El 'mesías' soporta una enorme presión

Del micropene a la milicia: cómo Bolsonaro sobrevivió al primer mes de gobierno

El primer mes en la presidencia es una montaña rusa que ni siquiera ha sido mitigada con la aprobación del decreto que flexibiliza la posesión de armas, el caballo de batalla de la campaña

Foto: Jair Bolsonaro saluda a simpatizantes durante un mitin en Salvador cuando aún era candidato a la presidencia. (Reuters)
Jair Bolsonaro saluda a simpatizantes durante un mitin en Salvador cuando aún era candidato a la presidencia. (Reuters)

El 'reality show' del clan Bolsonaro, que en Brasil se compara con la familia Kardashian, ha estrenado su nueva temporada con fuerza. El primer mes de Gobierno del presidente más polémico del país arrancó con una noticia aparentemente frívola, pero que entraña indicios sobre el 'modus operandi' de los Bolsonaro. El 6 de enero la periodista Patrícia Lelis, exnovia de Eduardo Bolsonaro, el diputado federal más votado de la historia reciente de Brasil, revelaba públicamente en un tuit que su ex tiene un micropene.

La noticia no pasaría de mero cotilleo de bajo nivel si no fuese por un detalle nada desdeñable: el año pasado Lelis acusó al hijo de Jair Bolsonaro de malos tratos durante y después de la relación, llegando a publicar una conversación en Telegram con Eduardo en la que el diputado la tildaba de “puta” y le decía: “Te vas a arrepentir de haber nacido. El aviso está dado. Otra palabra e iré personalmente a por ti. No puedes hacerme pasar vergüenza, vagabunda”. Lelis prometió llevar a Eduardo a los tribunales por las amenazas, pero desde entonces ha optado por enfrentarse a su ex en su terreno preferido: las redes sociales.

La telenovela de los Bolsonaro ha estado llena de reveses desde que el patriarca asumió el mando de la economía más grande de América Latina. Otro hijo del presidente, el recién elegido senador Flávio, le ha causado más de un disgusto por su supuesta implicación en una trama de desvío de dinero, corrupción y posible implicación con las milicias, la mafia formada por expolicías y exmilitares que aterroriza Río de Janeiro. Es la misma organización que, según las investigaciones policiales, ejecutó a la concejala Marielle Franco, asesinada en Río el 14 de marzo.

Las investigaciones apuntan a que Flávio Bolsonaro habría usado a un expolicía con un pasado tenebroso como testaferro para embolsarse de forma fraudulenta los sueldos de funcionarios fantasma de la Asamblea de Río de Janeiro, en la que sirvió como diputado. También habría contratado a la esposa y a la hija de un miembro del Gabinete del Crimen, el grupo de milicianos acusados de la muerte de Marielle Franco. La vinculación de los Bolsonaro con las milicia viene de lejos. En 2007, cuando era un joven diputado de tan solo 25 años, Flávio ya propuso la legalización de estos grupos paramilitares.

Flávio Bolsonaro y Carlos Bolsonaro, hijos del presidente, tras confirmarse la victoria de su padre en las elecciones. (Reuters)
Flávio Bolsonaro y Carlos Bolsonaro, hijos del presidente, tras confirmarse la victoria de su padre en las elecciones. (Reuters)

"Debe elegir entre ser presidente o ser padre"

Moviéndose con circunspección entre arenas movedizas, el presidente ultraconservador de Brasil se ha visto obligado a entregar a su hijo al juicio universal de las redes sociales para no quemar su credibilidad. Lo hizo en Davos, donde le esperaban como la gran atracción del evento económico más importante del mundo. Además de las críticas por su sucinto discurso de seis minutos, en vez de los 45 previstos, Bolsonaro fue criticado por la vaguedad de sus propuestas, por el tono electoralista y por anular la rueda de prensa dejando tirados a periodistas atónitos de medio mundo.

Pero el momento más doloroso llegó durante una entrevista con la agencia internacional Bloomberg, cuando siguió el consejo de sus asesores y se distanció de su hijo. “Si él cometió un error y hay pruebas de ello, lo lamento como padre, pero tendrá que pagar”, dijo para calmar a sus furibundos simpatizantes, que el criticaban en las redes sociales. “Flávio Bolsonaro está envuelto en un escándalo que no va a parar. O Jair Bolsonaro escoge ser presidente o escoge ser padre”, señala Fernando Abrucio, analista político y profesor de la Fundación Getulio Vargas de São Paulo. “En menos de un mes, si el presidente hace una declaración tan fuerte, es porque el problema surgió mucho antes de lo que se esperaba. No se sabe si lo conseguirá, pero sus declaraciones revelan que hubo un bache”, añade.

