuna": el plan de las 'big tech' para la oficina no sirve en España

Facebook, Google o Wallmart obligarán a sus empleados a vacunarse, una medida que pisa fuerte en países en que el rechazo a la vacuna está poniendo en apuros los planes de sus gobiernos

placeholder Foto: Oficinas de Google en Nueva York. (Getty)
Oficinas de Google en Nueva York. (Getty)

A medida que la vacunación contra el covid-19 avanza, algunos países se han topado con un inesperado obstáculo: el rechazo de parte de su población a inyectarse los remedios de Pzifer, Moderna, AstraZeneca o Janssen. Este problema puede acabar siendo un lastre que entorpezca el buen ritmo para el objetivo de alcanzar la inmunidad de grupo. En un primer momento, la pelota estaba en el tejado de los gobiernos, que llevan tiempo activando diversos planes y estrategias para conseguir borrar los recelos de algunos. Sin embargo, el resultado es muy dispar dependiendo el país en que uno se fije. Algo que ha propiciado que sean las empresas las que den un paso adelante y activen medidas para que sus plantillas se vean obligadas a vacunarse y regresar a la vieja normalidad lo antes posible.

El pasado jueves, Google y Facebook anunciaban que sería algo indispensable para aquellos trabajadores que quieran regresar presencialmente. Tomaban el testigo así de Joe Biden, el presidente de EEUU, que también ha puesto en marcha medidas similares para los empleados federales. A este lado del Atlántico, también se han dado movimientos semejantes. Italia fue la primera en establecer la vacunación obligatoria para ciertos colectivos, seguida de Francia y Grecia. En España, mientras tanto, han sido varias las voces que se han pronunciado a favor de medidas similares. Pero ¿tendría sentido algo así en nuestro país?

Aunque en Estados Unidos la campaña de vacunación comenzó a un ritmo espectacular, los planes de la Casa Blanca de vacunar al 70% de la población adulta del país para el pasado 4 de julio no se cumplieron. Los reclamos puestos a modo de cebo, como las hamburguesas que regalaban en Nueva York o las entradas para parques temáticos en California, no han sido suficientes. Según una encuesta publicada en abril por NPR/Marist Poll, uno de cada cuatro estadounidenses se mostraba dispuesto a rechazar la vacuna si se la ofrecieran.

Foto: Una joven recibe la vacuna contra el covid en Galicia. (EFE)

Google fue la primera gran empresa en poner esta medida sobre la mesa. Cualquier persona que vaya a trabajar a cualquiera de las oficinas de los de Mountain View deberá vacunarse con anterioridad. “Implementaremos esta política en los EEUU en las próximas semanas y se expandirá a otras regiones en los próximos meses”, escribía Sundar Pichai, el CEO de la compañía, en un blog corporativo. Le siguió el paso Mark Zuckerberg. “A medida que nuestras oficinas vuelvan a abrir, exigiremos que todas las personas que vengan a trabajar se vacunen”, declaró la CEO de Facebook a 'Techcrunch'. Ambas empresas, además, han aplazado sus planes de retomar la presencialidad.

placeholder Vacunación en Nueva York. (EFE)
Vacunación en Nueva York. (EFE)

El 'efecto llamada' no ha tardado en hacerse notar. Walmart, el mayor empleador privado del país, ha establecido la vacunación obligatoria de todos los empleados de su sede para antes del 4 de octubre. La medida, por ahora, no incluye a los trabajadores de sus tiendas, aunque pronto podría extenderlo a estos profesionales. Disney también ha exigido lo mismo para sus asalariados y no sindicalizados en EEUU.

Hay que tener en cuenta que este tipo de multinacionales han sido en muchas ocasiones el espejo en que se han mirado muchas compañías occidentales para decidir qué hacer en estos meses de cambios abruptos. Algo que podría propiciar que esto se imitase en otros puntos del mundo. En España, por el momento, no parece muy probable que esto ocurra.

