Khashoggi, El antiguo amigo de la Casa Real

Enemigo (y exaliado) de Riad: por qué Arabia Saudí odiaba al periodista desaparecido

Hubo un tiempo en que el periodista desaparecido tenía acceso a información privilegiada sobre el Reino, gracias a sus lazos con el poderoso exjefe de los espías, Turki al-Faisal

Foto: Retratos del periodista saudí desaparecido Jamal Khashoggi pegadas en una barrera policial ante el consulado saudí en Estambul. (EFE)
Retratos del periodista saudí desaparecido Jamal Khashoggi pegadas en una barrera policial ante el consulado saudí en Estambul. (EFE)

Hubo un tiempo en que Jamal Khashoggi, el periodista desaparecido desde que entró en el consulado de Arabia Saudí en Estambul, tenía acceso a información privilegiada sobre el devenir del Reino. Ayudante cercano del antiguo jefe de la Inteligencia saudí, mantuvo durante décadas un especial protagonismo en los periódicos más importantes del país.

Ahora, cuando el Gobierno turco y otros periodistas sostienen que el columnista del 'Washington Post' fue asesinado dentro de la legación -Ankara ya ha pedido permiso para registrar el consulado-, toca repasar la carrera de un hombre educado en EEUU y que nunca ha sido ajeno a la controversia.

Graduado en la Universidad Estatal de Indiana, Khashoggi comenzó su carrera en la década de los 80 cubriendo la invasión soviética de Afganistán para el diario anglófono 'Saudi Gazette'. Después viajó por numerosos países de Oriente Medio, cubrió la guerra civil de Argelia de 1991 y la sublevación de los islamistas en Sudán. De hecho, entrevistó a Osama bin Landen en Afganistán antes incluso del apogeo de Al Qaeda; ambos se reunieron en Sudán en 1995. “Seguir el ascenso de Bin Laden probablemente ayudó a afianzar los lazos de Khashoggi con el poderoso exjefe de los espías de Arabia Saudí, Turki al-Faisal”, explica Sarah el Deeb en 'Associated Press'.

Khashoggi cerró filas con la familia real saudí y apoyó sus esfuerzos para convencer a los líderes religiosos ultraconservadores de que aceptarán las reformas sociales. Trabajó como editor del diario de tendencia islamista 'Al-Madina' durante nueve años y era citado con frecuencia por medios occidentales como un experto en islam radical y un reformista convencido.

Sin embargo, el periodista fue despedido de su puesto de editor en 'Al-Watan', un diario liberal fundado tras los ataques del 11-S, sólo dos meses después de aceptar el trabajo, en 2003. El estamento religioso había reaccionado ante sus críticas contra la poderosa policía religiosa y contra Ibn Taymiyyah, el teólogo musulmán suní considerado el padre espiritual del wahabismo, raíz de todos los movimientos fundamentalistas y corriente inspiradora del reino saudí.

El disidente saudí Jamal Khashoggi habla ante los medios en Londres, el 29 de septiembre de 2018. (Reuters)
El disidente saudí Jamal Khashoggi habla ante los medios en Londres, el 29 de septiembre de 2018. (Reuters)

La ruptura con el poder

Tras aquel despido, Khashoggi comenzó a trabajar como jefe de prensa de Turki al-Faisal, el antiguo jefe de los espías, que en aquel momento era embajador en EEUU. Después, en 2007, regresó a Al Watan, donde continuó cargando contra el estamento religioso a medida que el difunto Rey Abdullah implementaba cautelosas reformas para reducir el poder de los clérigos. Tres años más tarde fue obligado a dimitir tras una serie de artículos críticos con el salafismo, la corriente suní ultraconservadora relacionada con el wahabismo.

En 2010, el billonario saudí Alwaleed bin Talal le contrató para liderar su nueva cadena de televisión, concebida como rival de la qatarí Al Jazeera, el azote mediático del Reino. La nueva cadena, sin embargo, fue cerrada horas después de su lanzamiento por 'hospedar' a un célebre opositor de Baréin.

La ruptura definitiva con las autoridades saudíes se produjo en medio de las 'primaveras árabes'. “Alineándose con la oposición en Egipto y Siria, Khashoggi se convirtió en un crítico feroz de la estrategia de Riad y un defensor del islam moderado, que el Reino consideraba una amenaza existencial”, explica Sarah el Deeb. También cargó contra la ruptura diplomática con Qatar, el papel saudí en la cruenta guerra de Yemen, la peor catástrofe humanitaria de la actualidad, y la política de Arabia Saudí hacia su archienemigo, Irán.

El 23 de septiembre, durante una entrevista, definió la política exterior saudí como “estrecha de miras” y ridiculizó su mano dura contra el Islam político. “Arabia Saudí es el padre del Islam político. Está basado en el Islam político”, declaró. Ocho días más tarde, el 2 de octubre, despareció durante una visita en el consulado.

Ankara ha confirmado que Khashoggi, que vivía exiliado en EEUU y se encontraba en Estambul para preparar la boda con su novia turca, entró el pasado martes en el consulado saudí y no volvió a salir. Mientras, el periodista turco Turan Kislakçi, amigo personal de Khashoggi y dirigente de la Asociación de prensa turco-árabe, aseguró este domingo que el asesinato de su colega en la legación estaba "confirmado", aunque no aclaró sus fuentes. En declaraciones al diario 'Hürriyet', Kislakçi añadió este lunes que el cadáver de Khashoggi fue troceado y posteriormente sacado del consulado mediante valija diplomática por un equipo de 15 agentes saudíes.

Dicho equipo -que se hallaban en el consulado al mismo tiempo que el periodista y que regresó a su país poco después- habría llegado hace días a Estambul en dos vuelos y estaba siendo investigado por la policía turca, según la agencia de noticias Anadolu. De acuerdo con dos fuentes que cita 'The Washington Post', diario para el que Khashoggi trabaja, el periodista murió a principios de la semana pasada a manos de un equipo saudí enviado "específicamente para su asesinato". El equipo planificó el asesinato "de antemano". Una versión que coincide con las explicaciones de otra fuente a la cadena estadounidense NBC.

Khashoggi optó por exiliarse en septiembre de 2017 en medio de la ola de arrestos de defensores de los derechos humanos, clérigos, economistas, blogueros y prácticamente de cualquiera que criticara a las autoridades en Arabia Saudí. La campaña contra activistas defensoras de los derechos de la mujer que ha emprendido Riad no tiene precedentes.

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