CAPUTOVA TOMA EL PODER EN ESLOVAQUIA

La mujer que puede cambiar el Grupo Visegrado

Con su programa proeuropeo y progresista, Zuzana Caputova se acaba de convertir en la primera fisura del Grupo Visegrado respaldada por las urnas

Foto: Zuzana Caputova poco antes de un debate con otros candidatos a las presidenciales de Eslovaquia. (Reuters)
Zuzana Caputova poco antes de un debate con otros candidatos a las presidenciales de Eslovaquia. (Reuters)

En la fiesta populista y ultraconservadora en que se ha convertido Europa central se ha colado una mujer sin invitación ni acompañante. Se trata de Zuzana Caputova, apodada como la “Erin Brockovich” eslovaca. Completamente desconocida hasta hace pocos meses, esta abogada de 45 años consiguió arrasar en la primera ronda de las elecciones presidenciales de Eslovaquia y acaba de confirmar su victoria en la ronda final celebrada este fin de semana. Con su programa proeuropeo y progresista, se acaba de convertir en la primera fisura del Grupo Visegrado respaldada por las urnas.

Revisando sus propuestas, podría decirse que Caputova está en sintonía con las tendencias que están en auge en Europa y especialmente entre los vecinos de Eslovaquia: críticas a los abusos de poder, descontento con la clase política –con la que no se siente identificada-, respaldo de la clase media y promesa de una regeneración nacional. Pero Caputova no tiene adscripción política, aunque se la identifique con posiciones de centro-izquierda, es claramente proeuropea y, a diferencia de sus rivales, presenta una cara moderna que ha demostrado tener carisma y tirón popular, que no populista.

En el debate televisivo que según los analistas le hizo ganarse la confianza de los eslovacos, Caputova se mostró moderada, aguantando sin perder el tipo los ataques del candidato del Gobierno, Maros Sefcovic, que mostró una actitud agresiva y no ocultó su frustración por tener que lidiar con una oponente a la que resulta difícil ubicar en el espectro político y que además es mujer. Sefcovic había preparado el terreno con virulentos mensajes en las redes sociales y declaraciones a los medios que apelaban a los valores más conservadores y a las convicciones cristianas de sus compatriotas. Otros candidatos, como el exministro de Justicia Stefan Harabin, recurrieron a los sentimientos extremistas diciendo que “los musulmanes están violando a las europeas todos los días en Alemania y Francia”. Caputova no levantó la voz ni repondió a las provocaciones y consiguió un 41% de los votos frente al escaso 18% de Sefcovic. Los otros 11 candidatos quedaron eliminados en la primera votación. En la votación final, Caputova se aconvirtió en la primera Presidenta de Eslovaquia al obtener un 58% de los votos.

En Eslovaquia, el puesto de presidente tiene poco poder ejecutivo, pero ostenta un gran poder representativo. Antes de un año habrá elecciones generales en el país, y la irrupción de Caputova en el panorama político puede marcar un cambio de tendencia que finiquite la hegemonía del SMER, que ya perdió su mayoría en 2016, y al que muchos ciudadanos eslovacos ven como un partido que simboliza todos los males de las democracias europeas: corrupción, elitismo, falta de sintonía con los problemas de la clase trabajadora.

Cuando hace poco más de un año el periodista eslovaco Jan Kuciak y su prometida fueron asesinados, la confianza de los ciudadanos de este país en el sistema quedó en suspenso. El doble crimen conmocionó a Eslovaquia y los detalles de la investigación, que destaparon conexiones entre la mafia italiana, políticos de alto nivel y empresarios multimillonarios, crearon un ambiente de indignación popular. Como si fueran las piezas de un dominó, los símbolos del poder –la élite política, los magnates de los negocios, los medios de comunicación y la policía- fueron cayendo uno tras otro y un movimiento ciudadano espontáneo tomó las calles demandando una regeneración nacional. El primer ministro Robert Fico tuvo que dimitir y fue entonces cuando Caputova, que había alcanzado cierta notoriedad con su litigio por una ocupación ilegal de tierras-, decidió concurrir a las elecciones presidenciales. Para muchos eslovacos, la diferencia entre Caputova y el resto de los candidatos es la que hay entre una ciudadana decepcionada que quiere hacer política frente a unos políticos que han decepcionado a sus ciudadanos.

Resulta muy significativo que una persona que hasta hace tres meses no aparecía en los radares de los medios y que jamás había participado en política se haya convertido en presidenta de un país como Eslovaquia. El profundo desencanto que muestran millones de ciudadanos del centro y este de Europa se ha traducido en la mayoría de los casos -Polonia, Hungría, República Checa, Rumanía- en apoyar opciones extremistas que prometen cambios radicales en la sociedad, la recuperación de valores tradicionales y reivindicar el orgullo nacional a cambio de degradar las reglas de la democracia y permitir gobiernos populistas que, si bien alcanzan el poder gracias a las urnas, luego abusan de él para cambiar las reglas de la democracia y convertirla en otra cosa.

En Bratislava, el primer aniversario del asesinato del periodista Kuciak y su pareja se convirtió en una celebración cívica que mandaba un mensaje a sus gobernantes: no todo vale. En países como Polonia, el reciente asesinato del alcalde de Gdansk por parte de un perturbado que gritó consignas contra la oposición antes de cometer el crimen solo ha servido para exacerbar el cruce de acusaciones, insultos y amenazas que desde hace años violenta el debate político en este país. En Budapest, las manifestaciones de este invierno contra el gobierno de Víktor Orbán fueron objeto de burla por los miembros de su gobierno y un diputado de la oposición fue golpeado brutalmente cuando intentó leer un manifiesto.

El primer ministro húngaro, Viktor Orban, se prepara para posar en la foto de familia de una cumbre del Consejo Europeo. (EFE)
El primer ministro húngaro, Viktor Orban, se prepara para posar en la foto de familia de una cumbre del Consejo Europeo. (EFE)

Encajada entre países desde donde la deriva totalitaria toma impulso para extenderse por el resto de Europa, Eslovaquia es una pequeña nación con apenas 5 millones y medio de habitantes. Durante el último siglo, su accidentada historia ha incluido varias guerras, cambios de regímenes políticos y modificaciones de sus fronteras. Desde la “Revolución de Terciopelo” de 1989 no se habían producido en Bratislava manifestaciones tan numerosas como las protestas por el asesinato del reportero Kuciak. Según contaba uno de los organizadores de la manifestación a un canal de televisión eslovaco, “es como si de pronto hubiésemos abierto los ojos y nos hubiéramos dado cuenta de que los enemigos no son los extranjeros, los musulmanes o los gais; los enemigos son ellos, los políticos de siempre”. Refiriéndose a las razones que le habían llevado a meterse en política, Caputova declaraba al 'New York Times' que “la gente se siente frustrada y decepcionada, desean un cambio. Algunos candidatos han preferido explotar este miedo. Pero para mí, utilizar emociones como el odio y el miedo es algo destructivo”.

Zuzana Caputova recuerda en una entrevista cuando hace años tomó un café con Marian Kocner, el hombre de negocios que ha sido acusado de estar detrás del asesinato del periodista. En aquel entonces Caputova y Kocner estaban enfrentados en un litigio sobre el uso ilegal de unas tierras. “Me preguntó si le tenía miedo y le respondí que no. Pero fue uno de los cafés que más rápido he tomado en mi vida”, asegura, recordando que ya entonces sabía que era uno de los hombres más fuertes y temidos de Eslovaquia. En su discurso televisado en directo desde el Mercado Viejo de Bratislava, Caputova se tomó su tiempo para hablar en las cuatro lenguas que se hablan en su país (eslovaco, checo, húngaro y romaní), para luego recordar que “la decencia en política no es un signo de debilidad”.

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