'science' destaca sus avances

Cómo Irán se está convirtiendo en una potencia científica mundial

Los investigadores persas se han enfrentado al aislamiento durante años, pero gracias al esfuerzo y la improvisación han logrado que su sistema de I+D florezca. Y lo mejor está por llegar

Foto: Investigadora iraní. (Science)
Investigadora iraní. (Science)
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La edad de oro de la ciencia iraní destacó en todos los ámbitos, desde química a matemáticas, pero terminó hace siglos. Daba la impresión de que jamás se repetiría, pero en las últimas décadas Irán ha potenciado su educación e inversión en I+D hasta coronarse como el país con un mayor crecimiento científico del mundo. Y todo ello a pesar de las sanciones impuestas con el objetivo de impedir la fabricación de armas nucleares. Hoy, un reportaje publicado en la revista Science recoge la voz de varios expertos, iraníes e internacionales, sobre la situación.

A pesar de estas sanciones, que impiden la importación de material e incluso vetan la publicación en revistas científicas, la ciencia persa ha sabido florecer. Con el presupuesto adecuado, pero también con una buena dosis de improvisación. “El resultado es una iniciativa científica sorprendentemente robusta en áreas que van de la sismología a la investigación con células madre”, explica el redactor de noticias internacionales de Science, Richard Stone.

Los números avalan este progreso: “Irán publicaba unos 800 papers al año en 1996. En la actualidad edita 39.000”, asegura a Teknautas el investigador de la Universidad de Granada Víctor Herrero-Solana, experto en rankings mundiales de producción científica. “Es un crecimiento muy grande”, valora al mirar los datos extraídos de la base de datos de Scimago.

Irán ha pasado de publicar 800 artículos científicos al año en 1996 a editar más de 39.000, lo que lo coloca como el segundo de la zona después de Turquía

Este aumento de la producción científica los ha colocado a la cabeza de Oriente Medio: de publicar el 3,5% de los artículos de toda la región en 1996 ha pasado a editar el 30%. A nivel mundial, de un irrelevante 0,07% ha pasado a un 1,52%. Si se mira el índice H (que tiene en cuenta la cantidad pero también la calidad), Irán lo ha multiplicado por ocho en unas décadas. Aun así está lejos de superar en este aspecto al único país musulmán que le supera en I+D, Turquía: mientras que el persa es de 180, los otomanos consiguen 266. Por comparar este número que sirve como calificativo, España y Alemania ascienden a 591 y 887, respectivamente. Mucho más cercano, el de Israel es de 496.

En este ascenso por la montaña, Irán ha fundado un centro de fertilidad, con el objetivo de que los pacientes no tengan que viajar a otros países para tratar este tipo de problemas. “El instituto se ha convertido en un peso pesado de la investigación con células madres, publicando cientos de artículos y logrando éxitos en clonación animal”, asegura Stone.

Dos mujeres iraníes charlan en una esquina del norte de Teherán (Reuters).
Dos mujeres iraníes charlan en una esquina del norte de Teherán (Reuters).

A pesar de las intenciones, en ocasiones las palabras se adelantan a los hechos: aunque el objetivo del gobierno iraní es dedicar un 3% del PIB a investigación, la realidad se acerca más al 0,5%, lo que supuso unos 1.500 millones de euros de inversión en 2014. En comparación, España dedicará en 2016 un 1,6% de su PIB (unos 6.500 millones de euros), aunque también va a la caza del deseado 3%. No sólo es una cuestión de dinero sino de educación: su población universitaria ha pasado de 100.000 estudiantes tras la revolución de 1979 a más de dos millones en la actualidad (del que un 70% son mujeres).

Los científicos iraníes no deben enfrentarse sólo a la fuga de cerebros y a la falta de presupuesto: las sanciones han impedido la importación y exportación de todo tipo de material, incluso rocas. “Sin rocas no hay fósiles”, explica un paleontólogo iraní en Science. Tampoco pueden datar especímenes, pues no está permitido exportar radionucleótidos al país persa.

Esto no ha supuesto trabas para un pueblo dado a las improvisaciones. Desde 2010 Irán no puede importar sensores sísmicos, a pesar del riesgo de terremotos que sufre, ni siquiera por razones humanitarias. Sin problemas, el instituto de ingenieros diseñó su propio sensor, siguiendo la frase de Francis Bacon: "Si la montaña no viene a mí, yo voy a la montaña". Los investigadores ni siquiera hacen ascos en acudir al mercado negro si es necesario.

Sin sanciones, sin fronteras

Con el fin de las sanciones todo ha cambiado para mejor: “Es una nueva era para la ciencia iraní”, asegura el Ministro de Ciencias del país, Vahid Ahmadi. No sólo se abren sus fronteras al material de investigación, sino que los investigadores persas vuelven a estar en contacto con la comunidad científica internacional con la que podrá colaborar. Por este motivo, del renacimiento de la ciencia persa se beneficiará Irán, pero también el resto del mundo: al convertir las instalaciones de enriquecimiento de uranio en centros de investigación podrían utilizarse para colaborar con el CERN en todo tipo de estudios.

El bloqueo ha fomentado la creatividad de los investigadores, que desarrollan por sí mismos las herramientas que no pueden importar

Atraer de vuelta a los cerebros fugados será una tarea tan difícil como necesaria, que obligará a aumentar el presupuesto al mismo tiempo que se garantiza la libertad académica. Ali Brivanlou es un buen ejemplo de la importancia de esto. Este investigador iraní fue un pionero mundial en la investigación con células madre… desde la Universidad de Nueva York. En este sentido, sorprende la flexibilidad del gobierno islámico con ciertos temas: “Irán tiene una de las leyes más liberales del mundo en lo que a trabajar con células madres se refiere”, asegura el experto. Todo gracias a una fatua de 2002 en la que el líder religioso Khamenei compatibilizaba estos estudios con la ley islámica.

Los primeros brotes de una nueva edad de oro ya asoman: si todo va bien, Irán comenzará a construir en 2018 su primer sincrotrón, un proyecto de 270 millones de euros destinado a ser el mayor proyecto de ciencia básica de su historia. Algunas de sus piezas han tenido que ser desarrolladas allí debido al bloqueo: “Cuando dijimos que lo haríamos se rieron de nosotros”, asegura uno de los responsables. Hoy, esos dispositivos funcionan mejor que el de otros sincrotones. “Ya no se ríen más”.

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