RODRIGO del prado, director general DE BQ

"En un 'smartphone' de 800 euros la mayor parte es margen de beneficio"

Es casi un milagro: en 2012 ensamblaban terminales y facturaban 31 millones de euros. Hoy los diseñan desde cero, son 700 empleados y facturan casi 200 millones

Foto: Rodrigo del Prado, director general adjunto de Bq
Rodrigo del Prado, director general adjunto de Bq

Olvide lo que sabía sobre Bq, porque no los reconoce ni la madre que los parió. Los seis ingenieros de teleco que hicieron fortuna vendiendo llaves USB desde la Politécnica de Madrid están ya constituidos como una tecnológica de tomo y lomo. La última vez que hablamos con ellos, durante las Navidades de 2012, no pasaban de ensamblar componentes que traían desde China. Hoy son la segunda marca de teléfonos más vendida en España, sólo por detrás de Samsung, tienen tres edificios distribuidos por toda España e incluso una fábrica propia en Navarra.

Rodrigo del Prado (1979), director general adjunto de la compañía, nos recibe en su sede en Európolis, en la madrileña localidad de Las Rozas. Es más que una oficina; se trata de un centro de desarrollo y de testeo de dispositivos regentado por treintañeros. Sobre las mesas se acumulan planos, dibujos de circuitos impresos y móviles con las tripas al aire. Las impresoras 3D están por todas partes y no paran de concebir figuras monocromas. Es el paraíso de un geek o el sueño de unos ingenieros, como prefieran llamarlo.

Pregunta: ¿Cómo ha cambiado Bq desde 2012?

Respuesta: Ha cambiado completamente. En 2012 debíamos ser 120 empleados y facturábamos 31 millones. Ahora somos casi 900 trabajadores y vamos a facturar en torno a 200 millones. El cambio más importante es que en 2012 teníamos una capacidad limitada para influir en el producto y ahora somos, por así decirlo, dueños de nuestro destino. Diseñamos el producto desde el principio hasta el final. Salvando las distancias, en cuanto a volumen, es lo mismo que hace cualquier fabricante.

P.: Han pasado de un modelo de ensambladores a otro de fabricantes. ¿Qué ha motivado este proceso?

R.: Nuestra propia motivación por hacer mejor las cosas. Somos ingenieros y queremos hacer producto. Además se han dado las condiciones para que pudiéramos hacerlo…

P.: …como la entrada en el mercado de los smartphones, que es un mercado muy lucrativo.

R.: Correcto. Llegamos en 2013 y nos hemos hecho con un trocito del mercado. Ahí nos dimos cuenta de que éramos capaces, que teníamos el conocimiento y la experiencia para hacer un producto completo, y a finales de ese año nos mudamos aquí. Empezamos haciendo e-readers, luego tabletas y por último smartphones. Es el camino lógico: las tabletas son diez veces más grandes, en cuanto a ventas, que los lectores, y a su vez los móviles son cuatro veces mayores que las tablets [este año se van a vender 300 millones de tabletas en el mundo y 1.200 millones de smartphones].

P.: ¿Qué porcentaje de sus ingresos procede de los smartphones?

R.: En torno al 60%. Es el producto que nos ha permitido alcanzar un volumen suficiente para hacer nuestros propios dispositivos. No es condición suficiente, pero sí necesaria. El volumen es necesario, si bien se necesitan muchas otras cosas para sacarlos adelante.

P.: Se percibe poco, pero el cambio ha sido radical.

Las empresas deben pagar impuestos allí donde ganan el dinero, esto lo entiende un niño de cinco años

R.: Sí. Nosotros podríamos habernos quedado en el modelo de empresa que éramos en 2010, limitándonos a dar buen soporte, cierto control de calidad en Asia y una plantilla de doce personas. Pero vimos que las posibilidades de supervivencia en el medio-largo plazo pasaban por tener nuestros propios productos.

Si no, desapareces. Porque no puedes mantener el nivel de soporte técnico, porque el ensamblador al que le compras el producto se va acercando al cliente, porque una empresa como la tuya, pero con más capital, distribuye mejor que tú. La única forma de competir es con productos propios. Esto lo hemos tenido claro desde el principio, pero hasta ahora no lo hemos podido hacer.

