El presupuesto no lo es todo

El dragón no era tan fiero: los problemas que ponen en jaque a la Armada china

China se ha convertido en una superpotencia armamentística y militar, incluso ya compite de tú a tú con Rusia y EEUU. Pero lejos de ser un ejército perfecto, los problemas afloran en sus desarrollos

Foto: Portaaviones Type 001A. (Reuters)
Portaaviones Type 001A. (Reuters)

China, desde cualquier perspectiva, se ha convertido en un gigante. Es el país más poblado, el que más crece y tiene una economía que rivaliza con los mismísimos Estados Unidos. En el terreno militar, maneja cifras apabullantes y está desarrollando unas capacidades tecnológicas que, sobre el papel, parecen asombrosas. Sin embargo, es posible que no todo sea tan maravilloso como parece. Problemas que afectan a sus desarrollos tecnológicos y, en general, a sus fuerzas armadas dan que pensar. Igual el gran dragón no es tan fiero como parecía.

Las noticias sobre los nuevos desarrollos chinos en materia de defensa se suceden continuamente. Están metidos en todas las carreras armamentísticas y aspiran a hacerse un hueco e incluso ponerse a la altura de los norteamericanos en un tema tan importante como es el uso de portaaviones. Incluso la pelea por los misiles hipersónicos también tiene contribución de este gigante. Pero igual que ocurre con los misiles, se han lanzado al desarrollo de todo tipo de armamento de ultimísima generación, aunque en la mayoría de casos con muchos más problemas y deficiencias de las que a primera vista podría parecer.

Portaaviones: lento desarrollo

La fabricación de portaaviones es un claro ejemplo. Para China, disponer de portaaviones era una vieja aspiración y también una necesidad. Para ellos, disponer de sus propios portaaviones suponía no solo una demostración de capacidad y un billete para entrar de una vez en el 'club de los grandes', sino una necesidad para mantener una presencia militar en unas aguas que, en breve, van a ser escenario de importantes luchas de poder entre diversas potencias por el control del océano.

China dio un primer paso con la compra del oxidado casco del portaaviones ruso/ucraniano Varyag. La odisea del que ahora es el primer portaaviones chino, el Liaoning, que tardó 20 años desde que se compró el casco hasta que se puso en servicio, fue novelesca y el portaaviones en sí es considerado por todos los analistas como un ensayo de la industria china.

El portaaviones Liaoning, en el día de su presentación oficial. (Bycrest)
El portaaviones Liaoning, en el día de su presentación oficial. (Bycrest)

Pero el Liaoning ya es agua pasada y, con sus limitaciones, se encuentra navegando y supone un extraordinario banco de ensayos para la marina china y su incipiente aviación naval. Poco después de empezar su desarrollo (2015) se anunció a bombo y platillo la construcción de un segundo portaaviones. Se trata del Type 001A, sobre el que en su momento se dieron toda clase de especulaciones.

Se llegó a hablar de que sería un portaaviones similar a los norteamericanos clase Nimitz, es decir, más de 300 metros de eslora y 100.000 toneladas de desplazamiento. Circularon noticias (alentadas desde las propias agencias chinas) de que dispondría de catapultas, incluso de las novísimas electromagnéticas, similares a las que no dejan de dar problemas en el nuevo portaaviones norteamericano Gerald Ford.

Al final, unas fotografías filtradas en las que se veía la proa del casco del nuevo portaaviones con su característica rampa 'ski jump' dejaron muy claro que este segundo portaaviones no dispondría de catapultas, ni siquiera convencionales. El nuevo Type 0001A ya es un hecho y, aún incompleto, se encuentra a flote. Tiene una eslora de 315 metros y un desplazamiento de 70.000 toneladas (estimado a plena carga), pero es del mismo diseño del Liaoning y, por tanto, del Kuznetsov ruso.

Portaaviones Type 001A. (Reuters)
Portaaviones Type 001A. (Reuters)

Algunas lecciones se van aprendiendo y este nuevo diseño es algo más grande, con mayor desplazamiento (unas 12.000 toneladas) y con importantes mejoras que van a un rediseño de la isla, haciéndola más pequeña y por tanto ganando más espacio para cubierta de vuelo. También se sabe que incluirá nuevos radares de tecnología AESA y que, dado su mayor espacio, será capaz de llevar más munición y combustible para aviones y más aeronaves que el Liaoning, aumentando el número de sus Shenyang J-15 de 28 a 32.

Pero algunos problemas deben estar apareciendo pues, tras haber realizado ya varias navegaciones de prueba, lo que se denominan 'pruebas de mar' y que certifican que todo funciona como es debido y esperado, al buque chino se le han vuelto a encomendar nuevas navegaciones de prueba. Esto ha hecho pensar a muchos analistas militares que algunas cosas no van bien en el nuevo buque, aunque por otra parte en un diseño ya autóctono al cien por cien y el primero que se hace, era de esperar.

Sobre la naturaleza de los problemas nada se sabe, pero bien podrían venir del lado de la planta motriz, compuesta por cuatro turbinas convencionales de vapor, una solución copiada del diseño ruso que en el Kuznetsov ha sido siempre un continuo quebradero de cabeza. China, contra viento y marea, no se va a detener y va a construir más portaaviones. Muy probablemente lleguen a botarse entre cuatro y seis de estos grandes navíos, lo que les aseguraría mantener listas para entrar en acción al menos a dos o tres de sus unidades. Y es que hay mucho océano y mucho en juego en esta partida.

