"NOS QUIEREN HACER COMER PORQUERÍAS"

La pasta primero (pero no la Nutella): así es el nacionalismo culinario de Salvini

“Prefiero comer y beber italiano”, ha sido una de sus frases más repetidas. Salvini apuesta por la pasta y la pizza. Sin embargo, en repetidas ocasiones, se le ha visto incumplir sus propias normas

Foto: Matteo Salvini. (Reuters)
Matteo Salvini. (Reuters)

Nada de comida extranjera. Ni oír hablar de ingredientes o materias primas procedentes de fuera de Europa. Y arriba con la pasta, la pizza, la polenta y cualquier otro plato típico o producto de la gastronomía más popular del 'made in Italy'. A fin de fortalecer su discurso soberanista de derechas, Matteo Salvini ha colocado una suerte de nacionalismo culinario en el centro de su discurso. Una inclinación que algunos analistas creen pieza clave de su exitosa estrategia de comunicación. El objetivo: conectar con el ciudadano corriente, alejándose de las élites y, en última instancia, pescar más votos.

“Prefiero comer y beber italiano”, ha sido una de sus frases más repetidas. “También hacer la compra es una elección política”, dijo en otra ocasión en septiembre, según un vídeo en el que se le ve montado en una lancha en el lago Trasimeno y con el himno nacional italiano de música de fondo. “Nos quieren hacer comer las porquerías que vienen de otras partes del mundo, a pesar de que nuestras tierras son ricas en los mejores productos”, decía en 2018.

Nadie puede ignorarlo en Italia. Los italianos conocen los (¿supuestos?) gustos gastronómicos del líder de la Liga y hoy jefe de la oposición porque se los cuenta él. No hay semana en la que no intervenga sobre el tema en forma de tuits incendiarios o con declaraciones en los medios, siempre beligerante hacia competidores gastronómicos. Una insistencia que también replica en sus cuentas de Twitter (donde tiene 1,2 millones de seguidores), Instagram (1,8 millones), Facebook (3,9 millones) e incluso en la 'app' de los adolescentes, TikTok.

En todas estas redes sociales, Salvini ha publicado decenas de fotografías suyas comiendo y bebiendo, 'memes' y mensajes burlones de recetas italianas hechas en otros países o críticas a fabricantes que no usan ingredientes italianos. Esto último, en muchos casos haciendo referencia explícita a las marcas involucradas, aprovechándose a menudo también de los temas ‘trending topic’.

La opinión pública y los medios italianos no han sido indiferentes a la obsesión culinaria del político 'legüista', con decenas de artículos cuyos títulos son bastante explícitos: “Salvini, de profesión 'foodblogger” o “Cómo entender a Salvini a través de sus gustos culinarios”. Los analistas, en cambio, han sido más terrenales. “Quiere dar la sensación de que él es un hombre común y corriente”, explicó Vicenzo Cosenza, un experto en redes sociales, en declaraciones concedidas a 'The New York Times'.

Y, aun así, más de una vez Salvini ha metido la pata.

Un hombre lleno de contradicciones

El último caso fue un ataque, hace unas semanas, contra Ferrero, la empresa que produce la Nutella. Salvini criticó a la compañía por usar avellanas turcas para fabricar la famosa crema de chocolate. Y lo hizo después de que durante algún tiempo la palabra ‘Nutella’ fuese ‘trending topic’ en Italia debido al exitoso lanzamiento de unas nuevas galletas de chocolate. “He cambiado porque he descubierto que Nutella utiliza avellanas turcas y yo prefiero ayudar a las empresas que utilizan los productos italianos”, dijo en un mitin en Rávena.

Las palabras de Salvini suscitaron todo tipo de críticas. Al fin y al cabo, Nutella usa el 32% de la producción mundial de avellanas e Italia no tiene capacidad suficiente para satisfacer la producción total de la famosa marca. Además de ello, le dijeron, Ferrero es una de las empresas italianas más exitosas, y da trabajo a más de 6.000 trabajadores tan solo en el país transalpino.