P.: ¿Pasar a diseñar íntegramente los terminales les ha incrementado mucho los costes?

R.: Algo. Nuestro crecimiento en personal ha sido muy fuerte, pero compensa, porque ahora mismo podemos coger cualquiera de nuestros terminales, irnos a Francia, y competir con él. Antes, cuando cambiábamos cosas concretas de hardware, la gente no nos entendía, porque al final la carcasa era estándar.

Para la internacionalización, que es en lo que estamos ahora, se necesitan productos propios. La Witbox, nuestra impresora 3D, se vende en 38 países. Con los móviles no iremos tan rápido, pero a finales de año queremos estar vendiendo en Francia y Alemania.

P.: ¿Y un gran inversor no habría adelantado el proceso?

R.: Creo que no. Hubiera puesto 50 millones de euros, pero a lo mejor no era nuestro momento. Esto es como cocinar los garbanzos: los puedes hacer en la olla exprés o en una cazuela de barro. Los haces igual, pero saben distintos. El proceso de maduración de las compañías es importante, no todo es financiación y recursos.

Consumo

P.: Nutren la marca blanca de Fnac, que funciona como un tiro. ¿Venden más a través de ellos o como Bq?

R.: Vendemos más como Bq.

P.: Eso significa que su marca ha ganado en prestigio a la de Fnac, mientras que la idea inicial era justo la contraria.

R.: Fnac es un socio estratégico que confió en nosotros desde el principio, cuando aún nos llamábamos booq, del mismo modo que MediaMarkt, y los valoramos mucho. Es verdad que el cliente, al principio, podía preocuparse por la calidad de los productos Bq, así que decidimos de mutuo acuerdo venderla con la marca Fnac, que genera más confianza.

P.: Lo que no tienen es un smartphone premium al estilo del resto de fabricantes.

R.: Define premium.

P.: Premium en cuanto a precio y prestaciones, pero más bien en cuanto a precio.

R.: No hemos sacado un móvil de 800 euros, ni pensamos hacerlo.

P.: ¿Es que tienen un tope de precio?

Las empresas que han sido muy agresivas en precio, o que han vendido al coste, han eliminado a sus competidores, sobre todo las que han tratado de hacer como ellos sin ser ellos

R.: No, esta compañía la dirigen ingenieros, no financieros; aquí fabricamos aquello que pensamos que tiene sentido, por un precio que consideramos justo. ¿Los móviles de 800 euros son cuatro veces mejores que los nuestros de 200? La respuesta es no. Probablemente cueste más fabricarlos, porque tienen algunas especificaciones muy concretas, pero no tenemos nada que envidiarles.

Es cierto que no podemos montar carcasas de metal, pero tenemos acceso a todos los demás componentes. Con el tiempo iremos viendo que los productos Bq se parecen más y más a esa gama supuestamente premium, porque tenemos acceso a la misma tecnología.

P.: ¿Quiere decir que en los móviles de 800 euros la mayoría es margen?

R.: Correcto. Coge cualquiera de los teléfonos en los que estás pensando, de cualquier fabricante, y yo te aseguro que la relación entre los costes y el precio de venta no es la misma que la que tenemos nosotros. Nuestros costes de fabricación están mucho más cercanos a lo que paga el cliente en la tienda, en términos absolutos y relativos.

P.: ¿Esto no les limita el crecimiento?

R.: No. Bq se ha construido para funcionar con esos márgenes, porque consideramos que son justos. Nacimos con la teoría de acercar la tecnología a la gente, porque es una herramienta de la que debe disponer la sociedad, y el primer paso es abaratar los precios, que es la mayor de las barreras de entrada. El otro reto es hacerla más accesible: por una parte potenciando el servicio técnico, para que ayude a los clientes a hacer cualquier cosa, y acercándola a los niños y la tercera edad, que es en lo que estamos ahora.

P.: Han creado un 'kit' para que los niños se acerquen a la robótica.

