en la negociación de nuevas normas europeas

Francia y Alemania evitan un choque frontal por el gaseoducto Nord Stream 2

El megaproyecto que conectaría las tuberías desde territorio ruso hasta Alemania levanta suspicacias en la UE desde hace años. Ese roce ha alcanzado un nuevo nivel en las últimas horas

Foto: Zona de construcción del gaseoducto Nord Stream 2 (EFE)
Zona de construcción del gaseoducto Nord Stream 2 (EFE)

La historia entre la UE y el proyecto del gaseoducto Nord Stream 2 no es una de amor. Es más bien de recelos, desconfianza e incluso traición. La construcción de este megaproyecto que conectaría directamente las tuberías desde territorio ruso hasta Alemania por debajo del mar del norte (más de 1.200 kilómetros) lleva levantando suspicacias en la UE desde hace muchos años, y ese roce ha alcanzado un nuevo nivel durante las últimas horas.

Los embajadores permanentes ante la Unión Europea de todos los Estados miembros se reunían este viernes en Bruselas para intentar llegar a un acuerdo sobre la propuesta de enmienda a la actual normativa europea sobre gas. El documento establecía un control mucho más fuerte por parte de la UE sobre los gaseoductos que conecten a un país del bloque con uno tercero. Y ese, precisamente, es el caso del Nord Stream 2.

Berlín lleva años protegiendo este megaproyecto que Bruselas considera político: va en contra de la prioridad de la UE de no depender energéticamente de Rusia, a la vez que aísla a Ucrania, un socio clave para el bloque comunitario y que vería reducidos sus ingresos, ya que Moscú tendría una vía alternativa por la que hacer llegar su gas. Rusia se anexionó parte del territorio ucraniano, en concreto la península de Crimea, y la UE ha pedido en repetidas ocasiones que se respete la integridad territorial del país.

Por eso se siente que este proyecto es contraproducente: deja a un lado a Kiev y aumenta la dependencia energética de Rusia en vez de diversificar las fuentes de energía para la UE. Ante las malas miradas de Bruselas y de Estados Unidos Berlín se las había arreglado para seguir siempre adelante con el proyecto.

No solo Estados Unidos cree que este proyecto aumentaría la dependencia de Europa del gas ruso, también Polonia y los países bálticos lo ven como una mala decisión. Ante esta situación la Comisión Europea propuso una enmienda en 2017 a la directiva sobre mercados de gas, haciendo que ésta alcanzara también a los gaseoductos no intracomunitarios, es decir, los que conectan a un Estado miembro con un país tercero.

El problema era que desde que Bruselas lo había propuesto la enmienda no había conseguido salir a flote, se había quedado bloqueada en el Consejo por la fuerte oposición alemana. Pero todo dio un giro importante en la tarde del jueves, cuando Francia anunció que apoyaría la propuesta de enmienda por parte del Ejecutivo comunitario.

La nueva normativa obligaría a hacer cambios en el proyecto y forzaría a Gazprom a ceder el control sobre la infraestructura, ya que la actual directiva establece que el gaseoducto y el producto que corren por él no pueden pertenecer a la misma compañía.

El cambio de posición francesa hacía cambiar los equilibrios y parecía hacer mucho más posible la aprobación de la nueva enmienda a la normativa. Angela Merkel, canciller alemana, mostraba este mismo jueves su apoyo por el proyecto, y negaba que Berlín estuviera dispuesta a depender únicamente de energía rusa.

París explicaba que, sin embargo, seguiría trabajando durante las siguientes horas con sus socios, especialmente con Alemania. Y es justo lo que hicieron. La reunión del viernes comenzó con la sensación de estar ante un momento clave, especialmente para el eje franco-alemán, que hacía solo unos días había estrechado sus lazo con la firma del Tratado de Aquisgrán y que ahora se enfrentaba a una primera “puñalada por la espalda” del Gobierno de Macron que complicaba la vida a Merkel.

Emmanuel Macron y Angela Merkel durante su encuentro en Aquisgrán. (Reuters)
Emmanuel Macron y Angela Merkel durante su encuentro en Aquisgrán. (Reuters)

El giro hacia el acuerdo

Pero el cambio de posición francés obligó a Alemania a replantearse la situación. Si se oponía frontalmente corría el riesgo de que el resto de Estados miembros aprobaran una regulación tremendamente compleja para el proyecto Nord Stream 2, de la gigante rusa Gazprom. Así que no quedaba otra que negociar.

Por eso Berlín y París han acordado en el nuevo documento que la responsabilidad recaerá sobre el país en el que tenga su punto la primera interconexión, aunque luego ese gaseoducto se extienda por otros mercados europeos. “Ha habido de hecho un acuerdo que solo ha sido posible gracias a la cooperación estrecha entre Francia y Alemania”, ha asegurado Merkel ante medios alemanes.

En lo que consiste básicamente es que será el país al que llegue el gaseoducto de un país tercero el que decida si se le aplica o no la nueva normativa europea extendida. De esta forma será Alemania la que decida si el proyecto Nord Stream 2 debe estar o no sujeto a la nueva enmienda de la directiva, algo que con toda seguridad no ocurrirá.

Ahora los representantes del Consejo comenzarán negociaciones con la Comisión Europea, que sigue defendiendo su primera propuesta, así como con el Parlamento Europeo. Hasta que las tres instituciones no hayan alcanzado un acuerdo no se aprobará la nueva normativa.

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