entre murciélagos y humanos

Muchos bichos y pocas pruebas: el pangolín no tiene todavía la culpa del coronavirus

Científicos chinos apuntan al curioso mamífero con escamas como origen de la infección, pero los expertos creen que aún hay muchos datos pendientes de confirmar

Foto: Una cría de pangolín
Una cría de pangolín

Científicos de la Universidad Agrícola del Sur de China han anunciado que tienen la respuesta para una de las mayores incógnitas en relación con el nuevo coronavirus: aseguran que han encontrado el animal que actuó de intermediario para que la infección pasara de los murciélagos al ser humano. Tras aislar el coronavirus en el pangolín, un curioso mamífero que tiene escamas, aseguran que las secuencias del genoma del virus en el animal resultan idénticas en un 99% a las del virus de las personas. Por lo tanto, habría pocas dudas acerca del foco del contagio. Pero ¿es de verdad así?

Desde el primer momento, las sospechas recayeron sobre un mercado de mariscos y animales salvajes de Wuhan, donde trabajaban algunos de los primeros enfermos. La venta de pangolines, una especie protegida, es ilegal, así que no figuraban en un inventario de los artículos que se vendían, pero en la práctica ese comercio existe, así que la hipótesis no es descabellada, según los expertos, pero aún está por comprobar.

"Todavía estamos en un momento muy prematuro como para estar seguros de que el pangolín sea el huésped intermediario o de que sea el único", afirma a Teknautas Joaquim Segalés, investigador del Centro de Investigación en Salud Animal del Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA) de la Generalitat de Cataluña. "Cuando ves un virus tan similar, uno tiende a pensar que es el mismo en el animal y en las personas, así que no es descartable que el pangolín sea la especie intermedia, pero yo creo que la investigación china solo es un primer paso. Hay que confirmar si el animal es susceptible a la infección y ver si es capaz de excretar el virus de una forma clara como para poder infectar", añade.

Aunque un 99% de coincidencia es mucho, el experto señala consideraciones técnicas que hay que aclarar. "No sabemos si se refieren a la totalidad del genoma o de algunas secuencias del virus. Si es lo primero, en la práctica estamos hablando del mismo virus; si es lo segundo, no sabemos exactamente cuál es la similitud", comenta.

(Reuters)
(Reuters)

Su duda surge del hecho de que el estudio no ha sido publicado al detalle por las vías tradiciones en una publicación científica, sino que se ha anunciado a través de la prensa. Sin la certeza que da una publicación científica formal, "alguien podría pensar que es una contaminación de esas muestras, yo no lo sé y no quiero ser malpensado, pero es una fase tan temprana que hace falta comprobar y tomar todo con mucha cautela", señala el experto.

Segalés acumula una gran experiencia en el estudio del MERS, otro brote de coronavirus que se manifestó en la península arábiga en 2012. En concreto, ha investigado a fondo al animal que en aquel caso hizo de huésped intermediario entre los murciélagos y el ser humano: los dromedarios. "En el caso del MERS, el virus de los dromedarios y de los humanos era el mismo. Casi nunca hay una coincidencia del 100%, porque muta levemente, pero podemos decir que era idéntico". Con respecto a los murciélagos, el virus humano tiene una similitud del 88 o del 90%, así que ha tenido que haber cambios y de ahí la certeza de la existencia de un hospedador intermedio, tanto ahora como en las epidemias de coronavirus anteriores.

En la del SARS, el intermediario fue la civeta, una especie de gato salvaje que se parece bastante a nuestras ginetas. De hecho, este segundo caso guarda muchas semejanzas con el brote actual, porque este mamífero también llega a los mercados de comida chinos. "Es una especie que se vende en los mercados de animales vivos y, a pesar de ser una especie protegida, en China se trafica con ella por razones culinarias y para la medicina oriental, así que tiene cierta verosimilitud que sea el pangolín", opina Ignacio López Goñi, catedrático de Microbiología de la Universidad de Navarra.

