La 'cadena de ataque' es vulnerable

La guerra fría con China tiene explicación: EEUU está perdiendo su supremacía militar

El avance tecnológico de China, sustituyendo el papel de la URSS, la lleva a tutear a EEUU en materia militar y que muchos den por hecha la victoria de Pekín en un hipotético conflicto armado

Foto: El USS Nimitz (CVN 68), durante un ejercicio. (US NAVY)
El USS Nimitz (CVN 68), durante un ejercicio. (US NAVY)

El equilibrio militar a nivel mundial ha cambiado en las últimas décadas. Rusia, tras el colapso de la Unión Soviética, pasó a ser una sombra de su pasado. Durante años intentó recuperarse, logrando resultados sorprendentes y llegando a posicionarse como uno de los principales proveedores de armas a escala global. Sin embargo, su recuperación y su estatus como potencia militar se está viendo ensombrecido por el nuevo y abrumador poderío de una China que reclama, impulsada por su economía y sus inversiones en la industria de defensa, su papel en el tablero mundial. Unos movimientos que suceden porque EEUU y su otrora todopoderoso ejército están dejando de ser lo que era. Ya no parecen invencibles.

Este es, en un apretado resumen, el mensaje que trasciende del último libro de Christian Brose, ‘The Kill Chain: Defending America in the Future of High-Tech Warfare’, una obra publicada en Estados Unidos muy recientemente y que ha supuesto una verdadera bomba en el estamento militar y también en muchos sectores políticos y de opinión pública. El autor fue Director de Personal del ‘Senate Armed Services Committee’ entre 2015 y 2018 y de 2008 a 2014 y también asesor principal del senador John McCain, rival de Obama cuando este entró a la Casa Blanca.

Brose hace una descripción muy pesimista de la situación de las fuerzas armadas norteamericanas, sumidas en un declive paulatino en estos últimos años, debido a errores en las políticas de defensa. Incide en que existe una falsa sensación de invencibilidad motivada por la forma, bastante opaca, en que este asunto se transmite a la sociedad y por una exagerada confianza en la calidad de los medios, entendidos como tal las plataformas. En una de sus sesiones con el difunto senador McCain, comentaban que todas las simulaciones recientes (los ‘juegos de guerra’) con China como enemiga acababan en derrota y con enormes pérdidas.

El nuevo orden

No se puede negar que Christian Brose conoce a fondo los entresijos de la defensa de Estados Unidos. Pero tampoco revela nada nuevo pues, con sus hipótesis de partida, resultaría casi imposible que, en un conflicto convencional entre ambas naciones, la victoria cayera del lado de Washington. Esas hipótesis se basan en una guerra en la que el país norteamericano nunca tomase la primera acción, pero en la que debería actuar contra el régimen de Pekín en su terreno. Muchos especialistas en geopolítica y geoestrategia dibujan un mundo a corto plazo con dos actores principales: Estados Unidos y China. Rusia, por su parte, se quedaría en un papel de segundón, contentándose con esos restos del negocio armamentístico.

Fragata china Yueyang, durante los juegos militares. (US NAVY)
Fragata china Yueyang, durante los juegos militares. (US NAVY)

En el reparto de responsabilidades, los chinos aceptarían gustosos este ‘duopolio’ siempre y cuando ellos representaran el poder económico, mientras que Estados Unidos seguiría haciendo el papel de ‘policía del mundo’ actuando en determinados países y zonas de influencia, aquí y allá, pero nunca cerca de las zonas de interés del dragón asiático. El problema, más allá de que EEUU nunca querrá ceder el liderazgo económico, es que hacer de 'policía del mundo', mantener fuerzas armadas repartidas por todo el planeta, supone un coste y un desgaste inasumible.

En ese escenario, China siempre va a ganar. Ellos plantean la guerra como un conjunto de intervenciones militares orientadas a influir sobre sus vecinos cercanos y a defender su territorio. La filosofía vendría a ser una especie de ‘Que vengan aquí los norteamericanos que serán bien recibidos’. Lo más probable (por no decir prácticamente seguro) es que en ese esas circunstancias aumentarían mucho sus posibilidades de victoria. Hace unos años el salto en tecnología armamentística entre ambos países era abismal. La diferencia ahora se ha ido acortando y EE UU no tiene una ventaja tan clara.

La cuestión tecnológica

Tradicionalmente se miraba a las fuerzas armadas chinas por encima del hombro. Mucho personal y mucho desfile, pero mal equipadas y con doctrinas anticuadas. Unos elementos emulados de aquella manera a la antigua Unión Soviética. Todas sus armas eran, o bien versiones rusas de exportación o copias descaradas de las mismas. Carecían de buenos sistemas de mando y control, comunicaciones y guerra electrónica. No manejaban portaaviones y su armada submarina estaba muy lejos de la norteamericana. En esa situación, Estados Unidos sí podría haber sostenido un enfrentamiento próximo a territorio chino. Hoy sería imposible.

Destructor Qingdao del Type 052. (IDF)
Destructor Qingdao del Type 052. (IDF)

Actualmente, China es, en materia militar al menos, otro mundo. Han sido capaces de desarrollar un potencial de primera línea. Su aviación mira de tu a tu a la rusa y casi puede hacerlo con la norteamericana, no solo en unidades, sino con plataformas tecnológicamente avanzadas. En sistemas de defensa aérea han dado un salto cualitativo enorme. Cogieron como base lo mejor de la tecnología rusa y progresaron a partir de ella. Su flota dispone ahora de dos portaaviones con un tercero en camino y tiene planes (reales) para otros tres. Todos cada vez más grandes y mejor dotados. En consecuencia, disponen de navíos de escolta muy evolucionados e incluso buques tipo LHD con capacidad para asaltos anfibios.

