Violencia en Kenosha y Portland

Civiles armados en las calles: ¿ha cruzado EEUU la línea roja de la violencia?

Algo ha estallado en las protestas de EEUU, y ahora se ha cruzado una línea. Milicias y civiles de tendencia ultraderechista han salido fuertemente armados a 'defender' las calles

Foto: Kyle Rittenhouse, el menor de 17 años que mató a dos personas e hirió a una tercera durante los disturbios.
Kyle Rittenhouse, el menor de 17 años que mató a dos personas e hirió a una tercera durante los disturbios.

Las líneas divisorias en Estados Unidos son cada vez más obvias, como si las hubieran trazado con un hierro candente, y las protestas y contraprotestas se han adentrado todavía más en el territorio de la violencia. El asesinato de tres personas, dos en Kenosha y una en Portland, parece haber envalentonado a los grupos radicales y ha reforzado las sospechas de un problema poco estudiado: el vínculo de la policía de varios estados con grupos racistas y de extrema derecha. Una relación que se habría manifestado en el tumulto de los últimos días.

El pasado martes por la noche, las calles de Kenosha, en Wisconsin, se transformaron en un campo de batalla, después de que la policía disparase siete veces por la espalda a Jacob Blake, otro afroamericano desarmado. En un momento de la noche, los manifestantes contra la brutalidad policial, los pacíficos y los violentos, se vieron embotellados en una calle: a un lado estaba la policía, al otro, según la reconstrucción hecha por Gina Barton en 'Milwaukee Journal', hombres blancos armados con rifles.

Uno de estos hombres, “con cara de niño”, apuntaba a los manifestantes desde un aparcamiento, secundado por lo que parecían francotiradores. Hubo acusaciones mutuas, cuando este joven disparó contra un manifestante: un tiro en la cabeza. Distintos vídeos muestran la terrible escena, con varias personas atando prendas de ropa en torno a la cabeza ensangrentada. Muerto. El asesino se asusta y sale corriendo con su rifle al hombro, varios manifestantes lo persiguen y uno parece golpearle con un monopatín. El joven cae al suelo y dispara. Otro muerto.

El abundante número de agentes presentes en las inmediaciones, más que en las dos noches anteriores, pareció no reaccionar. Es más: según la crónica de Elaine Godfrey en 'The Atlantic', el culpable, Kyle Rittenhouse, de 17 años, se dirigió con las manos en alto hacia la policía, que lo habría dejado pasar. Rittenhouse, que hoy está detenido y cuyo abogado alegará “defensa propia” en el juicio, fue capaz de salir de Kenosha después de haber matado a dos personas.

Civiles armados en las calles: ¿ha cruzado EEUU la línea roja de la violencia?

"Guardianes" armados

Este fue el incidente más grave, pero no el único que despertó sospechas. En Kenosha, se ha denunciado que los agentes solo aplican el toque de queda para quienes protestan contra la violencia policial, no para los milicianos armados que dicen proteger los edificios de los disturbios, y que pertenecen, como el propio Rittenhouse, a un grupo denominado Kenosha Guard. La cincuentena de detenciones de la semana pasada habría sido casi exclusivamente de manifestantes.

Mientras tanto, un vehículo del 'sheriff' fue grabado arrojando botellas de agua a los hombres armados con rifles junto a los edificios. “Os apreciamos, chicos. Realmente”, se oye decir a alguien a través del megáfono del vehículo. El 'sheriff' de Kenosha, David Beth, dijo después que esta actitud agradecida del agente “no refleja la perspectiva de todas las fuerzas de seguridad acerca de lo ocurrido”.

Vehículos policiales en Kenosha. (Reuters)
Vehículos policiales en Kenosha. (Reuters)

Las escenas de Kenosha riman con otros episodios de los últimos tres meses. El 1 de junio, en un vecindario de Filadelfia, una turba de hombres blancos armados con bates de béisbol intimidó a los manifestantes; entre las cuatro y las 10 de la noche hubo 36 quejas vecinales, pero la policía no hizo nada al respecto. Algunos de estos matones armados intimidaron y golpearon a manifestantes ante la indiferencia de algunos agentes. Otros uniformados de Washington o de California han sido fotografiados con símbolos de grupos racistas. En estos momentos, hay varias investigaciones en curso para aclarar estos vínculos.

