un sector abierto a la explotación

Jornaleras marroquíes de la fresa: otra forma de entrar (y quedarse) en España

Las empresas agrícolas de Huelva emplean un sistema de contratación en origen enfocado en mujeres con cargas familiares en Marruecos. Pese a ello, cada vez son más las que deciden quedarse

Foto: Trabajadoras inmigrantes en los campos de fresas de Rociana, Huelva, en 2009. (Reuters)
Trabajadoras inmigrantes en los campos de fresas de Rociana, Huelva, en 2009. (Reuters)

- ¿Te gustaría quedarte en España una vez que acabe la temporada?

- ¡Cómo me voy a quedar en España si voy a Huelva a trabajar y a ganar dinero para pagar una operación a mi hijo cuando regresé a Marruecos! Por supuesto que quiero volver. He dejado a mi marido y a mis tres hijos allí y uno de ellos está muy enfermo.

Estas son las palabras de Kenza, de 30 años, una de las mujeres que van a ir por primera vez a Huelva a trabajar en la recolección de los frutos rojos (fresas, frambuesas, moras y arándonos) en los campos onubenses. Está nerviosa, nunca ha salido de su país y ha oído que las condiciones de trabajo no son las mejores: 7 horas con la espalda doblada, sin descanso, viviendo en barracones, compartiendo habitación con otras tres mujeres y sin prácticamente tiempo libre ni movilidad, ya que viven aisladas en los campos dónde trabajan y el transporte a los pueblos más cercanos corre de su cuenta.

Pero también sabe que ganará 37 euros por jornada y que en Marruecos gana 50 dirhams, menos de 5 euros. Y, sobre todo, sabe que con el dinero que gane en España, casi 3.000 euros durante los cuatro meses de la campaña, podrá vivir unos cuantos meses en su país, alimentar a su familia y pagar una operación de pulmón a su hijo menor. Necesita ese trabajo. Y de esa situación de vulnerabilidad, en ocasiones, se aprovechan los empresarios del sector, según cuentan los colectivos de derechos humanos en el terreno.

Kenza fue una de las 7.700 mujeres marroquíes seleccionadas este año para ir por primera vez a España. Según explican a El Confidencial fuentes de ANAPEC, la Agencia Nacional para la Promoción de Empelo en Marruecos, en total emigrarán a España con un visado de trabajo temporal 19.190 mujeres (un 35% más que el año pasado). Casi ocho mil son nuevas y el resto son repetidoras, mujeres que ya han ido otras temporadas y han regresado a Marruecos.

Este es uno de los criterios para elegir a las mujeres que tienen en cuenta tanto los empresarios españoles del sector de la fresa como ANAPEC, la organización marroquí encargada del reclutamiento y la pre-selección de las jornaleras. Si han ido a España en otras campañas y han vuelto a Marruecos, más posibilidades tienen de que el año siguiente les vuelvan a seleccionar. Cuanto más años hayan ido a España, más preferencia tienen a la hora conseguir el visado y en tres o cuatro temporadas podrían lograr el permiso de residencia. Esto es así para fomentar la migración legal, evitar la ilegal y garantizar el retorno de las temporeras. Si se quedan en España y en algún momento son deportadas o vuelven a Marruecos por voluntad propia, nunca más podrán optar a este visado temporal.

Trabajadora en un campo de fresas en Palos de la Frontera, en febrero de 2009. (Reuters)
Trabajadora en un campo de fresas en Palos de la Frontera, en febrero de 2009. (Reuters)

Condiciones extremas... para que no se queden

Entre las nuevas, los requisitos son que sean mujeres de entre 25 y 40 años, que vengan del medio rural y con experiencia en la agricultura, que no estén embarazadas y tengan cargas familiares en Marruecos, es decir, un hijo o varios a su cargo menores de 14 años y que estén casadas, divorciadas o viudas. Si están casadas deberán probarlo y tener el permiso de su marido. Este arraigo familiar es otra de las medidas que pone en práctica la organización conjunta entre España y Marruecos para evitar que se queden en Europa una vez finalizada la recolecta. A parte, firman un contrato en el que se comprometen a volver a España antes del 31 de julio, tal y como asegura ASAJA Huelva, una de las cinco organizaciones agrarias del sector.

