Los talibanes anuncian su entrada en Kabul y el presidente afgano abandona el país
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La batalla por Kabul

Los talibanes anuncian su entrada en Kabul y el presidente afgano abandona el país

Los milicianos han recibido luz verde de sus líderes para entrar en los barrios de las afueras de la capital. El presidente de Afganistán, Ashraf Ghani, ha abandonado el país

Foto: Un miliciano talibán en Ghazni, a 150 km al sur de Kabul. (Reuters)
Un miliciano talibán en Ghazni, a 150 km al sur de Kabul. (Reuters)

El pánico se extiende por Kabul. Los talibanes están entrando en la ciudad y se habrían hecho ya con lugares claves como el mismísimo Palacio Presidencial. Con la caída la noche del domingo de Jalalabad (150 km al este de Kabul), la última gran ciudad en manos del Gobierno afgano y Ghazni (150 km al sur) en poder de los talibanes, el camino hacia Kabul estaba expedito, y la caída de la capital afgana ha sido cuestión de horas. El resto del país, excepto contadas zonas, está ya a merced de los talibanes.

Según el Ministerio de Interior afgano, los talibanes se han apostado al norte, oeste, y sur de los límites de Kabul, marcando el asedio en casi todo el perímetro de la ciudad. Los milicianos talibanes han recibido luz verde de la organización para entrar en los barrios de las afueras de la capital, y según testimonios de medios locales ya han entrado en la ciudad. El presidente de Afganistán, Ashraf Ghani, habría abandonado el país, según ha anunciado el residente del Alto Consejo para la Reconciliación Nacional de Afganistán, Abdullah Abdullah. "Los talibanes han ganado", ha declarado el expresidente prófugo en un mensaje en redes sociales. Se está negociando la entrega de la ciudad y un gobierno de transición con los talibanes.

Foto: Un soldado afgano en Kandahar. (EFE)

Sobre el papel, la toma por la fuerza de Kabul, una ciudad de 5 millones de personas, no debería ser fácil: un núcleo urbano densamente poblado y protegido por el grueso de lo que queda de Ejército afgano. Sin embargo, la velocidad de las últimas conquistas de los talibán ha pillado por sorpresa tanto al Ejército afgano como a los aliados Occidentales, y sacude todas las convicciones de lo que iba a ser el Afganistán pos-invasión estadounidense.

Pese a asegurar que no entrarían "por la fuerza" en la capital, poco después de las 18:30 hora local (16:00 hora española), el portavoz de los talibanes, Zabihullah Mujahid, ha lanzado un comunicado dando luz verde a los combatientes talibanes para entrar en los primeros barrios de las afueras de Kabul, "para evitar el caos y saqueo" por la retirada de las fuerzas policiales y del Ejército afgano. "Los ciudadanos de Kabul no deben tener miedo por los muyaidines [combatientes], nuestras fuerzas entrarán en la ciudad de Kabul muy fácilmente", añade el comunicado.

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La cercanía de los talibanes a la capital afgana y las vertiginosas derrotas de las fuerzas afganas han puesto presión para la inmediata dimisión del presidente del país, un impotente Ashraf Ghani. Tras unas horas de negociación, Ghani ha terminado abandonando el país rumbo a Tayikistán, según varias autoridades del gobierno afgano, que lo llaman ya "expresidente" y le culpan de la situación en la que deja el país, prácticamente en manos de los talibanes.

"Hoy me enfrenté a una dura elección, enfrentarme a los talibanes armados que querían entrar en el Palacio o salir del país al que he dedicado mi vida para protegerlo en los últimos 20 años. [...] Con el fin de evitar un baño de sangre, pensé que era mejor salir", ha afirmado Ghani en un mensaje en su perfil de Facebook. "Los talibanes han ganado el juicio de la espada y las armas y ahora son responsables de proteger el honor, la riqueza de los afganos".

'Chinook' en el cielo

En una rapidísima campaña de 'conquista' desde el pasado mayo, cuando comenzó la retirada final de las tropas extranjeras, los talibanes han capturado ya al menos 30 de 34 capitales provinciales y controlan ya más de la mitad de los algo más de 400 distritos del país. Los insurgentes controlan ya el oeste, sur y la mayor parte del norte de Afganistán, aplicando en la práctica un 'cerco' sobre la capital. Controlan también casi la totalidad de los pasos fronterizos con países vecinos.

