¿Suicidio o asesinato? Cloacas

Nisman: la escandalosa muerte de un fiscal tras un vuelo Madrid-Buenos Aires

Cinco años después de que Alberto Nisman apareciera muerto tras acusar a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, el enigma sigue en pie contra toda evidencia. Una serie revisa el caso

Foto: El fiscal Alberto Nisman. (Movistar)
El fiscal Alberto Nisman. (Movistar)
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Algo muy gordo tiene que estar cociéndose en tu cabeza para dejar tirada en el aeropuerto (Barajas) de un país extranjero (España) a tu hija de 15 años. Padre argentino a la fuga en medio de un viaje por Europa para celebrar la fiesta de quinceañera. Catacroc en pleno rito de paso adolescente. Pocas escenas paterno/filiales más desgarradoras que la que protagonizó el fiscal Alberto Nisman en Barajas un 11 de enero de 2015. Regresó a Buenos Aires ofreciendo extrañas excusas. Nunca más volvió a ver a su hija Iara. Tres días después, Nisman denunció a la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner por encubrir a los autores iraníes del atentado contra la Asociación Mutual Israelita de Argentina (AMIA) en 1994. Siete días después, Nisman apareció muerto en su apartamento con una bala en la cabeza. Tenía 51 años.

Fiscal muere en misteriosas circunstancias tras denunciar a presidenta. Algo habrá tenido que ver el Gobierno, ¿no? Blanco y en botella: leche.

Cinco años después de la muerte de Nisman, la causa por asesinato sigue en pie, pero la principal lección que nos deja ‘Nisman. El fiscal, la presidenta y el espía’, monumental serie de no ficción que Movistar estrenó anoche, es que el caso AMIA/Nisman es más parecido a una conjetura matemática que a un 'thriller' conspiratorio hollywoodiense: no tiene una resolución fácil. En Argentina blanco y en botella no siempre es leche.

Habla el creador de la serie, Justin Webster, británico afincado en Barcelona y director de 'Muerte en León': “Partimos sin ideas preconcebidas, justo lo contrario de lo que ocurre en este caso, donde primero van siempre las conclusiones y luego los indicios para sostenerlas. Es el mundo al revés. Nuestra idea era arrojar luz, pero teníamos claro que esclarecerlo del todo sería imposible: es un asunto enterrado en una montaña de información que oculta más que muestra”.

El fiscal Alberto Nisman. (Reuters)
El fiscal Alberto Nisman. (Reuters)

Atentado a la AMIA

“La tragedia de la AMIA es que se investigó más para tapar la verdad que para desvelarla”, cuenta Webster.

¿Se imaginan que siguiéramos discutiendo si el 11-M lo montó ETA, una célula yihadista o la Orquesta Mondragón? Pues eso pasa en Argentina con el atentado a la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA). 85 muertos, el mayor ataque a civiles judíos desde la II Guerra Mundial.

Nisman se había vuelto un hombre condenado a muerte por señores de otro mundo

La investigación empezó de la peor manera posible y viaja a la deriva desde entonces, generando más descontrol político que certezas. Primero se juzgó la conexión local del atentado (mezcla de delincuentes y policías de Buenos Aires), pero acabó en fiasco judicial: el juez, los fiscales y los servicios de inteligencia habían montado una trama con falsos culpables. Escándalo por todo lo alto (del que Nisman, fiscal de apoyo en el juicio, se libró por poco).

Luego vino la trama iraní, impulsada por el fiscal especial Nisman, al que el kirchnerismo colmó de recursos para aclarar el caso, y con el espía Jaime Stiuso (atentos a este nombre) recopilando pruebas desde la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) con ayuda de la CIA y el Mosad. La trama iraní tuvo muchos altibajos: de la falsa localización del terrorista suicida (un miembro de Hezbolá que en realidad había muerto en Líbano) hasta la orden de captura internacional de ocho funcionarios iraníes y un ciudadano libanés tras ser procesados por la justicia argentina.

Aquí es donde arranca el quilombo que se llevaría por delante a Nisman varios años después. En 2013, la presidenta Cristina Fernández firmó un extraño Memorándum de entendimiento Argentina-Irán para constituir una comisión de la verdad internacional sobre el atentado y que los acusados fueran interrogados fuera de Argentina (ya que se resistían a ser extraditados). Se habló (sin pruebas) de apaño: comprar combustibles iraníes a buen precio para paliar la crisis energética Argentina, y a cambio hacer la vista gorda con el atentado. De eso le acusaría más o menos Nisman. El Memorándum fue aprobado por las cámaras argentinas, pero nunca entró en vigor, porque Irán no lo ratificó, y abrió una brecha entre el Gobierno, Nisman y Stiuso que acabaría a tiros.

La cuenta atrás

Desde la performance de Nisman en Barajas hasta que apareció muerto pasaron siete días frenéticos. Es difícil pensar en alguien con más frentes y más presión encima que él.

