EL MIÉRCOLES HABLARÁ DEL CORONAVIRUS

España: una gestión atípica de la crisis sanitaria en la que Sánchez está ausente

El jefe del Ejecutivo no ha hablado ni una sola vez en público de la epidemia hasta que finalmente lo ha hecho este lunes, dejando todo el protagonismo en manos de su ministro de Sanidad y de los expertos

Foto: Controles de temperatura en Italia. (EFE)
Controles de temperatura en Italia. (EFE)

El presidente Pedro Sánchez habló, por primera vez, en público sobre la propagación del coronavirus este lunes. Lo hizo durante su discurso en el congreso de la ATA, en el que anunció un plan de choque "cuanto antes". Lo ha hecho poco después de que el líder de la oposición, Pablo Casado, le afeara no dar "la cara". El miércoles también tendrá que pronunciarse sobre el tema, aunque no lo hará 'motu proprio', sino en respuesta a una pregunta del líder del PP en la sesión de control al Ejecutivo en el Congreso de los Diputados. Será la segunda vez que el jefe de Gobierno del séptimo país del mundo por número de contagiados se exprese sobre esta cuestión.

[Última hora del coronavirus Covid-19]

Los líderes de los seis países que cuentan con más enfermos que España se han dirigido todos, de varias maneras, a su opinión pública, y también lo han hecho otros máximos dirigentes de potencias con menos infectados. Solo hay una excepción: la canciller democristiana alemana, Angela Merkel. Con 1.018 casos señalados el domingo por la noche, Alemania es, después de Italia (7.375) y Francia (1.126), el país europeo más afectado, justo por delante de España.

España: una gestión atípica de la crisis sanitaria en la que Sánchez está ausente

Desde que estalló la crisis, Merkel solo ha pronunciado seis palabras: “Esta tarde no daré ninguna mano”. Las dijo al llegar a su feudo electoral, Stralsund, al borde del mar Báltico, el 29 de febrero, donde se reunió con militantes de su partido a los que no tocó. Después se volvió a sumir en el silencio.

Sánchez puso, por su parte, un tuit, el 13 de febrero, tras la cancelación del Mobile World Congress de Barcelona, en el que aseguraba que la decisión “no responde a razones de salud pública en España”. Restó así importancia a la epidemia que se avecinaba. El 25 de febrero presidió la Comisión Interministerial sobre el coronavirus, que volverá a encabezar hoy lunes. El 4 de marzo, visitó además el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, que dirige Fernando Simón. Alabó, según su equipo de comunicación, el “compromiso profesional” de los que allí trabajan y les agradeció el mensaje de “calma y sosiego” que trasladan.

Aunque muy probablemente no se han coordinado, Sánchez y Merkel gestionan políticamente la crisis de la misma manera. Ambos han adoptado un perfil bajo y otorgan todo el protagonismo a sus ministros de Sanidad, Salvador Illa y Jens Spahn, y a los técnicos como Simón. Jens Spahn compareció, por ejemplo, el 2 de marzo ante la prensa con seis expertos científicos que avalaron sus palabras. El ministro alemán no anuncia cierres ni prohibiciones sino que, como Illa y Simón, formula, ante todo, recomendaciones.

A Sánchez, más allá del comentario de este lunes de Pablo Casado, la oposición solo le ha reprochado hasta ahora haber dejado a su ministra de Trabajo, Yolanda Díaz (Podemos), sacar por su cuenta una guía sobre cómo actuar en las empresas ante el coronavirus. Su aparente ausencia de la primera fila no ha dado lugar a acérrimas críticas por parte de sus adversarios ni de los medios de comunicación, excepto alguno marginal.

Merkel ha tenido menos suerte. Varias publicaciones influyentes la amonestan. “¿Dónde está Angela Merkel? La llamativa ausencia de la canciller en tiempos de crisis”, titulaba, por ejemplo, la revista 'Focus'. Thomas Sigmund, columnista del diario económico 'Handelsblatt', escribió el 28 de febrero: “Merkel debe convertir la lucha contra el coronavirus en su máxima prioridad. La canciller ha mostrado reiteradamente su liderazgo durante su mandato, pero este parece haber desaparecido con motivo de la crisis del nuevo virus y eso debe cambiar”.

¿Por qué Sánchez no sale ahora a la palestra como sus homólogos de países democráticos y también autoritarios?

Cuando estalló la crisis del ébola, en octubre de 2014 —menos grave que la que ahora azota España—, el presidente Mariano Rajoy optó también por colocarse en un segundo plano, pero no cedió el mando a su ministra de Sanidad, Ana Mato, en la que no debía de tener plena confianza. Encargó la coordinación a su vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría. Pedro Sánchez sí acusó entonces al Ejecutivo popular de “descoordinación, desinformación y, en definitiva, de desgobierno”.

¿Por qué Sánchez no sale ahora a la palestra como sus homólogos de países democráticos y también autoritarios? Desde Moncloa, explican que su intervención es innecesaria porque Illa y Simón ya informan con transparencia y se esfuerzan por apaciguar los temores infundados. Si el presidente interviniese con cierta frecuencia, sería dar a la gestión de la crisis sanitaria un cariz más político, cuando esta debe ser ante todo técnica y mantenerse alejada de estériles polémicas, como la que se produjo en Italia entre el Gobierno y la ultraderechista Liga Norte.

La casi totalidad de los jefes de Estado y de Gobierno sí comunican con frecuencia desde hace algo más de un mes. Lo hacen para anunciar medidas de contención, tranquilizar, pedir unidad y tratar de que la opinión pública solo se informe a través de fuentes fiables y no se crea los bulos.

La obsesión por las 'fake news' es compartida por democracias occidentales y regímenes autoritarios, aunque no actúan de la misma manera. El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, sostuvo, el 4 de marzo, que “la mejor manera de proteger a su familia y a su comunidad es seguir las instrucciones del departamento de Sanidad”. El presidente chino, Xi Jinping, hizo, en cambio, hincapié, un mes antes, en combatir ese fenómeno “reforzando el control de los medios en internet”, ya de por sí muy cercenado en China, y “sancionando a los que se aprovechan de la epidemia para propagar rumores”.

“Estamos solo al principio”, declaró en un alarde de sinceridad el presidente Emmanuel Macron el 17 de febrero, después de que se anunciara el primer muerto en Francia. “Vamos a intentar tomar, junto con los médicos, las decisiones correctas”, añadió. El viernes pasado, recomendó además públicamente a los franceses que no visiten las residencias de ancianos para evitar que corran riesgos.

El británico Boris Johnson también prodigó consejos, el jueves pasado, y lo hizo en tono de broma, quizá para desdramatizar. Instó a lavarse con frecuencia las manos con jabón y agua caliente durante bastante tiempo, el necesario “para cantar dos veces 'Feliz cumpleaños”. Una vez limpias, él no duda en dar apretones de mano.

Algunas declaraciones públicas tensan el ambiente. Giuseppe Conte, el primer ministro italiano, afirmó el 25 de febrero en la RAI que la reacción del hospital de Codogno (Lombardía), epicentro del coronavirus en Italia, “no había sido del todo apropiada aplicando los protocolos de prudencia aconsejables”. En Italia, la sanidad está, como en España, en manos de las regiones. El presidente de Lombardía, Attilio Fontana, de la Liga Norte, tachó de “inadmisibles” y “ofensivas” las palabras de Conte.

Quizá por eso el presidente de la República italiana, Sergio Mattarella, hizo la semana pasada una declaración institucional instando a los italianos a “confiar en las capacidades y recursos de los que disponemos” para hacer frente a la crisis.

Mundo

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
60 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios