ELECCIONES EN ALEMANIA

El peligro de que Alemania se divida otra vez: por qué el Este apuesta por la ultraderecha

AfD podría ganar o quedar segundo en las elecciones regionales de Brandenburgo y Sajonia, demostrando una fractura invisible que sigue en pie pese a la caída del Muro de Berlín hace treinta años

Foto: Campaña de AfD en Sajonia. (Reuters)
Campaña de AfD en Sajonia. (Reuters)

En los últimos años cinco años, el comercio entre Sajonia y Rusia se ha hundido un 72,5%, mientras que en Alemania occidental la reducción apenas es del 17%. Uno de los principales motivos es que la economía de la Alemania oriental depende en gran medida de las medianas empresas, como es el caso de Sajonia, más propensas a comerciar con Rusia, al menos hasta que la Unión Europea impuso sanciones a Moscú tras la invasión de Crimea en 2014.

Las elecciones regionales de este domingo en Sajonia y Brandemburgo, al este del país, pueden suponer un impulso histórico para la ultraderecha alemana, AfD (Alternativa Para Alemania), y amenazan con desestabilizar el tablero político germano. Mientras, diversas causas emergen para explicar por qué los alemanes del Este, treinta años después de la caída del Muro de Berlín y de la reunificación alemana, apuestan ahora por un partido prorruso, ultraderechista y xenófobo.

El 'poll of polls' de Politico (una agregación de las encuestas de 2019) muestra lo cerca que está AfD de lograr el primer puesto en Brandenburgo quitándoselo a la CDU de Merkel. Al mismo tiempo, cuatro años han bastado a Sajonia para convertirse en el nuevo bastión de la ultraderecha, pasando del 9,7% de los votos en las anteriores elecciones al 24,9% que podría obtener según los últimos sondeos, muy cerca de los conservadores (29,2%).

Es muy poco probable que AfD se haga con el poder en ninguno de estos dos sitios, porque sus rivales (el centro derecha, el centro izquierda y Los Verdes) se aliarán para evitar que la ultraderecha se haga con el poder. Sin embargo, esto refleja un cambio que no parece coyuntural.

En los últimos meses los analistas han intentado descifrar por qué AfD, cuyos líderes en su mayoría proceden del oeste del país, gana cada vez más simpatizantes en el este. Y algunos han llegado a la conclusión de que la campaña electoral no solo se ha centrado en azuzar el fantasma de la inmigración, sino que ha mezclado la frustración económica, el resentimiento identitario y la nostalgia rusa.

AfD, una ultraderecha especial

¿Pero Cuál es la ideología de AfD? El auge de los partidos de derecha radical en Europa en la última década ha enturbiado su análisis, porque se ha tendido a catalogar todos los partidos bajo la misma etiqueta. AfD no es lo mismo que el PiS polaco o Vox: "De alguna forma, AfD se parece al Frente Nacional de Le Pen. Se le puede describir como un partido derecha-izquierda o nacionalsocialista. Es nacionalista y antiinmigrante pero también apoya un fuerte estado de bienestar y de intervención estatal", explicaba Jeffrey Gedmin en un reciente artículo para el 'think tank' norteamericano Brookings.

Si hay una pistola humeante es su postura sobre las inflexibles políticas migratorias, sobre todo después de que Angela Merkel aceptara acoger un millón de sirios en 2015. Pero es la mezcla de lo económico y lo cultural lo que acaba desembocando en un clima de resentimiento, como destaca Gedmin:

"No existe una ideología uniforme de AfD [...]. Es una mezcla de la frustración del votante ante amplio abanico de quejas. AfD es un partido-protesta y una plataforma que, de repente, se ha vuelto a cuestionar preguntas controvertidas, muchas de ellas que tienen que ver con el pasado. Quizá, el número de musulmanes migrantes que ha llegado a Alemania ha agitado el debate y ha centrado la atención de algunos en preguntarse qué significa ser alemán".

La inmigración influye también en la percepción de una identidad atacada: "Hay mucha gente en Alemania del Este que lamenta de forma crítica cómo se ha ido rompiendo la relación con Europa del Este", relataba Astrid Lorenz, un profesor de Ciencia Política de la Universidad de Leipzig en una reciente entrevista con el medio alemán Taggeschau. Lorenz se refiere a un cambio de "percepción de identidad" que también se refleja en el recuerdo de un pasado ruso: actualmente más de tres millones de inmigrantes de estados exsoviéticos viven en Alemania, sobre todo en el Este.

En los últimos años, el porcentaje de personas que se sentían "alemanes del Este" ha aumentado de forma considerable, casi al mismo tiempo que caía el porcentaje de alemanes orientales que se declaraban "alemanes". Pero los datos no se quedan ahí: el Instituto Allensbach preguntó el mes pasado a los alemanes orientales si consideraban que la democracia fuera la mejor forma de gobierno. Solo un 31% se mostró de acuerdo con la afirmación, revelando una preocupante caída respecto a 20017, cuando el 53% estaba de acuerdo. En contraste, más del 70% de los alemanes occidentales se mostraron de acuerdo con esa afirmación.

"Después del colapso del Este de Alemania, pensamos que cada vez nos pareceríamos más. Sin embargo, hoy vemos cómo esas diferencias han enraizado. El Este no se ha convertido en el Oeste. Al contrario: ha crecido la decepción y frustración en Alemania del Este", explicaba Steffen Mau, profesor de Sociología de la Universidad Humboldt en Berlín al Financial Times.

¿Pero y la economía?

Pero como hemos visto en diversos países de Europa, el auge de la ultraderecha no corresponde solo a la inmigración y a una identidad amenazada. El estado de la economía en la parte oriental de la locomotora de Europa ofrece dos posibles narrativas: la primera es que desde la reunificación alemana, el paro en el Este ha pasado de estar en el 20% a menos del 6% con muchas ciudades con pleno empleo. Además, el salario medio ha pasado de 1.970 euros en 2000 a 2.690 en 2017.

Sin embargo, la otra historia ofrece también otra imagen distinta: los salarios y el PIB per cápita siguen siendo un 20% menor al de Alemania occidental, igual que hace 15 años. Es decir, ni rastro de tan ansiada convergencia: "No hemos escuchado lo suficiente a la gente del Este de Alemania ni tampoco nos hemos preocupado", dijo hace una semana el presidente de la poderosa Confederación de la Industria Alemana (BDI, por sus siglas en inglés), Dieter Kempf, demostrando la preocupación de los empresarios ante una posible erosión de la confianza política.

Los sondeos para las elecciones nacionales rebajan las expectativas de AfD. El último realizado por la televisión pública ZDF muestra que el bloque conservador de Merkel obtendría un 28%. En segundo lugar estarían los Verdes (25%) y ya muy por detrás los socialdemócratas (13%), AfD (12%) y Die Linke (8%).

Además, un resultado desastroso para el SPD en las elecciones regionales de este domingo podrían desencadenar el fin de la coalición federal con la CDU. Esto provocaría el fin de los 14 años de reinado de Merkel y, probablemente, impulsaría a Los Verdes, que podrían volver a gobernar con otro partido como ya hizo con el SPD entre 1998 y 1995.

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