DIFERENCIAS CON LA PRIMAVERA ÁRABE

Argelia, Sudán, Egipto, Irak… ¿Estamos ante una nueva revuelta del mundo árabe?

En los últimos meses, movilizaciones populares en Sudán y Argelia han acabado con el liderazgo de dos ancianos autócratas, mientras que se reproducen las protestas en Argelia, Egipto o Irak

Foto: Un manifestante en Bagdad, Irak, el pasado 2 de octubre. (Reuters)
Un manifestante en Bagdad, Irak, el pasado 2 de octubre. (Reuters)

Hace exactamente un año, el exministro de exteriores de Jordania Marwam Muasher publicaba un ensayo en la revista Foreign Affairs en el que afirmaba: “En la superficie, muchos estados árabes parecen haber capeado estas dos tormentas [la llamada ‘Primavera árabe’ de 2011 y el desplome del precio del petróleo en 2014]. Pero vienen más turbulencias”. Muasher argumentaba que muchos regímenes árabes habían logrado desactivar el descontento que sacudió la región en 2011 mediante subsidios e inversión pública derivada del petróleo, tanto en los países productores del Golfo como aquellos que recibían generosos desembolsos saudíes, como Jordania o Egipto.

Sin embargo, advertía, la caída del precio del barril de crudo imposibilitaba una repetición de esa estrategia. “Las sacudidas de 2011 y 2014 fueron solamente los primeros síntomas de una transformación mayor en marcha en la región: el acuerdo fundamental en el que se sustenta la estabilidad en los estados de Oriente Medio se está deshaciendo y, a menos que los líderes regionales se muevan rápido para llegar a nuevos acuerdos con sus ciudadanos, llegarán tormentas aún mayores”, escribió entonces.

Ese momento parece haber llegado. En los últimos seis meses, movilizaciones populares en Sudán y Argelia han acabado con el liderazgo de dos ancianos autócratas que llevaban décadas en el poder, Omar Al Bashir y Abdelaziz Buteflika. Importantes protestas y disturbios ocasionales de violencia han tenido lugar en Jordania, Marruecos y Túnez. El mes pasado, por primera vez desde que el ejército egipcio masacrase a los Hermanos Musulmanes en la plaza de Rabba Al Adawiya de El Cairo en 2013, cientos de egipcios se echaron pacíficamente a las calles para exigir el fin de la dictadura de Al Sisi. Y desde hace una semana, jóvenes mayoritariamente suníes desafían a las fuerzas de seguridad de Irak exigiendo el fin de la corrupción y el autoritarismo del Gobierno.

El caldo de cultivo sigue ahí

“Las protestas y movilizaciones llevan sobre la mesa muchos años, desde incluso antes de 2011. Se trata de temas socioeconómicos, de rechazo a la corrupción, contra las acciones de las élites no solo políticas sino también militares y económicas. Hay un hastío contra sistemas opresivos que les han impedido siempre no solo votar, sino también expresar cualquier tipo de opinión política”, afirma Itxaso Domínguez, coordinadora del área de Oriente Próximo y Norte de África de la Fundación Alternativas. Por su parte, Marc Lynch, profesor de ciencias políticas y autor del libro 'Las nuevas guerras árabes: levantamientos y anarquía en Oriente Medio', señala que en los últimos años siete de los 21 países de la región han experimentado algún tipo de protesta masiva.

Las tasas de desempleo juvenil en el mundo árabe rondan el 40% en lugares como Palestina, Arabia Saudí, Jordania y Túnez

Desde 2011, las condiciones que generaron el caldo de cultivo para lo que entonces se llamó la “Primavera árabe” apenas han variado. Según un reciente informe de la Institución Brookings, las tasas de desempleo juvenil en el mundo árabe rondan el 40% en lugares como Palestina, Arabia Saudí, Jordania y Túnez, de alrededor del 30% en Egipto y Argelia y del 17% en Irak. Apenas ha habido mejorías en áreas como la lucha contra la corrupción o el autoritarismo. En algunos casos como Egipto el empeoramiento ha sido evidente.