Antes de subirse al avión de vuelta a Buenos Aires, envió un mensaje masivo por WhatsApp a sus contactos de confianza:

“… Debí suspender intempestivamente mi viaje de 15 años a Europa con mi hija y volverme. Imaginarán lo q eso significa. Pero a veces en la vida los momentos no se eligen, Simplemente, las cosas suceden y esto es x algo. Esto q voy a hacer ahora igual iba a ocurrir. Ya estaba decidido. Hace tiempo q me vengo preparando para esto., pero no lo imaginaba tan pronto… como Uds. ya saben, las cosas suceden y punto. Así es la vida. Lo demás es alegórico... Me juego mucho en esto. Todo, diría. Pero siempre tomé decisiones y hoy no va a ser la excepción. Y lo hago convencido. Sé q no va a ser fácil. Todo lo contrario. Pero más temprano que tarde la verdad triunfa y me tengo mucha confianza. Haré todo lo q esté a mi alcance, y más también, sin importar a quien tenga enfrente. Gracias a todos. Será justicia!! Ah. Y aclaro x si acaso q no enloquecí ni nada parecido. Pese a todo, estoy mejor q nunca. Ja ja ja ja ja”.

En la vida los momentos no se eligen.

Hace tiempo que me vengo preparando para esto.

Me juego mucho.

Será justicia.

No enloquecí ni nada parecido.

Ja, ja, ja, ja, ja.

Justo después, como recoge el libro '¿Quién mató a Nisman?', de Pablo Duggan, el fiscal envió otros dos wasaps masivos: una imagen con el eslogan “KEEP CALM AND JUSTICE” y una foto suya con una bandera argentina y la leyenda: “KEEP CALM AND DON´T NEGOCIATE WITH TERRORISM” (mantengan la calma y no negocien con el terrorismo).

También se cruzó mensajes tensos con sus ex mujer, la jueza federal Sandra Arroyo, que voló de Barcelona a Madrid para recoger a su hija varada en Barajas.

Nisman regresó precipitadamente a Buenos Aires para denunciar a Cristina, de acuerdo, ¿pero a qué tanta prisa? Posible respuesta: había rumores de que el Gobierno estaba a punto de despedirle como fiscal especial del caso AMIA.

El día que puso la denuncia, Nisman apareció en el programa televisivo 'A dos voces', del canal TN, conducido esa noche por Edgardo Alfano. Estaba visiblemente alterado, desatado, sus explicaciones fueron algo confusas, pero una cosa quedo clara: acababa de meter la gran rajada contra Cristina.

“Podía ser una denuncia poco contundente, pero no era una denuncia improvisada… ¿Tenían como objetivo la impunidad del atentado? Ésa era una conjetura mayor, más difícil de sostener. ¿Y cuál había sido el rol exacto de Cristina? Estaba por verse. Lo que habían construido era una denuncia impactante, pero todavía en veremos. Era más bien un proyecto de investigación. Una hipótesis, que podía ser cierta o un disparate”, escribe Tato Young en 'Código Stiuso. La SIDE, la política desde las cloacas y la muerte de Nisman'.

La aparición de un Nisman pasado de rosca en televisión conmocionó y dividió al país. El kirchnerismo cargó contra el fiscal, arrancó una campaña de desprestigio, se airearon chismorreos sobre su intensa vida privada (dinero sin justificar y amoríos con chicas de la noche) y sobre su narcisismo laboral que no le dejaron en buen lugar.

La denuncia de Nisman sufrió varios reveses judiciales esos días. Dos jueces —incluido el que investigaba el atentado contra la AMIA— hablaron de falta de pruebas.

Nisman, en portada.
Nisman, en portada.

Dos días antes de su muerte, Nisman mantuvo otro duro intercambio de mensajes con su ex Sandra Arroyo. El fiscal le mandó la portada de la revista 'Noticias', donde aparecía junto a la bandera argentina y el titular “Alberto Nisman. Secretos del fiscal que quiere condenar a Cristina”. Su ex montó en cólera: “Está claro que mis prioridades están en otro lugar, y como está a la vista que para vos lo más importante es la puja de poder y salir en diarios, revistas y tv, te felicito por haber conseguido lo que querías. Pese a todo esto estoy haciendo hasta lo que no puedo y poniendo toda mi energía positiva para que Iara tenga su viaje de 15 como ella lo soñó. Y no te preocupes ni vos ni tu familia que ella lo está pasando bárbaro...”.

Duggan recoge en su libro otros extractos del rifirrafe:

Nisman: no entendés nada. No podía NO hacerlo. Ya te lo explicaré personalmente… Estoy hecho mierda y vos encima seguís…

Arroyo: no te preocupes, ni yo ni mis hijas somos tan basura como para hacer nada, no somos oportunistas y además yo les estoy enseñando a ser feliz con poco o con mucho, sí, sí, con mucho, pero con mucho amor, atención, dedicación, estudio y trabajo. Para que sean mujeres de bien y que se valgan por ellas mismas, y no esperen o especulen con nada de nadie. Para que a los 20 años no tengan que regalarse a un papá de 50 para tener un viaje, un auto, ropa, celular o carteras [Arroyo alude con vitriolo a las jóvenes amantes del fiscal]… Te lo digo porque como vos y yo sabemos nada es gratis en la vida. Todo se paga, todo pasa y todo llega. Suerte y éxitos, Sinceramente. Y para molestar, agredir o exponerlas olvidate de mis hijas. Gracias”.