Están dominando el importantísimo campo de la tecnología de las comunicaciones y el ciberespacio, a la vez que ya han puesto ‘varios pies’ en el espacio desarrollando una gama propia de satélites. Lo último que hay que destacar es que lo que se refiere a misiles antibuque se han convertido en una referencia. Es algo que no debe extrañar a nadie, puesto que el ‘enemigo’ llegaría por mar.

Los misiles del dragón

Los misiles hipersónicos, cuando estén plenamente desarrollados (y los asiáticos están en ello) van a suponer una amenaza para ambos bandos, aunque serán más peligrosos para unas fuerzas que se deben trasladar al campo de batalla. Pero además, China ha desarrollado unos misiles antibuque de largo alcance impresionantes. Se trata, entre otros, del DF-21D un misil especializado para atacar objetivos navales derivado del conocido y probado Dong-Fen 21, un misil balístico supersónico que se transporta y se dispara desde una lanzadera sobre camión. La versión antibuque tendría un alcance de más de 900 millas (1.450 km).

Vista de misil DF-26. (Foto: Ice Unshattered)
Vista de misil DF-26. (Foto: Ice Unshattered)

Utilizados en gran número con tácticas de saturación (muchos misiles sobre un mismo objetivo) podrían causar estragos en grupos navales. Además serían muy difíciles de neutralizar ya que son fáciles de dispersar y cambiar de ubicación gracias a su movilidad. Más peligroso es el DF-26, una variante del anterior con capacidades superiores y sobre el que se especula que podría llegar a alcanzar un objetivo a 4.000 km de distancia. Con este alcance no solo sería una amenaza para cualquier buque, sino que estaría en situación de alcanzar la base norteamericana de Guam, enclave estratégico en un conflicto asiático

Además, en ese escenario de ‘ir a luchar’ al terreno chino, la ventaja norteamericana en plataformas de primer nivel, como los aviones F-22 y F-35, quedaría neutralizada al carecer de tanto radio de acción si tienen que operar fuera del alcance de los misiles chinos, mientras que la alternativa del reaprovisionamiento en vuelo sería demasiado arriesgada, dada la vulnerabilidad de los aviones cisterna. Los aviones navales, F-35C y Super Hornet, se encontrarían con el mismo problema, pues sería aún más arriesgado exponer los valiosos portaaviones a un ataque de misiles a larga distancia.

‘The Kill Chain’

No menos importante sería el dominio de las telecomunicaciones y la capacidad china de neutralizar los satélites norteamericanos y sus comunicaciones. Esto es una realidad y se lograría con ello romper la ‘Kill Chain’ norteamericana y lograr su derrota. Este término (se podría traducir en algo así como "cadena de ataque") es una desafortunada forma que allí tienen para referirse a las fases que deben cumplir las fuerzas propias para conseguir la victoria o impedir que el enemigo las consiga cumplir para derrotarle.

Esto no es nada nuevo y aplicaría a cualquier guerra o batalla de la historia. Aunque se pueden establecer fases más desarrolladas, básicamente son tres: (1) conocer la situación del enemigo y de la batalla (2) tomar las decisiones acertadas con ese conocimiento y (3) aplicar las decisiones utilizando los elementos necesarios para ello. Es todo muy evidente. Lo primero es saber qué ocurre y a qué nos enfrentamos: dónde está el enemigo, cuáles son sus fuerzas, cuáles sus intenciones, etc. Una vez que se tiene ese conocimiento, se toman decisiones: ¿atacar? ¿replegarse? ¿flanquear al enemigo? Y, una vez tomada la decisión, seleccionar los medios y utilizarlos de la mejor manera: atacar con infantería y utilizar la artillería como cobertura, mover las fuerzas a una posición defensiva mientras se ataca con aviación, etc. Ha sido así desde que el hombre fue a la guerra, es decir, desde siempre.

Shenyang J-11B chino, fotografiado por un P-8 Poseidon norteamericano (US NAVY)
Shenyang J-11B chino, fotografiado por un P-8 Poseidon norteamericano (US NAVY)

Con el potencial tecnológico chino en ciberespacio y comunicaciones, si consiguieran impedir la fase primera en ese hipotético enfrentamiento, la victoria sería suya. Sin la información adecuada no se pueden tomar decisiones acertadas y, aun teniendo la información, de nada sirve decidir si se ha perdido la capacidad de trasladar esas decisiones a las fuerzas. Esto significaría la pérdida de lo que se denomina como ‘mando y control’ y sería catastrófico.

Una teoría, al fin y al cabo

No obstante, este hipotético enfrentamiento es solo teórico. Estados Unidos no se va a meter jamás en una pelea que se sabe a priori que va a perder. Cualquier incidente que fuera a mayores pasaría previamente por una concentración de fuerzas sin precedentes y se trabajaría en todos los frentes. La capacidad de dejar al enemigo sin comunicaciones y sin “mando y control” es mutua y, en el extremo, el territorio chino siempre estaría al alcance de EEUU. Lo que no está tan claro lo contrario.

La superioridad en misiles antibuque puede ser contestada con mejores sistemas antiaéreos y si China buscara la provocación actuando sobre un país aliado como Taiwán, si quiere poner pie allí deberá llevar sus portaaviones y buques de asalto anfibio, con lo que las tornas cambiarían al convertirse estos en objetivo de aviones, submarinos y misiles norteamericanos.

Pero China también tiene sus propios problemas en el ejército, no solo con el material, sino también con casos de corrupción. Ya hablamos de ello. Con todo, importantes cambios se van a producir. Estados Unidos no puede mantener su declive militar y China, a su ritmo, seguirá ascendiendo.

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