LA NUEVA DAMA DE HIERRO DE RUMANÍA

¿Quién teme a Viorica Dancila? De mujer florero a matriarca del socialismo rumano

Su peinado de otra época llegó a ser comparado con el de Trump y muchos le acusaron de ser una marioneta de Dragnea. Pero, poco a poco, se está haciendo con todo el poder del país

Foto: El papa Francisco y Vasilica Viorica Dancila, la primera ministra rumana. (EFE)
El papa Francisco y Vasilica Viorica Dancila, la primera ministra rumana. (EFE)

Hace más de un año y medio, Viorica Vasilica Dancila se convirtió en la primera mujer en dirigir el gobierno de Rumanía, pero muy pocas feministas le reconocieron el mérito. Dancila era, después de todo, la nueva cara de un Gobierno mal visto en Europa y estaba sometida al líder del poderoso Partido Social Demócrata (PSD), Liviu Dragnea, el caudillo corrupto de provincias que en su desesperada búsqueda por controlar el país acabó preso.

Nadie hasta hace unas semanas daba un duro por Viorica Vasilica, como le llamaban con sorna sus enemigos, ya que estos dos nombres terminan en un sufijo que indica diminutivo y producen una cacofonía cómica. La nueva primera ministra era una mujer anticuada con un peinado de otra época, que llegó a ser comparado con el de Trump. Las pifias que trufaban sus discursos fueron carnaza para políticos y periodistas que se burlaban de ella en las redes y la televisión.

“Desde su primer día de mandato fue percibida como una marioneta de Dragnea”, explica Stefan Marinescu, un experto en márketing que ha trabajado en campañas electorales, a El Confidencial. “Unos hacían bromas sobre su peculiar peinado y se reían de sus errores al hablar. Otros preferían ignorarla, pero nadie se la tomaba en serio”, agrega Marinescu.

Una marioneta muy independiente

Sin embargo, las cosas parecen haber cambiado. Desde que Dragnea fuera condenado por corrupción e ingresara en prisión el 27 de mayo, Dancila se ha hecho con el mando del mayor de los partidos rumanos. La primera ministra ya trabaja con determinación en reparar la maltrecha imagen de los socialdemócratas rumanos ante el electorado y la Unión Europea.

"Tras el arresto de su mentor, se ha adaptado rápidamente a la situación, ha creado puentes entre quienes le apoyan y los adversarios de Dragnea y ha conseguido convertirse en presidenta del PSD”, comenta este experto.

Los comicios legislativos de finales de 2020 la prueba de fuego sobre la verdadera talla política de Dancila. “Las elecciones nos dirán si Viorica Dancila puede representar el papel de madre del partido y de la nación, adepta al diálogo y al equilibrio -como ella quiere definir su imagen-, o si pierde las riendas del mastodóntico partido y del gobierno y vuelve a ser el personaje del que todos se burlan”.

Viorica Vasilica Dancila (Teleorman, Rumanía; 1963) llegó a lo más alto de la política rumana en un momento difícil. Era enero de 2018 y esta eurodiputada desconocida en su país era elegida por su partido para ser primera ministra. Más que una oportunidad, el cargo parecía un regalo envenenado. Dos primeros ministros habían dimitido desde que el Partido Social Demócrata (PSD) ganara con contundencia las elecciones de diciembre de 2016. Ambos se habían marchado por diferencias con Liviu Dragnea, el todopoderoso líder del partido.

Vetado para entrar en el gobierno por una condena por comprar votos, Dragnea gobernaba en la sombra por persona interpuesta. Su gran prioridad era reformar el sistema de justicia para reducir las penas y los plazos de prescripción de delitos de corrupción -como el que se le imputaba por contrataciones irregulares en la administración-. Pagó cara la apuesta y, entre masivas protestas ciudadanas y una clamorosa derrota en las europeas, el gran caudillo acabó preso.

El saco de boxeo contra Bruselas

Viorica Dancila fue la encargada de ejecutar unas reformas que le valieron duras críticas de Bruselas. La Comisión Europea amenazó con dejar sin derecho de voto a Bucarest por lo que percibía como un ataque sin cuartel a la independencia judicial. El Gobierno rumano respondió elevando su retórica contra una "conspiración extranjera" con terminales en todas las grandes capitales de Occidente que tenía su brazo ejecutor en las multinacionales que “envenenaban” a los rumanos con los productos que no podían vender en Europa.