Jair Bolsonaro, el ‘mesías’ que prometió colocar “Brasil encima de todo y Dios encima de todos”, soporta una enorme presión. El 1 de enero, durante la solemne ceremonia de investidura que atrajo a Brasilia a decenas de millares de simpatizantes de las principales ciudades del país, quedó clarísimo que los 57 millones de votantes que le confiaron su futuro esperan mucho de él: que luche contra la corrupción con mano de hierro, que reflote la economía y que reduzca los índices de violencia, que cada año se cobran la vida de casi 63.000 personas.

Sin embargo, si por algo se ha caracterizado el nuevo Ejecutivo durante el primer mes de gestión es por la falta de coherencia y por las numerosas rectificaciones. La economía se ha revelado una de las áreas más susceptibles a los desencuentros entre el presidente y su equipo. Los vaivenes empezaron el 4 de enero, cuando Bolsonaro anunció un decreto para subir la alícuota del impuesto sobre las operaciones financieras. Acto seguido, fue desmentido por el ministro de la Casa Civil, Onyx Lorenzoni, y por el secretario de Hacienda, Marcos Cintra.

En el sector del comercio exterior la confusión fue aún mayor. El hombre escogido por Bolsonaro para dirigir la Agencia Brasileña de Promoción de las Exportaciones e Inversiones (Apex) cayó en desgracia en menos de una semana. El publicitario y exasesor del Partido Social Liberal, Alex Carreiro, es amigo personal del presidente. Su nombramiento fue duramente criticado porque su currículum no cumple los requisitos mínimos para el cargo. Ni siquiera habla inglés con fluidez, algo impensable para asumir este tipo de responsabilidad.

A través del Twitter, el vehículo preferido del nuevo Gobierno para comunicarse con la nación, el ministro de Exteriores Ernesto Araújo anunció que Carreiro había pedido las dimisiones y nombró al embajador Mario Vilalva como sustituto. La situación alcanzó niveles surrealistas cuando, a pesar de la decisión de Araújo, Carreiro siguió trabajando como si nada en un intento desafiar al canciller y de salvar su cargo, alegando que su despido no había sido publicado en el Boletín Oficial. Poco después, una foto publicada en el Twitter de Bolsonaro con Araújo y Mario Vilalva liquidó definitivamente al efímero jefe del Apex.

La reforma agraria ha sido otro patinazo reseñable. Primero el Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria (Incra) divulgó un documento en el que determinaba la paralización de los procesos de adquisición de tierras destinadas a la reforma agraria. En un movimiento al estilo de los cangrejos muy típico del nuevo Ejecutivo, el presidente de este órgano, Francisco Nascimento, revocó las circulares cinco días después. Entre los empleados del Incra, la sensación es que el Gobierno está completamente “perdido”.

El capítulo enrevesado de la ‘despetização’, es decir, el despido fulminante de los centenares de cargos nombrados a dedo por el Partido de los Trabajadores (PT), también dio mucho sí. El ministro Onyx Lorenzoni anunció la medida con aire triunfante, pero el tiro le salió por la culata porque su decisión acabó paralizando la Comisión de Ética Pública, un órgano creado en 1999 para evaluar el comportamiento de los agentes públicos. Al deshacerse de 16 de los 17 miembros de la comisión, Lorenzoni causó un caos institucional en un momento de mucho trabajo, cuando había que analizar potenciales conflictos de intereses de los nuevos miembros del Ejecutivo. Para reducir los daños, el Gobierno tuvo que dar marcha atrás y recontratar a algunos empleados.

Mismo camino contradictorio en el caso del concurso público para la compra de los libros didácticos para el año 2020. Los nuevos criterios impuestos por el equipo de Bolsonaro preveían la no obligatoriedad de la bibliografía y la inclusión de publicidad en los libros de texto. Además, ya no sería preciso reflejar la diversidad étnica de Brasil en las ilustraciones. Debido a la repercusión muy negativa, el Gobierno dio marcha atrás y culpó al equipo de Temer por este entuerto.

"La falta de planificación del Gobierno y las divergencias internas demuestran la incapacidad no solo de Bolsonaro, sino de todo su equipo ministerial"

“Al menos nueve medidas fueron desmentidas, retiradas o revistas, alcanzando una media de una marcha atrás por día. La falta de planificación del Gobierno y las divergencias internas demuestran la incapacidad no solo de Bolsonaro, sino de todo su equipo ministerial en el comienzo de su gestión”, asegura Vagner Freitas, presidente de la Central Única de los Trabajadores (CUT).

Otro tumbo memorable concierne el Centro Espacial de Alcántara, en el Estado del Maranhão, que Bolsonaro pensaba convertir en la primera base militar estadounidense en suelo brasileño. Sin embargo esta idea, muy elogiada por el secretario de Estado de EE UU Mike Pompeo, creó una cierta insatisfacción dentro del Ejército brasileño. Finalmente el presidente desistió de su propósito por las presiones de la cúpula de las Fuerzas Armadas. El candidato del PT a la presidencia Fernando Haddad, derrotado el pasado mes de octubre, comentó con sarcasmo el enésimo desmentido del equipo de Bolsonaro. “Antes de defender una bozo-idea, espera 24 horas. Ahórrate el esfuerzo de defender el bandazo”, afirmó.

