"¿Y a dónde vamos a ir?": La espada de Damocles de vivir a la sombra del volcán
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Casas a 400 metros del magma

"¿Y a dónde vamos a ir?": La espada de Damocles de vivir a la sombra del volcán

Cerca de 1.900 personas de dos pequeñas localidades guatemaltecas despiertan cada mañana sin saber si ese será el día en el que el magma del Volcán Pacaya se trague su casa

placeholder Foto: Un joven montado en bicicleta mira hacia el Volcán de Pacaya. (Asier Vera)
Un joven montado en bicicleta mira hacia el Volcán de Pacaya. (Asier Vera)

Cientos de familias viven en un limbo en San José El Rodeo y El Patrocinio, dos comunidades ubicadas en las faldas del Volcán de Pacaya en Guatemala. El espectáculo inigualable de ver descender ríos de lava por la ladera del coloso de 2.552 metros de altura se ha convirtió en terror cuando las rocas incandescentes comenzaron a acercarse, de forma lenta pero inexorable, a menos de 400 metros de las primeras casas de sus aldeas.

Las cerca de 200 personas que residen en la primera localidad y las más de 1.700 que viven en la segunda estaban acostumbradas a recibir lluvia de ceniza y a sentir la vibración en sus casas por los retumbos habituales del volcán, situado a 45 kilómetros al sur de Ciudad de Guatemala. Sin embargo, en los últimos 50 años no habían experimentado nada similar a los dos meses y medio seguidos de incesante actividad volcánica que culminaron en pesadilla al abrirse una nueva fisura, de la cual comenzó a emanar un flujo de lava en dirección a sus hogares con techos de lámina. A ritmo sinuoso, pero sin freno, fue bajando por la ladera como una especie de espada de Damocles que pendía sobre ambas aldeas, cuyos habitantes se turnan las guardias para monitorear el río de magma que serpentea entre la espesa niebla nocturna.

placeholder Adolfo Fajardo muestra uno de los cuadernos donde tiene registrados todos los movimientos del Volcán de Pacaya desde que tenía 11 años. (Asier Vera)
Adolfo Fajardo muestra uno de los cuadernos donde tiene registrados todos los movimientos del Volcán de Pacaya desde que tenía 11 años. (Asier Vera)

Adolfo Fajardo, de 70 años, muestra en su vivienda de El Patrocinio uno de los cuadernos en los que, desde que era un niño, ha ido anotando todas las actividades del Volcán de Pacaya, el más turístico del país centroamericano por su accesibilidad. A los 11 años, Fajardo empezó a registrar cada una de las explosiones y erupciones de este coloso que lleva 500 años activo, convirtiendo sus cuadernos en una enciclopedia del volcán. Recuerda el primer temblor que sintió un 10 de marzo de 1961, fecha a partir de la cual ha apuntado incluso los daños causados por la ceniza y lava a las plantaciones de café y aguacate, así como a las siembras de maíz y frijol y a los animales. De manera exhaustiva, tiene apuntadas todas las fechas en las que el volcán castigó con ceniza y piedras a las 22 comunidades cercanas, en las que residen 35.000 personas. Desde la potente erupción del 25 de enero de 1987, con ríos de lava visibles incluso desde Ciudad de Guatemala, hasta la del 27 de mayo de 2010, que ocasionó la muerte de un periodista de televisión que cubría la noticia.

No obstante, Fajardo no recuerda nada parecido a lo que está ocurriendo desde que el pasado 5 de febrero el volcán entrara en erupción, con columnas de ceniza por encima de los 1.000 metros sobre el cráter, lo que obligó a cerrar el aeropuerto de Ciudad de Guatemala durante 24 horas. El 20 de marzo, se abrió una nueva fisura entre el Volcán de Pacaya y el Cerro Chino, que expulsó una gran cantidad de magma que amenazaba incluso a su vivienda, que se quedó a escasos 400 metros de ser devorada por la roca líquida.

placeholder Fajardo, residente de la aldea El Patrocinio, ha anotado todas las erupciones que ha vivido el coloso. (Asier Vera)
Fajardo, residente de la aldea El Patrocinio, ha anotado todas las erupciones que ha vivido el coloso. (Asier Vera)

“Es la erupción más fuerte que he vivido en mi vida”, subraya, al tiempo que asegura que el Volcán de Pacaya “es un enemigo contra el que uno no puede pelear y lo único que podemos hacer es retroceder y pedirle a dios que detenga la lava”. En las últimas semanas, vecinos de El Rodeo y El Patrocinio han sacado en procesión las imágenes de Jesús, la Virgen del Rosario y de San Vicente Mártir para implorar el fin de las erupciones. El coloso solo les dio una tregua de unos días sin que saliera lava. mientras que la que había descendido hasta 3,8 kilómetros en dirección a las aldeas llegó a petrificarse, creándose un paisaje apocalíptico de rocas negras desde las que emanaba humo y unas altas temperaturas que llegaron a alcanzar los 850 grados centígrados.

