AstraZeneca, el villano que Europa necesitaba para una guerra de altos vuelos y golpes bajos
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¿QUIÉN ES EL MALO AQUÍ?

AstraZeneca, el villano que Europa necesitaba para una guerra de altos vuelos y golpes bajos

La farmacéutica británica anunció que reduciría un 60% su suministro de vacunas a Europa, incumpliendo lo firmado. Ahora, empiezan a volar las dagas entre ambas con el Brexit de fondo

placeholder Foto: Un vial de la vacuna de AstraZeneca en Epsom, Reino Unido. (EPA)
Un vial de la vacuna de AstraZeneca en Epsom, Reino Unido. (EPA)

Hace justo un mes que la campaña de vacunación europea contra el covid-19 daba el pistoletazo de salida. Docenas de fotos de ancianos y enfermeras sonrientes recibiendo la primera dosis de la vacuna en casi todos los países miembros de la Unión. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, hablaba de un "conmovedor momento de unidad".

Ayer, el argumento de la historia de la vacuna había dado un giro dramático con una farmacéutica díscola, AstraZeneca, negándose a cumplir con la distribución acordada, afirmaciones directas de que las vacunas prometidas estaban marchándose en realidad a terceros países por un beneficio más pingüe, una Von der Leyen que sacaba el látigo y pedía tener la información sobre la salida de cada caja de vacunas fuera del territorio comunitario, una filtración de datos confidenciales de ensayos clínicos a un medio alemán que impactó en la línea de flotación de AstraZeneca antes de ser desmentido y de despertar la cólera, una vez más, del Reino Unido.

Foto: Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. (EFE)

La película de la vacuna en Europa ha abandonado definitivamente el género musical para instalarse en el del espionaje y la guerra sucia. En Bruselas, ahora mismo, el villano se llama AstraZeneca, ¿pero quiénes son los malos?

Una semana de tensión

Unos días antes de la videollamada de líderes de la Unión Europea celebrada el pasado jueves, una alta fuente europea señalaba que los jefes de Estado y de Gobierno iban a pedir a las farmacéuticas que pisaran el acelerador en la producción de dosis de la vacuna contra el coronavirus. ¿Sería efectivo que emitieran ese mensaje? "Que lo pidan 27 países tiene su efecto, evidentemente", zanjó. El mensaje era claro: las empresas debían mejorar su producción. Unas horas después de aquella videoconferencia, AstraZeneca no solo no anunciaba un aumento, sino que comunicaba a la Unión Europea que iba a recortar su producción de dosis incumpliendo el contrato firmado con el Ejecutivo comunitario, de los 80 millones de dosis prometidas para febrero y marzo a 30 millones. Primero sorpresa. Después enfado: la estrategia común europea, que se había vendido como un éxito rotundo al haber cerrado seis contratos para acceder a 2.000 millones de dosis, estaba haciendo agua.

El viernes dio paso a un fin de semana tenso entre AstraZeneca y la Comisión Europea. La comisaria de Salud, Stella Kyriakides, envió una carta llena de interrogantes. El lunes 25 de enero Ursula von der Leyen telefoneó el lunes al CEO de la compañía, Pascal Soriot. Ese día se celebra una reunión entre miembros del Ejecutivo comunitario, representantes de los Veintisiete y de la farmacéutica. Pero ese encuentro no va bien. Los miembros de la Comisión Europea consideran que las explicaciones de la farmacéutica no son adecuadas y las soluciones que ofrece no son aceptables. La temperatura sube.

La Comisión Europea considera que las explicaciones de AstraZeneca no son adecuadas y las soluciones que ofrece no son aceptables

Al terminar esa reunión, se pasa de la tensión al enfrentamiento público. Kyriakides deja caer durante una comparecencia de prensa a las 17:30 que AstraZeneca ha vendido las dosis a países terceros. "La Unión Europea quiere saber exactamente qué dosis han sido producidas por AstraZeneca y dónde exactamente hasta ahora y si se han entregado o a quién", dice la chipriota ante las cámaras. Habrá otra reunión unas horas después que tampoco irá bien para la compañía.

La cosa no se queda ahí. La Comisión Europea propone activar un sistema de transparencia de exportaciones. La traducción es que está atando en corto a las farmacéuticas: les obligan a comunicar por adelantado cuando vayan a exportar dosis de la vacuna producidas en sus fábricas de la Unión Europea. No se trata de una prohibición. Pero es desde luego un aviso.

placeholder La comisaria Stella Kyriakides, este lunes. (EPA)
La comisaria Stella Kyriakides, este lunes. (EPA)

Tras la reunión del lunes por la noche, la Comisión Europea decide fijar un nuevo encuentro para el miércoles. Un día para que la compañía mastique lo que está ocurriendo, la seriedad de la situación. La magnitud que tiene para AstraZeneca enfrentarse no a Bruselas, sino a 27 Estados miembros con una caja llena de herramientas para complicarle la vida. Se espera que el viernes la Agencia Europea del Medicamento (EMA) apruebe la vacuna de la compañía, pero poco importará eso si la empresa no es capaz de contentar a las capitales de forma rápida, porque tendrá poco que hacer en Europa.

