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Bioeconomía, o como las pelotas de golf pueden convertirse en comida para peces
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la española inkemia, contra el derroche energético

Bioeconomía, o como las pelotas de golf pueden convertirse en comida para peces

Unas pelotas de golf biodegradables que contienen comida para peces es una de las soluciones para aprovechar los recursos y respetar el medioambiente

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Nuestra civilización se sustenta sobre el trabajo gratuito de infinidad de seres vivos a lo largo de millones de años. En tiempos remotos, las plantas acumularon en sus entrañas la energía del sol y, una vez muertas, las bacterias convirtieron sus cadáveres en carbón, petróleo y gas natural. En unas pocas décadas, hemos dilapidado esta herencia, hasta casi agotarlos combustibles fósiles para impulsar nuestra industria,nuestros medios de transporte yproducir materiales esenciales como el plástico.

Tras siglo y medio quemando esos ahorros, el mundo se ha transformado. La población mundial y su esperanza de vida se han multiplicado, la educación ha llegado a grupos sociales que nunca en la historia hubieransoñado con abandonar el analfabetismo y un puñado de humanos se ha paseado sobre la luna. Pero el crédito concedido por la naturaleza para montar el tinglado de la modernidad se agota, y el consumo masivo de tanta energía enterrada ha transformado el planeta con consecuencias que pueden ser desastrosas.

Ha llegado el momento de cambiar el modelo, y eso es lo que la bioeconomía trata de hacer. Los socios del nuevo contrato, igual de leonino que el anterior, son los mismos: plantas y microorganismos con habilidades fascinantes para transformar la materia. Sin embargo, en esta ocasión se intentará no poner en peligro a la civilización. “La bioeconomía se ha utilizado desde que el hombre inventó la agricultura, pero es mucho más”, explica Alfredo Aguilar, de la Federación Europea de Biotecnología.

Derrochar menos y aprovechar mejor la basura

“En muchos casosla agricultura no se ocupa de tratar desechos agrícolas con un contenido energético considerable,que podrían generarenergía u otros bioproductos”, añade Aguilar. Con la bioeconomía se intenta convertir la basuraen recursos valiosos, pero también buscaderrochar menos.

“Aproximadamente el 30% de los alimentos que se producen se tiran, yeso es un gran derroche energético en cuanto a recursos biológicosy minerales”, afirma el biotecnólogo. La bioeconomía aporta una visión holística sobre todos los sectores productivos para integrar, por ejemplo, la agricultura con la producción de papel y madera o el sector químico.

La compañía Inkemia es un ejemplo del tipo de empresa que impulsa el desarrollo de la bioeconomía. Su fundador y presidente, Josep Castells, explica que su compañía no se especializa en crearun producto sinoconocimiento. Ese conocimiento se aplica después a diversos campos, desde la producción de fármacos contra el cáncer hasta los biocombustibles.

Un producto curioso de los surgidos en Inkemia,hasta cierto puntoindicativo del amplio espectro al que se aplica la bioeconomía, son unas pelotas de golf biodegradables creadas junto a la empresa Albus Golf. Estas bolas están hechas con un plástico biodegradable que contiene comida para peces en su interior. Así, se puede practicar esta actividad en un barco o junto al mar de forma respetuosa con elentorno.

Otro desarrollo muy avanzado de Inkemia “son biocarburantes de segunda generación para motores diésel creados a partir de un residuo de la producción del biodiésel, la glicerina", explica Castells.“A partir de ella, nosotros hemos desarrollado un nuevo biocarburante que cierra la cadena del producto y consigueque toda la materia prima vegetal se convierta en biocarburante”, concluye.

La camelina, el biocombustible que hace volar los aviones

En la creación de combustibles más sostenibles trabaja también Camelina Company:“Nosotros nos dedicamos a la promoción del cultivo de camelina, una planta de la que extraemosaceite vegetal que sobre todo utilizamos para producir combustible de avión”, explica Borja Alonso, director de operaciones de la compañía. Además, en el proceso de producción del combustible queda un residuo sólido que es una harina con mucha proteína que se emplea para la alimentación animal.

Junto al aceite yla harina, hay dos productos menores que también se aprovechan de la Camelina. “Uno es la paja, que tiene mayor contenido de lignina y tiene mejor encaje en el sector de biomasa, y otroes la cápsula de los granos que se comercializa en pienso animal”, explica Alonso. Además, apunta:“Intentamos dar mayor valor agregado a todos los demás productos, algo que nos ayudará poder pagar más a los agricultores”, concluye.

La camelina ya ha servido para producir bioqueroseno, con el que se han alimentado vuelos de Iberia entre Madrid y Barcelona, y la compañía holandesa KLM también utilizará este combustible en varios destinos.

El líder en bioeconomía: Alemania

Para que estas iniciativas puedan despegar y la transición hacia una bioeconomía sostenible se hagarealidad, además del desarrollo de nuevas tecnologías, será necesario cierto apoyo estatal para poder demostrar que las que ya existen pueden convertirse en una alternativa competitiva.

En 2012, Estados Unidos presentó un documentoque planteaba una estrategia para el desarrollo de la bioeconomía, y en la Unión Europea también se ha lanzado una iniciativa similar. A nivel nacional, Alemania es el país más avanzado en el desarrollo de una estrategia para impulsar la bioeconomía, pero otros países como Francia o España también trabajan en ese sentido.

“Estas estrategias tienen que incluir a todos los sectores productivos, pero también a la sociedad en general, porque es un proceso de cambio global, y la gente debe ver que la desaparición progresiva del petróleo es irreversible, no solo para el transporte sino para todas las actividades industriales que necesitan derivados del petróleo”, afirma Aguilar. “Cuando el precio del petróleo se haga insostenible los paísesdeberían tener una estrategia alternativa”, añade.

Para poner en marcha este cambio, Europa ya ha iniciado una colaboración público-privada que invertirá 3.700 millones de euros en innovaciones biotecnológicas. A este esfuerzo, la Unión Europea contribuirá con 975 millones de euros. Los 2.730 millones restantes los aportará el sector privado. Esfuerzos como este tienen la intención de seguir aprovechando el trabajo de millones de microbios y la riqueza natural para alimentar la civilización, pero a partir de ahora sinque su desarrolloponga en peligro nuestra propia supervivencia.

Nuestra civilización se sustenta sobre el trabajo gratuito de infinidad de seres vivos a lo largo de millones de años. En tiempos remotos, las plantas acumularon en sus entrañas la energía del sol y, una vez muertas, las bacterias convirtieron sus cadáveres en carbón, petróleo y gas natural. En unas pocas décadas, hemos dilapidado esta herencia, hasta casi agotarlos combustibles fósiles para impulsar nuestra industria,nuestros medios de transporte yproducir materiales esenciales como el plástico.

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