"profesionales consumados"

Los buzos (y héroes) que encontraron a los niños atrapados en la cueva de Tailandia

Los dos han participado en multitud de rescates y sus propios amigos los califican como personas "muy tranquilas, organizadas y extremadamente disciplinadas"

Foto: Un grupo de buzos intentando alcanzar la cueva en la que estaban atrapados los niños. (EFE)
Un grupo de buzos intentando alcanzar la cueva en la que estaban atrapados los niños. (EFE)

"Creemos que están vivos": el viceprimer ministro y responsable de Defensa de Tailandia, Prawit Wongsuwon, era optimista cuando tres días después de que un grupo de niños quedara atrapado bajo una cueva inundada en el norte del país los equipos los buscaban sin descanso. Doce chavales de un equipo de fútbol juvenil, de entre 13 y 16 años, habían desaparecido junto a su entrenador en una caverna después de un entrenamiento. Nueve días después de su desaparición, los equipos de rescate obraban el milagro y encontraban con vida a los 13 jóvenes cerca de una isleta en el interior de la cueva de Tham Luang.

Las autoridades tailandesas, con ayuda de buzos extranjeros, accedieron a la zona donde se encontraban y donde los esperaban, ansiosos, famélicos y desconcertados. "¿Qué día es hoy?", preguntaron cuando dos buzos hicieron su aparición. "Sois muy fuertes", dijo uno de ellos. "Mucha, mucha gente está viniendo. Nosotros somos los primeros", añadió, tratando de tranquilizarlos. Mientras fuera se desarrollaba todo el operativo de salvamento, los niños acababan de ver el rostro de sus salvadores: Rick Stanton y John Volanthen, dos británicos que participaban como voluntarios en los equipos de rescate.

Los buzos (y héroes) que encontraron a los niños atrapados en la cueva de Tailandia

"Se las arreglaron para sumergirse en la última sección [de la cueva] y llegar a la cámara donde estaba el grupo", explica el jefe del Consejo Británico de Rescate en Cuevas, Bill Whitehead, a la prensa inglesa. Stanton tiene unos 50 años y es bombero en Coventry, ubicada entre Mánchester y Londres. Es uno de los buzos de cuevas más importantes de Reino Unido, con experiencia en espeleología seca e inmersiones técnicas y más de 35 años de experiencia.

Las tragedias de Noruega

Rick fue uno de los buzos que recuperaron los cuerpos de dos compañeros de profesión que fallecieron en la cueva de Plura, en Noruega, en 2006. Ståle Tveitane era un buzo que había ido a explorar bajo el agua del Plura, un río que transcurre en gran parte bajo tierra, con su compañero Bjarte Vestøl. En un momento dado, se dio cuenta de que el primero se había quedado sin aire, al sufrir daños el equipo de buceo con el que se había sumergido. Intentó subirlo a la superficie, pero cuando aún estaba a 75 metros de profundidad tuvo que darse por vencido y subir él solo. Rick y Jason Mallinson se encargaron de recuperar el cuerpo de Tveitane.

Precisamente por eso a Rick, y en este caso también a Volanthen, lo llamaron cuando hubo otro accidente, hace solo cuatro años, cuando cinco finlandeses viajaron a la misma cueva: su idea era nadar en la cueva de Steinugleflåget, a 90 metros por debajo de la superficie, a la que se llegaba por unos canales que discurrían hasta una zona a más de 130 metros de profundidad. Salieron en dos equipos, uno primero, compuesto por dos personas, y otro después, de tres, dos horas más tarde. La primera pareja hizo más de la mitad del trayecto sin problemas hasta que uno de ellos quedó atascado, y allí murió mientras su compañero intentaba ayudarlo.

Era su turno de salvarse, pero al ver que su tiempo total de descompresión —el tiempo que necesita desde que el buceador deja el fondo hasta que llega a superficie— era de 400 minutos (más de seis horas), empezó a ponerse nervioso y a hiperventilar, pero logró recomponerse y empezar la salida. No obstante, empezó a ver algo por debajo de él: era uno de sus compañeros, el primero del segundo grupo, al que no avisó del accidente con su compañero.

Este fue capaz de apartar el cuerpo de su compañero fallecido y continuó, pero mucho más rápido de lo que debía, por lo que empezó a sentir algunos de los síntomas de la enfermedad por descompresión o 'enfermedad del buzo' —el nitrógeno, disuelto en la sangre y los tejidos por la alta presión, forma burbujas cuando la presión disminuye— en las articulaciones. Finalmente, consiguieron salir y fueron caminando al punto de partida, donde encontraron a uno de sus compañeros. Pero faltaba otro: el último había llegado hasta el cuerpo sin vida de su compañero, quizá quiso liberarlo de la zona donde se había quedado atascado y, al no conseguirlo, quiso dar la vuelta pero se quedó sin aire por el camino.

Rick Stanton y John Volanthen participaron en la previa de la operación, pero Stanten consideró que era demasiado arriesgada y la policía clausuró la cueva. No obstante, días después se formó un equipo de 27 buceadores, 10 de ellos noruegos y el resto finlandeses, que llevó a cabo una operación de rescate 'en secreto'. A la primera víctima llegaron 46 días después de que hubiera muerto; a la segunda, un día más tarde. Para Stanton, la operación de los finlandeses estuvo muy bien planeada y ejecutada, pero no exenta de peligros. Aun así, Stanton ya tenía su mérito garantizado: en 2012 recibió la Orden del Imperio Británico por su servicio en las cuevas, mérito a la excelencia.

"Organizados y profesionales"

Volanthen, por su parte, es ingeniero informático y en su tiempo libre corre maratones. Procedente de Bristol, comenzó como espeleólogo en seco y ha ayudado a muchos equipos de buceo a permanecer bajo el agua durante más tiempo a grandes profundidades. "El pánico y la adrenalina están bien en determinadas situaciones, pero no en el buceo", aseguraba en una entrevista en 'The Sunday Times' en 2013. "El buceo es como el acertijo del cruce del zorro, la gallina y la cesta de maíz: no es peligroso si lo haces bien".

Sus amigos los califican a ambos como "tranquilos, muy organizados y extremadamente disciplinados", en resumen, "profesionales consumados". Jon Whiteley, por su parte, responsable de rescates de la Organización de Rescates en Cuevas de Devon, los define como personas "con aversión al riesgo" que están por delante de todos. Y además de sus logros, "humildes". "Les gusta su vida normal, sus trabajos cotidianos normales y estar con sus familias".

Los dos recibieron en 2012 la medalla de la Royal Human Society en el Palacio de Buckingham, por su papel en el rescate de Éric Establie, un espeleólogo que quedó atrapado en una cueva en la región francesa de Ardèche y en la que, lamentablemente, falleció.

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