La alegría en las comunidades duró poco, ya que el pasado jueves el Volcán de Pacaya volvió a reactivarse, generándose una nueva fisura de la que sale otro flujo de material volcánico, con una longitud de 1.800 metros y que avanza hacia un área conocida como finca La Breña, en El Patrocinio. Además de la expulsión de magma, se escuchan en las comunidades "sonidos similares a la turbina de un avión o a la locomotora de un tren”, según ha informado el Instituto Nacional de Vulcanología de Guatemala.

Ello vuelve a poner en alerta a las autoridades del país, que ya han planificado la evacuación de las personas que viven en El Rodeo y El Patrocinio. Para ello, según detalla el técnico de la Unidad de Prevención de Volcanes de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres de Guatemala (CONRED), William Chigna, se han colocado banderines de color amarillo, naranja y rojo con niveles de alerta, de modo que se llevaría a cabo la evacuación preventiva de la población de El Rodeo cuando la lava llegue a escasos 250 metros de las casas y en El Patrocinio a 342 metros, que es donde se sitúa el punto naranja en ambas aldeas. En total, se han habilitado 14 albergues, si bien muchas personas son reacias a abandonar sus casas para hacinarse en escuelas, salones comunales o iglesias donde el distanciamiento social para evitar el coronavirus será prácticamente imposible.

placeholder Silueta del Volcán Pacaya. (Asier Vera)
Silueta del Volcán Pacaya. (Asier Vera)

"Nos sentimos abandonados"

En una de las casas de El Rodeo más cercanas al volcán vive Cecilia Véliz, quien reconoce que vive “atormentada” sin poder dormir y con el “temor” de tener que desalojar en cualquier momento porque “va a venir la lava y cómo lo voy a hacer para salir con mi mamá de 81 años, que va en silla de ruedas, y una de mis cuatro hijas, de 15 años, que anda en muletas tras ser atropellada por un vehículo”. Véliz revela que la mayoría de la gente “piensa en irse de aquí, pero a dónde nos vamos a ir si no tenemos lugar”, debido a que cuentan con escasos recursos económicos. “Nos sentimos abandonados porque nunca nos han puesto atención, a pesar de que la lava nos puede dejar incomunicados”, lamenta esta mujer de 38 años, de los cuales 25 ha vivido en San José El Rodeo.

Esta aldea se ha convertido en las últimas semanas en un enclave turístico al que cientos de personas han acudido atraídas por el avance de la lava, donde llegaban incluso a asar comida aprovechando las piedras incandescentes. Los dueños de los terrenos más cercanos al río de lava han aprovechado para cobrar a los visitantes una entrada de hasta 20 quetzales (2,2 euros) para poder acercarse a escasos centímetros de las rocas que se elevan hasta los 10 metros de altura y que han llegado a cubrir la lava de una erupción de los años 70. Al miedo por el magma se suma ahora el temor de que algunos de estos grupos de turistas “traigan la enfermedad del coronavirus que aún no ha llegado a este pequeño lugar”, advierte Véliz, quien espera que las autoridades pongan orden. "porque nos defendemos del volcán, pero no nos vamos a poder defender del virus”.

placeholder Cecilia Véliz, residente de la aldea San José El Rodeo, en su vivienda, una de las más cercanas a la lava. (Asier Vera)
Cecilia Véliz, residente de la aldea San José El Rodeo, en su vivienda, una de las más cercanas a la lava. (Asier Vera)

En el único punto elevado de la aldea El Rodeo donde es posible lograr señal de Internet, se reúnen los vecinos para hablar de lo que les quita el sueño desde hace más de dos meses. Uno de ellos es Juventino Antonio Pineda, de 67 años, quien también indica que “no había visto nunca algo igual”. Durante los últimos días, cuando veía avanzar la lava a escasos 300 metros de las viviendas, llegó a pensar que “teníamos que emigrar para otro lado, porque no vamos a esperar a que nos vengan encima las piedras y a morir”. En la mente de todos está la erupción del Volcán de Fuego del 3 de junio de 2018, que causó la muerte de 207 personas, entre ellas 76 menores de edad, la mayoría en San Miguel Los Lotes, que fue engullido por los flujos piroclásticos vomitados por el cráter a 700 grados centígrados. Ese día, el Gobierno de Guatemala falló a esta población y otros municipios situados en las faldas del coloso al no evacuarlos a tiempo.