Desde grandes empresas como Telefónica aseguran que de momento no están contemplando adoptar nada parecido. La compañía firmó recientemente un nuevo convenio con los sindicatos que afecta a casi 20.000 empleados, que tendrán que teletrabajar dos de los cinco días laborales. Para los tres días que tendrán que acudir a la oficina no se les requerirá, de momento, estar vacunados o realizar test, aseguran portavoces de la empresa consultados. "Los 2.000 empleados corporativos fuera de convenio tenemos máxima flexibilidad para teletrabajar según lo pactado con cada responsable de área en función de cada puesto y responsabilidades, pero tampoco hay plan de establecer ninguna medida adicional para ellos", señalan estas voces.

placeholder Fachada de una de las oficinas de Telefónica. (EFE)
Fachada de una de las oficinas de Telefónica. (EFE)

Otro ejemplo es el Santander, donde actualmente trabaja presencialmente entre un 40% y un 60% de la plantilla en sus oficinas centrales. En la entidad bancaria tampoco se plantean intervenir en los procesos de vacunación de sus empleados. “Siempre valoramos todas las posibilidades, pero de momento nuestros empleados se están vacunando como procede y, desde el año pasado, hacemos pruebas cada cierto tiempo”, explican desde la compañía.

“La adopción de este tipo de medidas depende mucho de la situación de la vacunación. En EEUU, a pesar de haber vacunas de sobra, el porcentaje de la población que acepta la vacunación es relativamente bajo en comparación con España” explica a El Confidencial el epidemiólogo Fernando Rodríguez Artalejo. “En España, no tendría mucho sentido en este momento. Puede ser razonable en otros países, donde a pesar de tener suficientes dosis, mucha gente no se está vacunando”.

¿Deben los gobiernos obligar a la vacunación?

Aunque las empresas españolas no se lo plantean de momento, algunos presidentes autonómicos han manifestado su deseo de legislar al respecto. El presidente de Canarias ha admitido estar estudiando la posibilidad de ‘obligar’ a vacunarse a funcionarios de determinados cuerpos de la Administración regional que interactúen con colectivos sensibles. “No podemos pagar la mayoría que se quiere vacunar la inconsciencia de quienes, apelando a su libertad individual, no lo quiere hacer”, decía Ángel Víctor Torres en una reciente rueda de prensa.

El Gobierno de Núñez Feijóo ya incluía algo parecido en su Ley de Salud de Galicia. El Ejecutivo de Pedro Sánchez no tardó en recurrirla ante el Constitucional, alegando que restringía derechos fundamentales al tocar aspectos sensibles como el aislamiento de ciudadanos en su domicilio o la vacunación obligatoria. Finalmente, el Gobierno retiró el recurso la semana pasada. Todo tras un acuerdo con el Ejecutivo autonómico sobre uno de los puntos más polémicos del texto que mencionaba el “sometimiento a medidas profilácticas de prevención de la enfermedad, incluida la vacunación o inmunización”.

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Foto: EFE.

“La aceptación de la vacuna en España es muy superior a la de otros países. Aunque existen grupos reaccionarios con cierta visibilidad en redes sociales y demás, el porcentaje es muy bajo”, afirma Ignacio Rosell, especialista en medicina preventiva, que ahora mismo también descarta la implantación de medidas que afecten a la intervención en la obligatoriedad de los procesos de vacunación.

El 83% de los españoles confía en la vacunación contra el covid, según los datos de la última encuesta realizada por la Fecyt. La cifra viene a demostrar que la confianza ha ido en aumento desde julio de 2020, cuando ese porcentaje se situaba en un raquítico 33%. En comunidades como Andalucía o Extremadura, el rechazo por parte de los ciudadanos a recibir su dosis correspondiente no llega al 1%. En otras como Navarra asciende al 2,7%, una cifra superior pero todavía muy lejos de ser una estadística por la que empezar a preocuparse.