R.: Sí, representa, de la forma más sencilla, los pasos en la creación de un dispositivo electrónico. Les enseñamos a que hagan el diseño artístico, el industrial y el hardware. Qué chip utilizas, qué arquitectura de antena… y luego la programación. Nosotros esto lo hemos llevado a los robots para explicarlo, porque los niños sienten cierta atracción hacia ellos.

Hemos lanzado dos impresoras 3D para dar vida a estos robots: una de 499 euros, que te montas tú mismo, y otra de 1.700. Son baratas. Si te fijas, por 499 puedes comprarle a tu hijo una impresora 3D de calidad, que es la herramienta para hacer realidad un diseño sonado… o una videoconsola de última generación.

P.: ¿Es apto el mercado español para este tipo de productos?

R.: España es un país que consume mucha tecnología, pero que no la produce. Los españoles tienen que involucrarse pronto en la tecnología; nosotros nos hemos dado cuenta de que a los 31 años es demasiado tarde para emprender proyectos muy grandes, hay que empezar antes.

El 'Podemos' de la tecnología

P.: Ustedes nacieron en la universidad, que es una circunstancia que ahora está de moda. ¿Les viene de ahí su vocación pedagógica?

R.: Empezamos en la Politécnica y muchos somos profesores. Nos gusta la tecnología y nos gusta enseñar. También pensamos que como empresa tenemos que aportar nuestro granito de arena a la sociedad.

P.: ¡Sois el 'Podemos' de la tecnología!

R.: (Ríe) Nosotros creemos que el reto de educar tecnológicamente a España es factible, no es como lanzar un cohete a la Luna con un tirachinas. Sabemos cómo hacer tecnología y podemos explicárselo. Yo vi mi primer brazo robótico con 23 años; si a un niño le dejas un kit desde que tiene ocho años, a los doce a lo mejor tiene ideas brillantes sobre robótica.

P.: Pasaron de hacer llaves USB a hacer lectores de ebooks y, de ahí, a las tabletas. Fue un salto orgánico.

Nuestros costes de fabricación están mucho más cercanos a lo que paga el cliente en la tienda que en los grandes fabricantes

R.: El salto grande fue el de las llaves a los lectores, porque son dispositivos mucho más complejos. Al final somos ingenieros y vimos que era una oportunidad de crecer. Empezamos haciéndole un control de calidad y aportando un servicio técnico potente, porque por aquel entonces, te hablo de 2009, no era tan fácil transferir un ebook a un dispositivo.

Y las tabletas llegaron después, por pura afinidad con nuestros socios. Vimos la posibilidad, tuvimos apoyo, y nos lanzamos a ello.

P.: Sin ningún tipo de apoyo económico más allá de la aportación de los socios.

R.: ¡Es que los socios éramos nosotros! Ninguno somos ricos de familia, todo procedía de lo que ganamos vendiendo USB. Constituimos la sociedad con un capital de 100.000 euros, que después se ampliaría a 200.000. Así nació Bq.

P.: Permítame un inciso: ¿qué significa Bq?

R.: (Ríe) No significa nada. Cuando hacíamos libros electrónicos nos llamábamos booq y, al pasar a las tabletas, nos pareció que el acrónimo pegaba más. Al libro electrónico le llamamos booq y a las llaves USB las llamamos Llaves USB (ríe). Es lo que tiene llegar al principio de las cosas, que puedes registrar marcas que nadie tiene.

Economía

P.: Volviendo al tema de la financiación. Hoy cualquier 'startup', con menos gastos que vosotros por su coyuntura de negocio, necesita una línea de crédito. ¿Cómo es que entraron en el 'hardware' sin ayuda?

R.: Se puede hacer.

P.: Casi nadie lo hace.

R.: Se puede hacer. El hecho de que casi nadie haga una cosa no significa que no se pueda hacer, porque la gente hace lo que está acostumbrada a hacer. Nosotros estábamos acostumbrados a montar negocios sin recursos, como hicimos en StarTic en la universidad, y solo repetimos el modelo. Fuimos especialmente responsables y buscamos modelos de negocio que pudieran salir adelante sin necesidad de financiación externa.

Desde luego si ganas diez y sacas ocho de la empresa, poco vas a poder hacer. Si esos ocho los dejas en la empresa y vas recortando los costes operativos, al final construyes una bolsa que te va permitiendo hacer cosas. Pero vamos, que tampoco es tan caro.