Por ello, Juventino Antonio Pineda explica que “nos hemos organizado como comunidad para vigilar la lava. Y mientras unos cuidan, otros pueden dormir tranquilos para que no nos pase como en el Volcán de Fuego”, donde muchas personas no tuvieron tiempo de escapar. Además, critica que “no ha venido nadie a ofrecernos una alternativa de vivienda donde poder estar tranquilos mientras pasa la tormenta”.

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San Miguel Los Lotes, el pueblo olvidado bajo el fantasma del volcán de Fuego
Esteban Viva. San Miguel Los Lotes (Guatemala) Patricia Pernas. San Miguel Los Lotes (Guatemala)

Por su parte, el subdirector del Instituto Nacional de Vulcanología, Francisco Juárez, remarca que tanto El Rodeo, como El Patrocinio “no son áreas seguras habitables”, dado que se encuentran a menos de cinco kilómetros del cráter del Volcán de Pacaya, mientras que la fisura por donde emana la lava está un kilómetro por debajo del cono. Por tanto, recalca que estas comunidades están en riesgo no solo de cenizas y gases, sino de flujos de magma, por lo que sus poblaciones “están conscientes de que en algún momento les tocará evacuar”. Para ello, recuerda que se han colocado carteles con la ruta de evacuación en caso de que la lava sobrepasara la bandera naranja. No obstante, Juárez precisa que la movilidad de la lava es muy lenta, entre tres y cinco metros por hora, a diferencia de los flujos piroclásticos del Volcán de Fuego, que tardaron 30 minutos en llegar desde el cráter a las comunidades. Así, detalla que una vez que la lava llegara a la bandera roja, “habría entre 48 y 72 horas para evacuar a todas las personas de forma segura y no entrar en pánico”.

"Nunca había llegado tan cerca"

Estas evacuaciones no convencen a Sherlyn Barrera, residente de San José El Rodeo, quien también critica que “solo nos han dicho que hay posibilidades de evacuar, pero no nos han ofrecido una vivienda”. Barrera, quien lleva 22 años residiendo en las faldas del coloso, indica que vive con “tensión”, porque “nunca había llegado la lava tan cerca de nuestras casas y es como si nos echara el volcán de nuestro territorio para ir a otro lugar a comenzar de cero”. Similar situación vive Marcelina Peralta, en la vecina aldea de El Patrocinio, quien reconoce que ha pasado “miedo al sentir que la lava ya llegaba hasta aquí, si bien no tenemos adónde ir”.

Ambas poblaciones viven casi exclusivamente de la agricultura y la ganadería y la lava y ceniza volcánica caída en las últimas semanas ya ha causado estragos en su principal fuente económica. Según el Gobierno de Guatemala, se dañaron plantaciones de café, aguacate, durazno y pastos, mientras que los animales presentaron problemas respiratorios, úlceras en sus extremidades, problemas de piel y conjuntivitis.

placeholder Un turista sobre piedras volcánicas. (Asier Vera)
Un turista sobre piedras volcánicas. (Asier Vera)

En este sentido, el portavoz de la CONRED, David de León, recalca que, a pesar de que la lava no terminó de llegar a las primeras casas, “eso no nos asegura que en otra erupción el flujo sí pueda alcanzarlas”. Advierte de que la gente “corre peligro” y, por tanto, las autoridades municipales “deben considerar su traslado a otros sectores” de Guatemala para evitar que la población siga creciendo en estas aldeas creyendo que la actividad volcánica nunca les va a afectar.

Las previsiones en los próximos días no son nada halagüeñas y, según el Instituto de Vulcanología de Guatemala, “no se descarta que se generen episodios de alta explosividad y más flujos de lava en otros flancos del volcán”. Ello permitirá que Adolfo Fajardo siga aumentando su particular enciclopedia volcánica anotando cada erupción desde el lugar privilegiado de su vivienda con vistas al volcán, que solo se deja ver a primeras horas de la mañana antes de que la niebla lo cubra por completo: “esta erupción no es cosa nuestra, sino de la naturaleza”, se resigna.

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