En Brasil, se acabó el carnaval: Bolsonaro y el covid-19 disparan la oportunidad y el riesgo
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En Brasil, se acabó el carnaval: Bolsonaro y el covid-19 disparan la oportunidad y el riesgo

La pandemia y las elecciones multiplican las oportunidades para el capital extranjero, pero también el riesgo. Los próximos dos años, Brasil no será un país para principiantes, avisan los expertos

placeholder Foto: Una multitud se reúne en la playa de Río de Janeiro. (Reuters)
Una multitud se reúne en la playa de Río de Janeiro. (Reuters)

El centro histórico de Río de Janeiro parece un desierto urbano durante el asfixiante verano tropical. Ni los tradicionales ‘blocos’ de carnaval (comparsas), prohibidos a raíz de la pandemia, consiguieron amenizar un paisaje desolado, donde día tras días se multiplican los sin techo, amontonados en las aceras yermas. La crisis sanitaria condenó al cierre del 30% de las tiendas, y eso a pesar de que Brasil nunca adoptó un verdadero confinamiento. Las tibias medidas de aislamiento social fueron más bien ignoradas por una gran parte de la población, obligada a entregarse a trabajos precarios para sobrevivir. Solo en el primer semestre de 2020, al menos un millar de bares y restaurantes echaron el cierre en Río por falta de clientes. El teletrabajo ha vaciado aún más este barrio, tradicionalmente ocupado por oficinas.

Ubicada enfrente del consulado estadounidense, Casa Villarino aguantó el tirón hasta noviembre. Este restaurante, fundado por inmigrantes gallegos a mediados del siglo pasado, fue durante décadas el punto de reunión de la bohemia carioca. En este establecimiento de madera, con cierto aire de bar madrileño tradicional, se produjo el mágico encuentro entre el poeta y diplomático Vinícius de Moraes y un todavía desconocido Tom Jobim. Corría el año 1956 y hay quien dice que la expresión 'bossa nova' fue inventada entre las mesas de este local gallego-carioca.

“En aquel entonces, Río de Janeiro era la capital de Brasil. Los ministerios y la sede de la Cámara y del Senado estaban a pocos pasos de aquí. Delante de nuestro bar paraba el autobús que llevaba a millares de empleados a sus casas. Muchos se quedaban aquí para tomar la última”, recuerda Rita Nava, esposa de uno de los fundadores de Casa Villarino. La falta de apoyo institucional y una crisis que parece no tener fin obligaron a esta empresaria, cuya hija trabaja en Madrid, a cerrar. Rita espera poder reabrir a lo largo de este año.

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Con dificultad para comprar vacunas, Brasil se enfrenta a una escasez estructural que ha obligado a parar temporalmente el proceso de inmunización en Río de Janeiro, Salvador de Bahía, Porto Alegre y otras ciudades. La postura negacionista y aislacionista del mandatario brasileño, Jair Bolsonaro, no favorece las delicadas negociaciones que los países emergentes tienen que llevar a cabo para abastecerse. Entre expertos y economistas, existe unanimidad sobre este aspecto: sin vacunar a su enorme población, Brasil no saldrá de una recesión que el año pasado causó una contracción del PIB del 4,05%. Y, sin embargo, este porcentaje es sensiblemente inferior al 11% de España. Eso, sumado a que las perspectivas para 2021 son esperanzadoras —el Banco Mundial prevé un crecimiento del PIB del 3%—, es un dato que no está pasando desapercibido para los inversores españoles, que ya tiraron de América Latina para superar la gran recesión de 2008.

Con 212 millones de habitantes, Brasil es el país más poblado de América Latina. De por sí, esta cifra representa un enorme desafío para el Gobierno de Bolsonaro, que en más de una ocasión ha manifestado escaso interés personal en vacunarse. Y eso a pesar de que su todopoderoso ministro de Economía, Paulo Guedes, haya declarado públicamente que la vacunación masiva es esencial para la remontada económica y el avance las reformas, como la que pretende simplificar el complejo sistema fiscal del país tropical.

