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Cónclave para la presidencia en Italia y la maldición que tiene ser el favorito
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Elección del nuevo presidente

Cónclave para la presidencia en Italia y la maldición que tiene ser el favorito

Sus señorías votan el nuevo jefe de Estado con el 'aliciente' de alargar la legislatura para cobrar la pensión vitalicia

Foto: El hasta ahora presidente italiano, Sergio Mattarella. (EFE)
El hasta ahora presidente italiano, Sergio Mattarella. (EFE)

A partir de las 15:00 de hoy, los senadores, congresistas y delegados regionales italianos tienen la difícil tarea de elegir al nuevo presidente. Algunos analistas han definido este cónclave como “una batalla de todos contra todos”. El escenario es abierto para la elección de un puesto clave en la política italiana y continental. Los mercados y Bruselas miran con atención lo que sucederá en Roma. Lo que Italia va a mandar esta semana —la votación si no hay mayoría suficiente durará hasta que se consiga— es un mensaje. En un país donde las encuestas siguen dando la mayoría a la extrema derecha soberanista, la elección del jefe de Estado dirá hasta dónde puede llegar un Gobierno que juegue con postulados euroescépticos. El hasta ahora presidente, Sergio Mattarella, ha sido un ejemplo claro del importante papel que tendrá su sustituto. A Mattarella no le tembló la mano en rechazar la propuesta de un ministro de Economía antieuro o en inventar el tecnócrata Gobierno de Draghi para evitar unas elecciones que amenazaban con generar inestabilidad.

¿Cómo funciona el proceso de elección?

A partir del mediodía comenzarán a votar los llamados 1.009 grandes electores. Entre ellos, hay 951 que son parlamentarios y senadores, entre los que están los seis senadores vitalicios, y los 58 delegados regionales (tres por cada región menos Valle de Aosta, que tiene uno).

La votación, por motivo del covid, se hará por turnos de 50 personas y para los que están en cuarentena se ha habilitado una especie de voto desde el propio coche. En las tres primeras votaciones se exige para ser presidente obtener dos tercios de los votos, es decir, 673 apoyos, mientras que a partir de la cuarta votación vale la mitad más uno, es decir, 505 votos.

Foto: El presidente Sergio Mattarella. (EFE/Paolo Giandotti)

¿Cómo está la correlación de fuerzas?

Entendido, que es mucho entender en Italia, que hay dos bloques mayoritarios, y partidos y señorías que son un 'verso suelto', la correlación de fuerzas sería la siguiente: el bloque conservador, que incluye a Lega, Fratelli d’Italia (FdI) y Forza Italia, tendría 457 grandes electores, lo que supone quedarse a 48 votos de la mayoría simple de los 505. Por su parte, la izquierda del Partido Democrático (PD), a la que se sumarían los populistas del Movimiento 5 Estrellas (M5S), más los apoyos del izquierdista Liberi e Uguali (LEU), más Italia Viva y más +Europa, llegan a 407. En el medio, y como decisivos, quedarían 96 electores de todo tipo de procedencias (Grupo Mixto).

El problema es que ambos bloques están en entredicho. El conservador es más fiable, pero el presidente de Forza Italia, Silvio Berlusconi, no parece hoy un entusiasta de sus colegas de coalición, especialmente de los FdI de Giorgia Meloni, que no han apoyado tampoco con entusiasmo su candidatura, lo que ha provocado su renuncia.

Foto: La policía de Roma comprueba el pasaporte covid de los pasajeros de un autobús. (EFE/Fabio Frustaci)

En el caso del bloque populista y progresista, sencillamente llamarlo un bloque es ciencia ficción. Aquí puede pasar de todo. El M5S es una jaula de grillos, donde el grupo controlado por su ¿líder?, el ex primer ministro Giuseppe Conte, está enfrentado a otra parte del Movimiento que encabezan el ministro de Asuntos Exteriores Luigi Di Maio y su fundador Beppe Grillo. A eso se suma un PD que no ha tenido un plan claro, y el maquiavélico Matteo Renzi, quizás el político más socialmente odiado y más decisivo de la política italiana de la última década, que maniobra entre bambalinas sin que se sepa el rumbo. El que fuera primer ministro del izquierdista PD parece hoy un liberal convencido, cercano al centro derecha, al frente de su Italia Viva. Dentro de este bloque progresista/populista, puede suceder cualquier cosa.

¿Un salto de poltrona de Draghi?

El pasado jueves por la noche, la apuesta era que el hoy primer ministro Mario Draghi pasara a la presidencia. “Él quiere”, explicaban a El Confidencial, “pero se debe dar una circunstancia para que el plan sea viable: hay que encontrar una persona de consenso que sea nuevo primer ministro para no ir a elecciones”.

La hipótesis Draghi cuenta con el beneplácito de muchos. Por un lado, se pierde su valor como primer ministro, pero por otro se le ata para siete años respecto a los pocos meses que le quedan en el cargo. Italia tendrá elecciones en 2023.

Cuanto más cerca se esté de las elecciones, más opciones hay de que caiga el Gobierno por interés electoral. Especialmente interesada puede estar la Lega, que está viendo que participar en un Gobierno de coalición con populistas e izquierda le está suponiendo una sangría de votos que van a sus aliados y verdaderos competidores de FdI, única oposición a este Ejecutivo.

Foto: Silvio Berlusconi. (EFE EPA FABIO FRUSTACI)

¿Eso significa que Draghi tendría un apoyo masivo de sus señorías? No. Estamos en un escenario sin mayorías y, si atendemos a la historia reciente, generalmente ser el favorito en este cónclave ha sido sinónimo de derrota segura. La tradición dice que acaba siendo elegido un nombre que alguien había guardado pacientemente en una chistera y que se saca en el momento justo.

