encuentran el gen responsable del aroma

La biotecnología ha descubierto por qué ya no huelen las rosas

Los cultivadores se han preocupado más de conseguir flores más coloridas y llamativas, pero la fragancia se ha perdido en el proceso. Un estudio en 'Science' busca la forma de recuperarlo

Foto: La biotecnología ha descubierto por qué ya no huelen las rosas

Las rosas son rojas. Y azules, blancas, amarillas y hasta negras. Pero, ¿a qué huelennbsp;La selección artificial se ha preocupado, a lo largo del siglo XX, por obtener flores llamativas, vistosas y atractivas, ignorando el aroma, que se ha ido perdiendo por culpa de los cruces. Debido a esto hoy en día pasear por una rosaleda es un placer para la vista, pero el olfato puede aburrirse un poco. Con el objetivo de recuperar esta apreciada característica, un equipo de investigadores franceses ha descubierto el gen responsable de sintetizar las fragancias de estas plantas, tal y como se publica hoy en la revista Science.

“Hemos encontrado el gen responsable de la síntesis de las moléculas que confieren el característico olor de las rosas”, resume a Teknautas el investigador de la Universidad de Estrasburgo, Philippe Hugueney. Esto quiere decir que las flores con poco o ningún aroma tienen este gen desactivado de forma parcial o total, por lo que no pueden generar los monoterpenos responsables del aroma. Y también que podrían recuperar esta habilidad o incluso potenciarla si vuelve a activar.

Hugueney asegura que hasta ahora los cultivadores de rosas se habían centrado en potenciar las características comerciales más importantes. Por este motivo las flores duran más tiempo vivas una vez se cortan, aguantan mejor durante los viajes y son más resistentes a las enfermedades. “El aroma nunca ha sido una prioridad, por lo que se ha perdido con el tiempo”, aclara. Para devolver el olor a las rosas mediante biotecnología era necesario comprender sus raíces bioquímicas, algo que no se había logrado del todo hasta hoy.

Sin selección artificial no habría perros ni maíz, pero también es responsable de que las rosas y las fresas no huelan y de que los tomates no sepan a nada

Cada pétalo de las flores es una pequeña fábrica de monoterpenos, moléculas volátiles de gran importancia para la reproducción de las plantas silvestres. Gracias a ellas los insectos se ven atraídos y polinizan las flores. Sin embargo, esta característica no es necesaria para las especies domésticas, ya que la mayoría “son estériles y sobreviven a través del cultivo más que de la reproducción natural”, según explica Hugueney.

Durante años, el responsable de sintetizar los monoterpenos había permanecido oculto. Los investigadores se mostraron sorprendidos al ver que la enzima encargada del aroma en las rosas era completamente diferente a la que otorga el olor en el resto de flores. Se trata de una ruta bioquímica alternativa que nadie había encontrado... hasta ahora.

La importancia de que las rosas sinteticen monoterpenos no sólo por sus fines estéticos o reproductores, aunque nadie dude de lo agradable que resulta detenerse a oler las rosas del camino y ver a las abejas libar en ellas.. Estas moléculas también son de gran importancia para algunas industrias, pues se utilizan en aceites esenciales y fragancias, y gracias al trabajo de Hugueney podrían lograrse variedades mucho más aromáticas y productivas.

En busca del olor perdido de las fresas

No es la primera vez que un equipo de investigadores intenta recuperar un aroma perdido por la selección artificial humana. En el Centro de Investigación en Agrigenómica de Cerdanyola del Vallès (Barcelona), se trabaja para que las fresas vuelvan a oler a fresa.

De una forma similar a lo sucedido con las rosas, años de cruces destinados a obtener frutos más grandes y resistentes han olvidado una característica secundaria pero importante: el olor. Estos investigadores catalanes trabaja para encontrar fragmentos de ADN que estén asociados al aroma, para así poder fomentar cruces dirigidos.

La importancia de que las rosas sinteticen monoterpenos no es sólo estética, ya que algunas industrias los utilizan para aceites y fragancias

Si el aroma de las rosas y las fresas puede parecer secundario, en ocasiones los efectos secundarios de la selección artificial son todavía más negativos para el consumidor. Es lo que ha ocurrido con los tomates, hasta el punto de que la frase “ya no saben a nada” se ha convertido en habitual.

En 2012 se publicó el genoma del tomate, y unos años más tarde un estudio publicado en Science resolvió el misterio. El gen responsable de ese atractivo color rojo que los consumidores siempre buscan, tiene el efecto lateral de disminuir los azúcares de la fruta. En otras palabras: los agricultores han buscado tomates más rojos, según las preferencias del cliente, sin saber que así también obtendrían frutas menos sabrosas.

El ser humano se ha valido de la selección artificial para cambiar las especies de la naturaleza a su gusto. Sin ella no habría maíz, tomates, perros ni gatos. Pero al hacerse estos cruces al margen de la genética era imposible saber qué efectos secundarios podían producirse a nivel celular. Gracias a los avances de la biotecnología, en el siglo XXI los tomates volverán a saber a tomate. Y las rosas seguirán siendo rojas, pero oliendo bien.

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