¿Puedes dejar un ratito el teléfono, por favor?

Cómo de enganchados estamos los españoles al móvil en cada comunidad autónoma

Extremadura lidera la clasificación de ciudadanos que declaran tener un uso problemático con su teléfono móvil, según datos de un nuevo estudio a los que ha accedido Teknautas

Foto: Un actor de imágenes de recurso mira intensamente a la pantalla de su móvil (iStock)
Un actor de imágenes de recurso mira intensamente a la pantalla de su móvil (iStock)

No existe tal cosa como la adicción al teléfono móvil, pero ya saben ustedes que hay gente que llega a despertarse en mitad de la noche para comprobar si hay algo nuevo en sus grupos de WhatsApp, a esconderse para que sus padres o pareja no le echen la bronca por andar tuiteando o aquellos para los que ver una llamada perdida en la pantalla es un drama en sí mismo.

Para los investigadores, una de las herramientas más fiables para saber si existen problemas de uso con el teléfono móvil es el MPPUS (siglas de Mobile Phone Problem Use Scale), un cuestionario con situaciones como las descritas en el primer párrafo. Este método fue creado en 2005 por Adriana Bianchi y J.G. Phillips, dos psicólogos de la universidad australiana de Monash, y doce años más tarde —pese a que la experiencia con un smartphone es mucho más diferente ahora— ha continuado siendo el método estándar para predecir posibles consecuencias psisológicas derivadas de un excesivo uso del móvil.

Ahora, un grupo de científicos españoles especializados en salud mental ha aplicado el MPPUS a más de 1.200 voluntarios para tratar de comprender cómo se reparten demográficamente aquellos casos de uso problemático del teléfono móvil, tanto por regiones como por géneros o edades. Los autores del estudio, publicado en 'PLOS ONE', han compartido con Teknautas algunos de los datos empleados para el mismo, desagregados por comunidades autónomas y aún no publicados. Estos muestran que algunas regiones, como Extremadura o Castilla-La Mancha, aglutinan un porcentaje mayor de casos problemáticos que el resto del país.

Algunas regiones, como Extremadura o Castilla-La Mancha, aglutinan un porcentaje mayor de casos problemáticos que el resto del país

Definir la adicción al móvil como un problema de salud pública es algo controvertido, principalmente "porque el sufrimiento de un adicto no es comparable al de una persona que tiene un problema de control sobre la tecnología", explica a Teknautas Fernando Rodríguez de Fonseca, coordinador de la Red de Trastornos Adictivos del Instituto de Salud Carlos III y director de este proyecto. Sin embargo, "a efectos legales, de sanción administrativa y de responsabilidad penal, el agravante es el mismo si te estrellas con coche por estar usando el móvil o por estar bajo los efectos del alcohol o la cocaína", dice el investigador para expresar la potencial gravedad del problema.

"El uso anómalo del móvil puede llevar a una conducción temeraria si uno no es capaz de refrenar el impulso de contestar un mensaje", reitera Rodríguez.

Los autores del trabajo explican que "la selección fue efectuada con una selección de cuotas no-probabilística y con proporcionalidad geográfica al tamaño de la población de cada una de las 17 comunidades autónomas de España". Frente a la media nacional del 20% de usuarios con problemas —de los que el 5% los tienen realmente y el otro 15% está en riesgo de hacerlo— existen zonas bastante 'libres' de móvil, especialmente en el norte de la península. En País Vasco o La Rioja, aproximadamente uno de cada cinco encuestados declara utilizar el móvil solo ocasionalmente.

En el otro extremo están Extremadura, Andalucía o Murcia, donde el uso considerado como problemático afecta a más de uno de cada cuatro ciudadanos.

Lo que intentamos es ver hasta qué punto la tecnología es capaz de hacer emerger un comportamiento anómalo

Ahora, los investigadores se centrarán en estudiar otras variables, como si existe relación entre uso problemático del 'smartphone' y el nivel socioeconómico, o si quieres están enganchados a su móvil lo están también a otras cosas, legales o ilegales. "Lo que intentamos es poner el dedo en la llaga de, hasta qué punto, la tecnología es capaz de modificar un fenotipo vulnerable y hacer emerger un comportamiento anómalo que tiene impacto sobre el individuo y la sociedad en la que vive", explica el director del proyecto, "no hay que demonizar al móvil igual que no hay que demonizar al alcohol, pero hay que reclamar una buena educación para ambos".

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