“La pregunta es: ¿qué es más soberanista, evitar el consumo de productos italianos realizados con materias primas extranjeras o apoyar una industria que trabaja en Italia con miles de empleados italianos y es un importante recurso para nuestro país?”, se ha llegado a preguntar irónicamente 'Il Sole 24 Ore', el diario económico más influyente del país. Ha atacado Nutella "para parecer cercano al pueblo", lo ha criticado asimismo el ex primer ministro Matteo Renzi.

Por supuesto, este no es un caso aislado. Muchos en Italia también recuerdan cuando, desde su cuenta en Twitter, Salvini publicó una fotografía de un plato de pasta con ragú (una salsa de carne y tomate), promocionando las marcas Star y Barilla.

Sin embargo, lo que probablemente Salvini no sabía es que, en un mundo globalizado económicamente como el de hoy, ni Star ni Barilla siguen siendo marcas italianas. La primera, fundada en 1946 en Muggiò (Lombardía, norte de Italia), fue vendida en 2006 al grupo español Agrolimen. La segunda es desde hace años una multinacional que también ha provocado polémicas por el origen de algunas de sus materias primas.

“¿Has perdido la cabeza? Le haces publicidad a una pasta hecha con harinas extranjeras repletas de glifosato y una marca española [Star]. ¡Despierta!”, le respondieron entonces en las redes. “Ni siquiera en mi primer año de universidad comía tan mal”, le escribió, en tono más irónico, otro usuario. “¿En qué quedó eso de los 'italianos primero’?”, dijeron otros.

Por supuesto, no es la primera vez que Salvini cae en contradicciones. En varias ocasiones se le ha visto, por ejemplo, llegar a alguna reunión política o cita privada con sushi.

En otra ocasión, en abril del año pasado, lo pillaron comiendo una hamburguesa del McDonald's, la famosa cadena de comida rápida estadounidense. Y esto, horas después de haber participado en encuentros en una feria de vinos autóctonos, en donde había reclamado la importancia de lo nacional. “Compren lo italiano, coman lo italiano, beban lo italiano”, había asegurado durante el acto.

Un malestar detrás

Dicho esto, Salvini no es el primero en usar este argumento en un país donde gran parte de la población siente que la comida está ligada a su identidad. En 2009, la formación centroderechista de Silvio Berlusconi aprobó una ordenanza en Lucca prohibiendo abrir nuevos restaurantes étnicos en el centro histórico de la ciudad. Chinos, japoneses, magrebíes o indios. La directiva también contemplaba que los ya instalados incluyesen en su menú al menos un plato de la cocina local.

No todos rechazan el mensaje de Salvini. El político cosecha cierto éxito entre los gremios de los ganaderos y de los agricultores, los cuales incluso le han reclamado ser más directo en la defensa de los productos italianos.

Salvini ha conseguido capitalizar el malestar que sienten estos colectivos por la importación y venta de productos en Italia que provienen de países en los que hay leyes menos restrictivas que las europeas —por ejemplo, el arroz de Camboya y otros productos hechos con el controvertido glifosato—, así como las quejas por el Acuerdo Económico y Comercial Global (CETA) con Canadá, un tratado que sigue polarizando mucho a los italianos y no ha sido ratificado por el Gobierno.

“Me alegro de que Salvini quiera defender las empresas agrícolas italianas”, comentó Massimiliano Giansanti, presidente de Confagricoltura, una de las principales organizaciones de agricultores italianos. “No obstante, es necesario ir más allá de las iniciativas extemporáneas y poner en marcha, como pedimos desde hace mucho, un plan estratégico nacional que nos permita reforzar algunos cultivos típicos del país”, añadió.

Otros, como Dino Scanavino, presidente de la Cia-Agricoltori Italiani, se muestran más escépticos con la dieta patria del líder populista. “¿Salvini ha dicho que prefiere comer pan y salchichón, y ya no comerá Nutella? Ojo con eso. Mucho salchichón que se vende en Italia proviene de Polonia”.

Europa

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
3 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios