La polémica Da Vinci

El soberanismo de la Liga de Salvini, al ataque de la cultura

La carrera del nacionalismo ultraconservador italiano ya se extiende más allá de la política y ataca a la cultura. El caso de Morelli, un diputado de la Liga Norte, es emblemático

Foto: Matteo Salvini. (EFE)
Matteo Salvini. (EFE)

La carrera del nacionalismo ultraconservador italiano ya se extiende más allá de la política y ataca a la cultura. El caso de Morelli, un diputado de la Liga Norte que ha pedido que las emisoras de radio transmitan al menos un 30% de música italiana, es emblemático. En febrero, el parlamentario y exdirector de Radio Padania Libre (la emisora radiofónica de la Liga, fundada en 1990) presentó su propuesta de ley. Titulada 'Disposiciones en materia de programación radiofónica de la producción musical italiana', la iniciativa cosechó consensos y ahora se encuentra en trámite parlamentario.

“La propuesta no solo obtuvo el apoyo de varios artistas locales. “Eso es poco. Mejor que sean italianas siete de cada diez canciones”, dijo el conocido cantante de pop romántico Albano Carrisi. También fue bien recibida por la Sociedad Italiana de Autores y Editores (la SGAE italiana)”, explican desde la oficina de Morelli.

“En Francia ya lo hacen y nadie nunca se ha escandalizado”, defendió por su parte Giancarlo Giorgetti, brazo derecho del líder legüista Matteo Salvini, en referencia a una ley francesa de 1996 (cuando el presidente del país era el político Jacques Chirac) que estableció una cuota mínima del 40% de música francófona en las emisoras de radio galas.

Pero no todos están de acuerdo. “Me parece una tontería. No sé qué músico hubiera sido yo si de joven no hubiese podido escuchar a tantos artistas extranjeros”, ha criticado, en cambio, el reconocido cantante y autor Francesco De Gregori. Muchos otros han tildado la medida de innecesaria -los más escuchados en Italia ya son artistas de nacionalidad italiana, según la última clasificación de 2018-. Incluso ha habido algún opinador mordaz que recordó el ejemplo más nefasto de italianización: el del dictador Benito Mussolini, quien llegó a prohibir la emisión de programas radiofónicos en otros idiomas.

La polémica Da Vinci

Por supuesto, este no es un caso aislado. El debate ha alcanzado a Leonardo Da Vinci. Francia ha pedido préstamos de sus obras por el quinto centenario de la muerte del genio italiano (que falleció en 1519 en Francia) para una exposición en el museo del Louvre de París en octubre.

El resultado ha sido un aluvión de protestas por parte de la Liga. “Leonardo es italiano. En Francia solo ha muerto. Prestar todas esas obras a Francia sería marginar a Italia”, consideró Lucia Borgonzoni, subsecretaria del Ministerio de Bienes Culturales de Italia. “También estoy en contra de prestar el dibujo del Hombre de Vitruvio”, repitió Borgonzoni. Mientras que Federico Mollicone, diputado de Hermanos de Italia (derecha), ha anunciado la presentación de una interrogación parlamentaria para pedir explicaciones sobre el posible traslado a París del Hombre de Vitruvio, conservado desde 1822 en una cripta subterránea en un museo en Venecia.

“El Hombre de Vitruvio y el retrato de Leonardo —junto con la Mona Lisa— son las obras más conocidas de Leonardo. Prestarlas en ocasión del aniversario, en lugar de valorizarlas en una muestra en Italia, es un verdadero acto de vasallaje (a Francia)”, argumentó Mollicone. De poco ha servido de momento que la respuesta haya sido que, en verdad, estas colaboraciones entre instituciones culturales son una praxis consolidada entre los países ni que, si alguna objeción hay que hacer, es que la obra es muy frágil y que por ello no puede ser trasladada.

El historiador de arte Tomaso Montanari lo tiene claro: “Borgonzoni lo ha hecho (decir ’no’ al préstamo) porque odia a Francia y considera que Leonardo es un producto italiano que hay que defender”.

Los “extranjeros"

El debate se ha incendiado por las controversias políticas (y no artísticas o culturales) internas. La decisión de autorizar estos préstamos a Francia remite a un acuerdo alcanzado con Francia durante el mandato de Dario Franceschini, el ministro de Cultura italiano (de centroizquierda) hasta marzo del año pasado, cuando se formó gobierno.

Franceschini, en concreto, acordó entregar algunas obras de Leonardo a París, a cambio de otras del pintor y arquitecto Rafael Sanzio, cuyo quinto aniversario de muerte (1520) Italia pretende celebrar con algunas exposiciones que tiene planeadas para 2020.

Pero esa no es la única decisión de Franceschini que la Liga de Salvini quiere ver anulada. Otro asunto espinoso es el de los directores de los museos. En 2015, de hecho, Franceschini tomó la decisión de nombrar directores extranjeros para dirigir siete de las veinte instituciones de museos más grandes de Italia. El objetivo era mejorar la oferta italiana y competir con los otros grandes museos internacionales.

De esta manera el historiador de arte alemán Eike Schmidt empezó a dirigir prestigioso museo de los Uffizi de Florencia, el británico James Bradburne tomó las riendas de la Galería Brera de Milán y Cécilia Holberg se convirtió en la directora de la Galería de la Academia de Florencia. Mientras tanto, los austríacos Peter Aufreiter y Peter Assmann se convirtieron, respectivamente, en los directores de la Galería de Umbría y en el del Palacio Ducal de Mantua. En cambio, un alemán, Gabriel Zuchtriegel, pasó a administrar el parque arqueológico de Paestum y un francés, Sylvain Bellenger, el museo Capodimonte en Nápoles.

Aumento de visitantes

Una circunstancia sobre la que incluso se vio obligado a pronunciarse el Consejo de Estado italiano, después de que algunos candidatos descontentos manifestasen su malestar por la inédita presencia de directores no italianos en puestos de prestigio. Sin embargo, el Consejo de Estado finalmente se dijo favorable y todo se silenció por un tiempo, también a raíz de los buenos resultados conseguidos por el grupo.

En concreto: un aumento de 10 millones de visitantes de 2016 a 2018 (de 45 millones a más de 55 millones), según cifras oficiales. Un resultado que podría no ser suficiente para que muchos de estos directivos mantengan sus puestos. “Desde que asumió el nuevo Gobierno, se han multiplicado las señales que indican que sus contratos podrían no ser renovados”, explicaba una fuente cercana a varios de los involucrados.

Una de estas señales habría sido la negativa en el último momento del ministerio de Cultura de autorizar el traslado de la pintura 'Siete obras de misericordia' de Caravaggio, normalmente custodiada en la iglesia Pio Monte della Misericordia. Esta debía viajar hasta el museo napolitano de Capodimonte, ubicado a dos kilómetros de distancia y dirigido por el francés Bellenger. Una negativa que el mismo Bellenger denunció y que finalmente tuvo como consecuencia que la exposición prevista en Nápoles tuviera que reorganizarse de otra manera.

Algunos de estos directivos ya han empezado a decir adiós a Italia antes de ser formalmente alejados del país. Es el caso de Eike Schmidt, quien, hace pocos días, confirmó que abandonará los Uffizi de Florencia para ir a dirigir el museo Kunsthisstorissches de Viena. Peter Assman podría seguir el mismo camino puesto que, según indiscreciones filtradas por la prensa italiana, ya tendría un nuevo puesto en un museo austríaco.

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