Los indignados de India: la futura alternativa ante el radicalismo hindú de Modi
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EL PARTIDO DEL HOMBRE COMÚN... Y DE LA ESCOBA

Los indignados de India: la futura alternativa ante el radicalismo hindú de Modi

El exitoso modelo de gobernación de Delhi muestra las diferencias entre la política regional y nacional india y es germen de una oposición que podría hacer frente al actual gobierno del país

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Los indignados de India: la futura alternativa ante el radicalismo hindú de Modi

El partido del Primer Ministro Narendra Modi ha vuelto a caer en las elecciones a la asamblea del estado de Delhi, donde está la capital, Nueva Delhi. Tras varias derrotas regionales desde su aplastante mayoría en las generales de mayo, el conservador y nacionalista hindú Bharatiya Janata Party (BJP) cargó con un discurso extremadamente violento para vencer en los comicios de Delhi, como plebiscito a sus contestadas políticas nacionales. Pero el partido de los indignados indios ha vuelto a conquistar la capital y se articula como futura alternativa ante el radicalismo hindú que ha inundado India en los últimos años.

Los casi 20 millones de habitantes de Delhi eligieron nuevo gobierno hace unos días tras una de las campañas electorales más polarizadas que se recuerdan. Las movilizaciones antigubernamentales contra la ley de ciudadanía, que permite solicitar asilo en India a migrantes siempre que no profesen el islam, se han perpetuado en Delhi; donde la sentada pacífica que desde hace meses reúne a mujeres de Shaheen Bagh, al sureste de la capital, convirtió a este barrio en epicentro de la guerra electoral.

Las llamadas de candidatos del partido de Modi a usar la violencia contra las concentradas, en su mayoría musulmanas, se materializaron el último día de enero y el primero de febrero cuando dos radicales hindúes abrieron fuego en sendos ataques armados contra las protestas, los primeros de este tipo realizados por civiles en la historia de la capital india.

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En medio de la crispación, sin embargo, los votantes rechazaron el discurso del BJP, centrado en el enfrentamiento religioso entre hindúes y musulmanes y volvieron a conceder la mayoría absoluta al partido regional en el gobierno de Delhi. Así, el Aam Aadmi Party (AAP) -Partido del Hombre Común- renueva su mandato avalado por el éxito de sus políticas sociales y su lema anti-corrupción ante la oposición meramente nominal del histórico Partido del Congreso. Con el tradicional grupo de la dinastía Nehru-Gandhi en declive, el liderazgo de Arvind Kejriwal -representante de AAP y jefe del gobierno de Delhi- se posiciona como la nueva voz del electorado secular y firme opositor regional del nacionalismo hindú de Modi.

Una forma diferente de hacer política en India

Durante la campaña, Arvind Kejriwal fue fiel a su modelo y rehuyó el juego sucio de adversarios del BJP, usando las redes para que los votantes evaluasen su legado en vez inflamar el odio religioso a través de ellas. En la anterior legislatura, su gobierno pudo ejecutar políticas de calado en el estado de Delhi gracias al 95% de los escaños ganados en 2015.

Desde entonces, Delhi ha invertido un cuarto del presupuesto en educación, el mayor del país, mejorando las 1.000 escuelas públicas y sus 1,5 millones de estudiantes respecto a las privadas, inusual en India. El Partido del Hombre Común también dio acceso gratis a servicios básicos, como agua y electricidad, granjeándose el apoyo de las clases desfavorecidas. Junto a medidas innovadoras como el transporte gratuito para mujeres, para reducir su vulnerabilidad en la llamada capital de las violaciones.

Gracias a este aval, Kejriwal jurará el cargo de líder del gobierno de Delhi por tercera vez este domingo con 62 de los 70 escaños -habiendo cedido 5 al BJP. La victoria de este antiguo activista es el logro de un partido consolidado como primera start-up política de éxito en la era de los mini-negocios tecnológicos en India.

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Heredero de la indignación global anti-establishment, AAP se escindió del movimiento contra la corrupción tomando como símbolo una escoba, icono de los más pobres de India, principales valedores de sus políticas. Su abandono a las semanas de empezar su primera legislatura -por insistir en un mediador anticorrupción- fue visto como debilidad y, luego, como señal de principios. Esto, junto a la transversalidad de su electorado, le ha hecho repetir: “No me caso con una ideología sino con la obligación de solucionar problemas”, señaló recientemente.

India y el fin del secularismo

El nuevo mensaje contrasta con los otros grupos del espectro político indio. El principal partido hoy en la oposición, el histórico Partido del Congreso, es rechazado en las urnas no solo por el legado de su corrupción sino por la desconfianza de quienes critican su sometimiento secular a la voluntad de los musulmanes para granjearse el voto de esta minoría religiosa (15% de la población). De la misma manera que otros líderes tradicionales regionales carecen del apoyo de las de las clases medias hindúes. Como Mayawati en el Estado Uttar Pradesh, por su alineamiento con las castas bajas. O Mamata Banerjee, líder incontestable en la región Bengala Occidental pero incapaz de hacer frente al discurso beligerante del partido de Modi a nivel nacional.

Centrado en sus logros y sin entrar en la guerra dialéctica entorno a la identidad religiosa del país, el mensaje de Kejriwal navega también entre el apoyo manifiesto a las protestas musulmanas de Shaheen Bagh y la devoción de la simbología religiosa hindú, alejándose así de un secularismo que pierde electorado en India. Si bien su forma de hacer política inspira a un sector de las nuevas generaciones hastiado de la batalla por la identidad religiosa del subcontinente, el alcance del Partido del Hombre Común se circunscribe actualmente al ámbito de Delhi y su discreta representación política en cuatro estados indios más.

Con la victoria del partido de los indignados en Delhi, el BJP sufre un nuevo revés a nivel estatal, el octavo en unos comicios regionales desde 2018. Los resultados electorales demuestran el buen engrasado de la democracia india, donde su electorado diferencia entre prioridades nacionales y regionales, así como la escasa impronta del discurso nacionalista hindú a nivel local. Sin embargo, la marca Modi sigue intacta en el tablero nacional y prueba de ello fue no solo la arrolladora victoria en las elecciones generales de mayo de 2019, después de cinco derrotas regionales meses antes, sino la ejecución su programa político-religioso.

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Salvo la protestada ley de ciudadanía, la controvertida división de Cachemira -único Estado indio de mayoría musulmana, fronterizo con Pakistán- fue aceptada por la mayoría del país, como también lo fue la politizada orden judicial de construir un templo hindú sobre los restos de una mezquita. Consumadas sus promesas y acuciado por los peores datos económicos en medio siglo, el nacionalismo hindú necesita recuperar peso regional. Muestra de este imperativo fue la beligerancia con la que hizo campaña en Delhi, un estado de importancia menor ya que solo envía siete de los más de 550 legisladores al Parlamento indio.

Pero no fue Modi quien lideró los mítines del BJP, como suele hacer, sino su mano derecha y Ministro del Interior, Amit Shah. Llamado a ser el futuro líder del nacionalismo hindú, Shah se enfrentó a un nuevo modelo de hacer política, que allana el camino para la resurrección de una oposición con el que hacer frente a Modi en India.

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