debido a la pérdida de su hábitat y la caza

La extinción silenciosa de las jirafas: el 40% ha desaparecido en 15 años

No se suele pensar en este mamífero al hablar de animales en peligro de desaparecer, pero su número ha caído hasta los 80.000 ejemplares en pocos años

Foto: En algunos hoteles es posible compartir el desayuno con las jirafas
En algunos hoteles es posible compartir el desayuno con las jirafas

Al pensar en especies en peligro de extinción vienen a la mente linces y pandas. Nadie piensa nunca en las jirafas, que Dalí consideraba como símbolo de la masculinidad, y cuya existencia se da por sentado. Sin embargo, el animal vivo más alto del mundo podría estar dirigiéndose lentamente hacia su desaparición.

En 1999, la población de este mamífero africano superaba los 140.000 individuos, según datos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN). Ahora, su número ha caído por debajo de los 80.000 ejemplares, tal y como asegura la Fundación para la Conservación de la Jirafa. La IUCN cataloga su situación como una “preocupación menor”, pero admite que la tendencia es descendente.

En comparación, una especie mucho más amenazada por la caza furtiva como es el elefante africano cuenta con más de medio millón de ejemplares. Si bien es cierto que hace menos de un siglo había cinco millones de ellos, y que en este caso la IUCN si describe esta especie como “vulnerable”.

El año que viene saldrán a la luz nuevos datos sobre el futuro de las jirafas, pero el director del grupo que investiga la conservación de este animal en Namibia, Julian Fennessy, adelanta a ABC News que su número ha caído un 40% en los últimos 15 años.

El principal motivo de este descenso se encuentra en la pérdida y fragmentación de su hábitat, debido a que cada vez se utiliza más terreno para la agricultura. En la actualidad, las jirafas se encuentran localizadas en 21 países africanos, especialmente Camerún, Chad, Uganda, Kenia, Tanzania, Zambia, Namibia, Botswana, Zimbabue y Sudáfrica.

La población de este mamífero africano superaba los 140.000 ejemplares en 1999, y ahora no llega a los 80.000

La caza furtiva también supone una pérdida importante de ejemplares en algunas zonas de África. Aunque pueda pensarse que los turistas prefieren hacerse fotos delante de un león o un elefante abatidos, lo cierto es que el tamaño de la jirafa también la convierte en un objeto de deseo.

A este escenario se suma que, en los últimos años, la epidemia de VIH ha incrementado el interés por su caza. Según un estudio, en algunas comunidades rurales existe la creencia de que consumir el cerebro y el tuétano de estos animales puede curar el sida, lo que ha aumentado su precio por encima de los cien euros por pieza.

Además, las jirafas han sido cazadas desde la antigüedad, al ser un animal relativamente fácil de cazar que da gran cantidad de carne. Incluso su piel es muy apreciada para fabricar ropa e instrumentos. Por ello todavía forman parte de la dieta en algunas zonas de África.

Existen nueve subespecies de jirafa, a pesar de que algunos estudios genéticos aseguran que seis de ellas podrían considerarse como especies independientes. De ellas, dos se encuentran en peligro de extinción: la jirafa de Rothschild y la nigerina. De la primera apenas sobreviven 1.000 ejemplares, mientras que la población de la segunda es de menos de 300. Y las cosas no van mucho mejor para su más cercano –y único– primo, el okapi, cuyo número podría ser muy inferior a los 50.000 ejemplares.

Apenas quedan 300 ejemplares de la jirafa nigerina

“La realidad es que algunas subespecies de jirafa están disminuyendo, mientras otras simplemente se desvanecen”, asegura el zoólogo Jordan Schaul. Y eso que este mamífero cuellilargo no tiene depredadores naturales más allá de algún valiente león y, por supuesto, el ser humano.

Por suerte no todo son malas noticias, pues existen diversas iniciativas que buscan cambiar este escenario. Incluso el Gobierno de Níger ha querido evitar a toda costa la pérdida de uno de sus símbolos, que está presente hasta en su cerveza. Por ello ha puesto en marcha duras medidas de conservación: matar a una jirafa supone hasta cinco años de cárcel y cuantiosas multas, amenazas que ya han dado sus frutos.

Otra víctima de la sexta extinción

El caso de la jirafa es llamativo porque no es un animal que el público considere en peligro. No protagoniza campañas de conservación como el panda, ni tampoco es un trofeo de caza muy preciado como los elefantes o los rinocerontes. Su situación es un ejemplo más, entre los incontables que existen, de que la diversidad del planeta atraviesa lo que los biólogos han bautizado como la sexta extinción.

En algunas comunidades rurales existe la creencia de que consumir el cerebro y el tuétano de estos animales puede curar el sida

Este fenómeno, del que la actividad humana es principal responsable, ha aumentado la tasa de extinción de especies es entre cien y mil veces mayor que la considerada normal. La jirafa podría ser una víctima más de un proceso que ya se ha cobrado al mamut y al dodo, y que está a punto de acabar con el tigre y el gorila.

Cuenta la leyenda que fue Julio César el primero en introducir una jirafa en Europa, a la vuelta de sus campañas por el norte de África, y desde entonces su presencia es obligatoria en cualquier zoológico que se precie. Ahora, siglos después, es necesario llamar la atención sobre el peligro que se cierne sobre algunas de sus especies, que de seguir este ritmo podrían desaparecer de la sabana en unas décadas.

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