"El móvil es para llamar y enviar SMS

"Paso de internet en el móvil": los jóvenes que presumen de vivir en la Prehistoria

Son apenas un 8 %, pero no todos son abuelos: hay usuarios muy jóvenes que disfrutan de teléfonos sin conexión a internet y se vanaglorian de ello

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En pleno 2016, Android es el rey de los ‘smartphones’ y Apple sigue siendo el emperador mediático, logrando acaparar la atención de medio mundo con cada presentación de un nuevo iPhone o la enésima versión de iOS. En España, según los datos más recientes de la consultora Kantar, la penetración de los móviles inteligentes alcanza ya un 92 %, con aquellos equipados con el sistema operativo de Google batiendo récords: están presentes en casi un 94 % de los nuevos teléfonos.

Sin embargo, aún hay una aldea de irreductibles galos que resiste ahora (¿y siempre?) al invasor ‘high-tech’. Un ínfimo 8% de los españoles que aún cree en la utilidad de los viejos teléfonos móviles y, aún más, presumen de tener uno de esos dispositivos con los que ni siquiera se conectan a la red.

Lejos de los tópicos, no todos estos usuarios son septuagenarios que prefieren seguir usando aquellos móviles con teclados físicos bien grandes a los que ya se adaptaron en su día. De hecho, los que más alardean de estos antiguos dispositivos tienen bastantes años menos. “No tengo aplicaciones ni internet en el móvil”, explica el fotógrafo Iván Faure, de 38 años, a Teknautas. “Decidí hace años que no me gastaría un euro en comprar un móvil y, tras 15 años usándolo, voy cumpliendo”.

Aunque a día de hoy sí que utilizan un ‘smartphone’, Faure ni siquiera lo sabía antes de hablar con este medio. “He tenido que preguntarlo porque no sabía bien qué es un ‘smartphone’ o qué no lo es”, se justifica. Tiene un Sony de 2010 que le cedió una amiga al hacerse con uno mejor, pero lo utiliza como si fuera un Nokia de hace 15 años. “Desde siempre tengo claro que un teléfono es para llamar o enviar algún SMS puntual”, aclara. De hecho, ya tiene en el cajón preparado el que será su próximo móvil: un dispositivo de 2007 con el que logrará viajar aún más atrás en el tiempo.

Decidí hace años que no me gastaría un euro en comprar un móvil y, tras 15 años usándolo, voy cumpliendo

Precisamente de un cajón salió el dispositivo que utiliza actualmente el profesor, escritor y artista Enric Puig, cuyo caso es más extremo si cabe. Se trata de un Motorola V3 que tenía desde hace más de diez años. Puig es, en realidad, un converso. Él sí utilizaba teléfonos inteligentes hasta que, un día, cayó del caballo y vio la luz. Fue escribiendo su libro, ‘La gran adicción’, en el que cuenta distintos casos de gente que un día decidió huir de internet al cansarse de vivir constantemente conectada. Al conocer sus historias, Puig decidió sumarse a su filosofía.

Para aquellos que deciden vivir con un teléfono móvil anticuado hay algo de malo en usar un ‘smartphone’. Los argumentos son de sobra conocidos: “La vida es muy corta como para pasar horas y horas al día mirando una minipantalla; la vida está fuera, no en una pequeña caja”, razona Faure.

Los orgullosos usuarios de teléfonos de hace una década también se vanaglorian de lo que, a sus ojos, son las muchísimas ventajas de portar uno de estos dispositivos. “Yo no tengo que estar preocupado de cargar la batería porque suele durarme 6 o 7 días”, comenta Faure. “Tampoco tengo que chequear por ‘obligación’ cada poco a ver qué tengo nuevo en el móvil”, argumenta. Más allá de detalles técnicos, para Puig, “lo mejor es que no tiene internet”.

Además, los entrevistados explican que no les ha causado demasiados quebrantos el vivir ajenos al WhatsApp y otras plataformas similares, aunque sí han sufrido la incomprensión de parte de su entorno. Puig, por ejemplo, explica que “durante los primeros días, hay gente que no te localiza y otros se quejan de tu decisión”. Por su parte, Iván se muestra mucho más tajante: “Los demás parece ser que sí tienen problemas. De golpe incomoda a la gente tener que llamar y dicen que mi decisión no es práctica”.

Los demás parece ser que sí tienen problemas. De golpe incomoda a la gente tener que llamar y dicen que mi decisión no es práctica

Existe también un componente de educación que va mucho más allá de las características tecnológicas de unos u otros móviles. Aunque eso no dependa de las propiedades de un dispositivo en concreto, sino de los modales de su propietario, Faura explica su postura: “Cuando estoy en una conversación con alguien, si mira el móvil termino la conversación. Me supera ver ese detalle, la tecnología nos está atontando más que espabilarnos”.

“Allá cada cual”, sentencia el fotógrafo. “Sí que escucho muchas veces que están cansados de tanta dependencia, pero no lo dejan. Increíble”.

Mejores características

Mientras tanto, el español Curro Quevedo se dedica a reparar (para luego coleccionar o vender) terminales antiguos desde su empresa, ZOOO, por lo que conoce de cerca este singular mercado en el que aún hay movimiento. “Hay terminales que la gente quiere reparar porque tenía teléfonos de contactos dentro y quieren recuperar algunos números, otros que fueron muy bonitos en su momento y que la gente vuelve a sacar para tener teléfonos más especiales que un ‘smartphone’ y hay muchísimos clientes que utilizan esos terminales porque son sencillos de manejar y la batería es de muy larga duración”, explica Quevedo a Teknautas.

Steve Jurvetson
Steve Jurvetson

Además, este coleccionista señala a otro tipo más de usuario interesado en móviles que no se conecten a internet: aquellos que quieren disfrutar de cierto anonimato. “Al no tener WhatsApp ni localización por GPS, sabes que ese terminal te da la seguridad de que nadie puede rastrear tu ubicación”, comenta.

Curro señala también que su cobertura es mejor y que el sonido, generalmente, es más alto. Además, recuerda algo de sobra conocido: la robustez de un Nokia de los de antes no la tiene ni el teléfono inteligente de gama más alta del mercado. Mientras el iPhone protagoniza escándalos por doblarse, en los antiguos “las pantallas no se rompían, eran de plástico y era un material mucho más flexible. Y si se te rompía la pantalla, podías seguir usando el teclado”.

Dejas de perder el tiempo navegando a la deriva por internet, porque dejas de recibir el continuo bombardeo de información insustancia

De esta forma, aquellos que presumen de usar teléfonos obsoletos sí parecen tener motivos para estar orgullosos. Obviando, eso sí, detalles como la incomunicación que puede llegar a suponer en pleno 2016 o la dificultad cada vez mayor para encontrar componentes con los que reparar, por ejemplo, un Nokia 3410.

A pesar de ello, poner a punto un móvil viejo costaría alrededor de unos 30 euros, según Quevedo, por lo que seguiría siendo mucho más barato que hacerse con un ‘smartphone’. Y, además, “dejas de perder el tiempo navegando a la deriva por internet, porque dejas de recibir el continuo bombardeo de información insustancial”, concluye Puig.

Sin embargo, y pesar de las advertencias de estos ciudadanos preocupados, más de un 90 % de los usuarios españoles siguen navegando a la deriva por internet prácticamente a todas horas.  

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