Un antiguo agente especial del FBI, Michael German, ha documentado la infiltración de grupos supremacistas blancos en los departamentos de policía de más de una docena de estados. Un proceso que habría empezado hace 20 años y que explicaría, en parte, la aparentemente escasa acción policial contra este tipo de grupos radicales. Según German, esta infiltración ha sido destapada en numerosos estados de todas las coordenadas del país, aunque la policía no investiga lo suficiente.

"A los militantes de extrema derecha se les permite participar en la violencia y luego marcharse"

“Nadie está recolectando los datos y nadie está buscando activamente a estos agentes de las fuerzas de seguridad”, dijo a 'The Guardian', y reconoció haber visto una “respuesta negligente” por parte de la policía durante las protestas. “A los militantes de extrema derecha se les permite participar en la violencia y luego marcharse mientras los manifestantes padecen acciones policiales violentas”. Lo cual estimularía, dice German, la sensación de impunidad que tienen estas milicias.

Según un estudio publicado por el Brennan Center for Justice, de la Universidad de Nueva York, el Departamento de Justicia no tiene ninguna estrategia nacional para limitar la presencia de supremacistas blancos en la policía. A pesar de que, como denuncia Daniel L. Byman, de Brookings Institute, la amenaza de grupos racistas violentos ha crecido en EEUU y luchar contra ellos precisa de muchos más recursos; recursos que, desde 2001, están prácticamente monopolizados por el yihadismo.

Milicias en las calles

Aclarar estas infiltraciones en la policía puede ser hoy más urgente que nunca, a la vista del paisaje sociopolítico. Solo en mayo y junio, los grupos armados de ultraderecha, supremacistas o antigobierno, han sido reconocidos en al menos 187 ocasiones, durante las protestas desatadas en varias ciudades del país.

A raíz del asesinato en Portland de Aaron Danielson, un simpatizante del grupo ultraderechista Patriot Prayer, en un crimen que sigue siendo investigado, la considerada milicia más numerosa de Estados Unidos, los Oath Keepers, tuiteó que ese había sido “el primer disparo” de la “guerra civil”. En conversación con el periodista Casey Michel, el líder de los Oath Keepers, Stewart Rhodes, pide a Donald Trump que declare una “insurrección nacional” y movilice las tropas federales contra los manifestantes. (El Confidencial asistió a unos talleres de supervivencia con los Oath Keepers de Chino Valley, en Arizona, en otoño de 2018).

El líder de los Oath Keepers pide a Trump que declare una “insurrección nacional” y movilice las tropas federales contra los manifestantes

Portland, uno de los centros nacionales de las protestas, donde el presidente Donald Trump llegó a desplegar agentes federales para “dominar” a los manifestantes violentos, tiene una tradición a la hora de lidiar con este tipo de grupos. Se trata de una ciudad radicalmente demócrata en un contexto rural bastante republicano, lo que más de una vez ha generado peligrosas fricciones. El año pasado, el Capitolio estatal tuvo que ser cerrado debido a la amenaza de las milicias derechistas. Algunos parlamentarios republicanos se negaron a ir al Capitolio en rechazo de una ley ecológica; la gobernadora amenazó con ir a prenderlos. Y varias milicias se ofrecieron de escolta a los republicanos díscolos por si les iba la policía.

A principios de 2016, hombres armados ocuparon durante más de un mes el Refugio de Vida Salvaje de Malheur. Los milicianos, liderados por un hombre implicado en un desafío a las fuerzas federales en el rancho de su padre, en Nevada, dos años antes, exigían al Gobierno que renunciase al control de tierras federales y que se lo entregase a los estados.

La tensión en Portland, agravada por la muerte de Danielson, ha hecho que la gobernadora, Kate Brown, despache agentes de la policía estatal a la ciudad. Los efectivos ayudarán a la policía local y harán valer el derecho a la libertad de expresión de los manifestantes. “Todos tenemos que unirnos —los políticos electos, los líderes comunitarios, todos nosotros— para parar este ciclo de violencia”, dijo Brown. “El cambio real vendrá del trabajo duro para conseguir la justicia racial. Y empieza con todos escuchándonos los unos a los otros, y trabajando juntos”.

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