“En los últimos años, Brasil lleva desarrollando una política intensa de atracción de inversión en sectores críticos para la economía brasileña con el objetivo de alcanzar un crecimiento sostenido y equilibrado”, cuenta Isabel Rata García-Junceda, consejera jefa de la Oficina Económica y Comercial de la embajada de España en Brasil, en una entrevista con El Confidencial. “Desde esa perspectiva, las empresas españolas siguen con gran atención el Programa de Parecerías de Investimento (PPI), pero no es el único. Hay otros ministerios sectoriales que también están trabajando en mejorar áreas como la logística o el saneamiento básico, y que tienen gran interés para las empresas españolas”, añade.

placeholder Un mensaje a favor de la concienciación sobre vacunación en Sao Paulo. (Reuters)
Un mensaje a favor de la concienciación sobre vacunación en Sao Paulo. (Reuters)

Conexión transatlántica

Tradicionalmente, Brasil y España siempre mantuvieron fuertes lazos económicos y comerciales. Hasta 2019, Brasil era el tercer destino para los inversores españoles y el primero en América Latina. En la actualidad, España representa el tercer inversor tras Estados Unidos y los Países Bajos, con un 'stock' de 47.000 millones de euros y más de 500 empresas presentes, entre ellas, Repsol, Iberdrola, Santander, Telefónica y Mapfre. La embajada calcula que las empresas españolas crearon hasta la fecha cerca de 180.000 empleos directos en Brasil.

Esta relación estratégica con Brasil, que se remonta a 2003, con la llegada de Luiz Inácio Lula da Silva al poder, se fortaleció en los últimos años tras el desembarco de varias empresas nacionales. En 2019, Aena se adjudicó la concesión de seis aeropuertos del noreste de Brasil, una región con elevado potencial turístico. El precio fue 1.900 millones de reales brasileños (unos 437,5 millones de euros, al cambio de la época). La crisis sanitaria causada por el covid-19 afectó al primer año de gestión de Aena por la bajada drástica de pasajeros, pero esta tendencia parece haber mejorado en los últimos meses gracias al repunte del turismo interno.

En octubre de 2020, en plena pandemia, Acciona firmó el contrato de concesión para la construcción y operación de la línea 6 del metro de São Paulo, la capital económica de Brasil. Una vez concluido este proyecto, valorado en 2.300 millones de euros (15.000 millones de reales), dará servicio a 600.000 pasajeros al día. Además, Acciona estima que empleará a unos 9.000 trabajadores a lo largo de los próximos cinco años.

“Es la obra principal de Acciona en el mundo en estos momentos”, subraya Alejandro Gómez, director ejecutivo de la Cámara Oficial Española de Comercio en Brasil. Para este empresario, el momento pandémico es propicio para lanzarse a la conquista del mercado brasileño. “Aunque la economía está en horas bajas, todo apunta a que Brasil se recuperará más rápidamente que España. Además, este país necesita mucha inversión en infraestructuras y en el turismo”, explica Gómez. “Suelo aconsejar a las empresas que entren en Brasil en fases parecidas a esta, porque es más fácil comprar empresas que pasan por momentos de dificultad, pero tienen una gran posibilidad de crecimiento”, agrega.

Foto: Jair Bolsonaro. (Reuters)

Esta visión optimista encuentra cierta resistencia entre los expertos locales. Para Adhemar Mineiro, economista del Departamento Intersindical de Estadística y Estudios Socioeconómicos de Río de Janeiro (Dieese), Brasil puede resultar interesante para los inversores españoles solo en el largo plazo. “En la actualidad, tenemos muchos problemas. La pandemia empeoró la situación económica de Brasil, como muchos países del mundo, pero hay que tener en cuenta que veníamos de dos años de estancamiento, algo que también se espera para el próximo bienio”, explica Mineiro a este periódico.

Las elecciones como telón de fondo

La incertidumbre política es otro factor determinante. Desde finales del año pasado, hay un debate en Brasil sobre la posible sucesión de Bolsonaro, cuya popularidad ha bajado a principios de 2021 con la suspensión del subsidio especial para parados y precarios. Las elecciones municipales de noviembre de 2020 fueron interpretadas por varios analistas como una derrota para el mandatario ultraderechista. Las elecciones presidenciales de 2022, cuya disputa ya ha empezado en los círculos políticos y periodísticos, puede complicar el ya congestionado panorama político. “En los próximos dos años, Brasil no será un país para principiantes porque presenta muchos riesgos. Pero es interesante seguir de cerca lo que pasa aquí, porque pueden surgir buenas oportunidades para el capital extranjero en áreas como las infraestructuras”, señala Adhemar Mineiro.

El turismo representa sin duda una buena apuesta, sobre todo teniendo en cuenta que el sector hotelero brasileño no está en su mejor fase y ofrece buenas oportunidades de inversión. “Muchas personas van a volver a viajar cuando la mayoría de la población sea vacunada, pero habrá una gran competición para captar este nuevo flujo de turistas. No hay que olvidar que en Brasil la pandemia se puede extender durante más tiempo por la postura negacionista del presidente y por la falta de un plan consistente de vacunación, sin contar las nuevas cepas del virus. Gracias a la desvalorización del real, Brasil es un destino barato en este momento, pero quien invierte tiene que pensar en trabajar inicialmente con el turismo interno, lo que requiere una cierta experiencia”, aclara el economista.

