La investigadora que le sigue la pista a la evolución de nuestro cerebro
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La investigadora que le sigue la pista a la evolución de nuestro cerebro

La bióloga Aída Gómez-Robles, que ya publica en algunas de las revistas más prestigiosas del mundo, investiga las transformaciones de nuestro cerebro

Foto: La investigadora Aída Gómez-Robles (Fotografía: GWU).
La investigadora Aída Gómez-Robles (Fotografía: GWU).

Hace unos seis millones de añoslos humanos y los chimpancés tuvimos un ancestro común. Después, nuestros linajes se separaron y acabaron dando lugar a dos especies con notables diferencias. Una sigue habitando en los bosques africanos, como aquel antiguo pariente, y la otra se ha expandido por todo el mundollegando a ser capaz de cambiar hasta el clima del planeta en el que habita.

En esos seis millones de años han vivido numerosas especies intermedias, como los Australopithecus o los Homo erectus, pero todas desaparecieron. Tras de sí, dejaron parte de sus esqueletos fosilizados. Pero el órgano clave, el cerebro, no se convierte en piedra con el paso del tiempo y simplemente desaparece.

Una de las maneras para tratar de averiguar qué transformaciones ha experimentado el cerebro durante la evolución humana consiste en comparar este órgano de nuestra especie con el de los chimpancés, el ser vivo al que nos une un parentesco más estrecho. Eso es lo que hace desde la Universidad George Washington (EEUU) la investigadora española Aída Gómez-Robles, que ha publicado los resultados de una de estas comparaciones en la revista Nature Communications.

Análisis de casi 200 cerebros de chimpancés y otros tantos humanos

“La idea de este trabajo era ver cómo se relacionan las distintas áreas del cerebro entre sí en chimpancés y humanos”, explica Gómez-Robles. “Haciendo esta comparación, podemos ver que hay algunas regiones similares que se habrán heredado de nuestro ancestro común y que hay otras diferentes que habrán aparecido durante nuestra historia evolutiva o durante la de los chimpancés”, añade.

De los análisis cuantitativos de la forma de casi 200 cerebros de chimpancés y de otros tantos humanos han concluido que los cerebros de estas dos especies son especialmente flexibles debido a la independencia relativa de sus distintas áreas.

Según explican, pese a la complejidad funcional del cerebro humano, los factores más importantes que determinan su variación son las interacciones entre regiones adyacentes que varían de manera coordinada. Por el contrario, las partes separadas pueden evolucionar de manera independiente.

En un principio, uno de los intereses principales de este tipo de investigaciones era tratar de determinar qué cambios dieron lugar a una capacidad específicamente humana como el lenguaje, sin embargo, con el tiempo se ha observado que la aparición de esta característica es algo “mucho más complejo y que seguramente no se puede circunscribir a una sola área”, afirma la investigadora. Ahora, el enfoque de estos estudios es más amplio y abarca toda la evolución cerebral.

Lo que se busca con este enfoque es tratar de comprender el origen de la plasticidad del cerebro humano. “Hay muchos rasgos que diferencian el cerebro humano del de otros animales. Se ha hecho énfasis en el número de neuronas, en el tamaño… pero el nivel en que el cerebro humano es más plástico es muy interesante”, comenta Gómez-Robles.

“Tenemos una capacidad extraordinaria de adquirir información del medio y eso se debe a nuestra estructura cerebral”, indica. “Se han hecho experimentos con chimpancés en los que se les introduce en entornos humanos, pero no pueden llegar a aprender lo que aprende una persona porque su estructura cerebral no se lo permite”, concluye.

Talento de alto nivel formado en España

La investigadora española explica que además de este estudio anatómico se quiere analizar el componente genético de los individuos estudiados para poder entender también cuál es el componente genético de las variaciones anatómicas que nos acabaron por convertir en lo que somos ahora.

Esta tareade la que antes se ocupaban los filósofos y ahora también preocupa a los científicos, ha interesado a Gómez-Robles durante toda su carrera. Antes de llegar a la Universidad George Washington, donde trabaja como investigadora postdoctoral, colaboró con el equipo del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana (CENIEH), en Burgos, especializándose en la evolución de los dientes.

La bióloga, que publica en algunas de las revistas más prestigiosas del mundo, comenta quecuando acabe su estancia en EEUU preferiría volvera investigar a España. “Los investigadores somos seres humanos, con familia y amigos, que tenemos algo más que nuestra vida profesional”, asevera.

Sin embargo, la situación en España es muy complicada para los científicos jóvenes y más aún para disciplinas en las que la utilidad resulta menos fácil de defender como la biología evolutiva.

El caso de Gómez-Robles es uno más de los muchos que están propiciando los recortes de la inversión en ciencia de los últimos años. Talento de alto nivel, formado en España, que acabará enriqueciendo las universidades y centros de investigación de otros países. “En la coyuntura en la que nos ha pillado a la gente de nuestra generación, aunque las cosas mejoren un poco, lo único que nos quedará será investigar fuera, porque el sistema español no tendría capacidad para volver a asimilar a todos los que estamos fuera”, señala.

Por el momento, a la espera de ver cuál es el futuro de la ciencia española, Gómez-Robles aún tiene dos años y medio por delante para seguir tratando de averiguar algo tan aparentemente poco práctico y sin embargo tan importante.

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