Pero no siempre se cumple y un porcentaje alto de las mujeres que viajan a España por primera vez se quedan allí. Según cifras de la Secretaría de Estado de Migraciones, al menos 1.424 jornaleras rompieron su compromiso de volver a Marruecos en 2018. Sin embargo, según fuentes cercanas a la organización, fueron 2.500, un 17%, tal y como detallaba la agencia EFE el año pasado una vez finalizada la campaña.

Pero parece que ambas cifras se quedan cortas. Según asegura a El Confidencial Antonio Luis Martín, un empresario de Cartaya (Huelva) pionero en este sistema de contratación en origen al que todos conocen como Curi, fueron más de 4.000 las mujeres marroquíes que se quedaron en 2018 en España sin papeles. “Algunas no llegaron a los campos de fresas de Huelva. Nada más desembarcar en Algeciras del ferry que venía de Tánger huyeron en coches que les esperaban en el puerto”, continúa explicando este empresario onubense.

Algunas mujeres quisieron probar suerte en otros países europeos y otras tantas intentaron buscar trabajo en los campos andaluces. Este es el caso de Amina, que aprovechó la temporada de la fresa para quedarse en España. Sabe que ya no podrá volver a conseguir el visado temporal, pero le compensa. Espera poder seguir trabajando en el campo español, seguir con su nueva vida en España y en algún momento conseguir los papeles.

‘El Dorado Europeo’, una vez más, les plantea el debate de elegir una nueva vida en unas condiciones que no son las mejores en el viejo continente o volver a su vida anterior, en Marruecos: trabajar en el campo desde las cuatro de la mañana hasta las cinco de la tarde por 4,5 euros y vivir en un entorno muy pobre, sin ninguna independencia ni libertad en el entorno familiar.

Son estas circunstancias, precisamente, contra las que protestan los colectivos pro-derechos humanos y feministas tanto españoles como europeos. “Esos criterios de selección para que no vuelvan a su país, en España no se aceptarían jamás. Si para optar a cualquier empleo en España te obligan a ser mujer, tener cierta condición física, estar casada, divorciada o viuda y tener un hijo menor de 14 años… jamás lo aceptaríamos, pero como son mujeres marroquíes, que solo hablan árabe y vienen de un entorno rural muy vulnerable y en unas condiciones muy precarias, se permite”, afirman desde Mujeres 24H, un colectivo de mujeres de Huelva. “Somos conscientes de que quieren garantizar el retorno, pero para ello no se puede caer en la ilegalidad ni en la inconstitucionalidad”, concluyen.

Dos mujeres marroquíes esperan la llegada de un ferry en Algeciras. (Reuters)
Dos mujeres marroquíes esperan la llegada de un ferry en Algeciras. (Reuters)

Retirarles el pasaporte

Según este colectivo ha podido comprobar gracias al testimonio de varias temporeras marroquíes, muchos empresarios les retiran el pasaporte para evitar que las mujeres huyan de las fincas con el objetivo de quedarse en España. Una medida ilegal que no está respaldada por la Constitución española.

Algunas de estas mujeres rompen el contrato quedándose en España, pero según los colectivos pro derechos humanos, los empresarios tampoco están garantizando el 75% de la jornada laboral de estas mujeres tal y como aseguran en el contrato de origen. Esto significa que si los empresarios de la fresa no les gusta como trabajan las jornaleras pueden despedirles dejando a la mujer en la calle y sin haber ganado el 75% del jornal prometido. Y teniendo que afrontar ellas el viaje de vuelta , ya que el empresario, en muchas ocasiones, solo paga el trayecto de ida, pero no el de vuelta, a pesar de que el contrato firmado en origen establece que se debe pagar ambos trayectos. Por lo tanto, para estas mujeres significaría un desembolso muy fuerte que no pueden afrontar. Y la deshonra de volver a su país con las manos en los bolsillos y la vergüenza de haber sido despedida.