Mineiro: "Muchas personas van a volver a viajar cuando la mayoría de la población sea vacunada, pero habrá una gran competición para captar este nuevo flujo de turistas"

La embajada de España en Brasil hace hincapié en que el país está lleno de oportunidades. “De hecho, para el Gobierno de España, Brasil es uno de los 12 únicos países que cuentan con un Plan de Actuación Sectorial Estratégica (PASE), desarrollado por la Secretaría de Estado de Comercio del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo en el marco del Plan de Acción para la Internacionalización de la Economía Española”, recuerda Isabel Rata. Brasil despunta al lado de países como EEUU, Canadá, México, Marruecos e India, entre otros.

Además de las infraestructuras y turismo, otro sector estratégico es el eléctrico en todos sus segmentos, especialmente la generación de energía limpia, en la que España es una referencia, así como la transmisión. “Aunque Brasil ha mejorado la interconexión y transmisión de energía eléctrica, todavía queda mucho por hacer. También hay espacio en el mercado de petróleo y gas, y de biocombustibles”, afirma el director ejecutivo de la Cámara Española de Comercio.

Recientemente, Brasil aprobó el marco legal de saneamiento básico, que debe favorecer la privatización de empresas de concesión de agua, algo que puede seducir a muchas compañías españolas. “El tratamiento de las aguas residuales es muy deficitario en Brasil. Se estima que solo un 52% de la población de Brasil tiene alcantarillado. Las oportunidades son enormes para ayudar a mejorar el sistema de salud pública”, recuerda Alejandro Gómez.

Grandes riesgos, grandes oportunidades

Las privatizaciones, anunciadas a bombo y platillo durante el primer año del Gobierno de Bolsonaro, podrían ampliar el abanico de posibilidades para los inversores españoles. Las más cotizadas son Electrobras y Correos. Sin embargo, la pandemia y las dificultades encontradas por el ministro Guedes en atraer el capital internacional han atrasado este proceso. “Son operaciones complicadas que requieren un tiempo de maduración para contar con un diseño apropiado. Su inclusión en el PPI es una clara señal de su prioridad para el Gobierno brasileño”, afirma la consejera económica de la embajada.

“El Gobierno de Bolsonaro intenta lanzar privatizaciones en un momento en que el capital extranjero está muy reacio a asumir riesgos. El único gran inversor que entró más activamente en Brasil es China, tanto en el sector eléctrico como en las concesiones petrolíferas. Canadá, Estados Unidos, la Unión Europea y Japón muestran una mayor aversión al riesgo”, señala Mineiro. “Recientemente, un fondo de Qatar ganó la disputa por la refinería de Petrobras en el estado de Bahía. La entrada de fondos de inversión sin una tradición de operación en este campo puede ser un problema más adelante. Estos fondos buscan rendimiento financiero de corto plazo y no saben operar una refinería, como harían Repsol o Shell”, agrega.

Otro elemento que varios analistas citan con preocupación es la salida de Ford, que en enero anunció el cierre de dos fábricas en Brasil, aunque optó por mantener la producción en Argentina y Uruguay. Para la embajada española, no se trató de una decisión repentina, y sí de una “estrategia global de una empresa que opera en un sector, el automovilístico, que afronta ciertos retos en la actualidad”. Para Mineiro, en cambio, es una clara muestra de que la empresa estadounidense confía más en el Gobierno de Argentina. “Ford no es la única empresa que ha salido de Brasil. Ha habido otras, como Mercedes, que recientemente cerró su única planta de automóviles en Brasil”, subraya el economista.

Foto: Vista exterior de la embajada de Estados Unidos en La Habana.

La ratificación del acuerdo entre Mercosur y la Unión Europea, aprobado a mediados de 2019 y a la espera del sí de cada Estado miembro de los dos bloques, podría asegurar a las empresas españolas el acceso a una porción muy suculenta de mercado, el de las compras públicas del Gobierno brasileño. Es una perspectiva nada desdeñable, teniendo en cuenta que no precisa de grandes inversiones y proporciona buenas perspectivas de ganancia.

Sin embargo, el factor Bolsonaro, es decir, su resistencia a respetar las normas medioambientales y a preservar la Amazonía, puede aguar la ratificación de este esperado acuerdo. El presidente de Francia, Emmanuel Macron, ya ha amenazado con vetar el acuerdo si Bolsonaro no se compromete a reducir la deforestación de los bosques amazónicos. Los gobiernos de Alemania, Austria y Polonia han expresado posiciones parecidas. El consejo de algunos economistas brasileños es esperar el resultado de las próximas elecciones antes de aventurarse en el complicado escenario brasileño.

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