Aviación naval poco desarrollada

Uno de los problemas adicionales que debe afrontar China para poner en servicio sus portaaviones es dotarse de una adecuada aviación naval. De momento, funciona con los Su-33 adquiridos a Rusia y el consiguiente desarrollo autóctono del Shenyang J-15, que no es más que una versión local del ruso. Las agencias chinas, para variar, pregonaron que el J-15 era un avión magnífico, muy superior al Sukhoi ruso y tan solo superado por el F-22.

Semejante afirmación fue contestada por medios rusos diciendo todo lo contrario, no solo que el Su-33 era muy superior al J-15 sino que no sería de extrañar que China hiciera un pedido adicional de Su-33. Por descontado que China no ha comprado más aviones rusos de este tipo.

El avión chino J-15, basado en el ruso Su-33. (Garudtejas7)
El avión chino J-15, basado en el ruso Su-33. (Garudtejas7)

En cualquier caso, la aviación naval poco puede evolucionar solamente con este tipo de avión, que no olvidemos es de cuarta generación y ya con un diseño superado. Por ello, en el país asiático apuestan por versiones navales de sus nuevos y llamativos diseños: el Chengdu J-20 y el Shenyang FC-31. A este respecto las agencias chinas han venido difundiendo varias imágenes de supuestas versiones navales de ambos aviones que, sin embargo, resultaron ser todas falsas. Algunas fueron trabajados fotomontajes de aviones sobre la cubierta de vuelo del Liaoning, como la de un J-20 con alas plegables, y otras burdas imágenes de una maqueta sobre un fondo de portaaviones, como ocurrió con el FC-31.

Este es el camino que deberán seguir en realidad, lograr un buen avión, de avanzadas características y capacidad naval para usarse con catapultas. De lo contrario, estarán abocados a seguir con la fórmula rusa de sus dos primeros portaaviones y utilizar aviones ya superados por muchos de sus posibles contendientes.

Chengdu J-20. (ChnaMil)
Chengdu J-20. (ChnaMil)

Quinta generación ¿de verdad?

Las mayores especulaciones han venido de sus dos diseños más futuristas y ya mencionados, el J-20 y el FC-31, también denominado J-31. La aparición en los medios del J-20 sin duda fue una sensación. El avión tiene un aspecto magnífico, con una planta alar muy avanzada y con unas características que, de ser todas ciertas, lo harían un referente mundial. El problema es que los datos son poco creíbles y la realidad es que se sabe que (al igual que les ocurre a los rusos) están teniendo graves problemas con la planta motriz.

Los primeros J-20 están equipados con motores Salyut AL-31FM2, una versión mejorada de los famosos Lyulka AL-31, que son un diseño de la época soviética. Aunque se afirma que las nuevas versiones del J-20 llevarían motores mejorados de diseño nacional, los Xian WS-15, con los de origen soviético el avión no era capaz de conseguir velocidad de supercrucero, es decir, supersónico sin poscombustión. Esto no es asumible para un avión que se dice de quinta generación.

Dos aviones de combate furtivos chinos J-20 Chengdu. (EFE)
Dos aviones de combate furtivos chinos J-20 Chengdu. (EFE)

En cuanto al radar y sistemas, es posible que sí lleve un radar tipo AESA de altas prestaciones y una cabina moderna totalmente digital, pero ningún analista internacional apuesta por que, por ejemplo, las capacidades de 'situational awareness' o 'conciencia situacional' se acerquen a las del F-35. Otro misterio es su capacidad furtiva o 'stealth', y en esto, obviamente, los chinos son bastante opacos. Sin embargo, sus líneas y algunas de las soluciones aerodinámicas (inspiradas, dicen algunos, en aviones norteamericanos) podrían permitirle una muy baja firma de radar.

El FC-31 o J-31 es aún más misterioso. Lo primero que se dice de él —también se dice del J-20— es que está inspirado en el F-35, lo que físicamente es más creíble en este caso que en el del J-20, que no se parece en casi nada al F-35. Se trata de un avión bimotor pero bastante más pequeño que el J-20 con una planta alar muy parecida a la del F-35. El J-31 es un diseño avanzado, pero se han reportado diversos problemas, entre ellos uno de estabilidad en los aterrizajes.

Shenyang J-31. (Wikipedia)
Shenyang J-31. (Wikipedia)

Lo que en definitiva resta credibilidad a estos diseños es el hecho de que no terminen de entrar en producción. El J-20 se empezó a fabricar en 2009 y aún se habla de prototipos y aparatos de preserie. Se especula que pueda haber 20 ejemplares, y del J-31, que ya volaba en 2012, aún sigue habiendo tan solo dos prototipos.

Problemas no tecnológicos

Pero en China hay más problemas de qué preocuparse y no vienen de la pura tecnología. Recientemente se ha publicado una especie de 'Libro blanco' sobre la defensa que incide en diversos aspectos muy interesantes sobre la política china de defensa. Pero hay algunas apreciaciones que resultan impactantes, sobre todo por el hecho de que hayan sido hechas públicas, y son los problemas inherentes a las fuerzas armadas.

Además de diversos problemas con alcohol o abusos sexuales, en China se habla de un problema de corrupción. Y dicha corrupción afecta no solo a los casos de sobornos en compras de material y adjudicaciones de contratos, sino también a un tema tan sensible como es el caso de las promociones, sobre las que, según se apunta en el libro, se ha llegado a establecer un sistema de compra de ascensos. Esto último es algo muy grave, desconocido en la actualidad en Occidente y que puede afectar a todo el ejército.

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