laura masgrau ha recibido una beca l'oréal

La investigadora catalana que lucha contra el cáncer desde su ordenador

El 63% de los españoles cree que las mujeres no sirven para la investigación de alto nivel. Científicas como Masgrau pretenden demostrar que no es cierto a la vez que buscan nuevos fármacos

Foto: La investigadora catalana que lucha contra el cáncer desde su ordenador

El 63% de los españoles cree que las mujeres no valen para la ciencia de alto nivel, según una encuesta europea llevada a cabo por l'Oréal. Son sesgos y estereotipos que impiden que las investigadoras alcancen los puestos más altos del sistema científico y que incluso les dificultan la obtención de financiación. Para cambiar eso, la empresa francesa entrega cada año una beca destinada a apoyar el trabajo de las científicas españolas.

La catalana Laura Masgrau ha sido una de las galardonadas este año en la sede del CSIC de Madrid, donde también se ha celebrado el 15º aniversario del Programa l'Oréal-Unesco Por las mujeres en la ciencia. Esta investigadora de la Universidad Autónoma de Barcelona lucha contra el cáncer de colon, pero no desde un laboratorio, como sería de esperar, sino desde un ordenador. Su campo es el de la química computacional y la modelización molecular: "Está todo por explorar, pero esto es precisamente la ciencia", admite emocionada a Teknautas.

Las enzimas son catalizadores biológicos que hacen posibles las reacciones químicas en el interior de los seres vivos. El trabajo de Masgrau consiste en "simular cómo reaccionan los átomos y las moléculas en las que se basan estos procesos" desde un ordenador. El objetivo final: desarrollar fármacos que ataquen las células cancerígenas de forma selectiva y eficaz, sin efectos secundarios.

La simulación informática es el primer paso para desarrollar fármacos que ataquen las células cancerígenas de forma selectiva

La clave se encuentra en algunas de estas enzimas, que trabajan con azúcares. Estos recubren, "como si decoraran", la superficie de las células cancerígenas y "se han relacionado con la aparición de metástasis". Como el problema se encuentra en los catalizadores, Masgrau quiere diseñar, mediante herramientas computacionales, una molécula que pueda detener su acción.

De momento, la investigadora se ha centrado en estudiar cómo se sintetizan los azúcares, cómo actúan las enzimas y qué mecanismos tienen lugar. Si encuentra una molécula capaz de detener estas reacciones químicas, el siguiente paso sería llevar el supuesto fármaco hasta las células cancerígenas. Ahí entran en juego las nanopartículas.

Estos diminutos cuerpos pueden fabricarse a partir de proteínas o liposomas, que son como "bolitas de grasa". En su exterior se colocan unas "antenas" que detectan las células cancerígenas, y en su interior el medicamento deseado. Al final las células malignas detectan las señales de las nanopartículas y se las comen. El resultado es que el fármaco llega allí donde es necesario y, por lo tanto, se evitan los efectos secundarios. Ni siquiera la nanopartícula es tóxica, pues el cuerpo la degrada sin dificultad.

Masgrau se ha centrado en el cáncer de colon porque existe "mucha recaída" en esta enfermedad, debido a metástasis producidas en hígado y pulmones, pero asegura que el papel de los azúcares también se ha demostrado en el cáncer de mama y de pulmón.

El superordenador MareNostrum de Barcelona.
El superordenador MareNostrum de Barcelona.

Superordenadores al servicio de la biomedicina

La investigadora considera su trabajo informático como "complementario" al de laboratorio, a la vez que permite llevar a cabo experimentos "de ciencia ficción". La potencia computacional de superordenadores como el MareNostrum de Barcelona permite coger una base de datos con millones de compuestos y probarlos de forma virtual para cribarlos y tener que probar de forma física la efectividad de un par de cientos.

La ventaja de este tipo de investigación es evidente: se ahorra un tiempo considerable al no tener que probar la efectividad de miles de moléculas en el laboratorio. Reducir el círculo de sospechosos permite encontrar fármacos válidos con mucha más rápidez. Además, siempre es más barato trabajar con un ordenador que requerir un laboratorio, por básico que sea.

Pero ni todos los superordenadores del mundo pueden impedir que, al final, haya que pasar por el laboratorio. Masgrau calcula que, aunque tenga éxito en su trabajo, habrá que esperar unos 15 años antes de ver un producto final debido a los ensayos clínicos. "La historia de la humanidad no se mide en años. Todo lo que tenemos es porque alguien antes lo ha estudiado", concluye la joven investigadora.

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