El comportamiento errático del nuevo presidente ha inspirado varias páginas web que contabilizan con humor y desparpajo los vaivenes de Bolsonaro. “Dejad de criticar a Bolsonaro por sus contradicciones. Cada paso atrás es una conquista para Brasil”, asegura con sorna Thea Goçalves, una consultora que trabaja en el área del medio ambiente.

Fotografía cedida por la Presidencia de Brasil que muestra al presidente Jair Bolsonaro mientras sobrevuela la zona afectada por una avalancha en Brumadin. (EFE)
Fotografía cedida por la Presidencia de Brasil que muestra al presidente Jair Bolsonaro mientras sobrevuela la zona afectada por una avalancha en Brumadin. (EFE)

Bolsonaro también se ha retractado en su promesa de no caer en el favoritismo propio de los políticos tradicionales. Durante la campaña, Bolsonaro afirmó que “el desmantelamiento del Estado” y “el fin de los enchufes políticos” son los remedios para “salvar Brasil”. El presidente declaró guerra al amiguismo y dijo que daría preferencia a perfiles técnicos en sus nombramientos. No obstante, menos de dos semanas después de estrenarse, el nuevo Ejecutivo se ha rodeado de apadrinados políticos para cargos estratégicos y muy bien remunerados. Entre los enchufados, hay amigos del proprio presidente, de sus hijos y de la primera dama.

Especial indignación suscitó la indicación de un capitán retirado de la Marina, considerado por Bolsonaro como un “amigo particular”, para la dirección ejecutiva de Inteligencia y Seguridad Corporativa de Petrobras. Carlos Victor Guerra Nagem trabaja en la sede de la estatal en Curitiba desde hace 11 años. Su nuevo cargo corresponde el segundo escalón de Petrobras y solo queda por debajo de la dirección general. El sueldo mensual ronda los 50.000 reales (11.600 euros).

El vicepresidente tampoco se ha quedado al margen de las viejas prácticas de la política. El hijo del general Hamilto Mourão, funcionario del Banco do Brasil, fue ascendido al cargo de asesor especial pocos días después de la investidura. El nombramiento triplicó el sueldo de Mourão hijo, que pasó a ganar 36.300 reales por mes (unos 8.500 euros). No es de extrañar que el 11 de enero Bolsonaro cancelase el famoso tuit en el que declaraba: “Se acabó la era de los enchufados sin capacidades técnicas”. “Yo sabía que, por falta de experiencia en gestión pública, tendría dificultades por lo menos en los primeros momentos. Pero no esperaba que Bolsonaro fuese el único grande enemigo de Bolsonaro”, comenta el periodista y educador Gilberto Dimenstein.

La crisis de Venezuela también ha empañado la gestión de Bolsonaro, que desde Davos se apresuró a reconocer el Gobierno interino de Juan Guaidó. “Si Brasil tuviese un canciller cualificado, habría vuelto a Brasil para gestionar una crisis tan tremenda en el país vecino, en vez de dejar la iniciativa en las manos de los europeos y de los estadounidenses. Su papel en Davos es irrelevante para no decir patético. Aquí podría coordinar con los países vecinos y con las embajadas europeas una forma de forzar a Maduro a tener un diálogo realmente productivo”, escribió el comentarista Clovis Rossi.

El primer mes en la presidencia ha sido una montaña rusa que ni siquiera ha sido mitigada con la aprobación del decreto que flexibiliza la posesión de armas, el caballo de batalla de la campaña electoral. Ahora Bolsonaro tiene que enfrentar otro mazazo que puede causarle un desgaste aún más grande: la ruptura de una represa en Brumadinho, en Minas Gerais, el mismo Estado donde en 2015 se produjo otro accidente parecido. Con cerca de 60 muertos y 300 desaparecidos, esta nueva catástrofe ecológica puede minar la popularidad del presidente, que pretendía aflojar la legislación medio ambiental para complacer al poderoso sector agronegocio, que le ayudó a llegar al poder.

Para el periodista Luis Nassif es solo cuestión de tiempo para que Mourão, al igual que el expresidente Michel Temer, se revele un temible Frank Underwood de la política brasileña capaz de reemplazar a Bolsonaro. “Durante la transición, Mourão se convirtió en el interlocutor preferido de los empresarios por el hecho de ser uno de los pocos focos de racionalidad dentro del Gobierno. Tuvo el sentido común de descalificar las locuras de Bolsonaro con la misión militar norteamericana, las pretensiones lunáticas del canciller de invadir Venezuela o la intención de trasladar la embajada de Israel a Jerusalén”, escribe Nassif y concluye: “Será casi inevitable la substitución de Bolsonaro por Mourão en un momento cualquiera del futuro. Mientras que en público Bolsonaro parece un lagarto asustado, Mourão es dueño de sí mismo. La duda es acerca la naturaleza de un eventual Gobierno Mourão”.

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