UN AÑO DE LA TRAGEDIA

San Miguel Los Lotes, el pueblo olvidado bajo el fantasma del volcán de Fuego

Hace casi un año que Eufemia buscaba a su familia entre toneladas de ceniza, lodo y rocas. Lo recuerda como si fuera ayer. Su imagen dio la vuelta al mundo y hoy ya nadie se acuerda

Foto: Eufemia García, la mujer que perdió a su familia en la erupción del volcán. (Reuters)
Eufemia García, la mujer que perdió a su familia en la erupción del volcán. (Reuters)

Hace casi un año que Eufemia buscaba desesperada a su familia entre toneladas de ceniza, lodo y rocas. Lo recuerda como si fuera ayer. Su imagen dio la vuelta al mundo y hoy, en ese pueblo arrasado por la erupción del volcán de Fuego, en San Miguel Los Lotes, denuncia el olvido al que están sometidos. La desmemoria.

"El 3 de junio se cumple un año de la tragedia. Es triste y lamentable porque, en un año, el señor Gobierno no nos pudo dar maquinaria para poder desenterrar a nuestros familiares y a dos los que quedaron aquí en la colonia", asegura esta mujer de tez morena sobre la zona cero. Donde hace casi 12 meses el volcán aniquiló el ánimo.

Eufemia García, uno de los símbolos de la perseverancia de centenares de personas que buscaron durante meses a sus seres queridos, perdió a decenas de familiares: 50, de los que dice haber encontrado 38.

"Yo he estado aquí desde el día en que pasó la tragedia. Perdí a toda mi familia, perdí a mis hijos. Para mí es doloroso todo esto. Haberme quedado sin ninguna mi hermana, sin mis hermanos", afirma.

Mientras limpia las lágrimas de su rostro con su blusa verde y recrea ese día en su mente, mira el suelo. El mismo donde centenares de personas murieron. 201. Y donde otras 229 aún continúan desaparecidas. Centenares de historias. De vidas. Y para esas que aún no han sido encontradas van sus recuerdos, pues critica que el Gobierno no les ayudara a buscarlas.

El "nidito de ratones"

Eufemia no logra pasar página. Lamenta que las autoridades hayan "robado" la ayuda que venía para ellos y dice que no va a aceptar ninguna de las casas que están preparando para los afectados: "Yo no pienso recibirle nada al Gobierno, para todo lo que él se robó es triste y lamentable que nos quiera dar un nidito de ratones donde no vamos a poder dar vuelta ni para un lado ni para el otro".

Hace ocho meses que ha vuelto a su casa. A la de siempre. En un pueblo donde aún se ven los vestigios de la tragedia: casas enterradas y destruidas; peluches abandonados entre la ceniza. Ahí ha vuelto esta mujer, quien asegura que el presidente del país, Jimmy Morales, ha entregado casas a personas que "no perdieron nada aquí".

A pesar de su soledad se reconforta en Dios para silenciar esos gritos que aún le siguen carcomiendo el alma y que hace casi un año la rompieron para siempre. Y mientras Eufemia se aferra a San Miguel Los Lotes, donde se escucha retumbar al volcán cada día, otros intentan seguir con su vida.

Uno de ellos es Antonio López, superviviente de la tragedia. El 3 de junio de 2018, cuando el volcán emitió ese grito aterrador, era "un día normal". Un domingo en el que todos seguían trabajando. Que si la milpa. Que si los niños. Que si la iglesia. Él estaba en el campo de golf de La Reunión, la finca a las faldas del volcán que fue evacuada.

"Es un proceso fuerte. Es difícil, es bien, bien difícil el proceso que nos ha tocado vivir. Pero gracias a Dios ahí vamos luchando día con día", dice

Sentado sobre unas escaleras, las que van a una casa pequeña de madera y chapa en las que viven provisionalmente 155 familias en los Albergues Temporales Unifamiliares (Los ATUS), Antonio recuerda cómo fue ese día, pero también las consecuencias. Esas que le han dejado "daños psicológicos" imposibles de borrar.

Acompañado de su hijo, un niño menudo que juega con un muñeco rojo de plástico, reconoce que nada "va a ser lo mismo". "Es un proceso fuerte. Es difícil, es bien, bien difícil el proceso que nos ha tocado vivir. Pero gracias a Dios ahí vamos luchando día con día", dice.

En estas pequeñas casas provisionales, de una estancia y en las que solo tienen un foco de luz por la noche gracias a unos paneles solares, Antonio, uno de los enlaces comunitarios, cuenta que la organización entre todas las familias que viven ahí ha mejorado con el tiempo.

La naturaleza, la única culpable

Llevan ahí ocho meses, la mayor parte de ellos sin agua potable. Algunos ya han logrado acceder a sus nuevas casas en la finca La Dignidad: de una planta, rojas, verdes, amarillas y azules. Otros irán yendo en los próximos días. Cree que en unos "dos meses a más tardar" ya todos estarán instalados.

Nunca pensó que pudiera pasar esto: "No nos pasaba vivir esto por nuestra mente". Pero acepta con resignación estos actos "del destino" y de "la naturaleza", mientras intenta pasar las páginas de ese libro llamado vida para sobrevivir.

San Miguel Los Lotes nunca volverá a ser lo mismo. Más de dos centenares de casas que eran vida y color ya no existen. Se ven en blanco y negro. Tampoco sus vecinos volverán a ser los mismos. La desolación y los recuerdos los ahogan. Pero todos siguen pensando en la misma idea, la que los unió aquel 3 de junio de 2018: que los suyos puedan, por fin, descansar en paz.

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