Para evitar este trato “vejatorio”, el anterior Gobierno andaluz propuso ciertas medidas, en una reunión conjunta con Marruecos, como facilitar el teléfono de una mediadora, mujer y que hable árabe, a las jornaleras una vez que lleguen a Algeciras. Así podrán comunicarse con ella en caso de que sufran abusos laborales o sexuales. Otra de las medias que se hablaron en esa reunión conjunta con Marruecos fue establecer un periodo de prueba de un mes para evitar que a los tres días sean despedidas. La duda ahora está en qué ocurrirá con estas medidas y la situación de las jornaleras con el nuevo gobierno andaluz.

La salida de estas mujeres se hace de forma escalonada. Primero salen las repetidoras, a las que sí se les garantiza, normalmente, el 100% de la jornada laboral. Sin embargo, en segundo lugar salen las nuevas, que sobre todo van de refuerzo. Estas suelen ser las que reciben peor trato y a las que no se les garantiza el 75% del jornal.

Otra de las quejas de los colectivos a favor de los derechos del migrante y de la mujer es lo “feminizados que están estos puestos de trabajo, ya que contratan a mujeres por la sencilla razón de que es un trabajo muy duro y las mujeres aguantan más que los hombres y se quejan menos”. Y más estas mujeres, que están en una situación de clara vulnerabilidad.

Respecto a las denuncias por abuso sexual que se interpusieron el año pasado, El Confidencial ha podido comprobar que un caso de cuatro mujeres todavía sigue para adelante. Los demás han sido archivados. Pero entre los colectivos pro derechos humanos, nadie duda que esto ocurra. “No queremos generalizar. Puede que ocurra en un porcentaje muy pequeño, pero sabemos que esto ha sucedido en algunas fincas de Huelva durante la campaña”.

Invernaderos de fresas en Rociana. (Reuters)
Invernaderos de fresas en Rociana. (Reuters)

El año 2000, el principio de todo

Este programa de contratación en origen empezó en la campaña del 2000 con jornaleras de Europa del Este, búlgaras, rumanas y polacas. Pero tras el proyecto de entrada de estos países en la Unión Europea, varios empresarios de la fresa de Caratya, un pueblo pequeño de Huelva, decidieron empezar el proyecto con mujeres marroquíes. Entre estos empresarios estaba Antonio Luis Martín, Curi, quien viajó por su cuenta a Beni Melal, Marruecos, a seleccionar a jornaleras a dedo en 2003. En el 2005 este programa llamado Aenas Cartaya fue aprobado por la Unión Europea y gestionado por el ayuntamiento de Cartaya. Actualmente en España, solo se usa el modelo de contratación en origen en Huelva, para la recogida de las fresas y los frutos rojos.

Martín, creador e impulsor de este proyecto, dice que es un buen sistema, pero que tiene que haber más cuidado a la hora de llevar a acabo la selección en origen y a la hora de garantizar la vuelta de estas mujeres. “La patera más grande que cruza el Mediterráneo es la contratación en origen y de eso no se habla y no se quiere hablar”, afirma este empresario. Según Martín este año intentaron abrir el proceso de selección a jornaleras con nacionalidad española o permiso de residencia en España y solo se presentaron dos personas. Es un trabajo duro que no muchos españoles aceptarían.

Los colectivos que defienden los derechos de las mujeres y los migrantes tampoco se oponen a este sistema de contratación en origen, pero reclaman que se garanticen las condiciones laborales y los derechos individuales de estas mujeres migrantes. Consuelo Rumí, Secretaria de Estado en Migraciones, califica este programa como un sistema de emigración circular, pero también señala que debería haber un buen “control en el proceso de selección” y en las “condiciones de vida” de las mujeres. Al principio la cifra de retornos era del 99%. En 2012 la cifra de no retornadas oscilaba entre el 2% y el 6%. El año pasado el 17% de las mujeres no volvieron a su país de origen.

Marruecos, por su parte, este año asegura que hará una campaña de sensibilización previa a la salida de las primeras temporeras para que tengan claro que tienen derecho a un visado temporal, transporte pagado de ida y vuelta, sanidad gratuita y un contrato de entre 35 y 40 euros diarios. En pocas semanas saldrán las primeras temporeras hacia España y algunas tendrán la tentación de quedarse en España una vez que acabe la campaña, pero cómo no tener esa tentación cuándo saben que por ese mismo trabajo durante más horas en el campo marroquí cobrarán 7, 8 veces menos..

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