“'Ni yo ni las chicas necesitamos ninguna explicación, ya está todo aclarado, suerte'. Así se cerró el intercambio. Tenso, de esos que conocen tantas parejas... Pero ahí estaba, otra vez, expuesto el carácter del fiscal. El de un hombre que estaba corriendo demasiado rápido, tal vez más rápido que lo que soportaban sus piernas”, escribe Tato Young en 'Código Stiuso'.

La ex mujer de Nisman lideraría luego las protestas por la muerte de Nisman y las denuncias contra el Gobierno de Cristina por homicidio.

Manifestación de protesta por la muerte de Nisman. (EFE)
Manifestación de protesta por la muerte de Nisman. (EFE)

Nisman se atrincheró en su apartamento para preparar la exposición de su denuncia ante el Congreso, convertido en un Vietnam, con el Gobierno decidido a confrontar al fiscal. “El oficialismo se prepara para disparar sobre Nisman”, tituló el diario 'Tiempo Argentino' en una macabra sugerencia que acabaría perforando la opinión pública.

La última vez que Nisman se conectó a internet antes de morir, leyó varios artículos del día sobre su denuncia, sobre todo uno del periodista Raúl Kollmann ('Página 12'), en el que el ex jefe de la Interpol, Ronald Noble, ponía en duda su denuncia: “Lo que dice el fiscal Nisman es falso. Ningún integrante del Gobierno argentino trató nunca de que bajáramos las alertas rojas [órdenes de búsqueda y captura internacional] contra los funcionarios iraníes”. Nisman estuvo varios minutos leyendo esa noticia. Luego miró su correo, entró en el Instagram de una amiga íntima y acabó leyendo un artículo de 'Infobae' titulado 'La conmovedora y sublime experiencia de una muerte clínica'. “En esa nota se relataba que, en algún momento del paso de la vida a la muerte, hay unos instantes de psicodelia. Enseguida googleó la palabra psicodelia. Fue la última actividad de su computadora”, escribe Duggan.

Hablamos con Raúl Kollmann, autor del artículo que leyó Nisman antes de morir.

PREGUNTA. ¿Estaba bien fundamentada la denuncia de Nisman contra Cristina?

La denuncia contra Cristina naufragó en tres días

RESPUESTA. La denuncia contra Cristina naufragó en tres días. La jueza María Servini le devolvió el escrito diciéndole que no tenía las pruebas. El juez Rodolfo Canicoba Corral dijo que no tenía ningún sustento probatorio y era el juez del atentado contra la AMIA y el juez Ariel Lijo coincidió con Servini.

El memorándum fue un tratado votado por las dos cámaras del Congreso y que, encima, nunca entró en vigencia porque Irán no lo ratificó. De manera que no podía tener efectos reales, jurídicos. Lo que decía Nisman, que implicaba levantar las órdenes de capturas con alertas rojas de Interpol contra los iraníes resultó una mentira. Nunca se levantaron esas órdenes de captura. Y el titular de Interpol, el norteamericano Ronald Noble, dijo que la denuncia era falsa. La denuncia decía que se había negociado con Irán un intercambio de cereales por petróleo. Fue falso. Que se sembraría una pista de que el atentado fue cometido por nazis locales. No ocurrió.

Las escuchas usadas en la denuncia eran a personas que no tenían peso en el Gobierno.

El hombre que aparecía como negociador con Irán, según Nisman, un espía llamado Allan Bogado, nunca salió de la Argentina y ni siquiera era un espía de relevancia.

Todo fue burdo y se derrumbó rápidamente.

El salvataje [rescate] provino de la política: lo usó la oposición contra el Gobierno kirchnerista… Y después lo sostuvo el aparato judicial aliado con esa oposición de entonces.

El cadáver

El día antes de morir, Nisman pidió una pistola a Diego Lagomarsino, informático y hombre de confianza. El fiscal decía temer por la seguridad de su familia. Lagomarsino le llevó el arma al apartamento y se marchó (se ve en las cámaras de seguridad del edificio). Alguien disparó a Nisman con esa arma. Tirado en el suelo del baño con las piernas bloqueando la entrada. Las puertas del apartamento estaban cerradas por dentro. No se encontró ningún indicio de que alguien entrara o saliera del apartamento tras dispararle. El cadáver apuntaba a un suicidio. Y sin embargo… todo lo demás apuntaba a Cristina. Las pruebas decían suicidio; el ambiente político, homicidio. Argentina vivía entonces el típico momento oscuro de caída de régimen —corrupción, paranoia, conspiraciones— que lo engullía todo.