“Es una constante. Cuando no se ven resueltas estas demandas vuelven a surgir una y otra vez, hasta que se zanjan mediante una guerra o una represión brutal, o son satisfechas mediante un acuerdo, aunque eso eso es algo que tampoco ha ocurrido nunca”, dice Domínguez a El Confidencial. “Creo que los casos de Argelia y Sudán nos dejan ver que esto no va a dejar de ocurrir hasta que los ciudadanos de esas poblaciones tengan un mínimo de dignidad, que no tiene por qué ser lo mismo que entendemos nosotros”, señala.

Los tres problemas principales

“Hay similitudes respecto a 2011, en el sentido que muchas de las causas subyacentes que fueron precursoras de los levantamientos populares de entonces no se han solucionado. Ha habido cambios gubernamentales en Egipto, Irak, Líbano, etcétera, pero desde un punto de vista sistémico los errores siguen allí”, dice Gabriel Garroum, analista del Departamento de Estudios de Guerra del King’s College de Londres, que identifica tres problemas principales: “El socioeconómico, pues las condiciones materiales de vida no han mejorado para la mayoría y la desigualdad sigue incrementando; la mala gobernanza, pues los canales que estructuran la relación entre estado y ciudadanía siguen siendo problemáticos -solo hace falta mirar el creciente sectarismo y la privatización de dichas relaciones; y la corrupción estatal y la creciente securitización de los regímenes”, señala este experto catalán de origen sirio.

Incluso el experimento democrático de Túnez –que el pasado domingo volvió a acudir a las urnas para elegir presidente en segunda vuelta- pasa por un mal momento, pese a que según el Índice de Democracia publicado por la Unidad de Inteligencia de The Economist, el país ha pasado de ocupar el puesto 144 (de un total de 167) en 2010 al 69 este año. Pero de acuerdo con una reciente encuesta del Afrobarómetro, apenas un 43% de los tunecinos considera la democracia como la mejor forma de gobierno -una caída significativa respecto al 70% de 2013- y ocho de cada diez ciudadanos de cree que el país se encamina en la dirección equivocada. Y en estos años, al menos 300 tunecinos se han pegado fuego a sí mismos como forma de protesta, siguiendo el ejemplo del frutero Mohamed Bouazizi en 2011, cuya inmolación dio inicio a la revuelta que acabó tumbando al dictador Zine Abidine Ben Alí.

Los desafíos a los que se enfrentan casi todos los regímenes de Oriente Medio hoy son de una magnitud mayor que en 2011

“Los desafíos políticos, económicos y sociales a los que se enfrentan casi todos los regímenes de Oriente Medio hoy son de una magnitud mucho mayor que en 2011 y los factores estructurales que permiten el contagio de las protestas siguen siendo potentes”, indica Lynch en un artículo en el Washington Post. Domínguez explica que en Oriente Medio, como en todas las regiones, la sociedad civil tiene contactos transnacionales que en aquellos meses pudieron haber ayudado a la expansión de las revueltas. Además, “como no está medido tampoco me gusta afirmarlo, pero se puede considerar que en 2011 pudo haber un ‘efecto contagio’ cuando los tunecinos se echan a la calle y sus vecinos ven que el ejército no les dispara. Lo que pasa es que luego hay diferencias entre cada país y también si la UE y EEUU se comportan de una u otra manera”, señala esta experta.

“Ahora hay también diferencias respecto a hace ocho años, obviamente”, comenta Garroum a este diario. “En el caso de Irak ha habido muchas protestas de tipo local, intermitentemente, pero esta ha escalado a nivel nacional. Seguramente hay menos miedo y es posible que poco a poco las protestas sean mucho más transversales, con liderazgos más difusos, y más difíciles de cooptar”, opina.

Además, señala Domínguez, es clave el papel que las monarquías del Golfo, especialmente Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, están jugando en toda la región, no solo como líderes del movimiento contarrevolucionario sino también a la hora de subrayar lo que se ha llamado la ‘excepción monárquica’: tolerar la contestación siempre y cuando tenga lugar en repúblicas como Argelia, o en Sudán, a cuyo líder Omar Al Bashir no consiguieron cooptar del todo, pero marcar las líneas rojas en unos sistemas monárquicos que prometen ante todo estabilidad, como el caso de Jordania, donde están teniendo lugar grandes protestas desde hace meses que apenas han recibido atención. “Nadie quiere que Jordania estalle, porque para los estándares de la región ha sido un modelo de monarquía constitucional. Si cae allí la monarquía, también hay miedo de un efecto dominó”, indica.

