“Las armas son masculinidad y poder”

La lucha de un hombre por desarmar a un país donde las bodas acaban con muertos

El problema no viene tanto por la guerra civil, sino por el sectarismo. Las armas están presentes en cualquier acto de la vida cotidiana de los libaneses: bodas, entierros o graduaciones

Foto: Jóvenes libaneses tras un póster en un restaurante de comida rápida en Beirut. (Reuters)
Jóvenes libaneses tras un póster en un restaurante de comida rápida en Beirut. (Reuters)

Con el verano, la temporada de las bodas llega al Líbano y, con ellas, los accidentes por balas perdidas. Solo en 2017 hubo un total de 99 víctimas en el país por accidente de arma de fuego, es decir, por los disparos al aire que se realizan durante la celebración de un casamiento, según datos de la ONG Movimiento Permanente por la Paz, (PPM, en sus siglas en inglés).

Las armas están presentes en cualquier acto de la vida cotidiana de los libaneses. Bodas, entierros, graduaciones o fiestas de Fin de Año van acompañadas de ráfagas de tiros para expresar sentimientos de felicidad o de duelo. De hecho, cuando termina el curso en institutos y universidades la Policía suele enviar a todos los ciudadanos un mensaje de texto al móvil advirtiendo de que tomen precauciones porque habrá disparos al aire por las ceremonias de graduación.

“Tener un arma es algo cultural y social en el Líbano. Es sinónimo de masculinidad y de poder”, explica Fadi Abi Alam, director de PPM, que lleva más de 30 años luchando con su ONG por desarmar al Líbano.

Aunque en el país del cedro la posesión de un arma para uso civil, así como la compra o venta, está prohibida por ley, todo el mundo consigue una licencia de armas y guarda al menos un rifle en el armario o una pistola en la mesilla de noche. Hay cuatro millones de armas en manos de civiles en el Líbano, que tiene menos de cinco millones de habitantes, y solo 30.000 licencias de armas registradas, según PPM.

Abi Alam tiene las paredes de su despacho llenas de diplomas y reconocimientos internacionales por su contribución por la paz. El activista confía en cada vez más las nuevas generaciones entienden que poseer un arma es sinónimo de matar.

PMM dirige campañas para concienciar a la sociedad libanesa y a las autoridades. Uno de sus últimos proyecto es una pagina web falsa de una empresa ficticia para organizar bodas, que ofrece a los novios contratar a tiradores profesionales, hombres y mujeres , por entre 300 y 400 dólares; elegir el tipo de arma desde la clásica AK-47 a una pistola más sofisticada y el número de tiros por otros 300-400 dólares.

Tras elegir al tirador, el tipo de arma y la vestimenta para la ocasión y calcular el coste total del servicio, la pagina te dirige al siguiente mensaje: “El coste real por este servicio de armas puede ser la vida de un amigo o un familiar”.

También en la mayor feria de bodas que se celebra en Beirut pusieron un estand y “conseguimos que 1.500 parejas de novios firmaran un compromiso de no hacer uso de las armas de fuego en su boda”, señala Abi Alam.

Seguiodres de Hezbolah tras una boda en Bint Jbeil, Líbano. (Reuters)
Seguiodres de Hezbolah tras una boda en Bint Jbeil, Líbano. (Reuters)

Según el activista, el problema no viene tanto por la guerra civil, en la que armas y municiones entraron sin control a los campamentos palestinos y después cayeron en manos de las milicias cristianas y musulmanas, sino por el sectarismo.

Antes de que fuera asesinado Rafiq Hariri, en febrero de 2005, un kalashnikov en el mercado negro costaba 250 dólares; después subió a 1.000. “La sensación de inseguridad disparó la demanda y se incrementó el precio. Rápidamente la gente de uno y otro bando se armó”, sentencia el pacifista.

Hasta hace unos años, era habitual que cuando Hassan Nasrallah, líder de Hezbolá, daba un discurso en los suburbios de Beirut al otro lado de la ciudad se escuchasen disparos de los simpatizantes de Futuro, el movimiento político al que pertenece el ex primer ministro libanés, Fuad Siniora, y su sucesor, Saad Hariri.

Los disparos sirven para enviar un mensaje al otro: ¡Ojo tenemos armas, vamos a usarlas si es necesario!”, explica el director de PPM.

No obstante, Abi Allam reconoce que las autoridades libanesas han dado un paso importante con la aprobación en el Parlamento a finales de 2016 de una nueva ley para la Regulación de Armas y el endurecimiento de las condenas por posesión de armas. Bajo la nueva legislación, el detenido por tenencia de armas o por usarla en celebraciones pagará una multa de 3.600 dólares, se enfrentará a una condena de seis meses de cárcel y pierde la licencia de armas de por vida.

En el pasado, el castigo era irrisorio. Cuando un civil era detenido por portar un arma o haber disparado al aire en lugares públicos, -si no hería a nadie-, pagaba una multa de unos 30 dólares y 15 días de cárcel. “Desgraciadamente, la mayoría de los detenidos eran puestos en libertad al día siguiente, gracias a la ayuda de algún familiar que trabaja en la Policía”, lamenta. “El problema es que la prohibición raramente se cumple y los casos nunca llegan a los juzgados”, añade

Recientemente, en una fiesta de graduación de un instituto fueron detenidas 17 personas por disparar al aire; al día siguiente fueron puestos en libertad, denuncia el pacifista. “Más que hacer cumplir la ley, las autoridades libanesas deberían concienciar a la sociedad sobre el peligro de poseer un arma”, sostiene Abi Allam, “si tienes un arma te conviertes automáticamente en un asesino”.

El director de PPM se reunió recientemente con el primer ministro Saad Hariri quien, asegura, le prometió que presionará a sus seguidores para que abandonen esta práctica letal durante los mítines y otros actos. Pero es casi imposible poder controlarlo.

Amer Jabali, diseñador de alta costuraestadounidense-libanés, posando en el escaparate de su boutique. (E. Bonet)
Amer Jabali, diseñador de alta costuraestadounidense-libanés, posando en el escaparate de su boutique. (E. Bonet)

Hay un dicho libanés que dice que cuando nace un hijo varón nace también un arma. “Crecí en una típica familia libanesa en Baalbek (Valle de la Bekaa) y cada noche yo y a mis cuatro hermanos nos reuníamos en el salón con mi padre que traía con él cuatro o cinco fusiles AK-47 y nos ponía a desmontarlos, limpiarlos y cargarlos. Nos enseñó a disparar. Yo lo odiaba. Siempre he odiado las armas. Nos educan a que cuando hay un problema lo solucionamos con las armas”, alerta Amer Jabali, diseñador de alta costura estadounidense-libanés y dueño de una boutique de vestidos de novia, en la céntrica y cosmopolita calle de Gemayseh.

En el escaparate de su boutique “Deviations” hay un rótulo en inglés en que se puede leer: “Boicot a las armas … salva vidas”. “Puse este anuncio en el escaparate para que, al menos, cuando la gente joven pase por delante y lo vea pueda servirle para reflexionar ”, indica Jabali, antes de recordar que “el día más feliz de tu vida puede acabar en tragedia”.

Cada día ocurren historias trágicas que nunca aparecen en los periódicos como la muerte accidental por una bala perdida de Hana Hamoud, de 21 años, estudiante de Física. La joven había asistido a la boda de un familiar y estaba en un balcón cuando un hombre hizo dos disparos al aire y una de las bala atravesó su cabeza.

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