Fin de la 'chapuza'

Pedro Sánchez sueña con la 'vía portuguesa'... Pero en Lisboa pocos votantes confían en ella

Sánchez busca conseguir el apoyo externo de Unidas Podemos emulando el pacto en Portugal. Sin embargo, allí cada vez menos gente apoya esta vía de cara a las elecciones

Foto: El primer ministro portugués, António Costa. (Reuters)
El primer ministro portugués, António Costa. (Reuters)

“Da para ser amigos, no para casarnos”. Hay diferencias que “difícilmente pueden ser ignoradas”. Así habla el socialista António Costa, primer ministro de Portugal, sobre sus socios parlamentarios de izquierda, esos que le han permitido gobernar en solitario en los últimos cuatro años, pero a los que ya no quiere tan cerca. El Partido Comunista Portugués y el Bloque de Izquierda (el Podemos luso), los otros protagonistas de ese pacto que Pedro Sánchez quiere imitar en España, empiezan a resultarle menos atractivos que cuando llegó en octubre de 2015 con ellos a un acuerdo histórico para Portugal que dio origen a la 'geringonça' (chapuza, en portugués), alabada frecuentemente en el exterior por la estabilidad que ha logrado en estos cuatro años.

En ese tiempo, el país ha pasado a ser un modelo internacional. Crecimiento del PIB, reducción del déficit hasta el 0,2% este año, bajada del desempleo hasta el 6,7%, reversión de medidas austeras, incremento de las pensiones y el salario mínimo... Y sin embargo, todo son dudas sobre si la fórmula de éxito se repetirá tras las elecciones legislativas del próximo octubre, en las que los sondeos dan por ganador a Costa, aunque sin esa mayoría absoluta que tanto ambicionó en el último año.

Necesitará pactar de nuevo, pero lejos de buscar una repetición de esa alianza histórica de izquierdas, busca reducir el poder de sus socios, con los que la relación se ha ido deteriorando en los últimos tiempos. Podría hacerlo si sigue subiendo en intención de voto tanto como para necesitar solo a uno, en lugar de pactar con los dos, una opción que choca con los anhelos de comunistas y bloquistas, que sueñan con entrar en el Gobierno como premio a su lealtad. Un pulso que empieza a dos meses de las elecciones.

Un matrimonio lleno de espinas

"Todo lo que fue bueno fue gracias a ellos. Todo lo que fue malo fue por el Partido Socialista. No puedo aceptar eso". De nuevo, Costa hablando sobre sus socios, esta vez para criticar el tono triunfalista que utilizan frente a la prensa para reivindicar que ha sido su presencia en esta alianza la que ha hecho posible que se hayan revertido medidas de austeridad y emprendido iniciativas progresistas, como elevar el salario mínimo, devolver algunas ventajas a los funcionarios y detener privatizaciones. El tono molesta cada vez más a los socialistas. “Cada uno contribuyó con su propio peso y el Partido Socialista fue garante de que [este pacto] haya sido posible”, agregó Costa este pasado julio en una entrevista.

Para nadie en Portugal es un secreto que el primer ministro quiere volar solo, especialmente tras acumular varios desencuentros con bloquistas y comunistas en los últimos meses, algunos tan graves como para llevarle a amenazar con dimitir. Ocurrió en mayo, a raíz del duradero pulso de profesores y Gobierno. Los docentes quieren que se actualicen sus salarios teniendo en cuenta los casi 10 años que han pasado congelados por la crisis, pero el Ejecutivo solo ofrece poco más de dos. El asunto llegó hasta el Parlamento, donde los aliados de izquierda se unieron a la derecha para votar a favor de la postura de los profesores, dejando a Costa solo. El primer ministro amagó entonces con dimitir si, en la siguiente y definitiva votación sobre el tema, volvía a verse sin el apoyo de sus socios, que acabaron reculando.

Fue el último episodio que dejó ver las discrepancias en la 'geringonça', para entonces notorias tras cuatro años de legislatura muy compleja para los socios. Y es que mientras los socialistas eran alabados en el extranjero por su manejo de las cuentas, que garantizó una reducción del déficit hasta dejarlo en un 0,2% este año y una tímida recuperación motivada en gran medida por la coyuntura internacional y una política de gasto ultralimitado, en casa la izquierda arqueaba una ceja ante el contraste entre ese relato de triunfo y la realidad.

El recelo de los socios

No veían claro, por ejemplo, la respuesta de Costa al exacerbado incremento del precio de la vivienda y de los alquileres, que ha expulsado a muchos portugueses a la periferia. El Bloco, que tenía el acceso a la vivienda como prioridad en la agenda, asiste desde hace meses incómodo a los discursos oficiales que niegan la burbuja inmobiliaria que asfixia a Lisboa y Oporto.

Tampoco hay especial satisfacción entre los comunistas, tradicionalmente fuertes en los sindicatos, con los constantes problemas laborales que han hecho que sanitarios y profesores hayan protagonizado en esta legislatura más huelgas que las que se registraron con el anterior Ejecutivo, liderado por el conservador Pedro Passos Coelho y recordado porque aplicó los más duros recortes exigidos por la Troika.

El presidente del Gobierno español en funciones, Pedro Sánchez, junto a primeros ministros europeos, incluido António Costa, a su izquierda. (EFE)
El presidente del Gobierno español en funciones, Pedro Sánchez, junto a primeros ministros europeos, incluido António Costa, a su izquierda. (EFE)

Pese a esto, los socios han mantenido un prudente silencio en línea con el pragmatismo con el que aceptaron formar la alianza de izquierdas en 2015. Apenas han surgido algunas voces críticas durante la legislatura hacia Costa, a quien acusaron de ignorarles y desvalorizar su apoyo, especialmente tras las municipales de 2017, en las que los socialistas arrasaron. Ahora, a dos meses de los comicios, los socios asumen que el primer ministro ya no les quiere.

"Es legítimo que el Partido Socialista busque el mejor resultado posible, principalmente la mayoría absoluta. Lo que nosotros decimos es que ese objetivo trata de liberarse de las circunstancias que llevaron a la solución política [de 2015]", ha dicho recientemente el líder de los comunistas, Jerónimo de Sousa, que también desveló cómo ha funcionado ese pacto. "Los encuentros, las reuniones, las conversaciones, eran siempre bilaterales. No eran multilaterales". La duda actual es a quién priorizará Costa: ¿bloquistas o comunistas?

¿Programa o coalición?

La respuesta dependerá del peso que consigan en las urnas de octubre. Los últimos sondeos auguran a los socialistas el 35% de los votos, al Bloque de Izquierda el 14,7% y a los comunistas, en alianza con los verdes, un 5,6%. La principal novedad es que los comunistas serán superados por el partido animalista PAN, que obtendría un 7,9%. Así, para reeditar una nueva 'geringonça', a los socialistas les bastaría contar con el Podemos luso y con los animalistas. Pero la vía de acordar una serie de medidas dentro del programa y gobernar en solitario no es la única que empiezan a valorar los portugueses, que pueden preferir un Gobierno de coalición.

La duda actual es a quién priorizará Costa: ¿bloquistas o comunistas?

Así lo arroja otra encuesta publicada en julio en la que la mayor parte de los encuestados (un 46%) dice preferir un Ejecutivo de coalición a un acuerdo parlamentario similar al que ha funcionado en los últimos cuatro años (favorito para el 17%). El sondeo ha causado cierta sorpresa, porque las opiniones de los ciudadanos sobre el funcionamiento de la 'geringonça' han sido a lo largo de la legislatura muy favorables.

La opción de una coalición, que acarician especialmente los bloquistas, se presenta ahora por primera vez de forma destacada en un sondeo y, por tanto, los resultados han sido tomados con mucha precaución entre los analistas y también entre los propios protagonistas de la 'geringonça', que han evitado declaraciones estruendosas sobre estos datos y han preferido presentarse con la prioridad de actuar por el bien común y no buscando sillones en el Consejo de Ministros.

Un 46% de los portugueses prefiere un Gobierno de coalición, no "la vía" actual

"Queremos primero discutir las políticas antes que estar pensando en asientos", ha remarcado el líder de los comunistas. "No es la ambición por el poder la que nos anima". Programa, programa y programa, dicen los socios, mientras los socialistas se afanan por demostrar que no necesitan presiones a la izquierda para acometer medidas progresistas.

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