Néstor Kirchner fue presidente entre 2003 y 2007 y Cristina Fernández entre 2007 y 2015. Los Kirchner. Néstor murió en 2010 como el hombre que levantó la moral del país tras el corralito (hito que tapó todo lo demás). Las convulsiones que marcaron el último mandato de Cristina no solo tuvieron que ver con ella, sino con el inevitable desgaste de un movimiento, el kirchnerismo, con más de una década en el poder. Vicios y corruptelas varias. Fatiga y malestar ciudadano. Una oposición ansiosa. Crispación por todas partes. Y una presidenta que no dejaba de pisar charcos.

Cuando Nisman apareció con una bala en la cabeza, buena parte de la sociedad argentina pensó que el Gobierno estaba implicado en el asesinato del fiscal. Todo ello en año electoral.

Nisman, atendiendo a los medios. (Movistar)
Nisman, atendiendo a los medios. (Movistar)

Código Stiuso

Pese al decidido apoyo de la oposición política, Nisman —atacado por tierra, mar y aire por el oficialismo— se vio aislado en sus últimas horas. Era previsible que algunos jueces afines al Gobierno le dieran la espalda, y la ruptura familiar fue dolorosa, pero lo más desconcertante fue que su principal aliado no le cogiera el teléfono. El espía Jaime Stiuso había trabajado con él mano a mano en el caso AMIA, y le había proporcionado (vía escuchas) parte de la información contra Cristina, pero a la hora de la verdad, se esfumó y no respaldó la denuncia (en ese momento). ¿Por qué? He aquí la pregunta del millón. ¿No quiso que se le relacionara tan descaradamente con el caso? ¿O quizá la denuncia contra Cristina estaba cogida con alfileres? ¿Le había pasado información falsa al fiscal? Stiuso —que había sido despedido de la SIDE días antes de la muerte del fiscal— dejó colgado a su 'amigo' Nisman en el momento decisivo.

“No cogió el teléfono, porque fue el ideólogo de la denuncia y no quería exponerse. Además, le había prometido falsamente a Nisman proporcionarle más escuchas y pruebas más contundentes. Todo lo que hizo Stiuso lo exhibe en una operación de inteligencia contra el Gobierno, usando a Nisman, proporcionándole escuchas e información falsa sobre el espía Allan Bogado. Es obvio que Stiuso dejó solo a Nisman: no le atendió el teléfono, mientras que sí le atendió el teléfono a su segundo, Alberto Mazzino, a quien le atendió 13 llamadas. Lo mandó al frente a Nisman con una denuncia desastrosa y luego se escondió”, explica Kollmann.

Jaime Stiuso, en la serie.
Jaime Stiuso, en la serie.


“Stiuso tiene poder porque tiene información. Es difícil calcular hasta dónde llegaba su influencia, pero el miedo hacia él era impresionante, y sabía cómo manejarlo”, cuenta Webster, que en la serie entrevista al fantasmagórico espía.

En el imaginario argentino, Stiuso ocupa el lugar que ocuparía en el español una mezcla entre el comisario Villarejo y el espía Cortina (del que cuatro décadas después del 23-F, seguimos sin saber si montó el golpe de Estado o se reunía con Armada y Tejero para, ejem, controlarles). Hombres que operan en las cloacas del Estado, que embarran el terreno de juego y nunca sabes si te quieren abrazar o robar la cartera. Stiuso es una leyenda de los servicios secretos argentinos por servir a la dictadura militar y a nueve presidentes democráticos… hasta que chocó con Cristina. Stiuso es el hombre que hacía el trabajo sucio, pero también el blanco fácil a quien echar la culpa cuando las vergüenzas del sistema quedan al aire. Stiuso conocía los grandes secretos de Estado y las pequeñas miserias de los políticos.


La palabra clave aquí es “carpeta”. Lo explica Tato Young en 'Código Stiuso’.

1) “La entrega de carpetas era una tradición de la Casa. Desde la primera presidencia de Carlos Menem, en 1989, cada vez que asume un presidente o un nuevo jefe en la SIDE, el funcionario tiene derecho a conocer lo que la Casa sabe de ellos. Y la Casa obedece. Es un gesto de lealtad, pero también una advertencia. Si fuiste observado una vez, podés volver a serlo. Es más: con seguridad vas a volver a serlo. Desde diciembre de 2001, Jaime Stiuso era el encargado de custodiar y administrar esas carpetas”.

2) “Si el presidente Kirchner se tenía que reunir con un dirigente de la oposición... le enviaban la carpeta de ese dirigente. Si Kirchner tenía que negociar con un empresario o un banquero... le enviaban la carpeta del empresario o del banquero. No había duda: las carpetas otorgaban un gran poder a su dueño, que podía anticipar movimientos, conocer las debilidades de sus rivales o incluso de sus aliados, permitían saber dónde presionar o cuándo”.