P.: ¿No es verdad que el hardware es un negocio caro?

R.: El hardware es muy intensivo en capital, es decir, tienes que mover mucho dinero para obtener un rendimiento muy bajo. Entonces, como el margen es pequeño, el circulante te permite unas inversiones limitadas. Lo que hemos hecho tradicionalmente es financiar el circulante, esto es, si yo tengo diez y alguien me presta otros diez, puedo vender por valor de veinte.

Esa es la financiación que hemos tenido. Financiación a largo plazo, en plan “déjame medio millón de euros para desarrollar un teléfono” no tenemos, porque si eso te sale mal te deja un agujero en la caja para devolver ese dinero. Así nos evitamos a un inversor que nos esté pinchando en el culo. Financiación sí, pero también dormir bien por las noches.

P.: ¿Cuánto le cuesta a Bq desarrollar por completo un smartphone?

R.: Es complicado, porque hay que valorar el coste de personal, que son en torno a 80 personas. Los costes no recurrentes, lo que cuesta bajar la bandera para sacar la primera unidad, rondan los 400.000 o 500.000 euros. Obviamente cuantos más terminales saques, más barato te sale, porque se aprovechan muchas cosas.

Simplemente el chasis, que está hecho de una inyección de plástico con magnesio y aluminio, es carísimo, porque necesito comprar una gran cantidad. Con 1.000 unidades al mes no vamos a ningún sitio, porque el coste por unidad se me va a disparar. Otras compañías lo que hacen es vender sus productos con distintos márgenes; nosotros no. Si algún dispositivo de los que comercializamos es más caro que otro, es porque nos ha costado más fabricarlo. En este aspecto somos un poco diferentes al resto.

P.: Vamos, que no hacen una política de subvenciones cruzadas.

R.: Debe ser que nosotros no somos muy listos, pero por ahí no pasamos. Vender un terminal ganando poco para recuperarlo después en otro… eso solo se lo pueden permitir las compañías enormes. Nosotros jugamos con nuestras armas: somos rápidos y estamos cerca del cliente.

P.: ¿Y esas ofertas bajo coste, como el Moto G de Motorola o el Kindle de Amazon, no les hacen daño?

Ahora vendemos más como Bq que como marca blanca de Fnac

R.: Algo de daño siempre hace. Vender por debajo de los costes es malo para el consumidor en el medio y largo plazo. Las empresas tienen que ganar dinero, tienen que generar riqueza y, a través de los impuestos, hacer que esa riqueza se redistribuya entre la sociedad. Si una empresa no gana dinero no está cumpliendo con su función.

Fíjate que las empresas que han sido muy competitivas en precio, que han vendido al coste, han eliminado a sus competidores, sobre todo las que han tratado de hacer como ellos sin ser ellos. Cuando la competencia ha desaparecido, normalmente, la empresa que vendía sin margen recupera sus márgenes. Se elimina la competencia, se elimina la estructura local… y en ocasiones son empresas que ni siquiera están tributando en el país en el que operan. Pierde el cliente y perdemos todos.

P.: Ha llegado a decir que debería ser ilegal vender bajo coste.

R.: No dije eso exactamente. Lo que dije fue que vender bajo coste no beneficiaba a nadie. Una empresa que no genera beneficios no debería existir. Ocurre que algunos no generan beneficios fiscales, porque el dinero se está yendo hacia la matriz, que está en otro país. Esto no es sostenible, y las empresas que hacen esto terminarán pagando su factura. Las empresas deben pagar impuestos allí donde ganan el dinero, esto lo entiende un niño de cinco años.

P.: Están llegando a su sector nuevos actores, como las chinas o Kazam, que abanderan el ‘low cost’. Sospecho que a ustedes les hacen menos daño que a Samsung o Apple.