Mientras metía la mano en la justicia para combatir al “Estado paralelo” que boicoteaba al gobierno desde las cloacas, el obediente gabinete de Dancila subía las pensiones y los sueldos. Pese al ruido de la oposición y los eurócratas, la economía crecía más que ninguna otra en Europa al calor del consumo impulsado por los aumentos. El PSDragnea -como lo llamaría un socialdemócrata crítico al partido- confiaba en que los rumanos se lo reconocerían en las urnas en las europeas del 26 de mayo. Pero las cosas salieron de otra manera.

El PSD perdió ante la oposición conservadora. El partido pasó de conseguir el mejor resultado de su historia en las legislativas de 2016 a perder la mitad de sus votos y cosechar sus peores números aquel domingo fatídico. Además, los rumanos votaron masivamente en un referéndum convocado para ese día por el presidente del país, el conservador y enemigo del PSD Klaus Iohannis, contra la reforma judicial del gobierno. Al día siguiente cayó Dragnea.

Después de muchos aplazamientos, la justicia le condenaba a tres años y medio de cárcel por el caso de las contrataciones fraudulentas. El primer ministro 'de facto' entraba ese mismo día en prisión dejando a los pies de los caballos al partido y a la sufrida Dancila.

Un giro gatopardiano

Lejos de hundirse junto a su mentor, Dancila comenzó a desmarcarse de las políticas más polémicas de la era Dragnea. Abandonó la retórica nacionalista impuesta por su exjefe y cesó a los consejeros israelíes que la habían diseñado. Aún como presidenta interina del partido quiso tranquilizar a la Comisión y viajó a Bruselas. Dejó que Jean-Claude Juncker le besara la mano y reconcilió al PSD con la familia socialista europea.

En Europa y ante la opinión pública rumana aseguró que no habría más cambios en el sistema de justicia. De puertas adentro, en cambio, tranquilizó a los cuadros del partido: las reformas judiciales y administrativas aprobadas para que el PSD incrementara su control del Estado no se revocarán y son parte innegociable del 'status quo'.

Dancila ha conseguido disipar la tensión con una Comisión Europea en transición y a la que le convenía la calma. En casa, ha sido capaz de conciliar los intereses de las diversas facciones del PSD para obtener un mandato sólido al frente del partido. Pero los retos más complicados están por llegar.

La nueva matriarca del socialismo rumano tiene por delante las elecciones presidenciales de noviembre, en las que el actual presidente Iohannis es favorito indiscutible y para las que el PSD ni siquiera tiene candidato elegido. Más allá de los nombres, el PSD ha sufrido el desgaste de los años de Dragnea, una figura con fuertes vínculos con Dancila, y no tendrá fácil recuperar la confianza del electorado que le dio masivamente la espalda en las europeas.

Las amenazas para su liderazgo vendrán también del seno del propio partido. Los grupos de interés más poderosos del PSD podrían haber entregado por ahora el timón a Dancila para que sea ella la que absorva los golpes que vienen, considera el analista Mihai Isac. Sin embargo, Dancila tiene habilidad suficiente para salir airosa de la encrucijada -por el momento- y aprovechar su única oportunidad para continuar en primera línea de la política.

Su futuro lo marcará la economía

La economía será fundamental a la hora de decidir la suerte de Dancila. Rumanía presenta tasas de crecimiento notables, aunque en franca desaceleración. Del 7% de 2017, se pasó a un 4,1% en 2018 y para el presente ejercicio se espera algo más del 3%, más de dos puntos por encima de la media europea prevista por Bruselas, pero menos de la mitad que hace dos años.

Pero algunos economistas, el Fondo Monetario Internacional y la Comisión Europea advierten que estas cifras están amenazadas por la inflación y sustentadas casi exclusivamente en una subida del sueldo mínimo, los salarios de los funcionarios y las pensiones. Esto podría hacer rebasar el límite de déficit marcado por Bruselas al final de 2019 y generar desconfianza en la economía rumana.

“Si el gobierno quiere mantener este ritmo de gasto social deberá mostrar que la economía se lo permite”, explica Radu Magdin, analista político y experto en comunicación, a El Confidencial. “Más allá de la gramática o del carisma personal de Dancila, lo importante será la credibilidad económica”.

Europa

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