Néstor, en la toma de posesión de Cristina. (Reuters)
Néstor, en la toma de posesión de Cristina. (Reuters)


3) “SIDE es la policía secreta del presidente. Para lo que guste mandar. Investigar secuestros extorsivos o crímenes resonantes. Preparar carpetas sobre rivales políticos o sobre empresarios, monitorear a los medios de comunicación, infiltrarse en marchas de protesta, colocar micrófonos, intervenir correos electrónicos o controlar a su propio gabinete y dominar, sobre todo dominar, a los jueces con causas que puedan molestar al poder gobernante. Cuando Kirchner llegó al poder, la SIDE era lo que el presidente quisiera. Y lo siguió siendo. Quizá más que nunca. Por mucho tiempo”.

4) “En el fuero penal federal se mantenían dormidas las causas por corrupción. Causas contra todos y todas. Causas por todos los delitos imaginables. Llegaron a contarse 700 expedientes abiertos en contra de funcionarios del Gobierno. Denuncias por dádivas, defraudación, enriquecimiento ilícito, abuso de autoridad, estafas y robos de los fondos públicos. Contra la presidenta, contra sus ministros, contra los secretarios de Estado y subsecretarios, contra directores y subdirectores. Los juzgados tenían cientos de expedientes (todavía los tienen) deambulando entre un despacho y otro, cotejando información imposible, perdiendo el tiempo a la espera de pericias interminables como quien espera a Godot”.

No obstante, durante su último mandato, Cristina decidió quitar poder a la SIDE para reforzar el servicio de inteligencia militar. Stiuso y sus hombres fueron purgados semanas antes de la muerte de Nisman. Por primera vez en su carrera, Stiuso no iba a maniobrar en favor del presidente de turno, sino en contra. Casualidad o no, en los últimos meses de Cristina comenzaron a moverse en tribunales casos de corrupción gubernamental parados hasta entonces. Fin de régimen. Las ratas abandonan el barco en llamas. “Los jueces federales venían acumulando años de rencor contra el Gobierno y aprovechaban el cambio de clima político y los cambios en la SIDE para empezar a cobrar viejas heridas y prepararse para el tiempo político que se venía. Como antes Menem, como antes tantos otros, Cristina estaba sufriendo el peor efecto del poder: creer que es para siempre”, escribe Young.

La eterna canción

En 2018, tras un nuevo peritaje por parte de la fuerza policial militar de la Gendarmería, la Cámara Federal de Buenos Aires determinó que Nisman fue asesinado... pero sin ser capaz de aclarar quién apretó el gatillo. Ocurrió durante el mandato (2015-2019) del conservador Mauricio Macri. Diego Lagomarsino, que proporcionó la pistola a Nisman, está a la espera de juicio acusado de "partícipe necesario".

Tras volver los peronistas al poder el pasado diciembre, la hipótesis asesinato vive otra vez malos tiempos. Sabina Frederic, nueva ministra de Seguridad, ha anunciado que se investigará la... investigación de la Gendarmería.

Cristina Fernández (y varios colaboradores) siguen procesados (desde 2017) por encubrimiento en la causa activada por Nisman, desestimada y vapuleada por varios jueces cuando Cristina era aún era presidenta, y reactivada durante el mandado de Macri. En efecto, nadie da puntada sin hilo en Argentina.

Fernández, Macri y Fernández. (Reuters)
Fernández, Macri y Fernández. (Reuters)

“Tenía lógica que se pensara inicialmente en asesinato porque Nisman había denunciado a Cristina y apareció muerto. Pero luego todo fue política… Lo usó la alianza de la centroderecha, la justicia y los grandes medios contra el Gobierno considerado populista de Cristina. Las pericias fueron categóricas en el sentido de que Nisman se mató, pero la política armó la trama judicial con pruebas delirantes. Hoy se sostiene todavía por el odio al Gobierno de Cristina. Pero de a poco se va cayendo la hipótesis del homicidio en la opinión pública”, según Kollmann.

Nada muestra mejor la politización del caso Nisman que el vodevil tras el estreno del documental en Argentina (el pasado 1 de enero en Netflix). La única ausencia de peso en el filme es la de Cristina Fernández, pero sí hay declaraciones del nuevo presidente de Argentina, Alberto Fernández, conocidas ahora, pero grabadas en 2017 (estamos ante una serie de seis horas que llevó mucho tiempo de rodaje). “Hasta el día de hoy dudo de que [Nisman] se haya suicidado”, dice Fernández a cámara... y rectificó hace unos días: "Las pruebas acumuladas no dan lugar a pensar en que hubo un asesinato". ¿Que qué ha pasado entre la primera declaración y la segunda? Cuando Fernández habló en la serie, estaba aún enfrentado a Cristina (fue jefe de gabinete de los gobiernos de Néstor y Cristina, pero renunció en 2008 y se enfrentó al kirchnerismo) y ahora es el presidente del Gobierno y su vicepresidenta es... Cristina. ¿Pensaba en serio Fernández en 2017 que Nisman fue asesinado? No lo sabemos, pero sugiriendo eso no hacía ningún favor a Cristina.