A finales de la tarde del lunes, ocurre el episodio más grave hasta el momento. El periódico económico alemán 'Handelsblatt' publica una información que señala que la vacuna de AstraZeneca tiene una eficacia de solo un 8% sobre los mayores de 65 años, precisamente el colectivo más vulnerable a enfermar de gravedad y morir por el virus. Eso significaría que la vacuna es prácticamente inservible en quien más la necesita y que la estrategia de vacunación europea, basada en una distribución enorme de viales de la vacuna AZD-1222 (su nombre técnico, a falta de la aprobación comercial de la misma), acababa de quedar desfasada. Por no hablar del pernicioso efecto que tendría sobre la confianza en la vacunación y muchas otras cosas.

La Comisión Europea sospecha que AstraZeneca ha revendido las vacunas

El 8% es falso, ¿pero cuál es la verdad?

Tras la publicación, pasaron dos cosas: mucha gente interpeló a los autores de la exclusiva que probablemente habían interpretado mal los datos técnicos, y que ese 8% del que hablaban no era la eficacia sino el porcentaje de voluntarios de entre 56 y 69 años que habían participado en el ensayo clínico. AstraZeneca respondió a las pocas horas y tildó la información del 'Handelsblatt' de "completamente incorrecta" y el Ministerio de Sanidad alemán también ha negado los hechos, igual que el Gobierno británico, que ha subrayado que el MRHA, su agencia regulatoria, jamás hubiera aprobado una vacuna con tan baja eficacia. A lo largo del día, el diario ha rebajado de su artículo esa referencia al 8% y ha escrito simplemente que “el Gobierno alemán teme que el agente del grupo británico-sueco solo tenga un bajo nivel de efectividad”.

Hay que recordar que, en los resultados iniciales de la vacuna de Oxford que se publicaron en ‘The Lancet’, los propios científicos señalaban que los datos de eficacia en estas cohortes de edad "son actualmente limitados por el bajo número de casos de infección".

placeholder Sede de AstraZeneca en Sídney, Australia.  (EPA)
Sede de AstraZeneca en Sídney, Australia. (EPA)

Lo otro que se desprende de este episodio es... ¿y si no todo es un error de los periodistas —no especializados en interpretar ensayos clínicos sino en política, como uno de los autores, Gregor Waschinski, aclaró en su Twitter— sino una filtración interesada en que ese dato saliera como lo hizo? Que desde el ministerio que dirige Jens Spahn tildaran tan rápidamente de error lo que se les atribuía precisamente a ellos, vierte bastante luz sobre lo que todos sospechan en Bruselas: 'Handelsblatt' se ha equivocado, pero lo ha hecho con información del Gobierno alemán. Berlín está filtrando información sobre, y seguramente contra, la compañía.

En parte, porque hay muchas cosas que la compañía no ha contado aún sobre su vacuna, apenas a tres días de que la EMA se reúna para ver si la autoriza. Una de ellas es su eficacia real en cada tramo de edad.

¿Qué es la eficacia de una vacuna?

Cuando decimos que la vacuna de Pfizer es eficaz en un 95%, no significa que de cada 100 personas que se la pongan cinco van a desarrollar la enfermedad.

Lo que realmente miden estos ensayos clínicos es la probabilidad de que alguien vacunado adquiera la enfermedad frente a alguien no vacunado. Es más bien una medida de reducción del riesgo en el grupo, no de las posibilidades individuales de infección.

En estos ensayos, se vacuna o da placebo a dos grupos y se mide cuántos han contraído la enfermedad una vez han pasado dos meses (o más) desde la administración de las dos dosis. Por tanto, la eficacia podría definirse como "¿cómo de seguros estamos de que la vacuna ha ayudado a prevenir la infección de estas personas?", y ahí un 90% significa "muy seguros" y un 8%, como el caso citado, significa "no tenemos seguridad".

Los únicos datos de seguridad y eficacia de la vacuna aparecieron el 8 de diciembre en ‘The Lancet’. Al anunciar los resultados, la farmacéutica los vendió en un principio como que la vacuna tenía alrededor del 70% de protección, una verdad muy a medias.

La cifra era bastante menor que el 95% de Pfizer y el 94% de Moderna, pero es que además resultó haber importantes divergencias en los brazos del estudio (dos de ellos en Reino Unido, otro en Brasil y otro en Sudáfrica), dado que en cada uno se habían seleccionado perfiles distintos, algunos con más de 65 años, otros sanos, otros con enfermedades preexistentes, otros sin VIH. El mayor rango de eficacia era del 90%, pero este se daba en un brazo del ensayo clínico donde todos los voluntarios eran menores de 55 años y además habían recibido media dosis menos, en el resto del estudio bajaba hasta el 62% y, problemáticamente, además del lío de las dosis, no se habían reclutado muchos mayores de 65 años, que es ahora el grupo de edad que ha provocado esta nueva crisis entre AstraZeneca y la Comisión Europea.

