Cómo las olimpiadas revolucionan una ciudad

Madrid 2020: ¿hacia la ruina de Pekín o el éxito de Barcelona?

Cuatro modelos de Juegos Olímpicos para cuatro ciudades.

Foto: La judoca Sara Rodríguez, abanderada de la campaña Madrid 2020
La judoca Sara Rodríguez, abanderada de la campaña Madrid 2020

“Madrid 2020 es una nueva forma de entender los Juegos”, aseguraba la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, en la última rueda de prensa antes de la gran cita de este sábado. Pueden cambiar los matices, pero todos los líderes políticos de las ciudades que hospedan unos Juegos Olímpicos hacen esa misma promesa. La oportunidad para la ciudad elegida es enorme, así como la responsabilidad de gestionar su nueva cara y sus nuevas infraestructuras, que permanecen cuando las luces mediáticas se apagan.

Como recuerdan las investigaciones del Centro de Estudios Olímpicos, nunca hay dos Juegos iguales: siempre ha sido diferente el impacto que el evento deportivo más grande del mundo ha dejado en las urbes que los han albergado.

El Confidencial propone un recorrido por Barcelona 92, Pekín 2008, Londres 2012 e incluso Río 2016 para entender qué ha significado (o qué está significando) para estas ciudades hacer frente a unos Juegos Olímpicos. Y el resultado encierra alguna advertencia para Madrid.

Barcelona 1992: una ciudad para el año después

"Los dioses se han marchado al olimpo verdadero, pero ni siquiera, de creer a las autoridades económicas, han tenido la gentileza de dejarnos el pan y el vino". Así, sin piedad, resumía Manuel Vázquez Montalbán el legado de los Juegos Olímpicos de Barcelona en su Sabotaje Olímpico (1993). Aquella cita, una "dramatización privilegiada de la modernidad [de España]", siempre según el creador de Pepe Carvallho, se recuerda hoy como un ejemplo de éxito en el impacto de las Olimpiadas sobre una urbe. El debate, 20 años después, sigue abierto, pero ni los estudios más críticos niegan el lavado de cara que Barcelona 92 supuso para la Ciudad Condal.

La literatura sobre los últimos Juegos en España coincide en que fueron excepcionales comparados con la mayoría de los grandes eventos deportivos. De hecho, hoy representan un modelo. La Villa Olímpica (punto 6 en el mapa) pasó de ser una zona de industrias y chabolas atravesadas por las vías del tren a representar una vanguardia urbanística. "Los grandes proyectos de Barcelona 92 fueron pensados para la ciudad de después del 92, no estaban al servicio de aquel acontecimiento", señala el urbanista Jordi Borja en Luces y sombras del urbanismo de Barcelona. "Desde que se proclamó la nominación, ya no se hablaba de la ciudad de 1992, sino de la de 1993", añade. Además de los clásicos edificios, como el Palau Sant Jordi (punto3), se aprovechó el evento para modernizar Barcelona: la torre de comunicaciones, por ejemplo, la dotó de una red de cable.

El informe Cuyás, elaborado diez años antes de los Juegos para analizar su efectiva conveniencia, veía en Barcelona 92 una oportunidad de presentar al mundo la nueva cara económica y social de un país recién salido de 40 años de dictadura: “El proyecto olímpico presentado por Cuyàs estaba pensado y diseñado para que los Juegos dejasen una profunda huella en la historia de la ciudad y favorecieran un cambio estructural a largo plazo”, explican al respecto Joan Pascual, Eloi Serrano y Francesc Trillas, de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Sin embargo, según detallan estos autores en el estudio Costes y beneficios de unos Juegos Olímpicos, "sus costes han sido infravalorados y sus beneficios, exagerados". Es algo que, advierten, ocurre en la enorme mayoría de los eventos de este tipo: "Costes sociales muy elevados y habitualmente infravalorados que van escalando progresivamente, beneficios difíciles de cuantificar y habitualmente exagerados, agudos problemas de deuda que envuelven la financiación de unos Juegos, y el legado de instalaciones deportivas caras sin un uso regular".

El millón y 200.000 euros (185.000 millones de pesetas) que invirtió el Gobierno central fue una inversión más que positiva, destaca el estudio. Hoy, el actual Ejecutivo se ha comprometido a invertir en los (posibles) juegos de Madrid 2020 15.345 millones.

Pekín, 2008: megalomanía china

Treinta y siete nuevos edificios deportivos, 59 carreteras, 750 kilómetros de autopistas remodelados, 220 kilómetros de nuevas infraestructuras, 252 hoteles de más de tres estrellas, un millón de árboles plantados y 83 kilómetros de áreas verdes. Los números de Pekín no dejan de abrumar cinco años después. La capital china empezó a pensar en unas Olimpiadas “verdes, de la alta tecnología y de las personas” ("People’s Olympics, Green Olympics, High Tech Olympics") antes del 2000.

Cuando le fueron asignadas, en 2001, el gigante asiático empezaba una escalada que le llevaría de un crecimiento del PIB del 8,4% al 14,2% registrado antes del comienzo de los Juegos. Aquello sirvió de gran gala en la que China se presentó oficialmente ante la sociedad mundial: "Se quiso eliminar la imagen negativa que había de Pekín, de la ‘antigua ciudad imperial’ a una nueva metrópoli moderna", señala a este periódico Li Zhanga, de la Escuela de Desarrollo y Políticas Sociales de la Universidad de Fundan, en Shangai.

El estadio nacional, “El Nido” (punto 10), ya se ha convertido en un símbolo de esta actitud y de la ciudad misma, como esperaban sus arquitectos: Herzog y De Meuron quisieron plantear una “Tour Eiffel” de Pekín. La nueva cara de la capital de la República Popular de China la encarnó el parque Olímpico, un área grande como Melilla (12 kilómetros cuadrados, en el punto A) que incluye una montaña y un lago artificiales: "Sirvió para llevar a cabo una estrategia de tábula rasa y acabar con el caos de los desarrollos urbanos de los años 90", explica Laurenca Liauw, arquitecto y profesor de la Universidad de Hong Kong.

¿Qué quedó de todo eso? Hasta un millón y medio de ciudadanos fueron desplazados por las obras relacionadas con los Juegos y a la mayoría se los recolocó en los barrios satélites de las afueras. Como explica Liauw, “es irónico que cientos de miles de trabajadores emigrantes que literalmente construyeron las Olimpiadas no pudieran ser testigos de sus creaciones”.

Los Juegos, hoy, dejan muchas cuestiones sin resolver. No existen datos fiables sobre el coste que supusieron para la ciudad, aunque la mayoría de las estimaciones hablan de 227 millones de euros (300 millones de dólares). El Estadio Nacional -el Nido- costó 380 millones de euros (500 millones de dólares) y cuenta con 90.000 plazas, pero en 2011 hospedó solo 12 eventos. Sólo para mantenerlo, Pekín paga 15 millones de dólares -11 millones de euros- cada año.

Las 130.000 habitaciones de hotel creadas desde cero no fueron ocupadas en su totalidad durante las Olimpiadas, como se preveía, y los dos millones de puestos de trabajo creados tenían en su gran mayoría un carácter temporal, por lo que los nuevos empleados no pudieron gozar de las nuevas edificaciones, cuyos precios se dispararon hasta en un 400%, según indican los estudios al respecto. “Todos los problemas que había antes de las Olimpiadas siguen existiendo”, resume Liauw.

Londres 2012: cuando el mundo descubrió Stratford

Los Juegos Olímpicos en Londres suscitaron un debate previo muy parecido al que está teniendo la candidatura de Madrid. "Hacedle un favor a Londres: dad los Juegos a París", titulaba, irónico, un editorial de The Economist a pocos días de la asignación de la candidatura. "Ganar unas Olimpiadas es como dar una gran fiesta y construir un puente para que todo el mundo lo cruce una sola vez", advertía el semanario británico.

La capital inglesa ya había acogido dos ediciones de los Juegos (en 1908 y en 1948), y en 2012 el Estado se preparaba para acogerlos de nuevo con tres mil millones de euros de inversión pública. El presupuesto total había crecido año tras año, y a comienzos de 2007 había cuadruplicado su cifra inicial, llegando a poco menos de ocho mil millones de euros. El gasto final, tras la clausura, ascendió a doce mil millones de euros.

También el turismo le gastó una costosa broma a la ciudad: en contra de toda expectativa, durante las semanas de las Olimpiadas llegó a Londres un 13% menos de turistas que en el mismo período del año anterior.

Pero, a pesar de estos datos, el mismo The Economist admitía en un artículo de junio de 2013 que, dados los resultados, Londres había hecho "todo lo posible" para demostrar que el semanario se había equivocado. La planificación previa, con la creación de un departamento público que se encargaría de gestionar el legado de los Juegos, el Legacy Developement Corporation, fue clave. De hecho, de las siete nuevas infraestructuras creadas, cinco se están utilizando al máximo de su rendimiento, y el que fue el Parque Olímpico es una nueva joya para el disfrute de los londinenses.

“La atención del mundo sobre los Juegos hará mucho para cambiar la percepción de la zona este de Londres”, detallaba el Plan Regulador que el Ayuntamiento londinense presentó en 2006. El barrio de Stratford, foco de los nuevos edificios y de la infraestructura de los Juegos, “pasará de ser una zona que lleva el peso de su pasado industrial, sede de las comunidades más desaventajadas del país, a ser un sitio en el que la gente quiera elegir pasar su vida y construir una familia”. Sonaba a utópico, pero no lo fue: el Queen Elizabeth Park, la nueva cara de la Villa Olímpica (punto A), abrió sus puertas este año. La dura prensa británica, tras los Juegos, señalaba a Barcelona como ejemplo.

Río 2016: hagan su inversión

Copa Confederaciones, Jornada Mundial de la Juventud, Mundial de fútbol y, para cerrar, Olimpiadas. Lejos quedan los años en los que se veía a Brasil sólo como un país 'en vías de desarrollo': hoy es un gigante especializado en ‘megaeventos’. "Enseñaremos al mundo que este país es un paraíso seguro para los inversores y que está listo para sorprender con productos y servicios innovadores", resumía el secretario de Estado del Turismo en junio de 2012.

La apuesta de Río, de hecho, es aprovechar los Juegos para captar inversión extranjera. El magnante estadounidense Donald Trump enseñaba el camino en diciembre de 2012: dentro del proyecto de rehabilitación del puerto, corazón antiguo de la ciudad, empezó la construcción de un centro residencial y empresarial que hará olvidar la degradación de la zona antigua. Sus cinco 'Trump Towers Rio' (punto 7), de 150 metros y 38 plantas, ocuparán un área de 300.000 metros cuadrados. Mil residentes serán desplazados para hacer espacio a la remodelación de la zona, según la organización de derechos humanos Witness.

En cuanto al deporte se refiere, serán cinco los núcleos de la ciudad que albergarán los Juegos. Desde la foresta de Deodoro (puntos 4 y 5) hasta la mítica playa de Copacabana, pasando -en las ceremonias de inauguración y clausura- por el estadio de Maracaná, recién remodelado.

El parque olímpico será -inspirándose en los Juegos de Londres- un triángulo de tierra situado en una laguna. Paradójicamente, debido a la contaminación, por el momento está prohibido bañarse en sus aguas. Las nuevas instalaciones costarán -según la última estimación, de 2009- 500.000 euros.

Los 64 millones de euros (85 millones de dólares) de la preparación de los Juegos está saliendo, en su gran mayoría, de las arcas públicas, algo que aumentó los temores de estudiantes y jóvenes, que en los últimos meses han protestado por “más sanidad y menos fútbol”, como rezaban sus carteles.

Como indica uno de los principales estudios llevados a cabo sobre la evolución de la ciudad de Río tras la asignación de las Olimpiadas, la sociedad brasileña está viviendo uno de los momentos más delicados de su historia. "Este tipo de eventos, sobre todo con la situación que se presenta en Brasil, exacerba las desigualdades sociales y, en muchos casos, se corre el riesgo de que genere nuevas", explica a este diario Lana Schissel, coordinadora del citado trabajo. Como cada vez que se celebran unos Juegos Olímpicos, sólo hay un elemento seguro: "Marcarán un antes y un después en la historia la ciudad".

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