Protestas contra Cristina por la muerte de Nisman. (Movistar)
Protestas contra Cristina por la muerte de Nisman. (Movistar)


Respecto a la AMIA, tres cuartos de lo mismo. Una investigación tan intoxicada por la política que no hay forma de meterle mano. “En 1994 ni la Argentina ni casi ningún otro país de América Latina estaba en condiciones de investigar un atentado. No teníamos la menor experiencia. Y a EEUU el terrorismo no le importaba. Le importó a partir de las Torres Gemelas en 2001. Siempre se manejó la hipótesis de Irán y la hipótesis de Siria, con muy pocos elementos de prueba. Nunca se encontraron a los responsables que actuaron, de manera que es imposible hacer la conexión internacional. No se sabe de dónde salió el explosivo, donde se armó la camioneta, quien condujo la camioneta… nada de nada. Por algunos detalles, diría que intervino una célula brasileña, del estilo de los pequeños grupos radicalizados alrededor de una mezquita… Es algo que se vio en el primer atentado a las Torres Gemelas, en 1993, en los atentados de Londres, tal vez en el de Atocha… Me parece que ese es el esquema que estuvo detrás del atentado… Sin grandes conexiones internacionales”, cuenta Kollmann.

Entrevista a Tato Young

“En el documental, un agente del FBI que investigó el atentado a la AMIA, dice que en Argentina primero vienen las conclusiones, y luego los hechos, en lugar de al revés. Pasó en la investigación del atentado y volvió a pasar a la muerte de Nisman. En mi opinión, este es uno de los grandes problemas argentinos, que el deseo siempre está por encima de la verdad”, afirma Young.

Hablamos con Tato Young sobre las confluencias entre Nisman, Stiuso y los servicios secretos.

PREGUNTA. La presencia más morbosa del documental es la de Stiuso, porque nunca se había expuesto así ante las cámaras, aunque demuestra una gran habilidad para enredar, embarrar e irse por las ramas cuando no le interesa responder a algo.

Portada del libro.
Portada del libro.

RESPUESTA. Ahí está la clave de todo. Poner el foco en Stiuso es uno de los grandes aciertos del documental. Ni el atentado a la AMIA ni la muerte de Nisman se pueden explicar sin entender el rol de Jaime Stiuso y los servicios de inteligencia. Por eso Stiuso se va por las ramas en las preguntas importantes, como por qué no cogió el teléfono a Nisman las horas previas a su muerte. Nisman estaba encerrado en su torre de su apartamento en Puerto Madero —para situar al lector español: es una de las zonas más elitistas de Buenos Aires—. Enclaustrado en el piso trece, Nisman llamó varias veces a Stiuso, pero no le atendió. Stiuso dice en el documental que no escuchó la llamada, que tenía el teléfono en vibrador…

P. Eso no se lo cree nadie, ¿no?

R. No, no. De hecho, luego acaba reconociéndolo de algún modo, cuando dice que si hubiera escuchado la llamada, igual tampoco le hubiera atendido.

P. Ya.

R. Nisman era un hombre emergente de la justicia que, en un momento dado, conectó con los servicios de inteligencia. Stiuso le guio en la investigación de la AMIA y le indujo a investigar a Cristina. Nisman, y esto es una impresión personal, quedó atrapado en ese mundo sórdido.

P. Los intereses de Nisman, Stiuso y Cristina en torno a la AMIA estuvieron mucho tiempo alineados, pero todo se acabó torciendo...

R. La relación entre el kirchnerismo y los servicios secretos fue muy profunda los primeros años. Básicamente para garantizarse la impunidad ante la justicia. Para controlar jueces y más cosas. Pero la relación entra en crisis entre 2012 y 2013. Coincide con el viraje geopolítico de Cristina, que intenta un acuerdo extrajudicial con Irán sobre el atentado a la AMIA, que dejaba a Stiuso y Nisman fuera de la escena. Esa ruptura desencadena todo. Porque Stiuso y Nisman empiezan a pelear por su supervivencia.

Nisman estaba esos días viajando por Europa con su hija…

P. Y la deja colgada en el aeropuerto de Barajas…

Gran parte del pueblo argentino sigue creyendo que a Nisman le asesinaron. El deseo por encima de los hechos y la fe por encima de la realidad

R. Eso es, la deja colgada. Vuelve precipitadamente a Buenos Aires porque teme que están a punto de despedirle, como le había ocurrido antes a Stiuso. Eso lo precipita todo. Y explica la desesperación de Nisman sus últimos días. Y las llamadas sin responder de Stiuso, que en la hora decisiva, le deja solo.

