ha tenido que huir del país para evitar un juicio

El calvario de una turista francesa detenida en Marruecos por "adulterio"

Una mujer identificada como Valérie fue arrestada el pasado 14 de julio por acostarse con un marroquí que estaba casado, algo que ella ignoraba. Debía comparecer este lunes ante un tribunal

Foto: Vista noctura de la plaza de Djemaa el-Fna, la principal zona turística de Marrakech. (Reuters)
Vista noctura de la plaza de Djemaa el-Fna, la principal zona turística de Marrakech. (Reuters)

Valérie no tuvo suerte. Excepto la pederastia, los delitos sexuales que figuran en el código penal de Marruecos, desde la homosexualidad hasta el adulterio, no se aplican en la práctica a los extranjeros, turistas o residentes en el país. Ella ha sido una excepción.

A Valérie, de 41 años, la policía marroquí la esperaba, sin embargo, “a pie de cama”, según relató ella misma al periódico francés 'Le Parisien'. Había pasado una noche en un hotel de Marrakech con un hombre que estaba casado, pero ella ignoraba su estado civil. Ambos fueron detenidos el 14 de julio. Ella pasó 30 horas en comisaría y solo fue puesta en libertad tras pagar una fianza de 5.000 dirhams (450 euros).

Fueron 30 horas en “condiciones deplorables”, prosiguió su relato. “Mis derechos fueron abofeteados; fui abandonada durante dos días (…) en un pasillo estrecho rodeada de cucarachas, de mujeres embarazadas a las que pegaban… y con un fiscal odioso que me gritaba”, añadió.

“Solicité un intérprete, pero no vino nadie”, recuerda la mujer. “Pedí un abogado”, pero “la persona de guardia me dijo que buscase en internet la lista de los abogados francófonos de Marruecos...”. “¡Pero si me habían quitado el móvil al detenerme!”. “Nadie me ayudó”, concluye. La legislación marroquí no permite a los cónsules visitar a las personas detenidas.

Valérie salió de la comisaría con el recibo de la fianza que había abonado y con una convocatoria para comparecer, el lunes 23, ante un tribunal de primera instancia que la juzgará por “complicidad en el adulterio”. “Está descartado que regrese” a Marruecos, afirma con contundencia. Como no se le retiró el pasaporte, salió apresuradamente del país tras ser puesta en libertad. Será juzgada en rebeldía y, aunque no sea condenada, no recuperará su fianza.

"Juicios con connotaciones políticas"

La mujer cuarentañera, residente en Colombes, en la periferia de París, había ido de vacaciones a Marrakech. Esta ejecutiva de una gran empresa sabía que el adulterio es un delito en Marruecos, que puede ser castigado con entre uno y dos años de cárcel si el cónyuge perjudicado lo denuncia, pero ignoraba que el hombre con el que pasó la noche estaba casado. Creía que estaba divorciado, algo que solo sucederá en septiembre cuando el tribunal de Marrakech se lo conceda, según explicó Valérie.

A su regreso a Colombes, la mujer ha escrito al presidente Emmanuel Macron porque, explica al diario, “es necesario que la gente sepa que cuando se va de vacaciones a Marrakech no todo es bonito, no todo es color de rosas”. “Cuando surge un problema, nadie aparece para apoyarte”, se lamenta.

Algunos medios de comunicación marroquíes se han hecho eco de la amarga experiencia vivida por Valérie en su país, pero a lo largo de estos últimos años han dedicado más espacio a contar otros casos de adulterio 100% marroquíes. El más sonado fue, en abril de 2017, la condena a dos años de cárcel de Hind Achabi, una empresaria del sector de la aviación comercial, mientras que a su amante, Mohsine Karim, conocido hombre de negocios, le cayeron solo siete meses.

Los delitos sexuales dan pie a celebrar “juicios con connotaciones políticas”, según Human Rights Watch, la principal ONG estadounidense de derechos humanos. Pone como ejemplo la condena, en 2015, de Hicham Mansouri, soltero, incómodo periodista de investigación marroquí acusado de “complicidad en el adulterio” por mantener relaciones con una mujer casada de 30. La policía informó al marido de esta de lo sucedido, él puso una denuncia y cobró los 40.000 dirhams (3.611 euros) de indemnización que le otorgó el tribunal. Mansouri y la mujer los abonaron a medias.

La empresaria marroquí Hind Achabi, condenada a dos años de cárcel en 2017.
La empresaria marroquí Hind Achabi, condenada a dos años de cárcel en 2017.

Diferentes varas de medir

Aquellos marroquíes casados que mantienen con sus móviles conversaciones subidas de todo con personas de otro sexo pueden, sin embargo, respirar tranquilos. Las infidelidades virtuales no son equiparables al adulterio, según dictaminó el 4 de mayo un tribunal de Salé, la ciudad pegada a Rabat, en contra del criterio de la fiscalía.

Un marido despechado de Salé denunció, el 23 de marzo, el chat de carácter sexual mantenido por su esposa, cuyo móvil aportó como prueba, con un hombre. La fiscalía la acusó a ella de adulterio y al hombre soltero con el que conversaba de complicidad en el adulterio, pero los jueces consideraron que para que se produzca tal delito es necesaria “una relación sexual entre un hombre y una mujer y que al menos uno de los dos esté casado”. “Meras conversaciones impúdicas a través de la aplicación WhatsApp y el intercambio de imágenes sexualmente explícitas no significan que haya habido una relación sexual entre los dos imputados”, concluye el veredicto.

El otro gran capítulo de los delitos sexuales marroquíes que marca la diferencia con Europa es el de la homosexualidad, castigada en Marruecos con hasta tres años de cárcel. A día de hoy, se calcula que una decena de homosexuales están encarcelados en el país, aunque las condenadas son de corta duración, como mucho unos meses que se cumplen detrás de los barrotes.

Los últimos enviados a prisión fueron, a principios de febrero, dos concejales de Mejjat, una pequeña localidad al oeste de Marrakech, condenados por homosexualidad y embriaguez pública a un mes de cárcel y una multa de 90 euros. Más allá de las penas dictadas por los tribunales, los homosexuales o aquellos que pueden aparentar serlo son con frecuencia amedrentados por su entorno.

Es el caso de dos adolescentes de 16 y 17 años denunciadas en Marrakech por un pariente que las sorprendió abrazándose y besándose en octubre de 2016. Detenidas durante una semana, fueron juzgadas y finalmente absueltas. Peor fue lo que les sucedió a Abdelaziz y Abdalá en marzo de ese mismo año en Beni Mellal, en el centro del país. Una turba irrumpió en su casa en plena noche y les sacó a rastras y desnudos a la calle mientras les golpeaba y grababa en vídeo la embestida. Una de las víctimas fue condenada —no solo por homosexualidad sino por agresión— a cuatro meses, mientras que a uno de los bravucones que le apalearon le cayó un mes de cárcel. Los demás no llegaron a ser imputados.

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