NADIE TIENE ILUSIÓN EN ATENAS

Traidor para la izquierda, infame para la derecha: ¿fin a la 'revolución' de Tsipras?

Tras cuatro años de un primer ministro ajeno a las grandes familias políticas, Grecia completará el giro gatopardiano, haberlo cambiado todo para que nada cambie

Foto: Alexis Tsipras. (Reuters)
Alexis Tsipras. (Reuters)

Hace apenas cuatro años un partido y sobre todo un hombre, originarios de uno de países más golpeados por la crisis, Grecia, pareció llegar a la escena política y tomar la palabra para comerse Berlín, la Eurozona y cualquier institución o acreedor que se le pusiera por delante. Alexis Tsipras y Syriza representaron entonces para muchos, incluidos Podemos, la esperanza de que la solución al batacazo financiero pudiera llegar por la izquierda. Que los ideales "revolucionarios" podían doblegar al llamado "sistema".

Prolepsis a 2019: el panorama no podría ser más distinto. Tsipras se enfrenta este domingo a unas elecciones legislativas anticipadas sin apenas posibilidades de ganar. El hombre que llegó a revolucionar Europa ha caído por su propio peso.

Las decisiones —muchas veces difíciles— que ha tomado durante su mandato le han hundido sin remisión en las encuestas: la izquierda le considera en cierto modo un "traidor" a sus ideales, el centro le recrimina que haya aplicado unos recortes iguales o peores que sus predecesores, y la derecha… la derecha nunca le ha tragado.

El todavía primer ministro se vio abocado a convocar los comicios tras el batacazo en las elecciones europeas y locales, que se celebraron a la vez. Tsipras dijo entender la "fatiga y rabia" de la población, aunque pidió ser reelegido para que hubiera un Gobierno con "las manos desatadas", y prometió crear medio millón de empleos y bajadas de impuestos.

Vuelven las dinastías

Como él mismo seguramente ya sabe, sus promesas van a caer en saco roto. La encuestas desde hace meses son inapelables: los conservadores (Nueva Democracia) obtendrían alrededor de un 34% de los votos, mientras que Syriza se quedaría en torno al 24%.

Las encuestas también vaticinan el "regreso" del Pasok, que sería tercera fuerza, y la entrada del partido de Yanis Varoufakis, MeRA25, en la cámara. La extrema derecha quedará dividida.

La inminente derrota de Tsipras traerá como consecuencia el regreso de la dinastía de los Mitsotakis, que junto a los Papandréu (socialistas) y los Karamanlís (conservadores) han copado los principales puestos del poder desde la vuelta de la democracia al país. En este caso será Kyriakos, de ideología neoliberal, cuya hermana es alcaldesa de Atenas, el que ocupe el cargo. Tras cuatro años de un primer ministro ajeno a las grandes familias políticas, Grecia completará el giro gatopardiano, haberlo cambiado todo para que nada cambie.

Tras un primer ministro ajeno a las grandes familias políticas, Grecia completará el giro gatopardiano, haberlo cambiado todo para que nada cambie

Mitsotakis no se las puede prometer muy felices. Su programa, basado casi en exclusiva en recortes de impuestos —precisamente una de las grandes peticiones de la clase media— y privatizaciones es poco ilusionante, y su éxito electoral es más demérito de Tsipras que mérito suyo.

El voto anti Tsipras y la abstención son los esteroides de su resultado electoral. Nada le garantiza además que con Grecia bajo la supervisión "blanda" de la troika pueda llevar a cabo lo que promete. Si es poco prudente puede acabar más pronto que tarde en un cenagal de protestas y huelgas como casi todos sus antecesores recientes. Llegado ese caso, su apellido se puede convertir en una desventaja.

Nadie tiene ilusión

La eventual victoria de Mitsotakis, ¿es mérito suyo o demérito de Tsipras? "Ambas cosas son ciertas. Mitsotakis aprovecha el resentimiento contra Tsipras porque Syriza no pudo aliviar el sufrimiento de la austeridad suficientemente rápido. Que las promesas que hicieron antes de la campaña... solo pudieron mantener algunas", explica el analista y periodista Yannis Baboulias.

Por otro lado, el principal inconveniente para Tsipras será la baja participación: "No es que haya muchos votantes que cambien de un partido a otro, sino que muchos votantes de Syriza no estarán suficientemente motivados para votar", agrega el experto.

Las calles griegas que deja Tsipras están más calmadas, pero ni mucho menos ha mejorado sustancialmente desde el principio de los rescates, ni que decir tiene con la salida en agosto del tercer y último. Ha sido más el cansancio por manifestarse sin resultado lo que ha dejado de sacar a los griegos a la calle con tanta frecuencia.

Siendo uno de los países con los sueldos más bajos de la Eurozona, los alimentos griegos son un 5,2% más caros que la media europea, según Eurostat. El precio de la conexión a internet, por ejemplo, es un 50% que la media del resto de los países. Los hogares y los negocios hacen malabares para mantenerse a flote.

Esto no es necesariamente culpa de Tsipras, ya que se puede explicar por una mezcla de dificultades para importar, ineficiencias de mercado y subidas del IVA, pero contextualiza el hartazgo de la población, que ve como los servicios públicos funcionan a duras penas a pesar de los elevados impuestos, por lo que se ven abocados a contratar servicios básicos en el sector privado, y esto a su vez les dificulta el llegar a fin de mes (el que llega). Además de estar acumulando cada vez más deuda por impuestos atrasados.

Los pensionistas y funcionarios han visto reducida a la mínima expresión su retribución, y los más adultos ven como la fuga de cerebros es imparable hacia países del centro y norte de Europa. Cerebros necesarios para la reconstrucción de un sistema roto por todos los costados.

Tsipras acabó con el sistema de tejido empresial-político... para crearse uno a su medida con su propia gente

El balance que deja el primer ministro es en general bastante negativo: retrasó las negociaciones con la troika a base de forzar un pulso que no podía ganar y acabó aceptando unas condiciones seguramente más duras que las que hubiera podido obtener con guante de seda. Además, terminó con el sistema de tejido empresial-político, con el tráfico de influencias con los grandes grupos, con los grandes medios… para crearse uno a su medida con su propia gente.

Todo ello mientras aseguraba que estaba haciendo la revolución y que estaba doblegando a Bruselas y a los poderes fácticos.

No obstante, el primer ministro ha dejado también algunos avances sociales y políticos que no ganan unas elecciones, pero que le pueden situar en el lado bueno de la historia de los libros. Por ejemplo, la aprobación de las uniones de personas del mismo sexo, a pesar de la fiera oposición de la Iglesia ortodoxa; la naturalización de los niños de origen albanés que no tenían derecho a la ciudadanía (la versión griega de los 'dreamers'), y, por supuesto, el pacto para resolver la disputa con la ya llamada Macedonia del Norte, para lo cual tuvo que enfrentarse a resistencias dentro incluso de su partido, pero que quedará como la primera resolución pacífica de un conflicto en los Balcanes desde la desintegración de Yugoslavia.

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