P. El tema está tan polarizado que la causa judicial que investiga el asesinato de Nisman parece ir por su cuenta. Me explico: todos los indicios apuntan al suicidio, pero el momento político lo marcó todo: si un fiscal aparece muerto tras denunciar a la presidenta, algo habrá hecho el Gobierno. Hay un choque entre las pistas de suicidio y el contexto político conspiratorio. Y ahí sigue empantanada la cosa.

R. Claro. Ahí entramos en el territorio que señalaba el agente del FBI: en Argentina creemos lo que queremos creer y no lo que marcan los hechos. La justicia federal argentina se mueve al ritmo de la política. Cuando muere Nisman, se produce una conmoción brutal. Había mucho miedo. Había corrupción, manejos judiciales, sensación de que el kirchnerismo lo quería absolutamente todo. Mucha gente, diría que más de la mitad de los argentinos, pensó inmediatamente en un asesinato… cometido por el Gobierno de Cristina. Eso es lo que la gente creía, pero no necesariamente lo que había pasado. La única hipótesis inicial de la justicia fue el suicidio. Porque Nisman apareció bloqueando la puerta del baño con su propio cuerpo, con una pistola que se había hecho traer, con las puertas del apartamento cerradas por dentro. En cualquier película de misterio, eso sería un suicidio. Sin ninguna duda. Pero claro. El clima antikirchnerista y la paranoia —había motivos reales para estar paranoico, porque por momentos parecía que el kirchnerismo arrasaba con todo— instaló la idea del asesinato.

Pero con el correr de los meses, porque no fue de primeras, la causa viró, entre otras cosas porque Stiuso volvió de EEUU y declaró que fue un asesinato. La causa llegó entonces al fuero federal —el más politizado de la justicia— y se empezó a alimentar la hipótesis del asesinato. Pero nadie entiende cómo pudo alguien entrar en ese apartamento, disparar a Nisman y salir. Es una hipótesis muy pero que muy difícil de probar, pero ahí sigue, enredando, aunque probablemente no llegue nunca a ningún lado. No obstante, gran parte del pueblo argentino sigue creyendo aún hoy que a Nisman le asesinaron. El deseo por encima de los hechos y la fe por encima de la realidad.

P. Parece que la denuncia de Nisman contra Cristina no estaba bien amarrada, pero quizá eso no signifique que el pacto entre Argentina e Irán no fuera sospechoso de ocultar intereses geopolíticos.

El acuerdo con Irán era disparatado y sigue siendo inexplicable

R. Yo fui siempre muy crítico con el kirchnerismo, pero no por eso voy a creer que Cristina mató a Nisman, cada cosa en su punto. Me han criticado mucho. Se supone que si crees que Nisman se suicidó, eres kirchnerista, y lo contrario si crees que lo asesinaron, pero las cosas son más complicadas. Es la división que aquí llamamos “la grieta”. El acuerdo con Irán era disparatado y sigue siendo inexplicable. Los iraníes sospechosos de idear el atentado no querían venir a declarar a Argentina o ser retenidos en ningún lado. El Gobierno de Cristina montó un acuerdo extrajudicial para poder interrogar a los acusados en el extranjero. Era un disparate. No iba a conducir a nada. Creo que hay varias opciones razonables para explicar los motivos de fondo del acuerdo. Bien un giro geopolítico para acercarse a Irán a través del chavismo. Bien algún negocio que aún desconocemos. Bien la estupidez humana. No debemos descartar en absoluto esta última posibilidad. O la soberbia de Cristina y de su canciller, Héctor Timerman, que creían que así resolvería el caso judicial más importante de la historia de Argentina.

P. ¿Pecaron de tontos útiles? ¿De ingenuos?

R. Ingenuidad más soberbia. Una combinación peligrosísima.

P. Cuanto más se investiga lo que pasó en el atentado a la AMIA, más parece alejarse la verdad. ¿Por qué?

R. El atentado se enredó desde el primer minuto. ¿Qué ha dicho la justicia argentina, aunque no haya habido condena? Que funcionarios del Gobierno de Irán encargaron el atentado a Hezbolá. Esta es la hipótesis principal desde el principio. De hecho, el canciller (ministro de exteriores) de entonces, del Gobierno Menem, asesorado por alguien, propuso allanar la embajada de Irán en Buenos Aires en las primeras 24 horas tras el atentado, pero alguien le dijo que no se podía hacer eso. La hipótesis principal siempre fue esa, aunque por el camino pasó de todo: pistas faltas, detenidos que no tenían que haber sido detenidos, la SIDE pagó coimas para acusar a falsos culpables, se montó una acusación basada en servicios de inteligencia extranjeros como la CIA o el Mosad. ¿Que si yo me lo creo o no me lo creo? Ese es el drama argentino, que siempre opinamos basándonos en creencias y no en hechos. Todo lo que puedo decir es que esa la hipótesis que hay y está basada en informes de inteligencia.