Unas primeras estimaciones de los servicios de inteligencia estadounidense cifraban en seis meses el posible colapso del gobierno afgano ante el avance talibán o una guerra civil entre milicias: al final, puede ser cuestión de días y ni siquiera llegar a la previsión más pesimista del 11 de septiembre, aniversario de los atentados contra las torres gemelas.

Con las previsiones saltando por los aires, las embajadas occidentales están evacuando a pasos agigantados. Un buen puñado de helicópteros 'Chinook' surca los cielos de la capital afgana sobre la zona fuertemente militarizada de las embajadas, sobrevolando los tejados de la legación estadounidense, de la que se puede ver -en imágenes de la cadena Al Jazeera- el humo, presuntamente por la acelerada quema de documentos.

EEUU ha acelerado el envío de unos primeros 1.000 'marines' para facilitar la evacuación mientras, en Doha, intentan negociar con los talibanes una ventana de 36 horas antes de que tomen la ciudad por la fuerza, según ha podido saber el Washington Post. Con la entrada de los milicianos en Kabul, EEUU se queda sin tiempo y ha anunciado el traslado de todo el personal de su embajada al mismo aeropuerto, según ha anunciado el secretario de Estado, Antony Blinken. Otras embajadas como Francia han hecho lo mismo, a la espera de poder ser evacuados.

Foto: Inmigrantes caminan hacia la frontera con Hungría en territorio rumano. (Reuters)

Las calles de Kabul están llenas de refugiados de todo el país, que han ido huyendo del avance talibán. Entre 20.000 y 30.000 afganos huyen del país cada semana, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), que estima en 1,5 millones los afganos que podrían convertirse en refugiados este año. Sin embargo, con la toma de Pul-e Alam (70 kilómetros al sur de Kabul), la capital de la provincia de Logar, y Chahar Asyab, un distrito estratégico en la provincia de Kabul tan solo a 11 kilómetros de la capital, todos los accesos a la ciudad están controlados por los talibanes.

Solo queda el aeropuerto. La carretera hacia el aeropuerto internacional está llena de personas que se apresuran a salir del país. Otros tantos hacen cola en las embajadas y en la oficina gubernamental de pasaportes, intentando conseguir un documento de viaje. “Kabul se ha convertido en una ciudad fantasma. Colas de varios cientos de metros se han formado frente a los bancos y embajadas de Irán y Pakistán. El precio de un pasaporte alcanza ya los miles de dólares. Todo el mundo está recogiendo sus cosas de las oficinas. El polvo de la muerte está extendiéndose por toda la ciudad. Oh dios mío, sé nuestro apoyo”, lamentaba en redes sociales un residente de la capital.

Temor a represalias

Los talibanes han prometido, en varios comunicados a lo largo de los últimos dos meses, que no pasarán a cuchillo a aquellos que colaboraron con las fuerzas occidentales. Este mismo domingo, han asegurado que no tienen "intención de vengarse de nadie", incluidos los que sirvieron en el Ejército, la Policía o en la Administración: "Están perdonados y a salvo, nadie será objeto de represalias. Todos deben permanecer en su propio país, en su propio hogar, y no intentar salir del país". Sin embargo y pese a las promesas de amnistía, en algunas de las ciudades ya conquistadas por los talibanes está empezando a cambios, especialmente hacia las mujeres: en Herat, varias trabajadoras del banco central fueron obligadas a dejar sus puestos y volver a sus casas. En otras ciudades, hay reportes de matrimonios forzados con combatientes.

"Muchos de los afganos que represento están recibiendo amenazas de muerte, están en peligro. Colaboraron con el gobierno y ahora no se les puede dejar atrás, las opciones que está dando el Gobierno [el programa de visas específico para afganos] no son suficientes y van muy lentos. Hay decenas de miles de traductores y familiares que esperan salir del país", señalaba a El Confidencial Julie Kornfeld, abogada del International Refugee Assistance Project y que está llevando el caso de varios traductores afganos que trabajaron para las tropas estadounidenses, la mayoría todavía pendientes de resolución y atrapados en Afganistán mientras se acelera el despliegue.

Mientras que países europeos como España, Reino Unido o Alemania han prometido que evacuarán a los ciudadanos afganos con sus familias que colaboraron con sus tropas, el tiempo se está agotando. Estados Unidos está intentando negociar con otros países vecinos que acojan a los solicitantes de protección mientras la Administración revisa sus solicitudes, más de 70.000 pendientes entre personas que trabajaron directamente con las tropas y sus familiares.

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