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Foto: EFE.

“Si ocurriese como en otros lugares y se llegase a hacer porque las coberturas de vacunación fueran bajas, tendría sentido empezar por algunas profesiones esenciales o que presenten un mayor riesgo para terceros”, anota Rodríguez Artalejo. Eso es lo que se está haciendo en varios países europeos que, por el momento, solo han aplicado la obligatoriedad en ciertos colectivos como los sanitarios.

Un buen ejemplo de lo complicado que puede llegar a ser poner en marcha medidas para empujar la vacunación es Francia. El país lleva tres fines de semana consecutivos con protestas tras el anuncio de Emmanuel Macron de exigir un pase sanitario para acceder a bares o restaurantes, una medida que entrará en vigor este mes. El presidente galo anunció otras normas, entre las que se encontraba la vacunación obligatoria para todo el personal sanitario antes del 15 de septiembre. En esa fecha comenzarán los controles y la aplicación de sanciones pertinentes en caso de que no se tenga la pauta completa.

En la comparecencia, Macron también lanzó un mensaje al resto de franceses que aún no han recibido su dosis, advirtiendo que no descarta la "vacunación obligatoria para toda la población". "Elijo confiar y llamo a los ciudadanos a vacunarse lo más rápido posible", añadió.

Francia no es el único caso en suelo europeo. El mismo día del anuncio del mandatario francés, Grecia también aplicaba la misma imposición para el personal de las residencias de ancianos con efecto inmediato. El personal sanitario tendría un periodo de gracia hasta septiembre. Ambos países seguían la senda abierta por Italia, donde la vacunación de sanitarios y farmacéuticos lleva siendo obligatoria desde abril. Los trabajadores que no tengan la dosis completa se enfrentan a castigos como la suspensión de sueldo.

Reino Unido se unirá a la lista en octubre, mes a partir del cual los trabajadores de residencias de ancianos deberán recibir obligatoriamente su dosis correspondiente. Según el Gobierno británico, en junio solo el 40% de los centros de mayores ingleses contaba con un porcentaje de pauta completa de vacunación entre el 80% y el 90%. Esa cifra es el umbral señalado por los científicos de la SAGE para garantizar un nivel mínimo de protección contra los brotes de covid.

"Si esto fuera frecuente y empezase a haber trabajadores reacios a la vacuna en ciertos sectores, podría plantearse en España", explica Rosell, quien insiste en que en las circunstancias actuales no es necesario. Las medidas a tomar según avance el proceso dependerán, según Rodríguez Artalejo, “del grado de transmisión comunitaria que haya en ese momento, que todavía no sabemos cuál va a ser. Es cierto que se está vacunando a mucha gente a un ritmo rápido, pero también lo es que, cuanto más transmisibles sean las variantes, más gente necesita estar vacunada para conseguir la inmunidad de rebaño”, explica. “Habrá un grupo de población, que son los niños, que todavía no se ha vacunado y habrá que ver si ellos son capaces de mantener la transmisión o no”, concluye. En los próximos meses veremos, por lo tanto, si la aparición de nuevos brotes y variantes hace necesario un cambio de estrategia.

A medida que la vacunación contra el covid-19 avanza, algunos países se han topado con un inesperado obstáculo: el rechazo de parte de su población a inyectarse los remedios de Pzifer, Moderna, AstraZeneca o Janssen. Este problema puede acabar siendo un lastre que entorpezca el buen ritmo para el objetivo de alcanzar la inmunidad de grupo. En un primer momento, la pelota estaba en el tejado de los gobiernos, que llevan tiempo activando diversos planes y estrategias para conseguir borrar los recelos de algunos. Sin embargo, el resultado es muy dispar dependiendo el país en que uno se fije. Algo que ha propiciado que sean las empresas las que den un paso adelante y activen medidas para que sus plantillas se vean obligadas a vacunarse y regresar a la vieja normalidad lo antes posible.

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