R.: Nos afecta igual, porque tenemos las mismas cartas que ellos. No sé cuál es el modelo de Kazam, ni el nivel de cariño que ponen en sus productos. Nosotros queremos hacer una serie de dispositivos excelentes en poca cantidad. Sacamos cinco o seis terminales al año. Ellos son competencia, pero no nos preocupan. Tenemos nuestro libro de ruta y, cuanto más nos acercamos a lo que queremos ser, mejor nos va en el mercado. El Aquaris 5 HD es el terminal libre más vendido en España durante el mes de agosto.

Esto significa que los ingenieros españoles han hecho un terminal, como los coreanos o los californianos, que está valorando positiviamente el mercado. Esto es súper bonito y estamos muy orgullosos. Y hay que decirlo, porque otras empresas españolas tienen que animarse a dar el salto. A lo mejor nos aparece un competidor que nos hace la putada (ríe), pero será bueno para el país al final.

España y la tecnología

P.: Menciona a los ingenieros españoles. Tienen fama en obras públicas y en la vertiente industrial, pero en tecnología de consumo están casi inéditos.

R.: ¡Si es que no hay empresas! Es la pescadilla que se muerde la cola: como no hay empresas, no hay ingenieros y viceversa. ¿Por qué nosotros fabricamos la impresora 3D en Pamplona? Porque tenemos al señor que nos prensa el hierro a diez minutos de la fábrica. El de las varillas cromadas está al lado… hay ecosistema, hay tejido empresarial.

En Europa, en general, se fabrica muy poco, y en electrónica de consumo, espero no equivocarme, ya ni se fabrica. Decía Steve Jobs en su biografía, al ser preguntado sobre la posibilidad de llevar la producción del iPhone a Estados Unidos, que no, pero no por un problema de costes, que se están equiparando a gran velocidad, sino porque en China disponía de 30.000 ingenieros que hacían su producto viable, y en su país no. ¡Fíjate! Si Steve Jobs no puede encontrar en un país como EEUU 30.000 ingenieros que sepan de producción, el resto de países lo tenemos imposible.

P.: ¿Es más una cuestión de personal cualificado que de costes de fabricación?

R.: Nos falta capital humano. No hay ingenieros que sean capaces de fabricar electrónica de consumo, porque no existe el negocio en la zona donde trabajan.  Por eso creemos que no se nos ha ido la pinza con los robots para niños, porque queremos que de los millones de dispositivos que estarán conectados a la red cuando explote el internet de las cosas, muchos estén hechos por personas y no por grandes multinacionales.

P.: Acaban de entrar en la impresión 3D, pero aún es una tecnología naciente. ¿Cuándo llegará el boom? ¿No lo retrasa el precio?

Nos falta capital humano. No hay ingenieros que sean capaces de fabricar electrónica de consumo, porque no existe el negocio en la zona donde trabajan

R.: Nuestro kit es de los más baratos del mercado con 499 euros, y seguirán bajando, porque tenemos que ganar todavía la economía de escala. Piensa que cuando MakerBot salió a bolsa había colocado 15.000 unidades en el mercado. Sé que estamos en los albores, pero no cuándo va a catalizarse este cambio.

Ese momento llegará. Antes nadie valoraba la posibilidad de tener una impresora en color en casa, y mucho menos un escáner, y ahí están los multifunción, que los tiene todo el mundo.

P.: Otra de sus líneas de negocio, las tabletas. ¿Es una impresión mía o están en regresión?

R.: (Lo piensa mucho) Nuestras ventas se mantienen, lo cual es mejor que lo que está experimentando el mercado. Pero no se puede negar que los smartphones están creciendo, haciéndose más grandes, y las tabletas pequeñas están dejando de tener sentido. En crisis, la gente se decide por un smartphone grande, porque le ofrece más servicios.

Nosotros hemos notado esta tendencia y estamos haciendo foco en las diez pulgadas. No tiene sentido tener un móvil de cinco pulgadas que cuesta 600 euros y una tableta de 80, porque no hay color. La tableta ha mutado en el smartphone por debajo y por los híbridos por arriba.

Futuro

P.: ¿Valoran un dispositivo tipo Surface, a un paso de los PC?

R.: Sí, claro que lo valoramos, lo que pasa es que no hemos dado pasos en esa dirección.

P.: ¿Sería ARM también?

