¿EL FIN DE LA MUJER TRADICIONAL POLACA?

Heteropatriarcado, capital Varsovia: la trinchera clave del feminismo europeo

El discurso tradicionalista del gobierno arroja sobre las mujeres una carga de responsabilidades, deberes patrióticos y obligaciones morales que contrasta con las restricciones a sus derechos

Foto: Varias mujeres acuden en 2017 a una manifestación en el primer aniversario del 'Black Protest' contra los planes para cambiar las leyes del aborto. (Reuters)
Varias mujeres acuden en 2017 a una manifestación en el primer aniversario del 'Black Protest' contra los planes para cambiar las leyes del aborto. (Reuters)

En Miejsce Odrzanskie hay unos 300 vecinos, 100 casas, algunos nidos de cigüeñas y una sola calle. Lo que no hay en este pueblecito del suroeste de Polonia son niños. Porque las 12 bebés nacidas aquí en la última década han sido niñas. Y nadie sabe por qué.

El caso es aún más llamativo si se considera que en Polonia nacen aproximadamente un 10% más de niños que de niñas. La alcaldesa no cree que sea para tanto y se queja del desfile de curiosos y medios de comunicación, pero el gobernador regional ha prometido bautizar un árbol en honor del primer chaval nacido en el pueblo. Ha invitado incluso a empresas de la zona a patrocinar el “acontecimiento” -cuando se produzca- con un regalo para los padres. Los consejos para poner fin a esta broma de la naturaleza no se han hecho esperar y van desde una dieta rica en calcio hasta colocar un hacha de leñador bajo el tálamo matrimonial. Pero por ahora las niñas no echan de menos a los chicos porque son, dicen, “ruidosos y traviesos”.

Al mismo tiempo que medios como 'The New York Times' publicaban fotos del “pueblo de las mujeres” con chicas conduciendo tractores y entrenando para ser bomberos, el Primer Ministro Mateusz Morawiecki dibujaba una imagen más tradicional de cómo deben ser las polacas. "Damos las gracias a nuestras mujeres, las mujeres de la casa, las mujeres polacas, nuestras mujeres polacas, por salvaguardar nuestros valores, los valores polacos y no aceptar ideologías excéntricas".

Pocos días después, cerca de Katowice, un arzobispo pronunciaba un sermón ante miles de peregrinas recordándoles que son ellas quienes tienen encomendada la misión de “darle dignidad al matrimonio y la maternidad, y de defender la dimensión moral de la cultura frente a las ideologías que quieren traer una revolución cultural”, en clara alusión a la nueva ola de feminismo. La Iglesia y el gobierno polaco apelan constantemente a las mujeres como pilares fundamentales de la Polonia cristiana, nacionalista, clásica y conservadora que ellos quieren recrear y ellas deben defender.

Muchos deberes... y limitados derechos

Sin embargo, el discurso tradicionalista del gobierno del PiS (Ley y Justicia) arroja sobre las mujeres una carga de responsabilidades trascendentales, deberes patrióticos y obligaciones morales que contrasta con las restricciones a sus derechos y el limitado acceso al poder político que les concede. En el congreso de los diputados, donde la ley exige que al menos el 35% de los candidatos presentados por los partidos sean mujeres, sólo el 23% de los escaños del PiS están ocupados por ellas. Y en el Senado, donde no se exigen cuotas, solo 7 de los 100 asientos son para mujeres del PiS, que ganó las elecciones de 2015 con el 40% de los votos.

En cuanto a los derechos civiles, Polonia tiene una de las legislaciones más restrictivas del mundo sobre el aborto. La postura del gobierno de Morawiecki, que intentó sin éxito prohibir el aborto aún bajo el supuesto de daño irreparable para el feto, quedó resumida en las palabras de una diputada que temía “ver los hospitales convertidos en mataderos”.

Por su parte, el líder del PiS, Jaroslaw Kaczynski, aseguró que en todos los casos (violaciones, malformaciones o riesgos para la madre incluidos) la mujer debe dar a luz al feto para “al menos enterrarlo, darle un nombre, bautizarle”. Además, amparándose en las recomendaciones del gobierno, cerca de 4.000 médicos han firmado la llamada “Declaración de fe”, comprometiéndose a no practicar abortos, recetar píldoras anticonceptivas o llevar a cabo técnicas de inseminación artificial.

En enero, el gobierno también tuvo que dar marcha atrás en su proyecto de reforma de la ley de violencia en la familia que, además de rebautizarla como “violencia doméstica”, pretendía considerar agresión sólo al acto de violencia repetido varias veces, permitía que el acusado accediese al sumario de los casos abiertos y que no dejaba a las autoridades intervenir sin el consentimiento expreso de la víctima (muchas veces sometida a amenazas). Aunque hasta ahora las protestas han impedido estos cambios, el PiS planea consumar su toma de control sobre el poder judicial e incluso cambiar la Constitución para no enfrentarse a ningún freno legal en el futuro.

