una historia de amor no siempre correspondido

¿Qué esconde Salvini tras la estelada? El tortuoso romance entre la Liga y los 'indepes'

La Liga Norte ha cortejado durante décadas al independentismo catalán sin demasiado éxito. Pero a los ultraderechistas italianos cada vez les interesan menos las esteladas

Foto: Salvini muestra su apoyo a los desafíos independentistas que sufre Europa.
Salvini muestra su apoyo a los desafíos independentistas que sufre Europa.

El vicepresidente de Italia, el ultraderechista Matteo Salvini —desencadenante de la crisis del Aquarius—, se ha dejado fotografiar innumerables veces con esteladas a lo largo de su carrera política: por ejemplo, sosteniendo una en el patio de su casa, vistiéndola en la Cámara de Diputados o durante una visita a Alguer, la ‘terra irredenta’ del pancatalanismo en Cerdeña. “Pero sinceramente no creo que volvamos a verlo nunca más agitando una de esas banderitas, al menos mientras esté en el Gobierno. Ahora su partido anda en cosas más importantes que hacerse fotos con esteladas”, pronostica un abogado de Turín que durante años trabajó como asistente de un ministro de la Liga Norte.

El partido fundado por Umberto Bossi en 1991 ha cambiado mucho en los últimos años, y su transformación está terminando de frustrar un romance que tampoco fue nunca excesivamente intenso. Para empezar, ya ni siquiera se llama Liga Norte. Se llama Liga, a secas, porque un porcentaje importante de sus votantes están ahora en el centro y el sur. “Durante años, construyeron un mito de la nada, el de la identidad y la independencia padanas, y para eso les hacía falta relacionarse con otros movimientos europeos similares, como el catalán. Lo que pasa es que ahora se ha producido un cambio radical, ahora ya no son independentistas. Y ya no les hace falta”, comenta David Parenzo, uno de los locutores de moda de la radio italiana y autor de 'Romanzo padano. Da Bossi a Bossi. Storia della Lega'.

El ministro del Interior italiano y líder de la ultraderechista Liga, Matteo Salvini, posa en su despacho. (EFE)
El ministro del Interior italiano y líder de la ultraderechista Liga, Matteo Salvini, posa en su despacho. (EFE)

Salvini ha reciclado el "Roma ladrona" de los años noventa hasta convertirlo en un “Bruselas ladrona”. Su discurso ya no necesita cargar sobre los italianos del sur, ni centrar la diana en la independencia, porque tiene nuevos objetivos más provechosos y en sintonía con los nuevos tiempos: la Unión Europea y los inmigrantes. “Salvini tuvo la intuición de hacer el primer partido antieuropeísta de Italia y utilizó para ello la misma narrativa que creó Bossi con su Padania independiente”, comenta Parenzo. Por eso, en su opinión, la nueva Liga ni siquiera va a buscar aliarse con los independentistas catalanes en el Parlamento Europeo, al menos no de manera prioritaria. “Yo creo que optará antes por convertirse en cabeza de Visegrado [el club de países euroescépticos del Este], porque intuye que es la única manera que tiene Italia de cobrar protagonismo fuera del eje franco-alemán. Si en algún momento apoyan a los independentistas, será por desestabilizar la UE, nada más".

Los socios naturales de la Liga de hoy ya no son los independentistas, sino ultraderechistas como Le Pen o el grupo de Visegrado

En el pasado, la Liga ha intentado acercarse al nacionalismo catalán, al que reconocían una trayectoria y que, al revés que ellos, disponía de autonomía y un Gobierno regional. Desde la Generalitat se dejaban querer algunas veces, al mismo tiempo que escenificaban la desconfianza, preocupados por no dejarse manchar por el barro ultraderechista del movimiento italiano. Así, Jordi Pujol acudió como ‘president’ a varios actos institucionales de Bossi, pero rechazó recibirlo en la Generalitat. Algo más cercano resultó siempre Àngel Colom, exlíder de ERC, que incluso fue recibido por Bossi en la frustrada proclamación de independencia de Padania en 1996. En los años que dura el 'procés', los nacionalistas catalanes han redoblado la cautela. La Generalitat, por ejemplo, rechazó las peticiones de los representantes de la Liga para participar como 'observadores internacionales'.

Giancarlo Giorgetti, mano derecha de Salvini, reconocía en una entrevista con este diario en fechas previas al 1-O que la suya era la historia de un amor no siempre correspondido. “Nosotros siempre les hemos apoyado, pero ellos no siempre nos han devuelto el favor y no hemos conseguido colaborar de manera orgánica en el Parlamento Europeo. Probablemente es porque leen nuestros periódicos, donde siempre nos pintan como racistas y xenófobos, algo que no es verdad”. En esa misma línea, Parenzo recuerda la actitud de los independentistas escoceses durante una visita de la Liga a Edimburgo. “Un grupo de gente los reconoció y no los querían ahí. Incluso les comenzaron a silbar”.