R.: No, podría ser x86, como hemos hecho en el pasado con las tabletas con chip Intel. No nos importa la arquitectura, solo acercar la tecnología a la gente.

P.: ¿Ha muerto el móvil de cuatro pulgadas?

R.: Te diría que hay una parte de consumidores que quieren teléfonos pequeños, pero lo cierto es que cuando ven una pantalla grande, ya no quieren volver. Sucedió igual con la tele de casa; estábamos todos acostumbrados a pantallas de 20 pulgadas y ahora parece que de menos de 40 no se ven bien.

Las cuatro pulgadas no sé, pero las tres y media ya casi no las trabajamos. Están para los que se pasan de feature phone al smartphone y poco más, en plan transición.

P.: Su apuesta estratégica es llamativa: pasan del 4G en favor del sonido con calidad Dolby en sus terminales.

La explosión de la impresión 3D llegará. ¿Va a suceder en el Q1 de 2015? Yo creo que no. ¿Va a suceder en el Q2? Yo creo que tampoco. A partir de ahí ya no me mojo

R.: Igual que no despreciamos la pantalla, aunque sean pequeñas, tampoco lo hacemos con el sonido. Cuando empezamos a trabajar con la actual generación de teléfonos, hace nueve meses, nuestros usuarios demandaban pantalla, cámara y sonido. En aquel momento, los estudios decían que las velocidades que se conseguían en las celdas de 4G, no en las demos, eran inferiores en muchas ocasiones a las de HSPA+.

Entendimos que nuestros usuarios no iban a estar dispuestos a sacrificar prestaciones, o a pagar más, en aras de tener 4G. De cara a un futuro sí nos planteamos implementarlo pero, leches, es nuestra obligación tratar de ser asequibles, no ponerlo todo, si cambiamos de móvil muy a menudo… está claro que si pretendes vender lo que te cuesta 215 euros a 800 tienes que ponerlo, pero ese no es nuestro modelo de negocio.

P.: ¿Y el NFC? ¿Será un estándar de pago?

R.: Es lo que indican los movimientos de las grandes compañías. El móvil vas con él, la cartera a veces te la dejas en la mesa. ¿Va a suceder en el Q1 de 2015? Yo creo que no. ¿Va a suceder en el Q2? Yo creo que tampoco. A partir de ahí ya no me mojo.

P.: ¿Ha sido Apple Pay el espaldarazo definitivo?

R.: Apple es la compañía del mundo que más tarjetas de crédito tiene registradas, más que cualquier emisor de tarjetas, incluso el más grande. Si ellos se ponen a impulsar el NFC, por algo será.

P.: No me negará el NFC empezaba a oler a podrido.

R.: Es que la tecnología es una herramienta, per se no vale de nada. No es solo que llegue algo que nos facilite la vida, sino que la gente esté preparada para utilizarla. Hay que cambiar todos los TPV de todas las tiendas, en todos los países… el NFC llegará, pero no es fácil implementarlo.

P.: Sistemas operativos. Windows promete la integración total con Windows 10.

R.: Algo he oído, pero tengo mis dudas. No sé cómo un mismo software puede funcionar en una arquitectura x86, en un i7 Extreme por ejemplo, y luego en un ARM.

P.: Si funcionara, ¿podríamos ver Windows en los Bq no solo de forma testimonial?

R.: (Lo piensa) Creo que el mundo de uno solo no es bueno, la libertad siempre termina triunfando en todos los ámbitos de la vida. Si Windows se convierte en una alternativa para Android y iOS será una buena noticia. Valoramos Windows como valoramos otras alternativas.

P.: Como Ubuntu, la distribución de Linux, que implementarán en un teléfono suyo. ¿Para cuándo?

R.: Seremos de los primeros del mundo junto a Meizu. El desarrollo de un sistema operativo es una labor complejísima, piensa que solo hay tres empresas en el mundo con un sistema operativo móvil propio. En cuanto nos cuadre la ecuación hardware más software con calidad, sacaremos el terminal. Será un smartphone de 4,5 pulgadas muy parecido al Aquaris. La fecha… pues Ubuntu hablaba de 2014, pero no parece que puedan hacerlo. Creo que 2015 es una cifra realista.

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