La fiscal Viviana Fein. (EFE)
La fiscal Viviana Fein. (EFE)

P. Otro personaje potente de la serie es la veterana fiscal Viviana Fein, primera encargada de investigar la muerte de Nisman, que retransmitió cada paso a los medios. ¿Ejercicio de transparencia o gusto por salir en los papeles?

R. Un poco las dos cosas, estaba por jubilarse y no midió. Siempre creyó que era un suicidio. En las primeras horas, tanto ella como todos los de alrededor pensaron que iba a ser muy simple de resolver. No se dio cuenta de que no iba a ser así, que una corriente de opinión pública acabaría arrasando con todo. Eso fue lo que pasó. Una bola de opinión pública que arrasó los hechos.

La traca final

Una idea que valdría para cualquier causa de la muerte del fiscal: Nisman quedó atrapado en la monstruosa tela de araña que ayudó a tejer. “El documental deja abierta las opciones como reflejo de la división de la sociedad argentina. Certezas absolutas no hay, pero si diversos grados de dudas razonables, indicios y evidencias. Aunque yo evito dar mi opinión, todo apunta a que Nisman se extravío; atrapado en una red de intereses cruzados, empezó a tener problemas para diferenciar entre la mentira y la verdad, lo que le convirtió en vulnerable, dependiente de personas que sabían más que él y podían manipularle. El pecado original de los Kirchner fue no atreverse a limpiar los servicios de inteligencia. Más tarde lo pagarían y se extraviarían en el laberinto. Creo que Nisman también se perdió en su laberinto”, zanja Webster.

Nisman se extravío; atrapado en una red de intereses cruzados, empezó a tener problemas para diferenciar entre la mentira y la verdad

Pero insistimos, la fuerza de la serie no es la resolución de un enigma, sino la tensión entre los intentos de llegar a la verdad y la contaminación de los hechos por parte de poderes en la sombra. “De fondo siempre hay miedo, paranoia, injusticia, la pesadilla de que el poder pueda convertir la mentira en verdad”, zanja Webster.

Traca del libro de Tato Young para rematar:

1) “Un fiscal tan importante acababa de acusar a la presidenta y aparecía muerto. Era el final de un montón de historias de impunidad que nos venían atravesando. Era el punto de saturación de un país que siempre se golpea a sí mismo, que no logra salir de sus laberintos de incapacidad o corrupción o mala leche o torpeza… La autopsia indicó claramente que la primera hipótesis era la del suicidio. Pero nadie la creyó o muy pocos. ¿Por qué creerle a una fiscal? ¿Por qué a los forenses? ¿Por qué a los peritos y más tarde a los toxicólogos? Cuando las raíces están podridas, el árbol no da frutos… Ése es el país que había dejado al descubierto el cadáver de Nisman. El país podrido en sus raíces. El país que ya no puede creer”.

Puerto Madero, torres donde vivía el fiscal. (Movistar)
Puerto Madero, torres donde vivía el fiscal. (Movistar)


2) “Por qué no pensar que Nisman, en algún momento, ante tanta presión, ante el remolino de furia que lo esperaba, ante semejante escarnio público, no sintió que finalmente era apenas una pieza menor de un juego gigantesco que no era el suyo. Porque Nisman era eso, una pieza menor de un gigantesco juego de otros, un juego donde las decisiones ya no se toman por convicciones o por mandato, sino que se toman por razones que nadie puede adivinar, que son inconfesables. ¿No es así en los Tribunales? ¿No es así en La Casa? ¿No lo pidieron así Cristina, Néstor Kirchner, antes Duhalde, Menem y los otros? Nisman estaba en el medio de las intrigas. Por elección o por inercia o porque no pudo evitarlo. Y en el camino había perdido mucho. Había perdido libertad, había perdido sensibilidad, se había vuelto impredecible incluso para su hija de 15 años, se había vuelto un hombre condenado a muerte por señores de otro mundo”.

3) “No podremos resolver el enigma, jamás. Hay demasiadas preguntas que no tendrán respuesta. ¿Por qué Jaime no contestó sus llamados? ¿Para qué demonios quería un arma? ¿Cuál era el verdadero apuro de su denuncia? O más atrás: ¿Por qué Cristina quiso el acuerdo con Irán? ¿Por qué las negociaciones debajo de la mesa, a espaldas de la sociedad? El vacío, la imposibilidad de encontrar las respuestas correctas, eso era el cadáver de Nisman. Una alegoría. La confirmación de que el país se había convertido en los poderes invisibles que lo gobiernan”.

Nisman: la escandalosa muerte de un fiscal tras un vuelo Madrid-Buenos Aires. ¿Suicidio o asesinato? Se hundió en un sumidero.

Epílogo negro

La última vez que Nisman habló con su hija Iara fue en el aeropuerto de Barajas. Cuando apareció su cadáver, Iara envió varios mensajes de WhatsApp a su padre pese a que sabía que estaba muerto:

“Te amo”.

“Vas a estar muy bien”.

“Nunca estuve enojada”.

“No estoy enojada”.

“Vas a estar mejor que acá, en paz”.

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