Un simpatizante de la Liga Norte en 2011, cuando todavía hablaban de independencia.
Un simpatizante de la Liga Norte en 2011, cuando todavía hablaban de independencia.

En el corazón, pero poco más

Paolo Paternoster, diputado de la Liga y otro de los pesos pesados del partido, se muestra hoy muy cauto a la hora de hablar de Cataluña. Asegura que su partido lleva “en el corazón” cualquier reivindicación por el derecho a la autonomía, pero insiste en que ellos ahora mismo están lejos de reclamar la independencia. “Nos pusimos los lazos amarillos en solidaridad en marzo, en los primeros días de legislatura, pero no sé si se volverá a hacer un acto así o si participaremos en nuevas manifestaciones a favor de la independencia de Cataluña. Eso lo tiene que decidir el partido, no puedo decirlo yo”.

Los dos partidos coaligados actualmente en el Gobierno italiano (Movimiento 5 Estrellas y la Liga) se contaron entre las formaciones europeas más críticas con el Gobierno español tras el 1-O. Salvini llegó a decir que las cargas policiales “son la vergüenza de Europa”. Y Manilo Di Stefano, responsable de exteriores del Movimiento 5 Estrellas, comentó que la violencia se estaba "usando contra la propia democracia”. Días después, en los momentos más tensos del 'procés', tanto los ‘grillini’ como los líderes de la Liga comenzaron a tomar distancia. El propio exministro Roberto Calderoli, uno de los más beligerantes paladines de Bossi, llegó a decir que la autodeterminación puede ser la meta “pero siempre a través de métodos democráticos y pacíficos, y respetando la ley”. En esta entrevista con 'La Vanguardia', declaró que el “objetivo tiene que ser la negociación para que se modifique la Constitución”.

Casi nadie en la Liga se imagina hoy un escenario en que el actual Gobierno italiano pueda llegar a apoyar una declaración unilateral de independencia de Cataluña. Paternoster prefiere evitar la pregunta recordando que ellos están “en la vía del autonomismo” desde hace tiempo. “Existe una cercanía con el movimiento catalán, pero con diferencias importantes entre nosotros”, matiza.

El popular comentarista político Massimo Franco descarta cualquier alianza futura entre el partido ultraderechista italiano y los partidos soberanistas en Cataluña. “La Liga tiene ambiciones nacionales hoy, y las relaciones con estos movimientos [independentistas europeos] ya no existen porque ellos han cambiado de fase. Tienen que mantener una cierta narrativa de cara a la galería, pero lo que están reclamando es autonomía de Europa y defensa de los intereses nacionales. Cuando tienes un ministro de Interior en un Gobierno, no puedes ponerte a cortejar al independentismo. Sus aliados ahora son la nueva derecha europea, como el Frente Nacional francés o los partidos del Este de Europa. Todo lo demás se queda ya en el pasado. En los últimos tiempos, si te fijas, han apoyado a Cataluña hasta la formación de Gobierno. Ahora tratan de desentenderse y no entrometerse”.

En los carteles electorales de Salvini, cada vez quedan menos banderas de Padania. (Reuters)
En los carteles electorales de Salvini, cada vez quedan menos banderas de Padania. (Reuters)

Aunque la dirección del partido ha apartado la idea del argumentario, en regiones como Véneto, Toscana o Lombardía el sentimiento aún permanece. Ocurre en las 'aldeas galas' padanas, donde a menudo se echa de menos a Bossi. Sussana Ceccardi es la alcaldesa de una de ellas: de Cascina, una ciudad de 40.000 habitantes en la provincia de Pisa. “Es verdad que el partido ha abandonado el sentimiento independentista, pero la autodeterminación de los pueblos sigue siendo parte de nuestro ideario. Y si la mayoría de los catalanes están a favor de la independencia, nos posicionamos con ellos y no con los estados y la UE, que tratan de reprimirlos”.

Ceccardi tenía planeado viajar a Barcelona para mostrar su apoyo al referéndum ilegal del 1-O. “Al final no pude ir porque tenía compromisos institucionales en el ayuntamiento, pero nunca dejaremos de expresar nuestra solidaridad con el pueblo de Cataluña. Si se declarase la independencia de Cataluña, a mí sí me gustaría que el Gobierno italiano lo reconociese. Para mí fue indecente ver a la gente golpeada como en una dictadura, me sentí asqueada”, dice.

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