Polonia ocupaba el puesto 39 en la clasificación mundial de igualdad de género en 2017, según el Foro Económico Mundial (justo entre Albania y Serbia); no es un mal resultado. Pero como confirma el Instituto Europeo para la Igualdad de Género (EIGE), en los últimos años las polacas dedican cada vez más tiempo a las tareas domésticas y cuidado de los niños. Los hombres polacos menos.

El Estado contra el feminismo

En la televisión pública, cuando se celebran debates sobre los derechos de la mujer o su entrada a posiciones de poder, los invitados son solo hombres; cuando se producen manifestaciones masivas como la 'czarny protest' o protesta negra, en la que decenas de miles de mujeres vestidas de negro se manifestaron en todo el país contra la limitación de sus derechos, los medios públicos dan información sesgada o falsa. En octubre de 2017, las oficinas de dos organizaciones feministas en Varsovia, Lodz, Gdansk y Zielonia Gora fueron intervenidas por la policía, que se llevó los ordenadores y documentos de estos grupos, conocidos por impulsar las “czarny protest”.

Es recurrente escuchar en los mentideros políticos que un posible delito podría ser que una mujer embarazada beba alcohol

Paradójicamente, el gobierno populista polaco hace bandera de su defensa de la mujer y de los “derechos tradicionales” que el PiS delimita como ámbito natural de la feminidad. El programa 500+, que otorga unos 120 euros por hijo a las madres polacas, ha sido vendido al electorado como una medida en favor de la familia y fomento de la natalidad, pero también ha sido criticado por ejemplificar la visión que los conservadores polacos tienen de la mujer: la encargada del hogar y la crianza de los niños, no una persona integrada en el mercado laboral y con ambiciones.

Las noticias sobre un impuesto a las parejas sin hijos son un tema recurrente en los mentideros políticos, así como la eventual consideración de delito el que una mujer embarazada beba alcohol o ponga en riesgo con sus hábitos (por ejemplo, hacer ciertos deportes) la vida del feto. En Polonia las mujeres se jubilan a los 60 años, frente a los 65 de los hombres, otra medida que llegó de la mano del PiS y que algunos consideran injusta porque limita el techo profesional de las mujeres en algunos trabajos.

Una mujer contra el 'establishment'

Stanislawa Kuzio-Podrucka no es el tipo de mujer que ensalzan los conservadores polacos. Esta madre soltera de 43 años, vecina de Zgorzelec, en la Baja Silesia, es conocida por enfrentarse en solitario a los grupos de ultras que solían manifestarse en el pueblo contra los inmigrantes, las feministas o las minorías. Megáfono en mano, Stanislawa, una mujer menuda pero de gran carácter, se plantó frente a los ultras y comenzó a coordinar concentraciones como la “czarny protest”, a la que ahora acuden incluso personas de la cercana Alemania. En declaraciones al medio 'Balkan Insight', asegura no tener miedo porque “está haciendo lo correcto”, si bien no puede evitar preguntarse “qué haría la gente si ve que me atacan. ¿Me defenderá alguien?”.

Uno de los estereotipos que se asocian con las mujeres del Este de Europa es su deseo de formar una familia estable cuanto antes y dedicarse a la vida familiar en el hogar. Pero en los últimos tiempos, cada vez son más las polacas que se han incorporado a la vida laboral y además de gozar de autonomía económica están dejando de aceptar el rol dependiente que se les asignaba. Eso y la llegada de cientos de miles de inmigrantes ucranianas, jóvenes y más apegadas a una mentalidad “como las mujeres de antes” ha provocado una pequeña revolución entre cierto tipo de hombres polacos.

Si en el pasado existía el mito del extranjero adinerado que atraía la atención de las polacas con su cartera llena, ahora son algunos polacos quienes se consideran en una posición parecida y optan por buscar una chica ucraniana que comparta -o al menos acepte- la idea de perpetuar el eterno femenino de la mujer tradicional polaca.

Acostumbrados a tener en casa a una esposa adorable que se ocupa del hogar y los niños, apoya a su hombre sin discutir y consiente con sus caprichos sin exigir nada a cambio, sigue siendo la meta para los polacos más tradicionales que se lamentan de que sus compatriotas ya no son como eran, les gusta salir con sus amigas, tienen ideas modernas y quieren a su lado un hombre que sea, como se quejaba alguien en un foro de internet, “guapo como Beckham, rico como Trump y sensible como un gay”.

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