Egipto denuncia que Etiopía ha comenzado la 2ª fase de llenado de la Presa del Renacimiento
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Presa sobre las aguas del Nilo

Egipto denuncia que Etiopía ha comenzado la 2ª fase de llenado de la Presa del Renacimiento

El ministro de Irrigación egipcio ha denunciado que Etiopía habría comenzado con la segunda fase de llenado de la presa, una megainfraestructura hidroeléctrica sobre el río Nilo

placeholder Foto: Vista de la Gran Presa del Renacimiento etíope en 2020. (EFE)
Vista de la Gran Presa del Renacimiento etíope en 2020. (EFE)

El llenado de la Gran Presa del Renacimiento Etíope (GERD, en inglés) continúa inexorablemente, pese a las quejas Egipto y Sudán. Esta semana, el ministro de Irrigación egipcio ha denunciado que Etiopía habría comenzado con la segunda fase de llenado de la presa, una megainfraestructura hidroeléctrica construida por Etiopía sobre el río Nilo y que amenaza con detonar un conflicto regional por el control de las aguas del río africano entre Etiopía, Sudán y Egipto, quien teme que su acceso a los recursos hídricos se vea mermado. Egipto ha "rechazado categóricamente" el inicio de esa segunda fase de llenado del depósito de la GERD, que le habría sido comunicada por el Ministerio de Agua, Irrigación y Energía etíope este lunes, pese a la falta de acuerdo entre los tres países en discordia.

En respuesta a la carta de los etíopes, su homólogo egipcio Mohamed Abdel Ati ha asegurado que el "unilateral" paso adelante en el llenado de la GERD, que según Egipto podría comprometer sus recursos hídricos, es una violación "flagrante y peligrosa" de los acuerdos internacionales. El Ministerio de Exteriores egipcio ha remitido una petición al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para tratar "el grave asunto" esta misma semana. "Este grave hecho revela una vez más la mala intención de Etiopía y su insistencia en tomar medidas unilaterales para forzar un hecho consumado al llenar y operar la Presa del Renacimiento sin un acuerdo que tenga en cuenta los intereses de los tres países y limite los daños de la presa a los dos países río abajo [Sudán y Egipto]", ha denunciado el ministerio.

Egipto añade una velada amenaza: "[La medida etíope] aumentará el estancamiento [de las negociaciones] y la tensión en toda la región, y creará una situación de amenaza para la seguridad y la paz a nivel regional e internacional".

Este segundo llenado pretende acumular unos 13.000 millones de metros cúbicos de agua durante la temporada de lluvias en el país, que comenzó en junio y terminará en septiembre. Ya se produjo un primer conato de una primera fase de llenado (4.900 millones de metros cúbicos) el pasado año por estas mismas fechas, que forzó la vuelta a las negociaciones entre Etiopía, Egipto y Sudán, sin frutos definitivos. Por tanto, sostienen los etíopes, este anuncio del comienzo de la segunda fase de llenado coincide con el cronograma planificado de construcción de la presa, que se levanta sobre el Nilo Azul, principal afluente del Nilo (que lleva el 80% del caudal del total) y que todavía no está definitivamente terminada, según el ministro de Agua, Irrigación y Energía etíope, Seleshi Bekele.

Pero el anuncio también se produce en un momento especialmente difícil para Etiopía. El Gobierno de Abiy se ha visto forzado a pedir una tregua en la guerra que mantenía en la región semiautónoma de Tigray, controlada por tropas Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF), de etnia tigrina y que se han rebelado contra las iniciativas "excesivamente centralizadoras del poder", según el TPLF, de Abiy.

Para Abiy, la Presa del Renacimiento Etíope puede ser utilizada como un elemento "unificador" para Etiopía, un orgullo nacional que superaría fronteras étnicas (Etiopía es un cóctel de una miríada de etnias) y que, además, centra la atención en unos 'rivales' externos que se oponen al "derecho soberano" de construcción de la presa en su territorio y al progreso etíope, en este caso, Egipto y Sudán.

Megaproyecto modernizador

La GERD, con capacidad de hasta 74.000 millones de metros cúbicos de agua que comenzó su construcción en 2011 y será la mayor central energética del continente, es la culminación de un ambicioso megaproyecto de modernización de la economía etíope, principalmente agrícola, hacia una economía más industrializada centrada en la explotación y exportación de energía hidráulica. Con la energía que proporcionará la presa, Etiopía pretende hacer frente a la creciente demanda energética de su población, la segunda mayor del continente y de la que menos de un tercio tiene acceso a la electricidad.

"El interés de Etiopía es solo hacer frente a su demanda energética, reducir las preocupaciones de Sudán y Egipto, así como traer paz y prosperidad a largo plazo en nuestra región", ha declarado Abiy esta semana pasada ante el parlamento en Adis Abeba.

Para los egipcios se trata, en cambio, una amenaza existencial: Egipto depende del Nilo para cerca del 96% de su consumo hídrico, y El Cairo teme que la presa reduzca drásticamente su caudal de agua dulce disponible —y vital— en las próximas décadas. Hoy día, Egipto consume alrededor de 640 metros cúbicos de recursos de agua dulce per cápita, y su población supera ya los 100 millones de habitantes.

Categóricamente contrario a la construcción de la presa, en anteriores ocasiones el Gobierno egipcio ha amenazado a su vecino del sur con "todo tipo de consecuencias", describiendo el llenado unilateral de la presa por parte de Etiopía como una violación de acuerdos internacionales. De hecho, han intentado ya en varias ocasiones llevar el caso al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, ante el bloqueo de las negociaciones con la mediación de la Unión Africana.

El otro país en discordia, Sudán, ha ofrecido un "cuarteto internacional" formado por la Unión Africana, Naciones Unidas, la UE y EEUU, que auspicie unas negociaciones que se prolongan ya durante 10 años y que, pese a que se "han alcanzado acuerdos en el 90%" de los asuntos de la GERD, según unas recientes declaraciones del ministro de Agua e Irrigación sudanés, Yasser Abbás, han alcanzado hoy día un bloqueo.

Acuerdos coloniales

Egipto basa su derecho sobre el río más largo del mundo —más de 450 millones de personas dependen de sus aguas— en acuerdos de época colonial que se remontan a 1959, bajo el Reino Unido, con Egipto y Sudán como los principales beneficiados de los Acuerdos de Aguas del Nilo, que repartían el caudal del río entre ambos Estados: 75% para Egipto y 25% para Sudán, una cuota de unos 55.500 y 18.500 millones de metros cúbicos anuales respectivamente. Además, se otorgaban a sí mismos poder de veto sobre la construcción de cualquier presa que pudiera limitar sus reservas. Una cita atribuida al entonces líder egipcio Anuar Al Sadat en 1979 sostiene que el agua "es el único motivo que puede llevar a Egipto de nuevo a la guerra". "El Nilo es una cuestión de vida, un asunto de existencia, para Egipto", afirmó en septiembre de 2019 el presidente egipcio, Abdelfatah Al Sisi.

Etiopía, en cambio, ha defendido lo que considera su "derecho soberano" para la construcción y el llenado progresivo de la presa, que podrá prolongarse entre cinco y 15 años. Los acuerdos coloniales no han sido reconocidos por ningún Estado río arriba, cuyo rápido crecimiento demográfico en los últimos años y sus aspiraciones económicas (Uganda, en el afluente Nilo Blanco, también ha construido varias presas y plantas hidroeléctricas) requieren una mayor participación de las aguas del Nilo y replantear el tablero geopolítico de la región.

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