PRESIÓN A LA OTAN

Turquía pone a Europa contra las cuerdas de una nueva oleada migratoria

Ankara cumple con la peor pesadilla para Europa con la posible reapertura de la ruta migratoria de los Balcanes mientras aumenta la escalada con Rusia

Foto: Un refugiado sirio de Idlib en una imagen de archivo. (Reuters)
Un refugiado sirio de Idlib en una imagen de archivo. (Reuters)

La UE se enfrenta este viernes a una potencial crisis tras el ataque este jueves a fuerzas turcas por parte de unidades militares sirias, que cuentan con el apoyo suso, en la región del norte de Siria. Ankara anunció poco después que reabriría las rutas migratorias hacia Europa con las que retiene a cientos de miles de refugiados y migrantes, creando el miedo en Bruselas ante una posible nueva crisis migratoria.

El Gobierno turco decidió este jueves no seguir sujetando a los refugiados y migrantes que hasta ahora retenía en su territorio a raíz de un acuerdo migratorio con la Unión Europea firmado en 2016. La decisión llegó después de que al menos 33 soldados turcos murieron en combates contra unidades del régimen sirio, que cuenta con el apoyo de Rusia, en la zona de Idlib, al norte de Siria, una región que Turquía invadió con el beneplácito de Estados Unidos y que provocó preocupación en los socios de la OTAN.

La situación genera una potencial tormenta perfecta para la Unión Europea. Por un lado, presenta el riesgo de una nueva oleada migratoria a través de la ruta de los Balcanes, una experiencia que Bruselas no quiere tener que afrontar de nuevo y para la que los socios europeos no están preparados, ya que desde hace años el debate respecto a la gestión migratoria y de solicitantes de asilo se encuentra paralizada.

El chantaje de Ankara

La estrategia de amenazar con reabrir las rutas migratorias no es nueva. Desde que se firmó el acuerdo de 2016 Turquía sabe que tiene un arma poderosa, y amenaza con ella a la UE de forma periódica. Según el portavoz del partido del presidente Recep Tayyip Erdogan, la política turca hacia la gestión migratoria “es la misma”, pero señala que la situación ha cambiado: “Ya no estamos en disposición de retenerlos”.

La situación es grave porque, además, Grecia, que es el primer punto de entrada en Europa, está todavía en una lucha interna por la gestión de las anteriores crisis migratorias y la llegada mucho menos de migrantes en los últimos años. La situación en islas como Lesbos es muy mala, con fuertes y agresivas protestas en contra de la construcción de nuevos campos de refugiados mientras los solicitantes de asilo y migrantes viven en situaciones críticas en otros centros.

Kyriakos Mitsotakis, primer ministro griego, lanzó precisamente un mensaje a los migrantes que llegan desde Turquía hace solo dos días: “No vengáis, porque la ruta por la que os dirigen los traficantes, por la que pagáis generosamente, no conduce a la Grecia continental y finalmente a Europa. Termina en las islas y ahí comienza el camino de regreso”.

Para Europa la crisis migratoria de 2015 fue un antes y un después. Ivan Krastev asegura que se trató del 11-S para el Viejo continente. Las imágenes de la llegada de millones de refugiados e inmigrantes a las costas europeas y su paso por los Balcanes moldeó la mentalidad y la política continental, regando la semilla de las fuerzas autoritarias e identitarias de toda la UE.

Tensión en la OTAN

Por el otro lado, la situación presenta el riesgo de un conflicto entre Turquía, el segundo miembro más importante de la OTAN, y Rusia. Ankara ha invocado el artículo 4 del Tratado de la Alianza del Atlántico Norte para llamar a una reunión urgente este viernes en Bruselas. Las relaciones con Turquía son muy tensas y han empeorado en los últimos meses, con el régimen turco usando la guerra civil en Libia como un escenario para ganar posiciones en el Mediterráneo, redibujando las fronteras marítimas de Grecia y con exploraciones de gas y petróleo en las costas de Chipre.

Este mismo jueves la UE aprobaba sanciones contra dos ciudadanos turcos de la corporación petrolera de Turquía por sus actividades en aguas chipriotas. Pero el gesto decía mucho del miedo con el que los socios europeos tratan a Ankara: querían darle un toque de atención, pero han evitado sanciones mayores contra altos cargos o empresas. La idea era mandar un mensaje sin cabrear a Erdogan. Siempre con la migración como la clave de la ecuación.

En la OTAN hay poco apetito por ayudar a Turquía: su decisión de entrar en el norte de Siria ya ponía esta situación sobre la mesa. Tanto que, de hecho, era uno de los escenarios más probables: Ankara entraba en el norte de Siria y cuando recibiera un ataque de vuelta utilizaría los mecanismos internos de la Alianza para intentar obtener el respaldo de los socios. Y es justo lo que ha ocurrido.

“La escalada continua debe detenerse con urgencia. Existe el riesgo de caer en una gran confrontación militar internacional”, ha advertido este viernes por la mañana Josep Borrell, Alto Representante de la UE para Exteriores y Política de Seguridad. “Además está causando un sufrimiento humano insoportable y poniendo en riesgo a los civiles”, ha señalado.

Y el español ha subrayado que los socios europeos están dispuestos a tomar papeles en el asunto: “La UE considerará todas las medidas necesarias para proteger los intereses de su seguridad”, a la vez que hacen un llamamiento a todas las partes para que cesen las hostilidades.

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