El destino que aguarda a los menores que Ceuta y Melilla quieren repatriar
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un gran riesgo de exclusión y adicciones

El destino que aguarda a los menores que Ceuta y Melilla quieren repatriar

Las calles de las ciudades del norte de Marruecos se han llenado de chavales que aspiran a cruzar en patera. La solución del Gobierno es montarlos a la fuerza en autobuses y enviarles al sur

Foto: Varios niños aguardan en el puerto de Tánger esperando poder esconderse en un camión para cruzar el Estrecho, en 2007. (Reuters)
Varios niños aguardan en el puerto de Tánger esperando poder esconderse en un camión para cruzar el Estrecho, en 2007. (Reuters)

Pasear por Tánger estos días sorprende hasta al más lugareño. “Hacía tiempo que no se veía a tantos menores y adolescentes por el centro de Tánger o por la medina como hasta ahora. Probablemente desde 2005”, se asombran los tangerinos. Y es que los avisos falsos de “salidas gratis hacia España” han hecho que centenares de jóvenes migrantes de todas las partes de Marruecos se acerquen a ciudades como Tánger o Nador a la espera de conseguir cruzar a Europa en ‘pateras fantasma’ sin coste.

Marruecos, que se ha visto desbordado ante esa situación, ha enviado a decenas de estos chavales en autobuses a ciudades situadas en el sur del país, como Agadir, Tiznit, El Aaiún o Dahla, según confirma a El Confidencial Concha Badillo, presidenta de la asociación AMIN, que lucha por el porvenir de los niños en Marruecos, especialmente en casos de violencia sexual. “Nosotros tenemos constancia de que al menos 30 menores han sido enviados al sur. Nos lo han confirmado los propios chavales, ya que han vuelto a subir a Tánger por su cuenta”, afirma también Simo Haddou, cofundador de Alkhaima y de Wasara Sans Frontiere, ambas organizaciones especializadas en menores en situación de calle y menores migrantes tanto en la ciudad fronteriza como en los países europeos de llegada. En Nador, la misma situación: según la AMDH –Asociación Marroquí por los Derechos Humanos-, al menos 40 menores han sido desplazados a ciudades del sur.

Foto: Un migrante arroja un chaleco salvavidas cuando la patera en la que viaja se aproxima a una playa de Tarifa, el 27 de julio de 2018. (Reuters)

“Lo de hacer redadas cuando hay un evento oficial, la Copa de África o se va a realizar un evento importante es muy frecuente. Quieren ‘limpiar’ las calles, para ello montan a los menores en una furgoneta o en un autobús y se los llevan a ciudades cercanas como Larache, Castillejos o los dejan tirados en un arcén fuera de Tánger”, continúa. Pero lo que no había ocurrido hasta la fecha, según nos confirman Haddou y la AMDH –Asociación Marroquí por los Derechos Humanos- de Nador, es que lleven a chavales, menores de edad, hasta ciudades situadas a más de 1.000 kilómetros de distancia.

Y una vez abandonados en esos lugares remotos, lejos de su familia y de su entorno, son ellos mismos, en la mayoría de ocasiones sin recursos, los que tienen que buscarse la vida para volver a viajar al norte. Las asociaciones locales que trabajan con menores en Marruecos aseguran que es un paso atrás en su lucha, ya que estos niños en el trayecto hasta las ciudades fronterizas pasan muchísimos apuros, impropios de su edad. En ocasiones son explotados sexualmente, tienen que delinquir para conseguir dinero o la situación de calle y la soledad les causa traumas muy difíciles de curar y acaban acudiendo a drogas como el disolvente o el pegamento. “Casi nunca vuelven con sus familias porque en muchas ocasiones provienen de zonas rurales en las que la pobreza, la mala situación familiar o la falta de expectativas les han hecho huir de allí. También hay casos en los que son las propias familias quienes les incitan u obligan a irse”, explica Badillo.

placeholder Niños de la calle comparten una botella de pegamento para esnifar en una playa de Tánger en 2009. (Reuters)
Niños de la calle comparten una botella de pegamento para esnifar en una playa de Tánger en 2009. (Reuters)