Vista de varios sacos con escamas de pangolín gigante y pangolín arborícola tras ser descubiertos en un contenedor que hizo escala en Singapur. (EFE)
Vista de varios sacos con escamas de pangolín gigante y pangolín arborícola tras ser descubiertos en un contenedor que hizo escala en Singapur. (EFE)

Hallar el foco de la infección es una de las claves para luchar contra esta epidemia que deja ya más de 600 muertes y más de 31.500 casos confirmados, sobre todo de cara a tomar más medidas de precaución. En cualquier caso, sea por el contacto con los pangolines o no, la forma de transmisión de la infección aún tendrá que ser aclarada. "No solo se trata de que haya personas que consuman esta carne, porque si los alimentos están cocinados, la posibilidad de transmisión de los virus es menor; pero previamente al manipular esos animales vivos o muertos, respiras aerosoles en los que podría estar el virus, por ejemplo, a través de la orina o las vísceras.

El pangolín, un animal singular

Los pangolines son unos animales muy especiales en muchos sentidos. Son los únicos mamíferos con escamas del mundo y sus comportamientos son bastante raros. Cuando se sienten en peligro se encogen formando una bola y se alimentan de hormigas y termitas gracias a una larguísima y pegajosa lengua. Hay cuatro especies de pangolines en Asia y otras tantas en África. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) las cataloga entre vulnerables y en peligro crítico de extinción debido a la caza furtiva y el comercio ilegal.

De hecho, la IUCN tiene un programa especial que trabaja por la protección de este animal y denuncia que cada cinco minutos desaparece un pangolín de la naturaleza, ya que es el mamífero salvaje más comercializado ilegalmente en el planeta. ¿El motivo? Su carne, que es plato de lujo en algunos lugares, y sus escamas, que se emplean en la medicina tradicional asiática. Popularmente, se cree que es un remedio contra enfermedades de la piel, artritis e incluso trastornos de la menstruación. Ni siquiera la dura ley china, que castiga su venta hasta con 10 años de presión, ha podido detener la comercialización. Por todo ello, la hipótesis de que el virus 2019-nCoV haya podido saltar de los murciélagos a los humanos a través de este animal resulta bastante verosímil, aunque nadie lo haya probado aún.

Un murciélago 'Desmodus rotundus' (vampiro común) en uno de los bosques secos del sur de Ecuador, en Zapotillo. (EFE)
Un murciélago 'Desmodus rotundus' (vampiro común) en uno de los bosques secos del sur de Ecuador, en Zapotillo. (EFE)

Para sorpresa de muchos especialistas, las serpientes fueron las primeras señaladas por la investigación. En un artículo publicado el 22 de enero en 'Journal of Medical Virolgy', un grupo de científicos chinos explicaba cómo habían analizado diferentes especies animales del mercado de Wuhan que centró las sospechas desde el principio y los resultados indicaban que la serpiente era el reservorio más probable para el virus 2019-nCoV.

Al día siguiente otros especialistas ya lo estaban desmintiendo, porque consideraban muy improbable que el coronavirus pudiera haberse originado en animales que no fueran las aves o los mamíferos, según explicaban en 'Nature'. Los críticos aseguraban que no había ninguna prueba de que los ofidios pudieran ser infectados ni sirvieran como anfitriones. Además, el virus del SARS, que es el más parecido al del brote actual, solo se había encontrado en mamíferos. En definitiva, pocos expertos se tomaron demasiado en serio la hipótesis de las serpientes.

"Fue un estudio muy preliminar y la hipótesis no era muy creíble", asegura Segalés. "De todas las posibilidades que se han puesto sobre la mesa, la de la serpiente es la que menos credibilidad tiene en este momento". En una investigación bioinformática predictiva y preliminar sobre diversos aspectos de la nueva infección su equipo del IRTA identificó otros candidatos a intermediario: las civetas y los pollos. "Tan solo abríamos posibles líneas de investigación. En cualquier caso, habría que provocar una infección experimental para comprobar o rechazar estas posibilidades", señala.

Lo que sí parece claro es que en última instancia el coronavirus procede de los murciélagos. "No sabemos por qué los murciélagos son un auténtico saco de virus, albergan más de 50 tipos distintos. Lo sorprendente es que no enferman y para explicarlo hay muchas hipótesis. Por ejemplo se sabe que tienen un sistema de detección y reparación de las lesiones del ADN fue fuerte, son capaces de detectar una lesión y repararla rápidamente y esto les puede hacer más resistentes a infecciones", comenta López Goñi.

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