Además, Draghi sería un presidente incómodo. A ningún primer ministro le gustaría tener la sombra de Super Mario encima. Demasiada popularidad y prestigio para un cargo de jefe de Estado que en teoría es representativo.

Por otro lado, hacer saltar el Gobierno Draghi por los aires estaría peor visto que bajarse del barco de un sucesor con menos pegada.

Llegar hasta el 24 de septiembre

Muchos de los diputados y senadores que en septiembre de 2020 votaron a favor de reducir un tercio la representación en las cámaras parlamentarias no quieren oír de ninguna manera de ir a elecciones, señalan muchos analistas. En realidad, este factor de quedarse sin empleo y sin pensión en medio de un horizonte pandémico complicado es una de las razones de que la opción de colocar a Draghi en la presidencia y después disolver las cámaras e ir a elecciones esté hoy casi descartada.

De hecho, la mayor parte de sus señorías tienen una fecha marcada en rojo en sus calendarios: el 24 de septiembre de 2022. Si los representantes electos en Parlamento y Senado aguantan en las poltronas hasta entonces, se garantizan, al menos, tener los cuatro años, seis meses y un día de trabajo parlamentario que les exige la ley para garantizar su derecho a cobrar una pensión. En esa situación, según explica un artículo del periódico 'Il Fatto Quotidiano', se encuentran el 71% de los diputados y el 76% de los senadores italianos, que perderían esa retribución si se va a las urnas antes del próximo otoño.

A esa perdida adquisitiva se añade además la segura pérdida de empleo. Muchos de los actuales políticos electos saben que no repetirán legislatura por la mencionada drástica reducción de senadores y diputados. Además, en casos como el del hoy mayoritario M5S, el escenario de las encuestas es sombrío.

Los otros nombres que no son Draghi

Hemos dejado este epígrafe para el final por ser el más abierto y posiblemente revisable cada hora. La lista de nombres va saliendo lentamente y se va filtrando con ciertos intereses. Desde el bloque progresista, se pone encima de la mesa la figura de Andrea Riccardi, el fundador de la prestigiosa comunidad de beneficencia religiosa de Sant’Egidio y exministro de la Cooperación Internacional. “Es mi perfil ideal por lo que representa, por lo que hace y por su experiencia institucional”, ha dicho el líder del PD, Enrico Letta, en lo que parece un brindis al sol.

El líder progresista, además, ha querido ya aclarar que no va a aceptar que la presidencia tenga un carácter conservador que representa su mayoría en las cámaras y encuestas. “No tienen mayoría en este Parlamento”, ha dicho, para luego filtrar a los suyos que “votaremos en primera ronda en blanco para demostrar que estamos dispuestos al consenso”. En el M5S, mientras, parece que al menos la parte cercana a Di Maio seguiría apostando por Draghi.

Por la derecha, tras el paso atrás de Berlusconi, se vende que el sacrificio de Il Cavaliere por el bien de un candidato de más consenso es una pieza a cobrar. “Tras la extraordinaria generosidad de Silvio Berlusconi, el centro derecha se pone manos a la obra con la certeza de que, en interés del país, no haya noes o vetos cruzados de la izquierda como hasta ayer. Estamos listos para proponer mujeres y hombres del más alto perfil”, ha declarado Salvini, que ha añadido que “daremos nuestros nombres en las próximas horas”.

Foto: El primer ministro italiano, Mario Draghi. (Reuters)

Por último, el ex primer ministro Matteo Renzi, que en los últimos años puede presumir de que la política italiana es una actividad de todos contra todos en la que al final se hace lo que cocina él, ha asegurado que “Riccardo es un hombre extraordinario, pero no tiene posibilidades de ser elegido”. Renzi apunta directamente al desenlace hasta ahora más plausible y quizá por eso improbable: “¿Draghi? Solo con la implicación de todos los partidos”, ha dicho.

También se baraja como posible la idea de elegir por primera vez a una mujer. Entre los nombres, figuran la actual ministra de Justicia, Marta Cartabia, la ministra de Interior, Luciana Lamorgese, y la jefa de los servicios secretos, Elisabetta Belloni.

En todo caso, mañana comenzarán los votos y hay una última regla no escrita de anteriores votaciones que explica bien lo complicado del proceso: el candidato que en la primera votación es el más votado sin conseguir la mayoría nunca es el elegido. En 2015, por ejemplo, en la primera votación ganó Ferdinando Imposimato con 120 votos y el finalmente elegido presidente, Sergio Mattarella, obtuvo cinco. En la segunda y tercera rondas, Mattarella bajó a cuatro. Y finalmente en la cuarta obtuvo 665. Nadie quiere ser el nuevo Imposimato.

A partir de las 15:00 de hoy, los senadores, congresistas y delegados regionales italianos tienen la difícil tarea de elegir al nuevo presidente. Algunos analistas han definido este cónclave como “una batalla de todos contra todos”. El escenario es abierto para la elección de un puesto clave en la política italiana y continental. Los mercados y Bruselas miran con atención lo que sucederá en Roma. Lo que Italia va a mandar esta semana —la votación si no hay mayoría suficiente durará hasta que se consiga— es un mensaje. En un país donde las encuestas siguen dando la mayoría a la extrema derecha soberanista, la elección del jefe de Estado dirá hasta dónde puede llegar un Gobierno que juegue con postulados euroescépticos. El hasta ahora presidente, Sergio Mattarella, ha sido un ejemplo claro del importante papel que tendrá su sustituto. A Mattarella no le tembló la mano en rechazar la propuesta de un ministro de Economía antieuro o en inventar el tecnócrata Gobierno de Draghi para evitar unas elecciones que amenazaban con generar inestabilidad.

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