Algunos expertos, sin embargo, llaman a evitar las comparaciones entre 2011 y ahora, al considerar que en esta ocasión las movilizaciones tienen un carácter mucho más local que entonces. “Tal vez el elemento más significativo es que estas protestas están teniendo lugar en una era post ‘Primavera Árabe’”, afirma la analista Emily Flaherty, señalando que las consecuencias de aquellas revueltas, desde los conflictos armados en Siria y Libia hasta el regreso de la dictadura a Egipto, son ahora evidentes para todos. “Mientras lo que disparó la ‘Primavera Árabe’ fue la esperanza de que lo que había pasado en Túnez podía pasar en todas partes, en las protestas actuales existe el conocimiento de que Túnez fue la excepción, no la regla”, escribe Flaherty en la publicación International Policy Digest.

“Aunque las demandas de los manifestantes de hoy son muy similares en todos los países, rara vez han sido enmarcadas como una lucha común. Eso se debe en parte a su emergencia aislada y esporádica, pero también es porque desde 2011 los regímenes árabes han vivido con el miedo de una súbita difusión del descontento”, indica Lynch. “Los gobernantes han aprendido que las protestas en cualquier punto de la región pueden de repente general una energía de protestas masivas e inesperadas que podrían tumbar sus defensas. Prevenir dicha difusión y contagio se ha convertido en la máxima prioridad para los regímenes regionales”, indica.

El potencial de violencia, de hecho, es muy alto. “Para los regímenes contrarrevolucionarios, la máxima prioridad es evitar una repetición de los levantamientos de 2011 y creen que la mejor manera de hacerlo es mantener su rumbo represivo”, afirmaba recientemente Hassan Hassan, analista de Oriente Miedo, en la publicación The Atlantic. “Creen que el futuro debe ser más autoritario que nunca. Basándome en amplias conversaciones con altos funcionarios árabes, he encontrado que la visión dominante se puede resumir así: un enfoque interno y regional de mano dura puede acarrear riesgos, pero la alternativa es peor. Si los autócratas perdieron el control de las masas en 2011, dice este razonamiento, es porque no fueron lo suficientemente lejos en su represión”, señala Hassan.

Los resultados se están viendo en Irak, donde en el momento de escribir estas líneas las protestas han dejado ya un centenar de muertos y 4.000 heridos. En Sudán, las fuerzas de seguridad mataron a al menos cien manifestantes y arrojaron sus cuerpos al Nilo antes de ceder a la presión y forzar el derrocamiento de Bashir, e incluso desde entonces el goteo de muertos ha seguido siendo constante. Desde 2013, el Egipto de Al Sisi ha llevado a cabo lo que algunos expertos definen como la mayor ola de represión política en la historia del país, con al menos 60.000 presos políticos que a menudo son torturados, según Human Rights Watch, en algunos casos hasta la muerte. En las últimas semanas, las autoridades egipcias han lanzado redadas masivas contra los manifestantes, deteniendo a al menos 2.300 personas, incluyendo a un centenar de niños.

Todo apunta, sin embargo, a que las movilizaciones continuarán en la región. “A mi entender, no es sorprendente que vuelva a haber protestas. Es alucinante como hay gente que se sorprende que los egipcios vuelvan a tomar las calles: las condiciones no han hecho más que empeorar, no hay ningún tipo de razón para no hacerlo”, comenta Garroum.

Pero sobre todo, lo que aquí subyace es una profunda incomprensión de lo que implica esta oleada de movilizaciones. “El problema de la ‘Primavera Árabe’ lo analizamos en términos de democracia, pero no tiene por qué significar lo mismo. Ese debate también lo tenemos en Europa, sobre qué tipo de democracia queremos. Pero en las revueltas de 2011 no solo pedían democracia, sino también dignidad y justicia social, que para mí es algo mucho más básico”, comenta Domínguez.

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