Las heridas de la calle

Tras los anuncios de pateras fantasmas en Tánger ahora mismo conviven dos perfiles de menores migrantes. Por un lado están los aproximadamente entre 80 y 100 chavales que viven en la calle, algunos enganchados al pegamento y otros haciendo lo que está en su mano para poder vivir. Chavales que llevan demasiados años vagabundeando como para saber cuál es la diferencia entre el bien y el mal. Entre lo que deben hacer y lo que no. Digamos que son chavales a los que la vida no les ha dejado otra opción. Y por otro, todos estos adolescentes que han llegado tras ‘el efecto llamada’ de las semanas pasadas, que sólo en Tánger contabilizan aproximadamente 300. Y entre 400 y 500 en Nador.

“Estos recién llegados tiene un perfil diferente. Muchos son jóvenes con estudios. Vienen al norte con dinero, van bien vestidos, duermen en hostales de la medina [en los que suelen dormir los migrantes subsaharianos cuando les echan de los bosques de las afueras de Tánger] que cuestan 30 dirhams la noche [unos tres euros]", continúa explicando Haddou, este activista de Tánger con solera en la lucha por los menores.

Foto: Salvamento Marítimo desembarca a 154 inmigrantes rescatados en el mar de Alborán, este domingo 22 de julio de 2018. (EFE)

Unos y otros conviven en una ciudad que tiene demasiado cerca el inalcanzable sueño europeo. Ambos llegaron con el mismo objetivo: cruzar a Europa. Pero los primeros ya han desistido en el intento. Los segundos, en cambio, acaban de llegar con la ilusión del principiante y todavía tienen la fuerza y el dinero para esperar en Tánger a conseguirlo.

El problema que preocupa a las asociaciones locales es qué pasará cuando ese dinero se agote. Qué pasará cuando las esperanzas disminuyan. “Estos chavales recién llegados tiene un alto porcentaje de posibilidades de que acaben como los otros”, afirma a El Confidencial una activista experta en derechos de la infancia que no quiere revelar su identidad por su actual situación personal. Y por último, en una situación todavía más vulnerable, están las niñas. Muchas de ellas son víctimas de trata o explotadas sexualmente.

placeholder Una calle comercial de Nador, en julio de 2017. (Reuters)
Una calle comercial de Nador, en julio de 2017. (Reuters)

Un país que no protege al menor

Las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla han mostrado la voluntad de repatriar a los menores migrantes a Marruecos, como ya estuvieron haciendo en 2005 y 2006. Las asociaciones marroquíes que luchan por los derechos de los menores se llevan las manos a la cabeza. “¿Cómo van a repatriar a esos niños a un país que no tiene un sistema de protección del menor?”, se preguntan.

Un informe realizado por Concha Badillo para UNICEF en 2015 hace referencia a las necesidades obligatorias de estudiar si en el país de origen se da una situación que garantice la seguridad de estos menores antes de sus repatriación. Marruecos no la garantiza ni de lejos.

Foto: Un niño refugiado sirio trabajando en una obra en Sidón, al sur de Líbano (Reuters)
Los 'niños fantasma' de Siria
Ethel Bonet. Beirut

“Este país no tiene sistema de protección al menor por falta de voluntad política, no por falta de recursos. Cuando a Marruecos se le mete algo entre ceja y ceja lo consigue. Como lo de eliminar el plástico del país. No les interesa sacar a los niños de la calle”, explica Haddou.

El Alto Comisionado para la lucha contra la pobreza infantil, Pau Martí-Klose, apuesta por que los 11.174 menores extranjeros que han llegado a España tengan las garantías que merecen por ser niños. Si los repatrian, la mayoría de ellos no podrá volver con sus familias. Algunos, los menos, serán ingresados en centros mal gestionados de los que les echan a los 18 años. A los demás, niños y niñas, en un país que no garantiza su seguridad, la única alternativa que le espera es la calle. Y migrantes o no migrantes, pequeños diablillos o angelitos, todos son niños. Niños a los que habría que tratar de devolver una infancia que les fue robada de manera precoz.

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