PUEDE SER CLAVE EN LAS ELECCIONES

Estado vegetariano y regular la homeopatía: así es el partido revelación de Portugal

El Partido de las Personas, los Animales y la Naturaleza quiere partos acuáticos en la sanidad pública, rebajar la edad mínima para votar a los 16 años o cenas de Estado vegetarianos

Foto: Imagen de archivo de un cocinero en Portugal. (EFE)
Imagen de archivo de un cocinero en Portugal. (EFE)

Cócteles y cenas de Estado vegetarianos. Partos acuáticos en la sanidad pública. Regular la homeopatía. Crear una secretaría de Estado para la Tercera Edad y otra de Bienestar Animal. Rebajar la edad mínima para votar a los 16 años. Pero antes que nada, lo urgente: declarar el “estado de emergencia climática nacional”. Es el Portugal que quiere el PAN (Partido de las Personas, los Animales y la Naturaleza), convertido en la revelación de las elecciones legislativas del próximo domingo.

Más de 10,8 millones de portugueses elegirán los 230 diputados que componen el Parlamento. El PAN, que actualmente cuenta con un solo diputado, André Silva, desborda ambición y aspira a crecer hasta los tres escaños.

Puede parecer irrisorio. No lo es. Tres diputados pueden ser suficientes para dar al Partido Socialista, liderado por el actual primer ministro, António Costa, una mayoría que le permita tener una segunda legislatura si estos acaban rozando la mayoría absoluta, como han venido apuntando encuestas. Ya no habría necesidad de volver a pactar con el marxista Bloco de Esquerda –el Podemos luso– y el Partido Comunista Portugués, con los que el amor se ha roto. La famosa “vía portuguesa” está en crisis y Silva está listo para ser “el otro” y acabar por dinamitar la relación.

“Lo que sentimos en la calle es un apoyo cada vez mayor, un reconocimiento cada vez mayor”, comenta entre sonrisas Silva entre acto y acto, aupado por una juventud cada vez más sensible al discurso ecologista y colmado de atención mediática por su eventual poder para romper la “geringonça” y ser socio preferente de Costa. Pero no solo por ello. Su jugoso programa electoral da mucho juego.

Medidas sorprendentes

Mientras los partidos tradicionales se enfocan en fiscalidad, infraestructuras y legislación laboral, el PAN abre proponiendo declarar “el estado de emergencia climática” en Portugal. La cuestión ambiental es de las más extensas de su programa, junto a propuestas animalistas -que van desde crear una secretaría de Estado de Bienestar Animal a “abolir la utilización de animales en espectáculos taurinos”-. André Silva ya presentó una propuesta el año pasado para acabar con la tauromaquia, algo que defendió con vehemencia en el Parlamento a pesar de saber que su medida estaba condenada a morir sola.

Parte de ese arrojo es lo que ha hecho conocido al PAN en estos cuatro años, en los que al partido no le ha importado librar luchas solitarias a las que ha dado gran publicidad, actitud que contrasta con los pactos discretos alcanzados con los socialistas para apoyar tres de los cuatro presupuestos de esta legislatura, obteniendo a cambio, entre otras cosas, incentivos para la compra de bicicletas eléctricas, medidas para reducir el consumo de plástico o contratar nutricionistas en la sanidad pública. También ha estado al lado de Costa en sus peores momentos, durante las dos mociones de censura presentadas en su contra.

Y así, haciendo ruido en luchas perdidas y apretando manos sin alborotos, le llegó el gran aldabonazo en las pasadas elecciones europeas, en las que duplicaron sus votantes. Visto entonces el éxito de la estrategia de guerrero solitario, han trufado su programa de ideas que hacen las delicias de tertulias y programas humorísticos, unas vistas como más seriedad que otras.

Por ejemplo, la reducción a los 16 años de la edad mínima para votar, hacer obligatorio que todos las comidas servidas “en eventos promovidos por la administración directa o indirecta del Estado sean vegetarianas” u ofrecer la opción de tener un “parto en el agua en todos los hospitales” de la sanidad pública.

Otras ideas hacen menos gracia, especialmente a médicos, que levantan la ceja ante el apremio del PAN por regular “el sector de las terapéuticas no convencionales”, que incluyen a la homeopatía. Tampoco se ríen los empresarios ante la idea del horario de 35 horas semanales y 25 días útiles de vacaciones. Y ya puestos, a los trabajadores de salarios altos les parece que hay que dar una vuelta a la idea del PAN de poner un techo a las pensiones.

Los escaños que pueden cambiar el tablero

Por muy jocosas que sean sus propuestas, nadie en política subestima ya al PAN, cuyo ascenso amenaza con remodelar el tablero político. Los líderes de la izquierda que apoyaron al Gobierno en minoría de Costa no dejan de hacer números a raíz de las encuestas publicadas para saber si pasarán a ser marginados por el Partido Socialista, que se relame con cada décima que consiguen escalar los ambientalistas.

Actualmente, los socialistas oscilan en una intención de voto cercana al 38%, lo que les permitiría subir casi veinte diputados y les dejaría cerca de la mayoría absoluta. El líder de la oposición, el PSD, de centroderecha, sumido en una grave crisis interna, se ha situado durante meses en el 23% de los votos y no es un problema para Costa, que vigila más a sus socios. Sobre todo al Bloco, que se consolida como tercera fuerza creciendo hasta el 10%. Es este crecimiento el que más ha preocupado al primer ministro en los últimos tiempos, que teme que los marxistas cuenten ahora con la fuerza que no tuvieron hace cuatro años para exigirle más a cambio de su apoyo: el gobierno de coalición.

La posibilidad ha provocado que António Costa agite el miedo a acabar en Portugal con un “bloqueo a la española”, al negarse él a formar un Gobierno con ministros del Bloco. No existe sin embargo esa actitud con los comunistas, que aliados con Los Verdes (forman la CDU en las papeletas) bajarán hasta conseguir el 7,8%. La lista se completa con el partido más a la derecha del Parlamento, el CDS-PP, que lograría hasta un 5%.

Costa contra Costa

Así las cosas, el primer ministro podría limitarse a pactar con los comunistas, mucho menos ambiciosos en cuestiones de sillones, y el PAN, si crece como prometen los sondeos. Pero, claro está, siempre que los socialistas consigan mantener esa posición cercana a la mayoría absoluta, algo asumido durante meses que en los últimos días de campaña empieza a estar en duda. António Costa, que fundamentalmente no tenía competidores serios ante la crisis de la derecha, se ha visto afectado por la irrupción en campaña del caso Tancos, un robo de armas militares ocurrido hace dos años y que de forma ocasional reaparece en la vida política portuguesa engordado con detalles que hacen mayor el escándalo.

El rocambolesco robo de munición y material de guerra, por el que Portugal tuvo que alertar a la OTAN, se resolvió aparentemente cuatro meses más tarde, cuando lo sustraído reapareció en un garaje. Lo había encontrado la Policía Militar, pero la Fiscalía desconfió y abrió una investigación que acabó descubriendo que había sido un montaje de los militares para proteger al ladrón, al que conocían. Esta semana, el Ministerio Público ha dado un paso más acusando de prevaricación al entonces ministro de Defensa, José Azeredo Lopes, quien dimitió por este escándalo y al que Costa siempre defendió. Ese respaldo ha dado munición a la derecha para arremeter contra él en campaña electoral, con éxito: el PSD sube ahora en los sondeos hasta casi el 30%.

El primer ministro apenas tiene unas pocas horas para reponerse si quiere que le baste con el PAN.

Europa

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