En casi dos meses, la farmacéutica no ha aportado nuevos datos sobre la eficacia de su vacuna, pese a lo cual un número de países cada vez mayor ha ido aprobándola para su uso de emergencia: Reino Unido, India, Argentina, Tailandia, México, Marruecos, Brasil, Ecuador, Hungría, Pakistán...

Parece que la urgencia sanitaria, la poca disponibilidad de vacunas y el bajo coste de la candidata de AstraZeneca (menos de tres euros por dosis) están supliendo la falta de garantías científicas presentadas por la multinacional farmacéutica. Pero la Unión Europea y Estados Unidos, los dos grandes mercados que le quedan por desbloquear, van a dar más la guerra para darle las llaves. Todo ello, además, cerca de que Johnson & Johnson —Anthony Fauci prevé que la aprobación en EEUU suceda en un par de semanas— presente datos de la fase 3 de su vacuna monodosis, que Europa pagará a 11,3 euros.

Es la segunda vacuna más barata, por lo que AstraZeneca también tiene cierta presión por que su vacuna se apruebe lo antes posible: no está sola en la carrera.

Salvar la estrategia europea

La ofensiva contra AstraZeneca tiene muchas fuentes de origen. La estrategia de la Comisión Europea se ha puesto en duda durante las últimas semanas por parte de algunos Estados miembros, especialmente desde algunos sectores de Alemania. En Bruselas, siguen defendiendo su estrategia: quizá si cada uno hubiera ido por su lado, Berlín y París tendrían más dosis a su disposición, pero la situación sería mucho más complicada que en este momento para Estados miembros más pequeños y con menos capacidad de negociación. No se han movido de esa posición.

Sin embargo, es fundamental actuar rápido en el caso de AstraZeneca si quieren que esa defensa siga siendo creíble.

placeholder Ursula von der Leyen da una charla en Davos. (EPA)
Ursula von der Leyen da una charla en Davos. (EPA)

Pero la estrategia no puede pivotar únicamente en cargar contra la compañía. Bruselas ha cambiado el tono respecto a las capitales. Le ha intentado dar la vuelta a la situación. Ahora, de forma discreta, empieza a señalar a los Estados miembros: también es hora de que ellos hagan su parte. La semana pasada, la Comisión Europea propuso dos objetivos: que el 80% de la población mayor de 80 años y personal médico estuviera vacunado en marzo, y que el 70% de la población hubiera recibido sus dos inyecciones en verano. No era una idea inocente y en muchos países ese mensaje no gustó. Tenía veneno político. Una vez publicados estos objetivos, que ahora estaban en todos los periódicos de Europa, los líderes no podían negarse a cumplirlos o serían ellos los que pagarían el precio político. No es la primera ni la última vez que la Comisión utiliza ese mecanismo: poner públicamente (y mediáticamente) un listón alto y decirles a los líderes que o lo saltan o se cuelgan políticamente de él.

Este martes, la Comisión ha seguido endureciendo el tono. "Estamos preocupados", ha explicado un portavoz. Bruselas va aumentando la presión sobre los Estados miembros. Considera que en cuestión de semanas y algún mes, la EMA habrá dado luz verde a casi todos los contratos que tiene ya firmados, y avisa a las capitales de que tienen que estar listas, y que no pueden desperdiciar ni una dosis.

Bruselas ha endurecido el tono: los países deben estar listos y no desperdiciar ni una dosis

Pero la presión sobre AstraZeneca no libra a la Unión Europea y su brazo ejecutivo, la Comisión, de las críticas más duras. La estrategia europea no está yendo bien. Todo está siendo muy lento, y si bien tiene sentido la diversificación de la cartera de vacunas, las críticas a Bruselas, ya lleguen desde el líder de la CSU bávara o de la burbuja europea de la capital comunitaria, suelen dirigirse en dos direcciones: hace algunos meses, ya se sabía cuáles debían ser las vacunas por las que apostar más fuerte y, sobre todo, la estrategia no debería haberse basado en conseguir mejores precios, sino en conseguir la mayor cantidad de dosis posibles.

Son críticas fáciles de hacer 'a posteriori' —hay que recordar que en verano, cuando se empezaron a formalizar los contratos, AstraZeneca era prácticamente la única candidata que prometía tener una vacuna antes de 2021 y además preveía fabricar cientos de millones de dosis— y probablemente injustas, pero inevitables en mitad de una guerra geoestratégica donde están en juego miles de vidas y la economía europea de los próximos años.

Hace justo un mes que la campaña de vacunación europea contra el covid-19 daba el pistoletazo de salida. Docenas de fotos de ancianos y enfermeras sonrientes recibiendo la primera dosis de la vacuna en casi todos los países miembros de la Unión. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, hablaba de un "conmovedor momento de unidad".

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